Historias de mamás luchadoras

Por: Patricia Vicente

Sociedad

14/05/2017 08:38

Historias de mamás luchadoras

ECOS

Las primas Jessica y Florencia junto a sus hijos

Esfuerzo, superación y esperanza: tres madres jóvenes cuentan su historia y miran al futuro con optimismo.

"De chiquitas todas soñamos con ser mamás". La frase es de Florencia Jaimes, la joven y coqueta mamá de Maite, que con sus dos años y sus ojazos celestes corre y juega en el patio del Centro de Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodih). Allí, el miércoles, decenas de madres celebraron que terminaron un curso, que empiezan otro, que le ganaron a sus problemas, que pudieron superarse y que hoy, al menos, pueden contra todo.

Y es cierto, de chiquitas todas (o el menos la gran mayoría) sueñan con ser mamás. Felices, plenas, sonrientes, con salud y abundancia. El sueño siempre es color de rosa. Lo que viene después es la vida y su complejidad, que termina cumpliendo el anhelo de muchas, negando la posibilidad a otras y obligando a luchar a unas cuantas. Es justamente de esas historias que se compone este informe de Día de la madre: de luchadoras.

"Hoy sé que puedo"

Florencia y Maite
Florencia y Maite
El plan de Florencia (22) era terminar el liceo y estudiar Odontología. Pero cuando estaba por empezar quinto se enteró de sus cinco semanas de embarazo y decidió abandonar. Todo se dio de sorpresa, ella no se sentía preparada, temía por el bullying y dejó. El futuro papá, su novio desde hacía tres meses, se comprometió y la intención fue ir a vivir juntos.

Ella vivía con sus padres, él con los suyos, y unos meses después nació Maite. Les costó, pero al tiempo lograron tener lo necesario para compartir el mismo techo. Florencia consiguió trabajo en una panadería, que no la motivaba, pero le pagaba el sueldo, hasta que un día cerró. Y los pañales, la ropa, el alquiler, los gastos, la comida... ¡Cómo hacemos!

La plata no alcanzaba, él pidió para trabajar 11 horas diarias y así ganar un poco más. Pero ella no sabía qué hacer, pasaron tres meses y nada, hasta que una amiga le sugirió que se acercara a Ceprodih y Florencia fue. Comenzó a estudiar en febrero y hoy se siente otra persona. Tan así, que cuando repasa lo que logró, se le caen las lágrimas.

"Yo siento que encontré el camino, veo que soy capaz, que puedo. Muchas veces pensé que no podía, que no iba a llegar. Ahora miro dónde estoy y digo: pude. Y esto lo hago por mí, pero también por mi hija y por su futuro".

Florencia cuenta que hizo los cursos de manicuría y podología, ayudante de peluquería y depilación. "Ya estoy trabajando a domicilio y ahora estoy pensando si abro una unipersonal o si trabajo en algún lugar. Quiero saber hacer todo de peluquería, seguir preparándome. Esto es lo mío, me motiva, me divierte y en poco tiempo me pude desarrollar", señaló la joven y no descartó retomar el liceo y luego estudiar Odontología.

Al finalizar la charla con ECOS, una asistente social del centro, acotó: “cuando Florencia llegó casi no hablaba, estaba cerrada, temerosa, insegura y ¡mirala ahora!”.

"Contenta, entusiasmada y agradecida"

Jessica y sus niños: Selena, Lucas y Benjamín
Jessica y sus niños: Selena, Lucas y Benjamín
Jessica Carmona tiene una cosa muy clara: "No voy a volver a depender de un hombre, voy a salir adelante por mí misma". En sus jóvenes 22 años, esta mamá resiliente tuvo tres hijos, enfrentó necesidades de todo tipo, pasó hambre, sufrió abandono y un día sintió que no podía más, pero se levantó a pelear por Selena (6), Lucas (5) y Benjamín (2). “Ellos son mis razones para salir adelante”, dijo, mientras se guardaba las lágrimas.

En un baile, cuando tenía 15 años, Jessica conoció a un muchacho colombiano. Empezaron a salir y dos meses después estaba embarazada. Le contó, pero él "no quiso saber de nada y se fue a su país". Nunca más apareció, aunque a veces le envía 1.000 pesos para los gastos, recordó la joven.

"A los pocos meses conocí al papá de Lucas. Nos fuimos a vivir juntos, yo tenía a Selena con pocos meses de nacida y él se hizo cargo de todo al principio. Estuvimos cinco años en pareja, pero fue muy complicado. Él estaba obsesionado conmigo, me controlaba, no me dejaba recibir visitas, pasé muchos disgustos. Yo aguantaba, porque pensaba que él podía cambiar y porque creía que si me iba, sola, no iba a poder salir adelante", relató.

Un día no aguantó más y se fue. Volvió a vivir con su familia y consiguió trabajo. "Pasaron algunos meses, fui a un boliche y conocí a un muchacho, empezamos a salir y vino Benjamín. Él no lo quería tener, pero luego aceptó y nos fuimos a vivir juntos, hasta que un día, a los seis meses del embarazo, se fue", contó Jessica.

Ese fue el peor momento. "Yo había perdido el trabajo por el embarazo y la pasé mal”, dijo y contó que al poco tiempo nació el bebé. “Pasé hambre, no tenía para comer, ni para darle a mis hijos. Caí en un pozo depresivo, no me dejaba ayudar, pensé que no podía salir", recordó y señaló que lo peor fue sentir "la desesperación de no tener una taza de leche para darles".

Pero como canta Serrat, "bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque de ahí en adelante sólo cabe ir mejorando". Y hubo un punto de quiebre para Jessica.

Un día y otro, y otro más, una asistente de Aldeas Infantiles golpeó a su puerta, hasta que ella se convenció de que debía aceptar ayuda. Obtuvo un convenio con INAU que le permitió reparar la casa en la que vive y recibió un subsidio mensual por un año para enfrentar los gastos básicos. Además la asistieron para tramitar las asignaciones familiares y las pensiones alimenticias. “Yo no quería, pero me explicaron y entendí: es un derecho de mis hijos, se la tienen que dar”, explicó.

En ese camino de superación llegó a Ceprodih, donde hoy hace el curso de “Sala y bar”, para ser moza “y encontrar un trabajo lo más pronto posible”. “Ahora en mi cabeza están los gurises y este proyecto. Solo eso y la emoción de que voy a trabajar y a salir adelante. Yo quiero que mis hijos vean que estoy para ellos, que estoy bien y que no pasen de nuevo por todo lo que pasaron”, dijo Jessica y la sonrisa se le dibujó. Pero apuntó que “todos los recuerdos están guardados” y tiene claro que “nunca más” volverá a depender de nadie.

Al curso que está realizando se le sumará ahora el apoyo de una maestra jubilada, que comenzó a trabajar como voluntaria en Ceprodih para actualizar a las mamás en lectoescritura. “Yo quiero eso, porque hace muchos años que no estudio, no me acuerdo de nada. Dejé en primero de liceo, cuando quedé embarazada de Selena, y ahora ella viene de la escuela con los deberes y la quiero ayudar”, dijo.

“Son muchas cosas las que hay que enfrentar, pero no me voy a dar por vencida. Ya aguanté un montón, luché y voy a salir adelante. Esta es una oportunidad única. Estoy contenta, entusiasmada y agradecida", remató.

“El mejor” día de la madre

Florencia y Santino
Florencia y Santino
Florencia Carmona es prima de Jessica, tiene 18 años y su vida entera es Santino, el pequeño de un año y tres meses que juega con sus primos mientras ella cuenta que cuando terminen “Sala y bar” se van a anotar en el curso de brushing progresivo y el año que viene retomarán el liceo “con ese plan que permite hacer tres años en uno”. “Nosotras ya sabíamos de eso, pero cuando estás mal no hacés nada, no te da la cabeza y nunca lo hicimos”, dijo. Ahora tienen la motivación.

Además, la joven mamá contó que estudia informática en Ceprodih, porque todos los cursos tienen ese complemento y el de “competencias transversales”, donde las ayudan a administrarse con el dinero, a armar un currículum, a presentarse en una entrevista de trabajo. “Cosas que tienen que ver con la vida diaria, cómo organizarnos”.

Florencia contó que al papá de su hijo lo conoció en un boliche. “Estuvimos un año y medio de novios, y cuando quedé embarazada nos mudamos juntos. Éramos los dos muy gurises y él no se daba cuenta de que ya éramos una familia. Me engañó varias veces y yo lo perdoné, hasta que no aguanté más”, señaló y recordó lo difíciles que fueron esos tiempos, porque “aunque fuera una miseria, él aportaba algo de plata”.
Las mamás de Ceprodih celebrando su día en el Centro
Las mamás de Ceprodih celebrando su día en el Centro

“Al ser menor se me complicaba para conseguir trabajo. Hacía alguna limpieza o cuidaba niños, pero ya teniendo a Santino era difícil”, repasó la joven y dijo que ahora, ya separada, se arregla con la asignación, con alguna ayuda de su familia y vendiendo la ropa que ya no usa el pequeño. “Por suerte acá nos apoyan con los boletos, porque me pasó que algunas veces no tenía para venir. La asistente social nos atiende, nos hace sentir protegidas”, agregó.

Pese a lo difícil de su situación, Florencia mantiene la sonrisa y mira con optimismo al futuro. “Cuando estás hundida pensás ¿por qué me pasa esto a mí? Mirás a tu hijo y te preguntás ¿por qué nos pasan todas esas cosas?”, recordó, pero aclarando que así era su pasado y que hoy, aunque no tiene la vida solucionada, cree que ella también podrá alcanzar el bienestar que tanto anhela.

Consultadas sobre el día de la madre, al unísono las primas Carmona contestaron que este va a ser “¡el mejor!”.

Dos décadas de ayuda a las madres

Ceprodih funciona desde hace 20 años, con la dirección de Adriana Abraham, buscando dar apoyo a madres que necesitan ayuda.

Brindan cursos, talleres con salida laboral y tienen un hogar.