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Cultura y Espectáculos

26/02/2017 09:57

La uruguaya

Por: Tessa García

Con el escritor argentino Pedro Mairal, autor de “La uruguaya”, novela que retrata paisajes nacionales con una mirada distinta.

La uruguaya
La Uruguaya se lee de un tirón y de forma compulsiva. Cuenta la historia de un escritor argentino en plena crisis conyugal que viaja a Montevideo por el día a recoger un dinero que le mandaron del exterior y que no puede recibir en su país por las restricciones cambiarias. Está casado y tiene un hijo, pero la perspectiva de pasar un día entero afuera y encontrarse con un amor de verano que idealizó al igual que idealiza Montevideo le resulta un bálsamo para su existencia aburrida y llena de problemas.

“Me gusta esa mezcla de terminal y shopping que tiene Tres Cruces. Un centro comercial arriba de una estación. Subí por la escalera mecánica. Me acuerdo de haber sentido enseguida la presencia de lo distinto. Ya empezaba esa deriva entre la familiaridad y el extrañamiento. Un aire reconocible, cercano a la Argentina, en la gente, en el habla, la forma de vestirse, y de pronto unas marcas que no conocía, una palabra distinta, un tú en lugar de un vos, una parejita y él con el termo bajo el brazo y el mate en la mano, una chica hermosa con un costado afro y otra y después otra, una premonición brasilera. Como en los sueños, en Montevideo las cosas me resultaban parecidas pero diferentes. Eran pero no eran”, escribe en La Uruguaya.

-¿Por qué elegiste Montevideo como escenario de tu novela?

-Montevideo para mi es atractivo porque me resulta familiar y a la vez extraño. Ese paso de lo familiar al extrañamiento es muy rico literariamente. Por momentos te parece que conocés y que se parece a Buenos Aires pero de golpe no, ves unas marcas que no conocés, la Ancap, Conaprole, o escuchás palabras que allá no usamos como ‘championes’ –nosotros decimos ‘zapatillas’, ‘bizcochos’ en vez de las ‘medialunas’, el ‘cerquillo’ en vez de ‘flequillo’. Hay varias cosas así y eso me resulta estimulante para escribir. En un restorán un mozo te dice ‘patrón’ y en Buenos Aires te dicen ‘jefe’. Es la misma expresión pero cambiada la palabra. Ese desplazamiento mínimo es lo que me interesa mucho. La verdad es que también Montevideo tiene una escala más humana que Buenos Aires. Mi personaje tiene a una Montevideo idealizada hecha de canciones de Cabrera, de Rada, poemas. Y se topa con una Montevideo real, más áspera. Me interesaba meter al personaje en esa situación de contraste.

-¿Cómo es tu conocimiento real de Montevideo?

-Empecé a venir con ciclos literarios. Había uno que se llamaba ‘Ya te conté’, que hacíamos unos eventos en Montevideo y después en Rocha. Después vine a ver si hacía unos talleres literarios. Fue un conocimiento paulatino, lento. Conozco más que nada 18 de julio, la rambla, el Cordón pero no conozco la periferia. Tuve la suerte de conocer montevideanos que nos invitaron a la casa y ahí empezamos a conocer más, fuimos a tomar mate a la playa Ramírez. Siempre quise mostrar ese espacio, me pareció más amable para dibujar un personaje.

-Los argentinos muchas veces tienen una idea un poco ingenua de Uruguay.

-Sí, el paisito donde todos son buenos y no me va a pasar nada y bajo la guardia. Es una idea medio pavota del argentino sobre Uruguay. Uruguay puede ser áspero también, un lugar real como cualquier otra ciudad del mundo. Me interesaba poner al personaje en ese contraste de Montevideo idealizado y el Montevideo real. Lo mismo le pasa con la chica. Él inventa a lo largo de los meses que no la ve a la chica uruguaya, que se llama Guerra. La idealiza y después se encuentra con la chica real.

-En algún lado dijiste que Montevideo te parece extraño.

-Me pasa cuando voy, que siento un ambiente conocido, familiar y después aparece lo extraño, el desvío, una cosa que puede resultar chocante. El extrañamiento es una sensación de alteración de la realidad.

-¿Tenías pensada la estructura antes de sentarte a escribir o la fuiste armando a lo largo de los tres meses que te llevó?

-Yo sabía que la novela tenía que transcurrir en un día y eso es lo que le da la estructura. La historia del tipo que viaja por el día era mi base teórica. Y después hay micro ensayos donde el tipo habla de los hijos, de lo difícil que es tenerlos, el miedo que te dan, después también en otro ensayito habla del dinero, de su relación con el dinero.

-¿Por qué en el libro decís que la relación de los escritores con el dinero es rara?

-Es que en general nunca se sabe muy bien cómo se ganan la vida los escritores. Es muy impalpable. Es muy difícil que un escritor viva solamente de sus derechos de autor, salvo que sea un Dan Brown. Sino, en general la plata de los derechos de autor es esporádica, que puede venir de golpe y vas tapando deudas. Pero mantener una familia con derechos de autor es bastante difícil. Los escritores en general tenemos otros trabajos, yo doy talleres literarios, hago docencia, escribo guiones para cine y periodismo free lance.

-¿Cómo fue tu proceso de trabajo con esta novela? Parecería que la escribiste a impulso.

-La escribí bastante rápido, un capítulo por semana. La hice madrugando, despertándome muy temprano a la mañana, antes de que empezara la actividad del día y que se despertaran mis hijos. Desenchufaba el wifi porque me distrae mucho. E hice una cosa que me sirvió. Puse un papel al lado de la computadora y cuando aparecía la idea de ‘tendrías que enchufarte a internet y buscar tal dato’. Entonces escribía en el papel ‘buscar tal dato’. O ‘tendrías que mandarle un mail a tal’, y entonces escribía ‘mandar tal mail’. Así trataba de enfocarme en la escritura, algo que por lo menos a mi cada vez me cuesta más.