Trabajo de mujer: menos horas remuneradas y peor pagas; más desempleo

Por: Leonel García
Publicado: 7/03/2018 18:01
Trabajo de mujer: menos horas remuneradas y peor pagas; más desempleo
MTSS

Una mujer con primaria completa gana el 80,7% que un hombre con igual instrucción; a nivel universitario, la relación es casi igual.

Se habla de femicidios y de violencia de género. De legislar y de concientizar. Se habla de patriarcado y de 8M, de emponderamiento y de brechas. Y si de brechas se habla, el ámbito laboral eso uno en los que todavía se refleja más la distancia entre hombres y mujeres, en Uruguay y en el mundo, hoy. Se habla de cambiar cabezas, de un cambio que se está desarrollando y que aún no es suficiente.

Las mujeres que trabajan son menos. Ellas representan el 45,8% de la población ocupada en el país, según el Mapa de Género del Mercado de Trabajo Uruguayo, elaborado en 2017 por el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo (Ciedur). Pese a eso, la tasa de desempleo femenina es un 38% superior a la masculina.

En promedio, una mujer trabaja de forma remunerada siete horas menos a la semana. Sin embargo, en ese mismo lapso trabajará sin que se le pague, cuidando a los hijos, a los adultos mayores y haciendo las tareas del hogar, 18 horas más.

Si de paga se habla, en Montevideo una mujer gana un 9,9% menos que un hombre y un 8,1% en localidades del Interior de 5.000 habitantes o más. Es cierto que hay una mejora: en 2009 esa brecha era del 16,6% y 13,0%, respectivamente. Pero por más leyes que se promulguen y colectivos que se movilicen, un trabajador independiente hombre percibirá en Montevideo un 16,8% más que su colega mujer. No es que haya mucho más justicia entre los asalariados privados, donde la brecha es de un 11,1%. Más equitativa es la situación de los funcionarios públicos: 1,2%.

Las brechas más altas de participación y de empleo entre géneros están en los niveles socioeconómicos más bajos, explica la economista Alma Espino, presidenta y coordinadora del área Desarrollo y Género de Ciedur. La tasa de actividad femenina en el primer quintil de la sociedad es del 47,6% (con un piso del 42% en el Interior rural y en localidades menores a 5.000 habitantes). “Supuestamente, a mayor nivel socioeconómico, mayor posibilidad de educación. Y a mayor educación, más participación. Las mujeres con educación terciaria tienen tasas de participación similar a la de los varones”, dice la experta.

Pero la brecha salarial entre géneros es tan democrática que no mira el nivel educativo de las personas. De acuerdo con el Ciedur, una mujer con solo primaria completa ganará el 80,7% de un hombre con idéntica formación; si ambos tienen culminada una carrera universitaria o similar, el ratio será de 80,9%. Milagro Pau, secretaria de Género del PIT-CNT, sostiene que la mayor distancia se encuentra en las alturas.

“Las mujeres entran al mercado laboral, pero no llegan a los cargos más remunerados, los de mayor responsabilidad. Históricamente se ha preferido al hombre porque se considera que una mujer no puede cumplir un horario full-time, porque se tiene que dedicar a una familia. A la hora de decidir un cargo de dirección, de más responsabilidad, a un hombre no se le pregunta si piensa tener hijos; a una mujer sí. Eso es parte del patriarcado, es dicriminación”, señala Pau.

Espino prefiere referirse al “techo de cristal”, una imposibilidad que no se ve pero se siente. Y cómo. Y no solo del lado del eventual empleador. “Es cierto que por el lado de la demanda, los estereotipos de género pueden hacer que se decanten por los varones sin considerar calificaciones o experiencias específicas. Pero también influye del lado de la oferta: las mujeres, aún estando interesadas en una trayectoria laboral o profesional, nos enfrentamos a que los cuidados en el hogar y las tareas domésticas siguen siendo cuestiones eminentemente femeninas. Y hay un tercer factor que también influye que es la brecha en las aspiraciones y expectativas de hombres y mujeres”. Aquí juega el entramado social y lo que se espera de cada uno: es mucho más probable que una mujer se sienta “culpable” de no hacer las tareas de la casa que un hombre.

El trabajo remunerado es masculino. El ocio también. Espino destaca que al tiempo que la mujer fue ingresando cada vez más en el mercado laboral formal, la contrapartida no se ha dado: los varones siguen trabajando poco y nada dentro de sus casas. El estudio del Ciedur señala que las mujeres realizan 30,3 horas semanales de trabajo no remunerado: casi cuatro horas y media diarias. Los hombres hacen 19,3; menos de tres.

Hacia adelante

Espino señala que si bien Uruguay había sido pionero en varias legislaciones referidas a la mujer (ley de divorcio por sola voluntad de la mujer o el sufragio femenino), luego se sucedieron “décadas sin progresos” hasta llegar a “las modificaciones más importantes en políticas públicas en los últimos 15 años”.

Estas incluyen desde la despenalización del aborto hasta la ley integral de violencia de género. Sin embargo, señala la lentitud de la implementación de políticas públicas tales como el Sistema Nacional Integrado de Cuidados que avanza “despacio y parcialmente”. Y está el tan remanido cambio cultural, nombrado como si fuera un karma, señalado como el más difícil de todos.

Para Milagro Pau, del PIT-CNT, tampoco las cosas pasan por las leyes. Pero si éstas están, al menos que haya presupuesto para cumplirlas. Para ella, las peleas que tiene que dar la sociedad –y la central sindical- pasan por reclamar que no hay recursos para tobilleras y para poner en marcha la aprobada Ley Integral de Violencia de Género.

“Las leyes son un vehículo muy importante, pero sin plata ni funcionarios que la puedan poner en funcionamiento, no hay mucho para hacer”, expresó.
“No alcanza con las leyes. Uno puede implementar una ley que también permita pedir licencia por paternidad (la 19.161), pero lo cierto es que muy pocos hombres la toman. Puede ser porque temen que los perjudiquen al tener salarios altos o por temas culturales: que no crean que esté bien tomarla. Lo que hay es una dificultad para asumir que los roles están cambiando”, dice la presidenta de Ciedur.

“Si los compañeros no valoran a las compañeras…”

Las mujeres afiliadas al PIT-CNT representan casi el 50% de los afiliados a la central sindical. Pero como ocurre en tantos ámbitos –cámaras empresariales, colegios profesionales o cooperativas- la dirección no refleja esa realidad: de los 21 integrantes del secretariado ejecutivo solo 21 son mujeres: Fernanda Aguirre, María Eugenia Amarilla y ella.

“Estamos haciendo una revisión. Vamos a plantear la cuota en el próximo Congreso”, le dijo Pau a ECOS. Esto es que la dirección de cada sindicato tenga una representación proporcional en género. No es lo mismo la salud privada o el comercio, con un 90% y un 70% de trabajadoras mujeres, respectivamente, que la representación mínima en el gremio de la bebida (FOEB) o el Sindicato Único de Transportistas de Carga y Ramas Afines (Sutcra). “Acá si bien hay compañeras en la parte de logística, solo hay tres camioneras en 300”.

Pau admite que el hecho de que tres mujeres sean parte del secretariado ejecutivo del PIT-CNT fue parte de una decisión “por decirlo de alguna forma, sui generis”. Aquí también tienen que empezar a darse los cambios en la sociedad, de los que los sindicatos no son ninguna isla. “Si los compañeros no valoran a sus compañeras mujeres para ocupar cargos de dirección en sus respectivos sindicatos, el PIT-CNT no puede impulsarlas”.