El machismo mata

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13/02/2017 16:17

Publicado: 13/02/2017 16:17

Por Andrea Tuana*

Las distintas formas de violencia de género o violencia machista son manifestaciones de un sistema social y cultural que continua reproduciendo la dominación masculina sobre las mujeres. La violencia no es agresión, descontrol o desborde. La violencia implica un sistema de dominación donde se establecen relaciones verticales, asimétricas y de extremo control.

Debido a siglos de cultura patriarcal, son los varones quienes ejercen este dominio sobre las mujeres y sus hijos e hijas. No es un problema de buenos o malos, de víctimas y victimarios, se trata de un problema de justicia social.

En uno de los cinco femicidios ocurridos este año, el asesino, luego de dar muerte a su ex mujer delante de sus hijos, les explicaba a éstos: “Mamá hizo algo mal y por eso papá se enojó”. Se justifica la acción violenta porque la mujer objeto de propiedad del varón, hace algo inadecuado, fuera de lugar, algo reprobable: desde terminar la relación, no cuidar a los hijos según los parámetros del violento, iniciar un vínculo de pareja, ser infiel.
Lenta, sutil y en forma progresiva se establece un vinculo de control, y apropiación

Las explicaciones pueden ser múltiples y diversas, lo que subsiste es la idea de que la mujer debe “mantenerse en su lugar”, comportarse según las reglas y mandatos de su pareja, no desafiar ni rebelarse. Si la mujer transgrede estas reglas, los varones violentos se arrogan el derecho a reaccionar. Con una golpiza, un insulto, una represalia económica, dañando a los hijos e hijas, manipulándolos, viralizando un video íntimo y en muchos casos matando.

En los primeros 36 días del año fueron seis los varones que tomaron esta medida drástica, extrema y brutal. Cinco de ellos lograron su objetivo y asesinaron a sus ex parejas, uno no lo logró y la mujer sobrevivió a su ataque.

El modelo de masculinidad hegemónico enseña a los varones que son dueños de la mujer, la idea de propiedad es una idea fuertemente arraigada en nuestra sociedad. Una vez que la mujer establece una relación de pareja, muchos varones creen que deben protegerla, tutelarla, indicarle qué ropa usar, qué amistades frecuentar, dar su aprobación para que realice actividades con amigos o amigas sin su presencia, entre otras.

Lenta, sutil y progresivamente se establece un vinculo de control, apropiación y sometimiento. Desde las ideas más sutiles hasta las acciones más grotescas, todas tienen como hilo conductor la idea de superioridad del varón, la idea del varón fuerte, viril, heterosexual, que debe ser respetado, quien toma las grandes decisiones familiares, quien está habilitado a reaccionar violentamente si alguien mancilla su hombría.

Las expectativas sociales que se generan en torno a la crianza de un varón están fuertemente sostenidas en esas concepciones patriarcales que dependiendo de los lugares sociales se intersecan con otras ideas fuertemente introyectadas en la socialización masculina como ser, el modelo exitista que exacerba la competencia y la rivalidad, el poder económico asociado al poder viril, el desprecio y la discriminación por las masculinidades alternativas o subordinadas.
Persiste la idea de que es de poco hombre no aprovechar cuando una gurisa “se te regala”; no importa si está alcoholizada, mejor aún, es más dócil

Persiste en la educación de los varones la idea de que es de poco hombre no responder a una provocación, sea cual sea, en el tránsito, en la casa, en la calle. Es de poco hombre que tu mujer te sea infiel, tenes que responder con violencia para mostrar que tu hombría está intacta. Es de poco hombre que tu mujer te abandone por otro. Es de poco hombre no aprovechar cuando una gurisa “se te regala”; no importa si está alcoholizada, mejor aún, es más dócil.

Este modelo enseña a los varones que la sexualidad es un trofeo a alcanzar, las mujeres son presas a cazar y las relaciones sexuales son hazañas y proezas para alardear. Es un modelo de sexualidad extractivo, deshumanizado, que presiona a los varones a cumplir con lo que la sociedad espera de ellos; demostrar una y otra vez que son viriles, potentes y heterosexuales.

El desafío que tenemos por delante es transformar aquellos valores tradicionales que reproducen la dominación y superioridad masculina. Combatir las ideas machistas que producen relaciones sociales injustas, dominantes y de extremo sometimiento.

El machismo mata un promedio de 20 a 30 mujeres por año en nuestro país y destruye la vida de miles de mujeres, niñas, niños y adolescentes que padecen las violencias cotidianas. Ese machismo que seguimos trasmitiendo parafraseando a Joan Manuel Serrat en la leche temprana y en cada canción.

*Andrea Tuana es magíster en asistencia social, directora de la ONG El Paso, e integrante de la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual,