Verano en Rocha: sol, playa y el estigma del "Tú sabes que no queda"

Por: Leonel García

Sociedad

27/12/2018 06:45

Verano en Rocha: sol, playa y el estigma del "Tú sabes que no queda"
OPP
La Paloma

La costa atlántica apuesta a sus bellezas y asegura que esa forma un tanto "desestructurada" de atender al público es cosa del pasado.

Los veranos en Rocha tienen miles de historias de playas oceánicas, noches interminables, soles que caen a plomo, bailes, pescas, olas, fogones, caipirinhas, faros, lobos marinos… y almacenes sin cerveza fría a las once de la mañana, mozos un tanto pachorrientos de más a la hora de atender una mesa o supermercados poco abastecidos.

El martes de Navidad, el periodista Federico Castillo –lascanense y uno de los tuiteros más ingeniosamente acertados de Uruguay- tuiteó las vivencias que puede tener un cliente en los 180 kilómetros de la costa atlántica, la de las playas más lindas del país: cervezas calientes, almacenes sin hielo, restaurantes que no trabajan con mostaza, comerciantes que se resisten a vender todas las existencias de una mercadería para poder venderle al siguiente. ¿Leyendas urbanas estivales? ¿Exageraciones? Un montón de respuestas de otras cuentas contando desventuras similares similares hablan un comportamiento cuanto menos frecuente, más allá que autoridades y operadores turísticos rochenses se apresuren en decir que los tiempos han cambiado.

Tanto Castillo como otros tuiteros se hicieron un picnic con frases de comerciantes –de restaurantes, bares, almacenes, chiringos de playa- que son tan típicas del verano rochense como el helado de butiá o los buñueños de algas: “Tú sabes que no quedan”.

“Yo creo que es un poco anacrónica esa observación. Y como en toda idea que perdura, es más fácil que se mantenga un mal concepto establecido que uno bueno cambiado”, dice a ECOS Jorge Simeone, presidente de la Corporación Rochense de Turismo (CRT). “No coincido ahora, para nada”, señala por su lado la directora de Turismo de la Intendencia de Rocha, Ana Caram. Y la excoordinadora del Cluster Turístico del departamento, Alejandra Carrau, sostiene que “se ha mejorado mucho”.

En sus respuestas ya hay algo implícito: el prejuicio no salió de la nada.

Y esa nada tenía su explicación histórica. Aunque un millennial no lo pueda creer, no fue hasta la década de 1990 que los balnearios de Rocha se hicieron masivos. Antes de tener paradores con música chill out y precios dignos de Ibiza, Punta del Diablo era casi un Cabo Polonio al que se podía acceder por ruta, el Polonio era tan poco conocido que muchos hasta dudaban de su existencia y –como cantaban Los Zucará- la imagen del pompón del gorro pescador invadían La Paloma. Con una locomotora a todo vapor como Punta del Este, Maldonado reinaba. E incluso Canelones tenía mucho más veraneantes que Rocha (sí, estimado veinteañero, en algún momento Solymar, Lagomar y El Pinar eran balnearios y no parte de Ciudad de la Costa).

Eso ya cambió. En el verano 2018, Rocha tuvo un turismo receptivo de 160.192 personas que pasaron en promedio 9,6 días y gastaron 104 millones de dólares. Fue un 10,4% más de gente respecto a la temporada anterior, pero un 9,2% menos de ingresos, a tono con todo el país. En estos, los veranos con más público de la historia, la costa atlántica ha peleado por un tercer lugar en número de visitantes, solo superado por Punta del Este (la capital turística del verano) y Montevideo (que sigue siendo la ciudad más visitada por los turistas a lo largo del año).

Y pasada la Navidad, con reservas en el entorno del 70%, algo menos que el año pasado, los rochenses confían en una práctica que ha resurgido estas semanas. “Hay gente que se está acercando y alquila en el momento, como sabe que hay oferta…”, afirma Simeone. Por su lado, Caram destaca que las previsiones en hotelería son similares al año pasado a esta misma altura, "y un poco más lento" en alquiler de casas.

Mejoras

Los que conocían Rocha ya estaban acostumbrados –y hasta celebraban- a peculiaridades como supermercados sin botellas de agua de medio litro a las tórridas dos de la tarde (“No, querido, no quiero una botella de dos litros, ¡y menos natural!”), bares de playa que anunciaban espectáculos en vivo aún no confirmados (y que terminaban no confirmándose) o almaceneros que racionaban los bizcochos por más famélico que esté el cliente. Pero difícilmente, un extranjero que comenzó a disfrutar las bondades de esta costa tenga tamaña comprensión. Para ellos, el histórico eslogan “Sol y playa”, en el que los rochenses se descansaban, no alcanza por sí solo.

“Creo que se ha mejorado mucho desde 2008 hasta hoy”, dice a ECOS Alejandra Carrau, quien entre ese año y 2011 fuera la coordinadora del Cluster Turístico de Rocha. Justamente, la creación de este organismo fue pensada para tratar de darle un poco de orden al caos reinante. Hasta entonces, agrega, los comercios de la costa eran siempre atendidos por sus dueños con más (o menos) empeño que know how, y un trato más campechano que profesional.

“Hace años hay un trabajo desde las escuelas públicas. La Dirección de Turismo (de la Intendencia de Rocha) ‘capacita’ a los niños para que sepan que viven en un departamento turístico. Y además está el trabajo conjunto con Inefop (Instituto de Empleo y Formación Profesional), que casi todos los cursos que se hacen acá están relacionados con el turismo. Y hasta ahora todos los resultados han sido buenos”, indica Simeone.

Esos cursos con Inefop, apunta Carrau, estaban destinadas a la capacitación de mozos, barman y mucamas. La llegada de inversionistas extranjeros, agrega por su lado Simeone, motivó la necesidad de crecer y crear una cultura de turismo.

Para Caram, Rocha ha trabajado mucho estos años en "salir de la improvisación y la informalidad".

“Pero, claro, todavía no nos transformamos en Tienda Inglesa (sic)”, ríe el presidente de la CRT. Simeone tiene 60 años, treinta de los cuales los ha vivido en Rocha. Conoce de las épocas en que sobraban los comerciantes que pensaban que los visitantes venían a quitarles tranquilidad, que había un sentimiento de propiedad tan grande que cuando un rochense (de la ciudad de Rocha) hablaba de “la playa”, se refería a La Paloma, principal balneario de la costa, distante a 28 kilómetros. Ese desinterés, subraya, se ha diluido.

Aunque también, coinciden Simeone y Carrau, es parte del folklore. El que quiera algo más estructurado siempre va a tener a Punta del Este. La directora de Turismo, Ana Caram, señala también que en las 17 localidades balnearias desperdigadas a lo largo de casi doscientos kilómetros de costa, junto con comerciantes comprometidos -permanentes o estacionales- hay otros que "cuesta más que acompañen" esta movida para dejar atrás la improvisación. Como para que nadie se sienta sorprendido.