Este año, la Policía ya recibió 800 denuncias de personas ausentes

Por: Leonel García
Publicado: 5/05/2017 08:56
Este año, la Policía ya recibió 800 denuncias de personas ausentes
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En cuatro meses ya se amenaza superar el número de todo el año pasado: 1.597. De estos, casi la mitad son adolescentes.

Hace poco más de un año, el 21 de abril de 2016, Matías Chapore entró al negocio de la familia en La Paloma, Rocha, pidió tres alfajores y un refresco para llevar a Colonia, adonde vive su hijo. Su familia no volvió a saber de él. Tenía una frutería pero en los últimos tiempos colaboraba en el comercio de su hermano mayor, Alexis.

“Es horrible vivir así, en la incertidumbre de no saber qué pasó. Yo cada día estoy peor. No puedo dormir. Si hubiera sido un chico problemático… pero había sido criado en el trabajo, no tenía calle. Me duele mucho estar pasando esto”, le cuenta a ECOS la madre de Matías, Ester Lujambio, emocionada. No encuentra explicación, ha ido a todos lados, lo recordó el día de su cumpleaños 29, el 12 de enero, lo recuerda siempre.

En ese año, 2016, la sección Registro y Búsqueda de Personas Ausentes, perteneciente a la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado e Interpol, recibió 1.597 denuncias. Este es un número que va creciendo exponencialmente año tras año: en 2012 fueron 297: en 2013, 503; en 2014, 729; en 2015, 1.200.

Y 2017 amenaza con seguir esa sintonía. De acuerdo con el oficial principal Carlos Guillama, encargado de esa sección, ya van unas 800 denuncias en los primeros cuatro meses de 2017. “Es un arranque inusualmente fuerte. Sorprende porque no es la época del año donde hay más casos. Estos aumentan con mucha fuerza más a fin de año”, le dijo a ECOS.

“Si la policía investigó, investigó 20 días”, agrega Alexis Chapore, el hermano mayor. Es difícil explicar lo que se vive, la angustia y el dolor de quien no tiene ninguna certeza de lo que puede haber pasado, salvo rumores cruzados, en su gran mayoría infundados, de todo tipo. “Comentarios hubo millones… Y es muy difícil mantener la fe. Y más te ponés a conversar, más te ponés a pensar, más te convencés que pasó algo”.

Guillama sostiene que un alto promedio, situado entre el 93% y 97% de los casos, las situaciones se resuelven. El de Chapore es uno de los 117 rostros que están presentes en la página de Personas Ausentes del Ministerio del Interior. Ahí aparece como un hombre de 1,70 metros y 80 kilos de cutis “blanco”, ojos “marrones”, complexión “gruesa”, cabello “negro” y una cicatriz de una operación de apendicitis como rasgo distintivo.

Para que una ficha se suba a ese listado, dinámico, con constante subida y bajada de fichas, tiene que haber una autorización familiar. A doce de ellos se las dejó de ver este año. Pero también figuran casos emblemáticos como los de Enzo Terra, Ignacio Susaeta, Ignacio Pertusati o el músico Walter Venencio.

Uno de los casos que más atención mediática generó este año es el de Mónica Rivero. Esta mujer de 44 años fue vista por última vez en el Buceo, el 13 de febrero. Este caso pasó a la órbita de Crimen Organizado cuando se supo que la empresa en la que ella trabajaba en tesorería, Julio César Lestido, había denunciado un importante faltante de dinero. Rivero, además, era jugadora VIP del casino del Hotel Conrad. La abogada de su familia, Fabiana González Raggio, le afirmó la pasada semana a ECOS que aún sigue sin saberse nada de ella.

Los adolescentes ocupan una importante porción de las averiguaciones de paradero. Según Guillama, en 2016 fueron el 47,6% de los casos. “Entre los menores, la mayoría de las situaciones son por huir de problemas familiares, con padres, abuelos, hermanos. Por supuesto, cada caso es distinto”.

En los adultos, en cambio, el universo es más amplio: problemas de pareja, psiquiátricos, de consumo de drogas. “Por lo general, pasa por alejarse de una situación conflictiva”. A veces el desenlace es el peor imaginable; en otras, el o la persona simplemente se va a formar una nueva vida a otro lado y no quiere volver atrás. Y la Policía no puede hacer nada en este caso, más que cerrarlo.

Angustia

Yanina Milagros Cuello, de 16 años, desapareció en Pando el 3 de diciembre pasado. “Te pasan muchas cosas por la cabeza, si estará pasando frío, si está viva, si está muerta, que le estarán haciendo”, le dijo a ECOS Nancy Baladán, su madre, tres semanas atrás.

En la sección Registro y Búsqueda de Personas Ausentes trabajan cuatro psicólogos. No solo tratan de entender qué es lo que pasó con la persona desaparecida en su contexto, sino que trabajan conteniendo a los familiares. “La de la ausencia es una sensación peor que la muerte. A veces, es la angustia de años y años sin saber qué pasó”, subraya Guillama.

“Con las personas desaparecidas de la dictadura, uno puede presumir un final trágico. Pero con un ausente no está claro en tu alma lo que puede haber pasado”, le dice por su lado a ECOS Robert Parrado, psicólogo y comisario inspector retirado, quien fuera el primer encargado del departamento de Personas Ausentes. “Es terrible sufrir con alguien que no sabés si está vivo o muerto, ni tampoco sabés por qué se dio esa ausencia”.

De acuerdo con este experto, no existe algo así como un motivo principal de las ausencias. Obviamente, están los peores desenlaces posibles, incluyendo la autoeliminación. “Pero también hay personas que deciden hacer un corte abrupto con lo que era su línea de vida”. Parrado recuerda el caso de un joven que había sido abusado por familiares en su infancia y que había juramentado irse de casa a los 18 años, lo que acabó cumpliendo, sin querer volver a lo que había dejado voluntariamente atrás.

No existe algo así como un tiempo “prudencial” de búsqueda, aunque Guillama dice que si pasan los seis meses sin pistas firmes sobre el paradero de alguien, es claro que la situación se encuadra “dentro de las muy complicadas”.

Para él, el aumento de denuncias está ligado a una mayor confianza en la acción policial que en un mayor número de personas que desaparecen. “Hay más información también. Hay un viejo mito que dice que hay que esperar 24 o 48 horas para comenzar a buscar. Eso no es así. La búsqueda comienza de inmediato a la constatación de una ausencia”.

La página Personas Ausentes del Ministerio del Interior refleja la incertidumbre de una ausencia para 117 familias. Esa angustia es duramente reciente para la de Katherine Vallejo, una adolescente de 17 años que fue vista por última vez por Belloni, y la de Ruben Rodríguez, de quien lo último que se supo es que estaba en el centro de salud donde se asistía; la búsqueda de ambos comenzó el 4 de abril. La de la familia de Matías Chapore acaba de cumplir un año.

Por el otro lado, Tabaré López falta de todos los lugares donde frecuentaba desde 1981. La foto de la web muestra a un joven veinteañero; hoy se busca a un hombre que pasa los 70. El caso continúa abierto. “No se puede cerrar este caso. No se encontró ningún cuerpo. No se sabe nada de él. Y una ausencia no se cierra nunca”, concluye Guillama.

Casos conocidos



Enzo Terra. El rostro despeinado de este joven de 18 años, desaparecido el 25 de marzo de 2000, es uno de los más conocidos de esta lista triste. Le gustaba la guitarra y la murga. Lo último que supieron sus padres es que se había ido a jugar al fútbol. El registro lo describe como un hombre alto y delgado, de 1,90 metros y 80 kilos.

Juan Ignacio Pertusati.
Al momento de su desaparición, en un barrio periférico, tenía solo nueve años. Era el 23 de noviembre de 2003. Había ido a comprar un helado y nunca regresó. En su momento se hicieron varias marchas reclamado su aparición; a medida que pasaba el tiempo, esas marchas se hicieron menos numerosas y más espaciadas.

José Ignacio Susaeta. Otro rostro conocido, divulgado, conocido y ausente. Tenía 23 años el 23 de enero de 2015, cuando dejó de ser visto. Salió de su casa en su auto, a buscar a su novia. El auto apareció en Lagomar, junto con una carta que dejaba más dudas que certezas. Varias veces se dijo, en forma errónea, que se lo había visto en algún lugar.

Andrés Pereira. El 14 de febrero de 2014 fue la última vez que se supo de este adolescente de 16 años. Había ido a un campamento una agrupación gremial, escindida de la Unión de Juventudes Comunistas(UJC), en Punta Espinillo. Se dijo que participó de una pelea y se fue. Nunca se lo volvió a ver.