"El verdadero pánico está instaurado por el crecimiento delictivo"

Por: Leonel García

Sociedad

5/07/2017 13:29

"El verdadero pánico está instaurado por el crecimiento delictivo"

CAPTURA TELEDOCE

Fiscal Gustavo Zubía.

Que infunde pánico, que es escandaloso, que solo quiere mano dura, que busca prensa, dicen. Y el fiscal Gustavo Zubía contesta.

El fiscal Gustavo Zubía se siente cómodo con la prensa. Su estilo histriónico, locuaz y vehemente, a veces irónico, está presente en los medios desde 1998, cuando trabajó en el caso de la muerte misteriosa del ex intendente de Cerro Largo, Villanueva Saravia. Señalado como adepto a la “mano dura”, ha bregado por sentencias más duras, más gente presa y más cárceles, cuestionando a su vez lo que él considera “institutos liberatorios”.

Su postura le ha valido adeptos y críticos; muchos y muy duros críticos. El sociólogo Luis Eduardo Morás dijo a Brecha, el 16 de junio, que el discurso de Zubía era “peligroso para el Estado de Derecho”. El viernes 30, la abogada Adriana Berezán, presidenta de la Asociación de Defensores de Oficio, señaló en Crónicas que el fiscal tiene “un error de concepto gravísimo” ya que, indicó, el 85% de los presos con pena de penitenciaría (o sea, una condena mínima de dos años) cumplen todo el tiempo en la prisión. Ese mismo día y en esa misma publicación, el titular de la Asociación de Magistrados del Uruguay, Alberto Reyes, lo cuestionó por generar pánico en la sociedad.

Zubía, que a su vez es vicepresidente de la Asociación de Fiscales del Uruguay, y que desde principios de junio va y viene con custodia a su trabajo por haber sido uno de los tantos actores judiciales amenazados de muerte, responde con histrionismo, locuacidad y vehemencia, y a veces con ironía. “El verdadero pánico está instaurado a nivel social por el crecimiento delictivo”, “el sistema nos hace creer que ‘penamos’ cuando en realidad hacemos ‘penitas’”, “¿habrá que callarse para que la gente no se enoje?”, “para los delitos que tenemos, es poca la población carcelaria”, son algunas de las frases –acompañadas con cifras que esgrime en diálogo con ECOS.

-El presidente de la Asociación de Magistrados dice que con su discurso genera la sensación de “que las penas no se cumplen, que hay impunidad”.

-El pánico… con el enorme respeto que tengo por el doctor Reyes, el verdadero pánico está instaurado a nivel social por el crecimiento delictivo, de los últimos años, empecemos por ahí. Lo que yo digo es una realidad. Si por eso se genera pánico, lo lamento…

-Argumentan con cifras.

-Yo tengo cifras del Observatorio del Ministerio del Interior y de la Suprema Corte de Justicia. Esas dicen que hoy tenemos un 38% de procesados sin prisión: o sea, entran al juzgado y a las 24 o 48 horas están procesados por un delito pero sin prisión. A estos, cuando reciben la sentencia condenatoria, a los seis o siete meses, se les aplica el instituto de la libertad condicional o la suspensión condicional de la pena y no van a prisión ni un solo día.

-¿Y no será que el juez a cargo entiende que no hay peligro en que esa persona esté en la calle?

-No hablo de peligros sino de cifras. Hablo de presos que no pasan un solo día referente a la pena. ¿Por qué motivo? Eso es otra cosa. Dicen que exagero y yo tiro cifras. Y hay un 38% que no cumplen un solo día, ni antes, ni después, ni nunca, en prisión.

-¿Y luego?

-Después, hay otro 40% que es procesado con prisión pero por penas inferiores a dos años: hurtos, lesiones, droga, apropiaciones indebidas. Estos, antes de los seis o siete meses, reciben la libertad provisional. Entonces, ya tenemos que un 38% no va nunca preso y un 40% recobra la libertad antes de los seis o siete meses cuando recibe la sentencia, cumpliendo entre la mitad y la tercera parte de la pena. Y luego viene el 22% restante, los delitos más graves que son rapiñas, homicidios, secuestros, extorsión…

-Esos son los que mencionó Berezán en Crónicas, los delitos más graves.

-Ahí –dentro de 20% aproximado- hay un 78% que cumple la pena y un 22% que recibe los beneficios de la libertad anticipada. ¡Pero no termino ahí! De ese 78% que cumple la pena, se puede redimir la tercera parte por trabajo y estudio. Eso fue lo que pasó con (Pablo) Goncalvez, que trabajó y estudió, redimió una tercera parte y ahora está en Paraguay… preso. Usted puede ponerse exquisito, jugar a leguleyo y decirme que no se le está perdonando la pena, que se la están redimiendo. Y yo digo: no embromen, no me quiero poner a averiguar cómo se computa ese trabajo y estudio…
Del 78% de los casos más graves, que cumplen la pena, se puede redimir la tercera parte por trabajo y estudio. Ahí está Pablo Goncalvez...

-Cambio el enfoque, ¿por qué saltan tanto a criticarlo a usted? Usted sale mucho en la prensa, es un hombre mediático, ¿no cree que eso cae mal?

- Lo que cae mal es que yo digo que el sistema nos miente. Nos hace creer que “penamos” cuando en realidad “hacemos penitas”. Y atención: de cada cien delitos denunciados, ¡solo son sometidos a proceso penal entre el 5 y el 7%! Del 90 al 95% de los delitos denunciados no se esclarecen. Es como tener un boliche y que del 90 al 95% no te paga, y el resto empieza que paga el mes que viene, que a crédito… ¿Y por qué me atacan a mí? Porque estarán podridos, hace diez años que estoy pegando. Usted no tiene cómo zafar de una multa de tránsito, de pagar la contribución, ¿y los delincuentes? El 38% de los que son procesados no van un solo día a prisión.

-Recién mencionó al sistema, ¿con ese discurso de más mano dura usted no alimenta una bronca contra él?

-Escúcheme, no es mano dura. No quiero más penas, no quiero más pena de muerte e incluso estuve en contra de bajar la edad de imputabilidad. ¡Quiero que se cumpla algo! ¿Qué aliento a que la gente esté caliente? ¡Lo lamento! ¿Vamos a empezar a callarnos para que la gente no esté caliente? ¡Es el colmo de la hipocresía! Yo procuro que la gente le pida a sus representantes en el Parlamento que se modifiquen las leyes. Con el Código de Proceso Penal que se viene hay dramas enormes. No se ha derogado la libertad condicional, y el nuevo sistema viene con más "changüí" al empezar el proceso y más "changüí" al terminar el proceso. Si hoy tenemos estas cifras, con el nuevo sistema va a ser peor.

-¿Por qué lo dice?

-Usted me pide una cátedra de seis meses en minutos… se la doy. En el sistema actual usted va preso primero y lo procesan, en la mayoría de los casos con prisión y después tiene una serie de beneficios. En el que se viene, si es que no se modifica, el principio no va a ser la cárcel sino la libertad. Eso igual que en Estados Unidos, donde el individuo va de traje al juicio, libre, y recién va preso cuando llega la sentencia. Acá no correría la prisión preventiva más, pero con la libertad condicional, ¡queda afuera! El sistema será mucho peor de acá a futuro. Excepto que se modifique la libertad condicional; los diputados y senadores habían dicho que lo iban a hacer.

- ¿Por qué piensa que tantos procesados no terminan presos?

- Porque los estados no tienen interés en tener presos. Las cárceles dan problemas de todo tipo. Las cárceles son un foco peligroso para la estabilidad política de todos los estados, más allá de casos excepcionales como Estados Unidos o Cuba. Tener presos es problemático, no solo por la seguridad y la alimentación: si hay un motín, donde posiblemente haya muertos, se generarían enormes problemas. Y acá hay problemas carcelarios pese al “exiguo” número de presos.
El hacinamiento es el razonamiento al que se apela para tener poca población carcelaria, lo cual es atroz y absurdo. ¿Se pide a la gente que no se enferme porque los hospitales están llenos?

-¿Cómo se combina eso que dice con el hecho que tenemos más población carcelaria que nunca?

-Para los delitos que tenemos, tenemos poca población carcelaria. Y la poca que tenemos la tenemos hacinada. Y el hacinamiento es el razonamiento al que se apela para tener poca población carcelaria, lo cual es atroz y absurdo. ¿Se le pide a la gente que no se enferme porque hay muchos pacientes en los hospitales? ¿Y qué le vamos a hacer, si hay una epidemia de delitos? Hay que construir cárceles. Que hay hacinamiento y que las cárceles son un infierno soy el primero que lo reconozco, atención. Pero que sirva como razonamiento para que el delincuente quede libre, no. ¿Quién paga el plato? Usted y yo. El sistema judicial, como la escuela, son sistemas de control social. Si no controla y no manda mensajes de que el que comete delito tiene que recibir una sanción, el delincuente siente que tiene vía libre.

-Volviendo a una pregunta anterior, ¿a usted le gusta salir en la prensa?

-La necesito. Es la única arma que tengo para poder concientizar de lo que yo considero que es un exceso de beneficios para el delincuente.

-¿Pero más allá de eso le gusta, se siente cómodo?

-Me siento cómodo porque hablo con la verdad. Me han imputado que hago carrera política. Y yo vengo hablando en la prensa desde el año 1998 cuando pedí el procesamiento de Villanueva Saravia en Cerro Largo. No son meros temas de escritorio, de redactar la vista fiscal y que no se entere nadie. Hay que salir a hablar porque es la forma de hacer fuerza para que se modifiquen temas que para mí son injustos. ¿Usted no se calienta con las cosas que digo?