El bar que nunca cierra está de luto por el gallego Jesús

Por: Leonel García
Publicado: 26/10/2017 17:34
El bar que nunca cierra está de luto por el gallego Jesús
Bar Arocena - Facebook

Falleció Jesús Boquete, uno de los dueños del mítico bar Arocena, de Carrasco. Su socio, Roberto Mallón, había partido hace ya un año.

Este jueves el bar Arocena, uno de los pocos que quedan en Montevideo que abren las 24 horas del día, un lugar clásico en todos los sentidos de la palabra, está cerrado. El miércoles murió uno de sus dueños, Jesús Boquete, un símbolo del barrio Carrasco tanto como ese lugar y los chivitos que hacía con sus propias manos. Boquete, un gallego ya octogenario, se fue un año después que su socio, Roberto Mallon, que falleció el 20 de setiembre de 2016. La partida de uno tuvo que ver con la del otro, hermano de la vida, dicen quienes los trataron y por años apuraron copas en ese mostrador.

“El Arocena es un boliche donde siempre te encontrabas con alguien conocido”, le cuenta a ECOS el artista plástico Adolfo “Fito” Sayago. Punto de reunión del barrio, la gente recuerda la famosa “mesa de los jueves”, que comenzaba al horario de la salida del trabajo y que llegaba hasta la madrugada del viernes, con hasta 200 personas rotando. Ir a tomar “la última antes de casa” era un clásico. Tanto como que la última jamás era la última.

Estaban los chivitos, famosos en todo Montevideo, siempre iguales: tomate-lechuga-jamón-muzzarella-huevo duro-panceta morrón-mayonesa-pan tortuga-bife de lomo. Estaba la costumbre de los jóvenes de comer uno a la salida de las fiestas, motivo principalísimo de que el Arocena nunca bajara la cortina. Y estaba el aura de ser un bar democrático como pocos: “Iba la gente de mayor poder adquisitivo, la que vivía en la zona, y también estaban los cuidacoches y los jardineros. Y todos se juntaban a hablar ahí”, recuerda el ex diputado colorado Anibal Gloodtdofsky. Este ex legislador llegó a considerar al Arocena su segunda casa, tanto que se escapó de su fiesta de casamiento en el Hotel Casino Carrasco, hace ya 25 años, para comerse uno de los chivitos y seguir.

Los clientes de toda la vida recuerdan anécdotas de esas cuya veracidad pone en duda el tiempo. El ex legislador habla de un sanitario que tenía su oficina ahí mismo, en sus mesas. También dice que años atrás ahí solían sentarse prestamistas, a la espera paciente de que algún ludópata desplumado quisiera seguir tentando a la mala suerte en el vecino Hotel Casino Carrasco.

“Cómo sea, en el Arocena todos éramos iguales ante la ley”, resume Sayago.

El artista habla de un viejo periodista de El Diario de la noche que, un día que no tenía noticias, inventó que un cuidacoche que paraba frente al Arocena, al que le decían “El Torero”, había encontrado una valija con cien mil dólares y que la había devuelto. “También está la anécdota de unos choferes de Ucot que paraban a comprar cigarrillos y dejaban el ómnibus prendido, con la puerta abierta. Unos borrachos que estaban sentados afuera se llevaron los buses y levantaron gente, ¡en la primera parada, la de Otero y Arocena! Luego tuvieron que volver”.

El Arocena sabe de visitantes ilustres, cuyo listado incluye a José Carbajal, Jaime Roos, Juan Carlos López, Hugo de León, Fito Páez, Pappo e Isabel Macedo. Incluso fue fotografiado Mick Jagger en su puerta, durante la visita que The Rolling Stones hicieran a Montevideo en febrero de 2016.

Y también estaba Jesús Boquete. “Jesús conocía a todo el mundo, siempre te recibía con una copa, una atención, sabía qué es lo que le había pasado a cada uno. Era un tipo muy querido y respetado”, lo pinta Gustavo Zerbino, uno de los sobrevivientes de la Tragedia de Los Andes. “Roberto y él eran dos personajes entrañables, dos máquinas de trabajar con gran calidez humana”, añade, extendiendo el afecto a quien partió primero, hace poco más de un año.

La vida era el trabajo

“Jesús era uno de los grandes bolicheros de Montevideo. De esos que atiende personalmente a la gente. Era muy generoso: ‘Vaya, vaya, paga después’. Tenía una gran memoria para eso también”, lo describe Julio Padilla, alias “El Pique”, planchero del Arocena desde hace 22 años, habitué del lugar desde los 15, hoy con más de 50.

Gloodtdofsky recuerda también su “Che, por qué no te vas a dormir a tu casa”, mezcla de lunfardo y gallego, con el que cerraba toda discusión cuando alguien se ponía pesado (algo inevitable en un bar que no cierra nunca). “Ahí se terminaba todo. Había noches que la cosa se podía poner muy espesa y él sabía imponer respeto, con su presencia y su voz”.

El blog “Crónicas Migrantes”, de Armando Olveira, cuenta que Boquete y Mallon compraron el Arocena el 1 de agosto de 1974. Era un pequeño local como hoy, “de muchas copas y pocas minutas”, que estaba abierto desde 1923. Por ese entonces, en la zona estaba el Hotel Casino Carrasco (construido en 1921, hoy Sofitel) y poca cosa más.

El mostrador siguió estando concurrido, pero pronto la gente se dio cuenta que en ese bar, considerado el más viejo de Carrasco, también había algo para comer. “Nuestros chivitos tienen ese gusto distinto, porque los hacemos con las manos y el alma. En 40 años siempre hice la misma receta, nunca la cambié, ni la voy a cambiar tampoco”, le dio Mallón a “Crónicas Migrantes” en 2012.

El estar siempre abierto fue otra de las características. Recién en los últimos años, cuenta Sayago, comenzaron a cerrar los días donde no queda otra que cerrar, como los 25 de diciembre, 1 de enero y 1 de mayo. Padilla recuerda que el lugar estuvo con las cortinas bajas toda una Semana de Turismo, “allá por el ’86 u ‘87”. También, por supuesto, cerraron durante el duelo aún reciente por Roberto Mallón.

“Para mí que eso fue lo que afectó a Jesús”, dijo Padilla.

Todos quienes los conocieron, como Sayago, los evocan como hermanos de la vida, trabajadores como solo los que han venido con una mano atrás y otra adelante desde el otro lado del océano, huyendo del hambre, han sabido ser.

“Su vida era el trabajo. Así vivieron y así murieron, trabajando noche y día. Poco después de morir Roberto, Jesús dejó de ir todos los días, dejó la noche, iba a de tarde. Yo creo que dejó de trabajar y empezó a morirse”, opina Aníbal Gloodtdofsky. El cuerpo ya no le estaba respondiendo como antes, recuerda.

La sala velatoria de Abbate Hermanos está en el Buceo. El miércoles, en la despedida de Jesús Boquete, se llenó de parroquianos de Carrasco, cuenta el ex legislador.

“Mañana (por el viernes), a las siete, abrimos”, anuncia Padilla, “El Pique”. Terminará así un cierre de 48 horas, una eternidad para los parámetros del Arocena. Uno de los hijos de Roberto está a cargo del mostrador. Dentro de poco, un hijo de Jesús, también hará lo mismo. Los tiempos cambian y las generaciones se renuevan. Pero renovar no es olvidar. “Roberto y Jesús son parte de una época de Carrasco que ya no vuelve”, concluye Gustavo Zerbino.