Balas perdidas y sus víctimas: estar dónde y cuándo no deberían

Sociedad

7/08/2018 07:00

Balas perdidas y sus víctimas: estar dónde y cuándo no deberían

La muerte de la enfermera Rosa Rodríguez tiene tristes antecedentes. De Casavalle a Cordón, de Conciliación a Piriápolis.

Lo dijo el fiscal Pablo Rivas este lunes a ECOS, al referirse a la enfermera Rosa Rodríguez, de 48 años: "Estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado". De esta forma se refirió a la muerte de esta mujer, el pasado sábado a las 18.20 en Los Bulevares, mientras esperaba el ómnibus para hacer un trabajo particular de pedicura. A pocos metros, un policía de civil y unos ladrones se enfrentaban a tiros por un robo. Ella, totalmente ajena al episodio, fue una fatal víctima inocente.

No existen estadísticas que grafiquen cuántas de las muertes violentas que ocurren en Uruguay son a causa de balas perdidas, de estar en el momento y el lugar equivocados, de no estar en la mira de nadie y sin embargo morir. El único estudio estadístico realizado a nivel regional, basado en reportes de prensa, realizado en 2014 y 2015 por el Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe (Unlirec, por sus siglas en inglés), reveló seis incidentes de este tipo en ese bienio, cuatro culminados en muerte.

La muerte de Rodríguez tiene numerosos antecedentes cercanos.

El 4 de mayo, un hombre llamado Carlos Gallo, un cobrador de una tienda de electrodomésticos de 42 años quedó demasiado cerca de un enfrentamiento a tiros entre ladrones y un comerciante asaltado. Fue baleado y murió.

El 14 de marzo ocurrió un enfrentamiento a tiros entre bandas de Casavalle alcanzó en el pecho a Franco, un niño de doce años que estaba en las afueras de una escuela. La bala no era para él, otra vez estaba en un lugar equivocado en un momento equivocado. Tras once días internado en el Pereira Rossell, finalmente salvó su vida.

El 22 de enero de 2017, Xilara Ramos, de 17 años, estaba tomando mate en el fondo de su casa en Conciliación. Estaba con su familia. Comenzaron a escucharse tiros y corrieron a meterse adentro. Para ella fue tarde: una bala le entró por la axila y le salió por el pecho. Apenas minutos antes, tenía a su bebé en brazos. La joven murió por un enfrentamiento que estaba ocurriendo a 600 metros.

Cuando esto ocurrió, el director de Balística Forense de Policía Científica, Gustavo Hernandorena, dijo al informativo Subrayado de Canal 10 que ocurren "continuamente" los heridos por balas perdidas y que "no hay forma" de guarecerse o esquivarlas.

El 17 de octubre de 2016, un niño de cuatro años fue alcanzado por un proyectil mientras estaba en su casa en Casavalle. Estuvo grave y la bala no pudo ser extraída de su cabeza, pero se salvó.

El 25 de abril de 2015, una pelea que terminó a los tiros en las afueras de un pub en Playa Hermosa, en Piriápolis, terminó con la vida de Pablo Ernesto Blois, de 35 años, integrante de una familia muy querida del balneario. No tenía absolutamente nada que ver con el conflicto.

Uno de los casos más recordados fue la muerte de Soledad Barrios, en el balcón de su casa en Cordón, luego de un partido de básquetbol el 14 de diciembre de 2012. Se asomó a ver qué eran los ruidos que escuchaba (incidentes entre hinchas de Welcome y Cordón) y un joven que escapaba del lugar disparó hacia arriba, sin apuntar. Le dio a Soledad.