Siete favoritas de Los Olimareños por siete músicos uruguayos

Por: Leonel García

Cinco Sentidos

14/03/2019 18:44

Siete favoritas de Los Olimareños por siete músicos uruguayos

EFE (Archivo)

Tras siete años, el dúo vuelve a presentarse este viernes en el Antel Arena. Artistas de todos los estilos escogen temas que los marcaron.

Luego de siete años, Los Olimareños volverán a subirse a un escenario este viernes, en el Antel Arena, a las 21 horas. El último recital que dio este dúo, el más importante de la música popular uruguaya, fue en Atlántida, en enero de 2012. Fue el último acto de un regreso iniciado en el Estadio Centenario en mayo de 2009, diecinueve años después de su separación y 25 luego de su histórico regreso del exilio, en un momento publicitado como "único" y que se prologó hasta ese verano.

Este regreso se ha publicitado, a su vez, como la celebración de los 50 años de algo que aún no está claro. El dúo se formó en 1960, hace 50 años editaban el disco "Nuestra razón" y preparaban "Cielo del 69". De todas formas, el dúo integrado por José Luis Guerra y Braulio López tiene tantas canciones tan insertas en la memoria colectiva que, suspicacias aparte, al fin y al cabo poco importan esos detalles. Son canciones que hablan de protesta y exilio, de amores y libertades, de un país que fue y un país que se soñó.

A solicitud de ECOS, mientras se consumen las horas para el regreso, siete músicos de diferentes estilos escogieron una canción del que quizá sea el cancionero más profuso de la música uruguaya. En esa variedad de sensibilidades, vivencias y edades, se explica buena parte de la vigencia de Los Olimareños.

Mario Carrero: todo nació en un tren a Florida

Cuando Los Olimareños se separaron, en 1990, Larbanois & Carrero, nacidos en 1977, tomó la posta en eso de ser el dúo más notorio de la música popular uruguayo. Para Mario Carrero, más allá del estilo en común, Los Olimareños fueron más que referentes: "Ellos fueron el disparador para que yo haga lo que hago hoy".

A la hora de elegir un tema, escoge "De cojinillo", tema incluido en el disco debut de Los Olimareños, homónimo, de 1963. Mario andaba por los 12 o 13 años, ya había empezado a tocar la guitarra, alternando entre Roberto Carlos, Horacio Guarany y The Beatles, y viajaba a Florida en tren. En los vagones la gente tomaba mate, jugaba al truco y escuchaba música en las radios Spica, portátiles. Y de pronto, entre la Babel de melodías una en particular le llamó la atención: "Cuando suena el acordeón en lo'e Cachango es asunto delicao/ jiede a vino hasta con la boca cerrada y anda de ojo reboleao".

Mario no supo si fue el rasguido, el ritmo serrano, las voces o eso tan criollamente uruguayo. "Sí supe que me marcó pila. Me quedé escuchando todo hasta que el programador dijo qué canción era y quiénes la cantaban. Fue en ese momento que me di cuenta que eso era lo que quería hacer en mi vida".

Christian Cary: la influencia del cuñado

Voz y violero de La Triple Nelson, tanto con su Fender Stratocaster o su Gibson Les Paul al hombro, si hubiera una competencia por quién es el guitar-hero del rock uruguayo, Christian Cary tiene varios puntos a favor. Pero si algo tienen Los Olimareños es que han cruzado a varias generaciones y conmovido a músicos de todos los palos.

Y entre todas sus canciones, "Orejano": "Fue una de las primeras canciones de folclore uruguayo que saqué en la guitarra. Eso fue influencia de mi cuñado, que es de Melo. No son muy difíciles de sacar las canciones de Los Oimareños pero tienen sus vueltas. Lo realmente complejo que tienen son la unión de sus voces y la fuerza que le daban a esa unión".

Carmen Pi: aquel cassette durante la infancia en Ecuador

Una de las voces más interesantes de la última camada de músicos uruguayos nació en Perú y vivió sus diez primeros años en Ecuador. Para ella, Los Olimareños la lleva a un momento muy particular y feliz de su vida: su infancia, en el exterior, debido al exilio de sus padres. Esos recuerdos la llevan al desprolijo sonido que salía de la cinta de un cassete, en canciones como "Nuestro camino".

Para ella, en resumen, Los Olimareños son parte de su infancia, en cassetes con tapas dibujadas por su padre. "Ya de niña, esa canción me daba emoción y nostalgia. Era la conjunción de música, armonía y dos voces magníficas. La voz grave del Pepe (Guerra) es una cosa maravillosa", dice la portadora de una de las más hermosas voces de la escena local.

Raúl Castro: parte del paisaje

Raúl "Tintabrava" Castro es un peso pesado en el mundo de la murga, ya sea del formato conjunto, como director de Falta y Resto, como del formato canción, componiendo junto a Jaime Roos varias de las creaciones más emblemáticas del género. Y tanto de joven como en la actualidad, en asados con amigos o en la ocasión que amerita, agarra la guitarra para cantar "Caminitos de tierras coloradas".

A todos estos casos los hermana algo: Los Olimareños tienen que ver con un recuerdo hermoso del pasado. "Ellos son parte de mi juventud y de mi vida. Y esta canción en particular describe un paisaje mágico y muy hermoso de Uruguay, el de Rivera". La mariamol, esa "vulgar y humilde" maleza, recibe aquí un homenaje digno de plantas más distinguidas.

Samantha Navarro: el encanto de lo revolucionario

Los Olimareños fueron la clave para que Samantha Navarro descubriera el placer que le significaba ese maridaje entre las guitarras y las voces, que fuera el cimiento para todos sus proyectos musicales. Y si bien hay "miles" de canciones del dúo que la marcaron hay que elegir una, y esa es "Cielo del 69".

Esa canción, en efecto, editado en momentos difíciles que fueron preámbulo de momentos más difíciles todavía, es epítome de la canción comprometida y de resistencia. "Es medio revolucionaria y por eso me encanta. Me acuerdo cuando la escuché por primera vez y fue tipo 'wow'. Es una herramienta para la cabeza. Fue un abrir la cabeza, algo emocionante, difícil de expresar...".

Gabriel Peluffo: la emoción de verlos y oírlos

El pediatra Gabriel Peluffo, frontman de Los Estómagos y de Buitres, incursionando recientemente en el tango, es de las personas que no entienden a los "enojados" cada vez que Los Olimareños se reúnen a tocar. "A todos los que nos gusta su música, nos encanta verlos".

Y en el complicado trajín de escoger una canción, luego de nombrar "Orejano" o "Del templao", se decide por "No te olvides", una de las mejores interpretaciones y composiciones de José Luis Guerra, incluida en el último disco con canciones inéditas del dúo ("Canciones ciudadanas", de 1988).

"Me emociona mucho esa canción, es muy emotiva, me siento muy identificado", dice Peluffo, padre además de cantante y médico. "Cuando la vi en el Estadio (en la reunión de 2009) me puse a llorar. Yo soy de los que los veo y me conmocionan".

Jorge Schellemberg: el riesgo de unos consagrados

Cantautor, docente y desde 2012 director de la Sala Zitarrosa, Jorge Schellemberg pide una pequeña licencia. No puede escoger una canción sino un disco entero de Los Olimareños. Y se trata de un disco fermental, al que quizá no se le han rendido todos los honores que se merecen: "Todos detrás de Momo", de 1971.

"Si bien me gusta todo el repertorio, que me acompañó toda la vida, ese disco hay que destacarlo porque generó todo un cambio cultural en el país: era la primera vez que en Uruguay se grababa un disco entero con una batería de murga, sin tratarse de una murga", dice. Dicho así quizá no se entiende lo icónico que fue, "pero era una jugada de riesgo en artistas que ya eran masivos, populares y consagrados". Artistas, además, que ya tenían decenas de éxitos y que podían descansarse en lo ya conseguido y repetir fórmulas. En lugar de eso, convocaron a la batería de Los Nuevos Saltimbanquis e hicieron historia.

Sin ese disco, aventura Schellemberg, posiblemente la murga-canción que luego popularizara Jaime Roos no hubiera surgido, ni bandas de rock populares como La Vela Puerca o No Te Va Gustar hubieran incursionado en ese ritmo.