Trump y Kim abren un nuevo capitulo tras décadas de confrontación

Mundo

12/06/2018 11:36

Trump y Kim abren un nuevo capitulo tras décadas de confrontación

Como una obra teatral, la histórica cita se abrió con un largo apretón de manos y culminó en la firma de un acuerdo entre viejos enemigos.

Tras casi siete décadas de tensa enemistad, Estados Unidos y Corea del Norte abrieron un nuevo capitulo en sus relaciones con una cumbre en la que sus líderes acordaron que Pyongyang abandonará su programa nuclear mientras Washington le garantiza su supervivencia.

El presidente estadounidense, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, protagonizaron en Singapur, ante la atenta mirada del mundo, la primera cumbre de la historia de los dos países y consiguieron dejar atrás las tensiones del pasado para sellar un acuerdo de mínimos de apenas cuatro puntos.

Los dos mandatarios, que se reunieron durante más de cuatro horas en el hotel Capella de la isla de Sentosa tras meses de tortuosas negociaciones que hacían temer por el resultado de la cita, finalmente fueron capaces de firmar una declaración en la que se comprometieron a desarrollar nuevas relaciones para "la promoción de la paz, la prosperidad y la seguridad".

"El presidente Trump se compromete a ofrecer garantías de seguridad a la República Popular Democrática de Corea (nombre oficial de Corea del Norte), y el presidente Kim Jong-un reafirmó su firme e inquebrantable compromiso para la desnuclearización de la península de Corea", reza la declaración conjunta.

El acuerdo, que acaba de momento con el último legado de la Guerra Fría, establece que las negociaciones entre los dos países van a continuar, pero no aporta ni detalles ni un calendario para la buscada desnuclearización de Pyongyang.

"Este documento vago e idealista aporta poco para resolver el complejo asunto del desarme de Corea del Norte. No establece un calendario ni aclara en qué consisten las garantías de seguridad ofrecidas", comentó a EFE el analista David Kim, que trabajó en el departamento de Estado durante la administración de Barack Obama.

En este sentido, los expertos recordaron que no ha habido mención alguna de la insistente pretensión de Washington de exigir una desnuclearización "completa, verificable e irreversible", y que parece que se ha aceptado la reclamación de Pyongyang de que el proceso de desarme se haga por fases.

Lo que parece indiscutible es que Kim Jong-un ha conseguido que Trump, que lo ha calificado hoy de "hombre listo" y "con gran personalidad", legitime su régimen y le garantice su permanencia a cambio de un impreciso compromiso sobre sus armas nucleares.

Como concesión a Washington, el acuerdo, en el que no hay ninguna mención de los derechos humanos, recoge el compromiso de Pyongyang de recuperar los restos unos 6.000 prisioneros de guerra o desaparecidos en combate en la guerra de Corea (1950-1953).

Durante una rueda de prensa celebrada tras la cumbre, que ha atraído a Singapur a unos 2.500 periodistas de todo el mundo, el presidente de EEUU defendió el resultado y dijo que no ha cedido "en nada" y que lo importante es entender que "el proceso va a empezar ahora".

En este sentido, Trump, que reconoció que lograr la desnuclearización "científicamente llevará mucho tiempo", insistió en que las sanciones económicas a Corea del Norte continuarán mientras el régimen no se deshaga de su arsenal atómico de manera efectiva.

Pyongyang se enfrenta a duras sanciones unilaterales y multilaterales (resoluciones de la ONU) desde la década pasada a cuenta de sus repetidas pruebas nucleares y de misiles.

En cuanto a las garantías sobre la seguridad ofrecidas al dictador norcoreano, el inquilino de la Casa Blanca sorprendió al anunciar que suspenderá las maniobras militares en la península de Corea que realiza regularmente con Seúl.

Trump dijo que estos ejercicios, que Pyongyang considera como ensayos de invasión, son "muy provocativos", además de "tremendamente caros", y afirmó que "bajo las actuales circunstancias, es inapropiado realizar juegos de guerra" y que la suspensión de los mismos "es algo que apreciará" Corea del Norte.

A pesar de que se planteó como una posibilidad antes de la cumbre, el presidente descartó que por el momento se vayan a retirar o reducir "las capacidades militares" de Estados Unidos en Corea del Sur, donde Washington mantiene desplegados a unos 28.500 efectivos.

El anunció de la suspensión de los ejercicios pilló por sorpresa al Gobierno de Seúl, gran impulsor de esta etapa de deshielo, y un portavoz militar surcoreano dijo que por el momento están "tratando de entender el significado preciso y la intención en los comentarios del señor Trump".

Sin embargo, el presidente surcoreano, Moon Jae-in, calificó de "éxito" el resultado de la histórica cumbre celebrada en Singapur y agradeció a los protagonistas su "valor y determinación". ç

Trump trata a Kim como a un igual en una cumbre coreografiada

Trump trató como a un igual al líder del país más aislado del mundo, el norcoreano Kim Jong-un, en una cumbre llena de gestos amistosos que fue cuidadosamente coreografiada para evitar cualquier apariencia de superioridad de la principal potencia del mundo.

Como una obra teatral por actos, la histórica cita se abrió con un largo apretón de manos y culminó en la firma de un acuerdo entre viejos enemigos, y estuvo salpicada de halagos del poderoso Trump a Kim, un dictador hasta ahora ninguneado que se fue de Singapur con un álbum de fotos digno de un líder internacional destacado.

"Estamos desarrollando un vínculo muy especial", aseguró Trump al término de la primera cumbre entre ambos países.

Los dos líderes estaban serios y parecían algo nerviosos cuando llegaron a primera hora de la mañana al hotel Capella de la isla de Sentosa (Singapur), y se saludaron en un escenario digno de una visita de Estado.

Ante doce banderas estadounidenses y norcoreanas, Trump y Kim se estrecharon la mano durante 13 segundos, posaron ante las cámaras con caras serias y no se permitieron sonreír hasta el final de un corto paseo hacia la sala donde se reunieron por primera vez.

"Creo que tendremos una relación estupenda, sin duda", vaticinó Trump al comienzo de una cita de 38 minutos a solas con Kim.

Su discurso simple y repetitivo contrastó de inmediato con la retórica poética y grandilocuente que caracteriza a los norcoreanos.

"Las viejas malas prácticas y los prejuicios han tapado nuestros ojos y oídos y han obstaculizado nuestro camino, pero hemos logrado superar todo eso", valoró Kim.

Ante el buen ánimo de Trump, el líder norcoreano pareció relajarse e incluso se permitió bromear sobre el carácter extraordinario del encuentro.

"Mucha gente en todo el mundo pensará que esto es algún tipo de fantasía de una película de ciencia ficción", afirmó el mariscal mientras se dirigía con Trump hacia la segunda reunión de la cumbre.

El presidente estadounidense también quiso hacer un chiste al comienzo del almuerzo de trabajo, pero a Kim no pareció hacerle gracia.

"¿Están tomando buenas fotos? ¿Salimos bien, guapos y delgados? Perfecto", dijo Trump a los fotógrafos admitidos en la sala, que captaron la reacción perpleja del líder norcoreano.

El patriotismo de Kim pareció inspirar respeto en Trump, a quien le encanta exigir pleitesía al himno y la bandera estadounidense, y que destacó ante los periodistas que el norcoreano es un líder que "ama mucho a su país".

Desde el número de banderas frente a las que se hicieron la primera fotografía -seis de cada país, intercaladas- hasta la cifra de periodistas que entraron en las reuniones -siete estadounidenses y siete norcoreanos-, los detalles de la cumbre fueron negociados minuciosamente para proyectar una sensación de paridad.

"Querían asegurarse de que, tanto en lo ceremonial como en la seguridad, dábamos al mundo una imagen que les presentara como iguales. Los norcoreanos insistieron mucho en eso", afirmó a la cadena CNN un funcionario estadounidense implicado en las largas negociaciones previas a la reunión.

Pero Trump no se deja encasillar fácilmente, y acabó por romper ese delicado guión con una búsqueda de protagonismo durante el paseo más largo que compartió con Kim, hacia el final de la cumbre.

Tras asegurar a los periodistas que las reuniones habían sido "lo máximo" y deparado "muchos avances", Trump condujo a Kim hasta la comitiva de vehículos aparcados frente al hotel Capella.

Allí abrió la puerta de su limusina blindada, conocida como "La Bestia", en un gesto de vanidad que también dejaba entrever su superioridad, materializada en las nueve toneladas a prueba de balas y bombas del Cadillac presidencial estadounidense.

Los norcoreanos también desafiaron el protocolo cuando la hermana del líder supremo, Kim Yo-jong, apartó el bolígrafo proporcionado por Estados Unidos para la firma del acuerdo final y le entregó otro al mariscal, aparentemente debido a que la primera pluma tenía inscrita en el costado la rúbrica de Trump.

Ese pequeño gesto dejó clara la determinación de Pyongyang de salir de la cumbre en pie de igualdad con Washington, en un intento de legitimar su régimen y dar alas a un proceso de distensión que ha convertido a Kim en el líder más solicitado del momento.

EFE