"Cada funcionario llega sano a la Policía y termina enfermo"

Sociedad

4/12/2017 17:00

"Cada funcionario llega sano a la Policía y termina enfermo"

Presidencia

Hospital Policial

El sindicato policial le envió a Interior una serie de preguntas sobre cómo prevenir el suicidio de sus funcionarios. Son más de 30 al año.

El Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo (Sifpom) le envió este lunes a través de un comunicado un pedido de informes de nueve preguntas y un reclamo al Ministerio del Interior, luego del suicidio el viernes de un agente que, desesperado por problemas personales, había solicitado atención psicológica, ese mismo día, a la emergencia del Hospital Policial. La consulta recién fue agendada para un mes después.

Esa misma tarde, ese hombre de 33 años decidió quitarse la vida, con su propia arma de reglamento, delante de su esposa e hijo.

El Sifpom preguntó quién atendió al funcionario, de iniciales G.M.D.A., qué diagnóstico le realizó y si no pudo determinar la gravedad del cuadro. Desde el Ministerio del Interior afirmaron a ECOS que, ya que se está investigando qué fue lo que pasó. Nadie de Sanidad Policial formulará declaraciones.

El gremio también preguntó qué políticas de prevención existen, cómo se difunden, qué protocolo de actuación hay en caso de que un funcionario pida asistencia y qué cifras de suicidio policial se manejan.

“Cada funcionario llega sano a la Policía, porque tiene que pasar varias entrevistas psicológicas. Y termina enfermo”. Patricia Rodríguez, presidenta del Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo (Sifpom), le dijo a este portal que le gustaría que este episodio sirviera para activar las alertas. A la cuenta de Facebook del gremio le han llegado, ya sea en el muro o en mensajes privados, notificaciones de “montones de compañeros” que también han pedido ayuda y les han derivado la consulta para un mes después o más.
Patricia Rodríguez
Patricia Rodríguez

“Esta es una tarea netamente demandante, estás permanentemente sometido al estrés laboral. Un día estás en un operativo, en otro en un tiroteo, sacás un niño muerto, a otro calcinado… vos volvés al turno como si no hubiera pasado nada. Vos sabés que te vas a enfrentar a estas cosas cuando ingresás a la Policía, pero lo tenés que canalizar. ¡Si no un día explotás! No en vano en la Policía hay tanto suicidio, tantos casos de violencia doméstica y tanto divorcio”, indicó la gremialista.

Lo que no hay son datos públicos. En 2013, luego de un período de quince días en el que se suicidaron cinco funcionarios, otro de los gremios policiales, el Sindicato Único de Policías del Uruguay (SUPU), divulgó que por cada efectivo que moría en un acto de servicio, cuatro se autoeliminaban. En números, eso habla de 30 a 34 funcionarios que se quitaban la vida por año.

Miguel Barrios, representante de Asuntos Legal del SUPU, señala que en 2013 el gremio elevó al Ministerio del Interior una propuesta para cambiar la asistencia psicológica a los policías. Se buscaba una descentralización del servicio, que no se haga en dependencias policiales y que puedan darse consultas diarias, en base a los acontecimientos del día, que no sean derivados a menos que el profesional detecte alguna señal de alerta. No tuvieron eco. “A pesar de que se han hecho esfuerzos, los psicólogos siguen sin trabajar con nosotros”, dijo a ECOS Luis Clavijo, presidente del SUPU.

Rodríguez coincide: un policía recibe asistencia psicológica –siendo derivado por sus superiores o motu proprio- solo cuando está al borde del colapso, cuando tendría que tener una contención más preventiva. Otros factores como estar en un régimen totalmente vertical de mando, en una función muchas veces discriminada y estigmatizada, con una remuneración que, más allá de los aumentos de los últimos años, “no es acorde con la función que se realiza”, también contribuyen a ese cóctel explosivo.

Para peor, señala Rodríguez, la Unidad de Distrés Funcional del Hospital Policial, adonde van los policías aquejados por estas situaciones, “está sobrepasada de gente que asiste por denuncias de violencia doméstica”. La dirigente sindical sostiene que también hay culpa por parte de los uniformados: “También está el miedo a las represalias. A que le digan: ‘Este da parte de loco para no trabajar’. O el terror a perder el arma”.

Cuando un policía está involucrado en un episodio de violencia doméstica, el protocolo indica que se le retirar el arma de reglamento. Lo mismo ocurre cuando se le diagnostica, aunque sea como presunción, un cuadro psicótico, agudo o crónico. El miedo a que eso ocurra y el consiguiente perjuicio económico –un efectivo desarmado no puedo hacer servicio 222 ni andar uniformados por la calle, lo que los obliga a pagar boletos en el transporte capitalino- deriva en que para que un policía denuncie o consulte, deba estar muy desesperado.

El Sifpom también quiso saber qué ONGs tienen convenios con Interior para trabajar sobre el tema y si se piensa modificar el trabajo de la Unidad de Distrés funcional de Sanidad Policial. “Por último consideramos pertinente que exista una política en esta materia que ambiente contención y previsibilidad en la medida de lo posible. Las muertes de los funcionarios policiales son tan graves como las muertes de cualquier ciudadano del país, pero justamente quienes está ocupados de velar por la seguridad de todos, requieren, de forma imperativa, de una salud mental y emocional que ofrezca la seguridad a la sociedad toda que estamos en buenas manos”, concluye el comunicado dirigido a Interior.