El horror de las masacres de Nueva Zelanda narrado por una uruguaya

Por: Leonel García

Mundo

17/03/2019 06:55

El horror de las masacres de Nueva Zelanda narrado por una uruguaya
EFE
Luto y dolor en Christchurch.

Romina Pereira es una uruguaya que hace cuatro años vive en Christchurch, a ocho cuadras de la primera mezquita atacada.

"El dolor que hay acá es impresionante. Ayer sábado pasé cerca de la segunda mezquita. Todavía tienen cercado la calle y lleno de policías. El sonido de las sirenas es constante. Vivo a unas ocho cuadras de donde fue la gran masacre, hoy el numero ya ascendió a 50 personas fallecidas".

A través del Messenger de Facebook, 15 horas más tarde que en Montevideo, Romina Pereira (31) cuenta a ECOS cómo está la situación en Christchurch, la tercera ciudad más grande de Nueva Zelanda, que el viernes albergó una masacre nacida en el delirio de un supremacista, el australiano Brenton Harrison Tarrant (28), que a balazo limpio mató a 50 personas en las mezquitas de Al Noor y Linwood.

Romina es de San Carlos, Maldonado. En Uruguay era recepcionista de un hotel en la temporada alta y estudiaba la Licenciatura en Arte en la Facultad de Bellas Artes. Pero el trabajo escaseaba y se fue a las antípodas. "Yo hace cuatro años que tengo la suerte de vivir acá. Y digo la suerte porque acá uno como inmigrante llora a su país pero valora tanto la seguridad que nos brinda (Nueva Zelanda) y las oportunidades, que decidimos quedarnos".

En Christchurch, una ciudad de menos de 400 mil habitantes ubicada en la Isla del Sur, Romina trabaja en una fábrica manejando el montacargas y controlando la calidad de lo que sale afuera. Se encontró con una sociedad parecida al Uruguay de décadas atrás: "Yo acá me tuve que acostumbrar porque las puertas no se trancan, las casas tienen las puertas abiertas para atrás todo el día, no existen las rejas y los autos quedan prendidos mientras la gente hace sus compras. Me tomó un año acostumbrarme, porque yo venía con esa inseguridad que uno normaliza en nuestro país y acá te reeducas que se puede vivir como antes".

Esa paz bucólica se rompió de la peor forma el viernes.

Romina vive a unas ocho cuadras de la mezquita de Al Noor, donde murieron la mayoría de las víctimas. Cuando ocurrió ese ataque, a las 13.40 locales del viernes -que en Montevideo aún era noche del jueves- ella estaba trabajando. Se enteró de lo ocurrido, impensable en esa ciudad y en ese país, mirando el celular. "Enseguida (las autoridades) dieron aviso de trancar todas las puertas de todos los locales, fabricas, escuelas, universidades, hospitales y demás y mantenerse adentro". Todo hasta que la Policía avisara que se podía salir.

"El miedo fue tremendo, porque el terrorista se desplazó de una mezquita a otra en su camioneta disparando gente a la pasada. Yo salí de mi trabajo hacia mi casa con la sensación de que me podían disparar en cualquier esquina", cuenta Romina.

Para el jueves, relata, está prevista una marcha pacifica en apoyo a las familias. "Claramente estaremos todos aquellos que sentimos dolor y vergüenza por lo sucedido". Desde el viernes, los helicópteros están sobrevolando la zona. Se han encontrado explosivos en vehículos que luego fueron desactivados. No se descarta que haya más gente involucrada. El estado de alerta está patente: Romina participó el viernes de una comida al aire libre junto con otros inmigrantes, europeos y latinoamericanos, "muy tranquilos, sin música", que enseguida atrajo la atención de esas naves. "Cuando vieron luces, a eso de las 22 horas de acá, comenzaron a sobrevolar en circulos nuestra casa hasta que decidimos entrar y se alejaron".

Romina no duda que la masacre marque un antes y un después. "Ojalá que se pongan bien duros con el tema de la venta de armas y demás".