columnist

Disparen sobre El Mudo

Publicado: 25/12/2017 14:49

Opina Leonardo Haberkorn*

Soy lector del periódico digital Posta porteña, donde afloran muchos debates que no tienen lugar en la prensa tradicional.

En las últimas semanas he seguido con cierto asombro las idas y venidas de una polémica en torno a Ricardo Cohen.

Cohen fue y es un dirigente del Partido Comunista Revolucionario (PCR), una pequeña organización política de izquierda que hoy integra la Unidad Popular.

Muy perseguido durante la dictadura, el PCR tuvo muchos presos políticos y desaparecidos. Cohen fue uno de los presos.

El 24 de noviembre alguien que firmó con el seudónimo de Conrado Montero escribió en Posta porteña un artículo muy crítico de la política de derechos humanos del gobierno. En medio de su argumentación, el articulista deslizó la afirmación de que Ricardo Cohen, alias “El Mudo”, había colaborado con las Fuerzas Armadas durante la dictadura.

“No llama la atención ya que ese llamado PCR no posee absolutamente ninguna política ni pequeña comisión que luche contra la impunidad y la búsqueda y denuncia de los desaparecidos”, agregó en apoyo de esa afirmación.

El 28 de noviembre, Cohen respondió. Dijo sentir “profunda indignación” por las acusaciones que había recibido y sostuvo que su antagonista mentía.

Cohen relató que mientras estuvo detenido se hizo el mudo, para engañar a sus torturadores. Que eso le valió el sobrenombre de “El mudo”, puesto por sus compañeros de prisión.

“Sobre la colaboración, la niego rotundamente y la niegan los hechos, me honro de una larga clandestinidad y de no haber entregado en la tortura a ni un solo camarada ni una persona de las masas, ni un militante de otras organizaciones, ni un solo local. Esto me lo cobraron, con las torturas mencionadas, con la pena de doce años y en el penal con permanentes provocaciones, sanciones y aislamiento”.

Pero el 3 de diciembre, quien firma con el seudónimo de Conrado Montero volvió a la carga.

Esta vez, para apoyar sus dichos, reprodujo cinco páginas que supuestamente corresponden a documentos de la dictadura (de la OCOA, más concretamente) en donde constarían declaraciones hechas por Cohen a sus captores sobre las actividades e integrantes del PCR.

“¡En estas 5 pequeñas hojas se contesta (a buen entendedor pocas palabras) que el héroe mudo habló!”, dice el supuesto Montero.

Cohen respondió el 8 de diciembre. Dijo que tales documentos eran obra de la OCOA, que no tenían su firma y que contenían muchos “inventos totales”.
Volvió a repetir que no entregó a nadie y que no colaboró con sus captores.
En la misma edición de Posta porteña, otro corresponsal, Fernando Moyano, terció en la polémica.

Relató que según testimonios de “distintos militantes que estuvieron presos en el penal de Libertad”, Cohen fue muy torturado: “Los propios militares decían que no hablaba en absoluto, y también que llegaron a suponer que era debido a alguna lesión cerebral, y lo llamaron ‘El Mudo’”.

Cuenta que Cohen se mantuvo fiel a esa imagen creada de sí mismo y entonces tampoco hablaba con los otros presos: “Se hacía entender por señas”.

“Cuando RC salió de prisión yo mismo fui testigo de que no padecía ninguna lesión cerebral que le impidiese hablar. Más bien lo contrario, los primeros días se caracterizaba por una especie de incontinencia verbal interminable, y se enojaba si lo interrumpían”.

Pero la cosa no terminó allí. En una siguiente edición de la Posta Porteña se reprodujo una mail fechado el 9 de diciembre y firmado por Lewis Rostan, activista de los derechos humanos y ex integrante del PCR, hoy frenteamplista.

Rostan escribió: “Me enteré que en un medio de comunicación que hace tiempo no leía se calumnió en forma anónima usando un nombre trucho al compañero Ricardo Cohen”.

Luego agregó: “Hace muchos años que vengo investigando documentos relacionados con los militantes vinculados en algún momento al PCR y he recibido el testimonio con resumen de las declaraciones de la mayoría de los mismos. De dichos documentos ni de muchos otros a los cuales he accedido se desprende para nada algo que se relacione con esos ataques y nadie de sus compañeros tuvo una queja por su comportamiento en prisión”.

Es decir, según se entiende, y más allá de la historia puntual de Cohen, Rostan ha tenido acceso a los documentos relacionados con la represión al PCR, y a los testimonios de sus militantes presos ante sus interrogadores militares. ¿O quizás comprendí mal?

El editor de Posta porteña, Ricardo López, entendió algo parecido a lo que entendí yo, porque días después le escribió a Rostan:

“Ya que usted es un estudioso de tantos años de ‘documentos’ le preguntamos: ¿dónde están estos estudios y esos documentos vengan de donde vengan, que demuestran que es un ataque infundado y todos los comentarios que hace Conrado Montero sobre el asunto? ¿O no será que ni se animan a señalar que el documento es falso? ¿Qué es lo que pasa con los Archivos, TODOS, en general, que no se hacen públicos? Y siguen dando vueltas y más vueltas...”

Más allá de la peripecia de Cohen, todo el caso deja muchas preguntas y un sabor amargo sobre el manejo de la documentación de la dictadura y la historia oficial.

¿Quién tiene los documentos de la OCOA?

¿Por qué unos aparecen y otros no?

¿Quién lo decide? ¿Con qué objetivos?

¿Por qué algunos tienen acceso a las declaraciones de los detenidos en la dictadura y otros no?

*Leonardo Haberkorn es periodista y escritor