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La pasta base de la política

Publicado: 25/03/2018 10:21

Opina Leonardo Haberkorn*

Un cargo político o de confianza quiere decir, entre otras cosas, dinero contante y sonante, mes a mes, para los partidos políticos. Y los partidos corren el peligro de tornarse adictos a ese dinero.

En los últimos días hubo dos noticias sobre esta peligrosa adicción.

El presidente Tabaré Vázquez está molesto con algunos “cargos de confianza” del Frente Amplio que no hacen los aportes a los que están obligados según la normativa interna de la coalición, informó Búsqueda.

Y el ex director blanco del Banco República Pablo García Pintos relató muy suelto de cuerpo, en una entrevista en radio Sarandí, que en aquellos tiempos retiraba dinero del banco con una tarjeta corporativa para cumplir con los aportes que le pedía el partido.

Ambas noticias refieren a un fenómeno que se acepta sin discusión: los partidos exigen un pago mensual a sus cargos políticos para crear un fondo que luego usan para cubrir gastos y campañas electorales. El porcentaje varía según el partido.

Por ejemplo: los legisladores de Alianza Nacional, el sector blanco que orienta Jorge Larrañaga, aportan 8.181 pesos mensuales al partido y 17.900 a Alianza y a un fondo para solventar los gastos de bancada, dijo el diputado Pablo Iturralde.

Otros ponen mucho más. Los cargos políticos del MPP, por ejemplo, tienen fijado un tope salarial de 62.000 pesos, informó el intendente de Rocha, Aníbal Pereyra.

Es mucho dinero si se toma en cuenta, por ejemplo, por salario y gastos de representación un senador cobra 235.676 pesos mensuales, sin contar las partidas fijas extras.

Otro sector que tiene un tope severo es el Partido Comunista. El diputado Gerardo Núñez dijo que él apenas se queda con 40.000 pesos de los 221.000 pesos brutos que, sin contar las partidas adicionales, cobra cada representante.

El sistema tiene pros y contras. Sin duda que un diputado acepte vivir con un sueldo de 40.000 pesos habla de austeridad y desprendimiento.

Otra ventaja es que el político no pierde contacto con la realidad. “Está bueno no perder de vista cómo vive la gente de a pie”, opinó Núñez.

Sin embargo, en todo el mundo los gobernantes ganan bien por razones muy concretas: se supone que un salario alto los aleja de las tentaciones y la corrupción. Y les permite tener una posición desahogada, no andar corriendo detrás del dinero y así poder estudiar los asuntos del país, informarse, comprar libros y leerlos, conocer lo que ocurre en el extranjero, conversar con técnicos, científicos y gente sabia. En definitiva, cultivarse para ser mejores gobernantes.

Núñez dice que el PCU y el Parlamento le proveen de las facilidades y comodidades que necesita para cumplir bien con la tarea.

¿Para que usan los partidos tanto dinero que reciben mes a mes? Si lo hacen para financiar las eternas campañas electorales uruguayas basadas en la repetición infinita de jingles por televisión, entonces resulta que los sueldos que todos les pagamos a nuestros gobernantes pensando que así ayudamos a que gobiernen mejor, en realidad terminan engrosando las cuentas bancarias de los dueños de los canales, los grandes beneficiarios de cada campaña electoral.

Lo peor es que los aportes obligatorios no solo rigen para ministros y legisladores, sino para todos los cargos de confianza, una burocracia que puede multiplicarse, crearse, inventarse: una nueva dirección acá, una nueva subdirección allá, un coordinador en esta dirección de este ministerio, un asesor ejecutivo para este director en esta intendencia u empresa pública.

Es decir: sabiendo que con cada nuevo correligionario colocado habrá una inyección mensual de dinero contante y sonante, los partidos políticos pueden caer en la tentación de crear nuevos cargos.

Y cuánto más alta sea la donación que se recibe mes a mes, más grande también será la tentación de inventar nuevos cargos de confianza.

“Los riesgos pueden estar, pero no creo que haya pasado”, afirmó el diputado Núñez. En cambio, el ex director de la OPP Conrado Ramos sí cree que ya se han creado nuevos cargos de confianza pensando en el dinero que el partido logrará con ello. “Es una estimación, ya que no sabemos qué porcentaje significan estos aportes sobre el total de lo recaudado por los partidos. Y hay que considerar que también existen otras motivaciones para crear cargos de confianza, como recompensar militantes y controlar áreas del Estado”.

Es decir, si los cargos de confianza son una droga para los partidos, sus efectos son múltiples.

Del mismo modo que no sabemos de verdad cómo se financian nuestros partidos, tampoco se sabe con exactitud cuántos de estos puestos existen y contribuyen a apagar la sed de dinero de la política. Cada tanto en la prensa aparece la punta del iceberg. El Observador informó, por ejemplo, que los cargos de confianza en la enseñanza eran 47 en 2011 y en 2016 ya eran 95. Y que en la Intendencia de Maldonado pasaron de ser 79 a 106 entre 2014 y 2015. Según La Diaria, entre 2015 y 2016, los cargos de confianza en la administración central y las intendencias aumentaron de 671 a 850.

Son cifras parciales, insiste Ramos, porque hay muchos cargos discrecionales no reportados y áreas enteras del Estado que no informan sobre el tema.

Este sistema puede ser oficializado con la nueva ley de partidos políticos, ya aprobada en el Senado y que debe ser ratificada en Diputados. Allí se establece que los partidos podrán obligar a sus cargos de confianza a contribuir a las arcas partidarias. El aporte no podrá exceder el 15% del sueldo líquido. Sin embargo, luego -en una redacción algo confusa- se habla de que el porcentaje podría aumentarse de acuerdo entre las partes. No queda claro, por lo menos para mí, si incluso por encima del 15%.

Prohibir los aportes privados no sería la mejor solución, según ha dicho Ramos, porque termina por incentivar las donaciones ocultas. En cambio, se puede legislar para achicar las campañas y bajar el dinero que los partidos necesitan, como una forma de desestimular los aportes y, con ello, la desesperación por conseguir dinero de mil formas, entre ella la tentación de crear puestos de confianza.

Con campañas electorales largas centradas en la tanda de la televisión, los partidos necesitan una fortuna cada cinco años. Necesitan dinero como quien necesita una droga. Y nosotros pagamos impuestos para tener gobernantes que ganen bien, pero terminamos financiado dueños de canales que ganan mejor.

Quizás sea hora de hablar con sinceridad de este tema. Y quitarle de encima una preocupación al presidente Vázquez.