María, desde España: "Fue liberador poder declarar lo que pasó"

Por: Leonel García

Sociedad

27/06/2018 17:29

María, desde España: "Fue liberador poder declarar lo que pasó"

Equipatge de mà

La localidad de Vielha, bellísima pero de malos recuerdos para María

La madre de la niña restituida a España cuenta cómo han sido los primeros días del regreso y la primera audiencia contra su expareja.

Fue muy duro para María volver a recorrer por las calles de Vielha, la localidad catalana de la provincia de Lleida de la que se fue en abril de 2016, y las que no quería volver a recorrer. Eso fue el lunes 25 de junio. No había dormido la noche anterior. Salió de Barcelona, donde vive desde el martes 19, a las cuatro de la madrugada. Vio a las montañas, en los pirineos españoles, y se sintió desmayar. “Me puse fatal”. Su abogada, Anna Vidal, le pidió que respirara. Pero cuando volvió a la Ciudad Condal, a más de 300 kilómetros de distancia, lo hizo sintiéndose mejor que cómo se fue.

“En la audiencia me sentí liberada. Yo tenía terror de verlo a él y, antes de que yo entrara, le dijeron que se fuera. Y fue liberador poder declarar. Es que en Uruguay nunca me tomaron declaración. En dos años y medio que estuve ahí nadie nunca me preguntó qué pasó. Acá entré y me dejaron hablar, tres horas, de pie, delante de un micrófono, enfrente a la jueza, la fiscal, la abogada de él y mi abogada. Me preguntaban y yo respondía. Cero nervios. Todo lo que tuve atragantado en dos años y medio lo pude sacar”, le contó María a ECOS vía telefónica.

María es la madre de la pequeña de seis años que la Justicia ordenó restituir a España. Madre e hija habían venido a Uruguay en abril de 2016, a ver familiares de ella. Ambas vivían con Pablo, el padre de la pequeña, en Vielha. Viniendo hacia acá, dijo varias veces la mujer, ella comenzó a notar comportamientos extraños en la niña. Unas pericias psicológicas la hicieron decidir quedarse en este país: en ellas se reveló que la niña percibía a su padre como “peligroso”, se dio por hecho que hubo situaciones de violencia doméstica, aunque el abuso sexual denunciado no fue probado a nivel judicial, por más indicios que hayan notado peritos del Instituto Técnico Forense (ITF).

El padre, en cambio, siempre negó haber dañado a su hija.

En primera y segunda instancia, la Justicia uruguaya ordenó el regreso de la menor a España, exigido por el padre. La Suprema Corte de Justicia (SCJ) rechazó, el 7 de junio de este mes, el recurso de revisión de ese proceso. No se devuelve la niña a su padre: allá en España se está celebrando un juicio en su contra por violencia doméstica y eventual abuso a la niña.

La primera instancia de este juicio se celebró ese lunes 25. María respiró: se mantuvieron las medidas cautelares que había solicitado la Justicia uruguaya. Esto es: prohibición de contacto, comunicación, una restricción de 500 metros y la tenencia provisoria de la pequeña a su madre. Además, se le impuso al padre una pensión alimenticia. La pequeña será sometida a una serie de pericias; recién cuando estas concluyan, lo que se espera sea breve, podrá comenzar de nuevo tratamientos terapéuticos.

“Ahora estamos mejor, pero los primeros días fueron súper duros”, indicó María. La pequeña, que no quería volver a España, se dio cuenta enseguida que la excusa que le había dado la madre, ir de vacaciones, no era del todo cierta. Que la Cancillería uruguaya haya dispuesto un acceso especial en Carrasco, cuando la partida el lunes 18, “para evitar a la prensa”, ya llamaba la atención. Que cuatro policías las esperaran en el Aeropuerto de Madrid a la llegada el martes 19 –para la Justicia española, por más que haya que dirimir violencia y abusos del padre, era una mujer que se había llevado a una niña al extranjero sin el consentimiento de este-, lo hacía mucho más. “La gente nos miraba… por suerte nos trataron con corrección”, expresó.

Ya en Barcelona, el primer y segundo día fueron muy difíciles. María viajó con sus padres. Por ahora están viviendo en un apartamento prestado, mientras busca un lugar dónde vivir. Por suerte, ya pudo conseguir trabajo. La niña, que de a poco está volviendo a sonreír, recién volvería a clases en setiembre; allá en España se viven las vacaciones estivales. Está muy agradecida a las organizaciones de compatriotas de allá y al Consulado de Uruguay en Barcelona.

“Realmente, sin palabras lo del Consulado hasta ahora. Todos los días nos mandan mensajes para saber si estamos bien, si precisamos algo. Cuando llegamos mi hija no quería salir. Ellos me llamaron para el fin de semana: ‘¿tienen planes?’. Nos sacaron a ventilar, el sábado y el domingo. Y eso le hizo mucho bien a la niña. Volvió a reírse”, resumió.

Desde Uruguay, distintas organizaciones sociales –que tomaron la causa de María como propia- siguen el contacto con ella y otras asociaciones amigas que puedan dar una mano desde España.

Si bien María –desde que comenzó a cubrir esta historia, ECOS no publicó el nombre completo de la mujer, de su expareja ni de su niña- siente que comenzó su periplo judicial en España “con el pie derecho”, ya que se mantuvo la prohibición de contacto de la pequeña con el padre, que era lo que ella temía, el proceso puede ser largo. Se habla como mínimo de un año.