Pobre, joven y víctima de abuso: el perfil de las reclusas uruguayas

Publicado: 28/04/2017 14:07
Pobre, joven y víctima de abuso: el perfil de las reclusas uruguayas
Arhivo

En un sistema "pensado para hombres", 58 menores conviven con sus madres en prisión. Unas 24 mujeres gestan a sus hijos tras las rejas.

Cuando cometen un delito, las mujeres reciben un triple castigo. Primero, la pena dispuesta por la Justicia. Luego la pena social de sus allegados y entorno, al haber roto el comportamiento esperable de que "las mujeres no cometen delitos".

Por eso son rechazadas, aunque sigan tratando de ocuparse desde la prisión de la situación de los hijos que siguen en sus casas.

El tercer castigo llega cuando son liberadas. Allí pasan a ser "mujeres que cometieron un delito", por lo que las puertas a la inserción laboral se abren con mucha dificultad.

Así lo indica el comisionado parlamentario, Juan Miguel Petit, en el último informe sobre la situación del Sistema Carcelario elevado al Parlamento.

A modo de ilustración, el especialista aportó un dato que demuestra el abandono que sufren las mujeres privadas de libertad y su vulnerabilidad, aumentada por la prisión. Durante la Semana de Turismo del año pasado, para toda la Unidad 5, que alojaba unas 350 reclusas, hubo solamente 100 visitas.

Las mujeres representan el 6% de la población total en las cárceles, que asciende hoy a 11.200 reclusos.

Petit resume así su perfil. Se trata de personas pobres, jóvenes y que han sufrido privaciones y violencia de diverso tipo a lo largo de sus vidas. Cargan en muchos casos además con el sostén de sus hijos, por lo que han recurrido a estrategias de supervivencia personal o familiar extremas y dañinas para ellas.

Se calcula que el 90% de las mujeres privadas de libertad han sufrido violencia y abusos sexuales. El informe marca a su vez una relación entre el delito y la violencia doméstica.

En ese sentido, y según Petit, dotar al sistema penitenciario de una perspectiva de género fuerte ha sido un reclamo de larga data, que empezó a volverse realidad con la creación, en el Instituto Nacional de Rehabilitación, del Departamento de Género y Diversidad.

De todas formas, siendo el delito "cosa de hombres" y las cárceles pensadas "para hombres", imprimir a la gestión de las unidades femeninas una lógica propia sigue siendo un tema pendiente.

Pese a ello, el 63% de las mujeres presas desempeñaban algún tipo de trabajo en la prisión. Es un porcentaje que casi duplica al masculino.

El año pasado el número de reclusas permaneció estable, con un promedio de 580 reclusas.

Datos oficiales indican que, hasta marzo de este año, había 24 mujeres embarazadas en el sistema, que según Petit no gozan de tratamiento o alimentación diferenciada. Allí se alojan a su vez a 58 menores de edad. A esa misma fecha, había 47 madres con hijos en las prisiones.

El Centro Metropolitano Femenino (Unidad 5) es la que aloja mayorcantidad de población femenina, unas 340 mujeres.

Petit apunta una falta particularmente grave de recursos técnicos para la atención de las internas, con un uso abusivo de las sanciones que se vuelve una fuente permanente de tensión.

Allí las demandas de atención psicológica, apoyo para las adicciones y asistencia para atender las situaciones de los hijos fuera de la cárcel superan largamente las posibilidades de respuesta del centro, que tiene además graves problemas de mantenimiento.

Los centros que alojan mujeres en Uruguay, como ocurre en buena parte de la región, no son el resultado de un diseño físico y funcional específico, sino una adaptación del modelo de cárcel masculina.

El panorama, según el informe, es muy variado. La gran mayoría son pequeñas unidades que no superan las 20 personas. En algunos casos, sobre todo en el interior, están en el mismo predio que la unidad masculina. Ante la falta de espacio, las autoridades terminan priorizando las actividades de los hombres.

En la mayoría de ellas existe una falta de adaptación a las necesidades concretas de las mujeres en cuanto a capacitación laboral, educación, cultura o recreación. O bien se reproduce la oferta existente para hombres, o se generan actividades propias de lo que se considera el "rol tradicional femenino: cocina, costura, manualidades.

Un caso especial, se apunta, ocurre en la Unidad 27, ubicada en la localidad artiguense de Paso Ataque. Allí se ha desarrollado una experiencia mixta "muy innovadora".