Realidad de quienes deben abandonar sus casas por las inundaciones

Sociedad

15/01/2019 15:04

Realidad de quienes deben abandonar sus casas por las inundaciones

Luis hace cuatro días que está junto a su pareja y su hijo de tres años en un campamento, donde están aquellos que no tiene donde ir.

En el barrio Las Higueras, en Durazno, está ubicado el campamento donde hay 22 familias evacuadas por las fuertes y constantes lluvias de los últimos días que hicieron que el río Yi alcanzara un pico máximo de 10,14 metros. El agua que se coló por las aberturas de sus casas los obligó a abandonarlas.

Estas personas están en este predio porque no tienen ni familiares ni amigos que los acojan y, por eso, el Comité Departamental de Emergencias (CDE) en coordinación con el Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (Cecoed) se encarga de alojarlos en un lugar seco y, no solo eso, les brinda todas las comidas y lo más importante, contención.

Durazno es el departamento más afectado por las inundaciones, de los 1.271 desplazados, 611 han sido evacuados. En Las Higueras, las familias se encuentran en carpas del Ejército, hay 28 niños y adolescentes, una de las jóvenes que todavía no cumplió los 18 está embarazada. Adentro, en el gimnasio, están todas las pertenencias que pudieron sacar de sus casas.

No saben cuando podrán retornar a sus hogares porque si bien el Yi ha comenzado a bajar las lluvias no aflojan, los suelos están saturados, ya no absorben más agua y toda la lluvia va directo al río.

Pero la mayoría están acostumbrados porque ya tiene más inundación en el lomo. "La mitad de la familias ha estado en ocasiones anteriores en el campamento, casi siempre son los mismos", cuenta a ECOS el secretario del Cecoed de Durazno, Alejandro Capeluto.

"Lamentablemente, un poco por la necesidad, el salir de sus casas, sacar sus muebles y hacer una mudanza, lo ven mucho más normal de lo que lo vemos nosotros", explica.

Luis Correa es uno de los desplazados que está en este campamento hace cuatro días junto a su pareja y su hijo de tres años. Tiene 29 años y vive en una precaria casa del barrio La Ose.

No es la primera vez que tiene que dejar su hogar por las inundaciones y, a pesar de que, la impotencia sigue estando cada vez que sucede, no le queda otra que resignarse. Un camión llegó a su casa, se llevó las pocas pertenencias que tenía y él terminó en un campamento junto a su familia. "Es bravo porque lo poco que uno tiene lo pierde, sacamos las cosas pero siempre queda algo", dice Luis.

Esta vez, decidió dejar en su vivienda algunos muebles que ya estaban en malas condiciones para que el espacio con el que cuentan en el gimnasio alcance para todas las familias.

"Uno es grande y la sabe llevar, el tema son los niños. El gordo mío desde el primer día que nos quedamos acá me está diciendo que se quiere ir para casa, que no quiere dormir acá. Eso te bajonea un poco, por ellos", afirma Luis.

Pero, admite que en el campamento están bien, que no les falta nada. "Nos dan todo, la comida y la leche para los chiquilines", cuenta. Dice que no tiene palabras para agradecerle a los funcionarios del Ejército y de la Intendencia que están en el campamento y "a toda hora" les están preguntando si necesitan algo.

La lluvia, este martes, una vez más cae "mansa pero constante", pero la carpa "está impecable", sostiene. "Estamos totalmente sequitos", comenta con alegría.

Lo más complicado es la vuelta. Ver la casa "arruinada" y comenzar, prácticamente desde cero. "Es bravo más cuando uno no tiene trabajo, es todavía más complicado", relata.

Luis es el sustento de su familia y no ha podido conseguir un trabajo fijo, a veces le salen algunas changas en panaderías, pero con lo que gana no le alcanza para mucho. Esa es una de las razones que le impiden mudarse a una casa que no se le inunde cada vez que el río Yi crece. Aunque admite que ganas no le faltan.

Sin embargo, esta no es la realidad de todas las familias. "Son situaciones y contextos que son muy complejos", señala Capeluto, que también es el vocero del Cecoed de Durazno. Por eso, técnicos tanto de la Intendencia como del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) "inmediatamente" les hacen un relevamiento para empezar a buscar soluciones, acota.

Desde afuera se puede comentar, "siempre pasa lo mismo", pero Capeluto admite que "no es tan sencillo". Y, para ilustrar esta realidad, cuenta la de una de las familias en el campamento.

"Vivían en una casa que se inundaba y, por eso, se les dio una nueva vivienda. Estuvieron un mes, la vendieron y se fueron a vivir a otra que está en una zona inundable", cuenta el secretario.

Pero, más allá de esta situación puntual. Capeluto se refiere a todos los funcionarios del Ejército y de la Intendencia que trabajan en el campamento prácticamente todo el día para que estas familias puedan sobrellevar la situación que tienen que afrontar de la mejor manera posible. Este trabajo interinstitucional que realiza el CDE de Durazno es un ejemplo para el resto del país, indica Capeluto.

A las ocho de la mañana los trabajadores comienzan con los preparativos para que todas las familias tengan las cuatro comidas del día y hasta la noche no paran.

La cocinera que como cualquier trabajador debe cumplir con sus ocho horas, permanece en el campamento durante doce horas y también otros funcionarios llegan para colaborar de forma voluntaria. En las tardes, las tortas fritas, ya son una tradición.

Una de las principales preocupaciones son los niños. Para mantenerlos entretenidos todos los días profesores de educación física y guardavidas realizan juegos con ellos, además funcionarios del Mides -que les ha regalado cuadernos y lápices- organizan distintas actividades.

En el predio también se construyó un corral para aquellas familias que tienen mascotas. Todos los detalles se han tenido en cuenta buscando atender las distintas realidades y necesidades de todos los que llegan.

El campamento seguirá funcionando hasta que se pronostique que las lluvias se terminarán por un período importante de tiempo. Recién, en ese momento, comenzará el retorno de las familias a sus casas, un proceso que tampoco será sencillo.