"En Uruguay la discusión política se está tornando más agresiva"

Por: Leonel García
Publicado: 7/11/2018 15:12
"En Uruguay la discusión política se está tornando más agresiva"
@CLAUDIOFANTINI

El politólogo argentino Claudio Fantini presenta "La tenue virtud", donde resalta el civismo del país en un continente crispado; por ahora.

Uruguay, según el periodista y politólogo argentino Claudio Fantini, uno de los observadores más lúcidos de la política internacional, es junto con Chile una excepción en un subcontinente atribulado. Tiene la virtud, la “tenue virtud”, de tener una democracia liberal, que las posiciones políticas antagónicas no tienen un nivel de enfrentamiento como en otros países. Y si bien la “grieta”, término político-sociológico acuñado en Argentina y pensado para la Argentina, está comenzando a exportarse, todavía se puede respirar.

Al menos eso es lo que él piensa y plasma en “La tenue virtud” (Planeta, 272 páginas, $ 590), su último libro que está presentando en el país y que lleva por subtítulo “Uruguay como excepción al caos de la región”. En él, habla del riesgo de la “posverdad”, de la “grieta” y de la “propaganda política personalizada” que alimenta el debate más emocional que racional. Alerta del riesgo de darle el poder a dirigentes que se presentan como “antisistema”, con el presidente electo brasileño Jair Bolsonaro como último ejemplo. Hace asimismo la cronología de lo que llevó a las “democracias atribuladas” de toda América del Sur –todos los países menos Chile y Uruguay- a estar en la situación que se encuentran.

Y, finalmente, quiso darle voz a todos los presidentes uruguayos vivos y posteriores a la dictadura, para que se pronuncien sobre temas nacionales e internacionales: democracia liberal y social, Fidel Castro, el chavismo, la revolución rusa, los totalitarismos y el pensamiento liberal. Participaron Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y el actual mandatario Tabaré Vázquez, uno por cada uno de los tres principales partidos del Uruguay, lo que para Fantini es síntoma de salud. José Mujica declinó participar.

De alguna manera, lo que parece dejar claro el autor es un aviso a Uruguay: traten de no cambiar su esencia. También es una confirmación de las distintas perspectivas de un mismo país: así como en la región Uruguay es visto como un oasis de seguridad, también parece ser un remanso de civismo y debate político. Fantini incluye otro metamensaje durante el diálogo con ECOS: valoren lo que tienen, sobre todo porque la grieta acá también se va ensanchando. “Uno no piensa en la salud hasta que la pierde”.

- ¿Por qué un libro sobre Uruguay como excepción en la región? En el concierto sudamericano, ¿a alguien en América del Sur que no sea uruguayo le podría importar?

- Yo no tuve en cuenta el mercado que puede tener el libro. Si lo hiciera desde esa perspectiva, hubiera hecho un libro más vendedor. Y hoy es más vendedor un libro que se pone en una vereda u otra. Los escenarios políticos están radicalmente divididos y lo que se consume es la descalificación del otro. Mi libro cuenta justamente lo mal que hace eso. La democracia está compuesta de posiciones diferentes, pero se necesita que estas no estén en guerra entre sí, que no se repelan. Y como la repulsión entre lo diferente es lo dominante en el resto de Sudamérica, yo señalo en este libro un rasgo de la sociedad uruguaya que es una conciencia cívica un par de escalones más arriba que en el resto del continente. Eso ha generado dirigentes de centroderecha y centro izquierda más humildes, más en la posición de servidor público que de monarca heroico. Uruguay no está a salvo, pero quiero avisar de que se puede llegar a perder esa ventaja si no se toma conciencia.

- Habla de la posverdad, de acomodar la verdad a las creencias de cada uno. Eso existió siempre, pero quizá esté amplificado por las redes sociales.

- Absolutamente así, y el libro tiene un capítulo dedicado a señalar los riesgos de eso. En las redes están los riesgos del hombre ensimismado, el que solo se acostumbra a leer y escuchar lo que le da la razón. Por ende. se vuelve intolerante con quien no condice con ella. Ahí la razón se reemplaza por la emoción. Creemos que estamos pensando la sociedad, la política y la economía, y sin embargo la estamos viendo desde la emoción. Ese es el momento más grave: las emociones no están hechas para ponerse de acuerdo, el diálogo es entre razones, no entre emociones. Por eso, la democracia liberal, que es lo que llamo la tenue virtud, la de la sociedad abierta y plural, está cediendo su lugar a formas de demagogia autoritaria de izquierda y de derecha, en la región y el mundo. La última muestra es la victoria de Bolsonaro con su discurso de odio, violencia e intolerancia, que sin embargo logró un océano de votos. Por eso es necesario que los países que han tenido una ventaja en la cultura política de su sociedad, sean conscientes de esa ventaja y sepan defenderla, más en un tiempo en que esa conciencia cívica está en franco retroceso.

- ¿Usted siente miedo por Bolsonaro?

- (Piensa) Creo que Bolsonaro va a ser contenido. Lo lógico es que el establishment político y empresarial procure que el presidente Bolsonaro sea diferente al legislador Bolsonaro, que era un violento con incontinencia verbal, que hacía apología de los peores crímenes, con los que logró la notoriedad de presentarse como un antisistema. Yo espero, y creo que así va a ser, que un presidente no puede ser un hombre tan impresentable como Bolsonaro. Pero no tengo certezas, si Bolsonaro gobierna bajo sus instintos, Brasil va a entrar en una etapa oscura.

- Usted conoce Uruguay. Es columnista en medios radiales y escritos, ¿no percibe una grieta creciente acá también como la que existe en Argentina?

- Yo creo que la cultura cívica del Uruguay es más sana que la de Argentina. En Argentina la sociedad es más permisiva con el manejo arbitrario del poder. Todos los gobernantes, desde los intendentes a los presidentes, han manejado arbitrariamente el poder. Uruguay y Chile son mucho más sanos, la cultura cívica es menos tolerante con la corrupción. Pero, yendo a la pregunta, yo veo que el tono va creciendo, que la discusión política se está tornando más agresiva y que en las redes sociales están las voces de los que vociferan y no de los que razonan. Eso va produciendo radicalizaciones que es bueno considerar antes de que crezca. Mirando a la Argentina hay un ejemplo de lo que se debe evitar.

- ¿Le han dicho que la visión que tiene de Uruguay es mucho mejor que la que tenemos nosotros mismos?

- Por supuesto y eso es lógico. Es bueno que las sociedades sean autocríticas consigo mismas. La salud cívica es tan imperceptible como la salud del cuerpo. Pero si está más inserta la tenue virtud, como en Uruguay y Chile, se está más inmunizadó contra los mesianismos y las arbitrariedades. Es como la salud: es imperceptible cuando se la tiene, recién uno la percibe cuando la pierde. La enfermedad hace valorable lo que no percibíamos. Y eso trata mi libro: concientizar que esta es una sociedad donde se ha dialogado más, y que eso es importante para alertar sobre los peligros de que se pierda. El libro simplemente quiere alertar eso.

"Histerias de estos tiempos"

Sanguinetti, Lacalle y Vázquez le contestaron las mismas preguntas que les envió por escrito. Los tres expresaron su admiración por el líder sudafricano Nelson Mandela, y ahí prácticamente se acabaron las coincidencias. Para Lacalle, Luiz Inacio Lula Da Silva y Hugo Chávez fueron “con adecuaciones a cada país”, lo mismo. Para Sanguinetti, “no tienen nada que ver”. Tabaré Vázquez fue más matizado. Ni el colorado ni el frenteamplista quisieron calificar los mandatos de sus antecesores o sucesores. Lacalle no tuvo ningún prurito al respecto, evaluando a José Mujica como “el peor presidente de la historia nacional”.

- ¿Qué impresiones le dejaron las respuestas de Vázquez, Sanguinetti y Lacalle?

- No puedo pronunciarme sobre ese tema. Quería que tuvieran una ventana para que el lector viera qué piensan sobre distintos temas. Eso se lo dejo al lector. Quería sacarlos de la cotidianidad uruguaya.

- Usted destacó que estuvieron representados los tres principales partidos políticos del país.

- Hay que decir también que demoramos la salida del libro esperando que estuviera Mujica. Finalmente no quiso estar, dijo no sentirse cómodo en las entrevistas grupales… Con los tres que sí están, a los que les estoy totalmente agradecido -particularmente al presidente Vázquez, quien pese a estar gobernando entendió que debía hacerse un tiempo para destacar un rasgo de Uruguay muy importante- para mí que es una señal de salud de la intención política.

- El capítulo más grande por lejos habla de las “democracias atribuladas”. Algunas parecen tener mejor salud que otras. Por caso, Bolivia, pese a su apoyo al chavismo.

- El caso de Evo Morales tiene una particularidad. Desde mi punto de vista, el presidente Evo Morales no es positivo como líder latinoamericano, su discurso no lo es, pero creo que objetivamente es el mejor presidente que ha tenido Bolivia desde Victor Paz Estenssoro en los años ’50.

- ¿Eso no sería contradictorio?


- No lo es. Hay mucha gente que hacia el chavismo tiene una actitud más relacionada con las ayudas que hayan tenido de ellos, como la financiación de campañas electorales o vaya a saber qué, pero que a la vez no gobierna de forma chavista. El chavismo es una ideología que llevó a Venezuela a hundir un baro inhundible, porque su economía flota en petróleo. Es un desastre, un colapso absoluto. El de Evo Morales, en cambio, ha sido un gobierno inteligentísimo.

- El gobierno uruguayo, al que usted destaca como excepción, no ha sido particularmente crítico con el chavismo.

- Tendrá sus razones para no ser crítico, habrá que cuestionarle eso. Pero hay que ver lo evidente: el Frente Amplio no ha gobernado nunca como lo ha hecho el chavismo en Venezuela. No tiene nada que ver con esa ideología extraviada y autoritaria. Se podría criticar su no pronunciamiento frente a la cuestión venezolana, pero se debe admitir que es un gobierno totalmente democrático, que no tiene nada que ver con ellos.

- “La tenue virtud” no es un libro pensado para los que solo admiten una única visión de las cosas, entonces.

- Parte de la histeria de este tiempo es decir las cosas que no son. Dilma Rousseff no salió del gobierno de Brasil por un golpe de Estado, pero lo que le pasó fue un estropicio institucional. La sacaron por sus virtudes y no por sus defectos. La crisis económica es más responsabilidad de ella, pero quienes la destituyeron lo hicieron porque no se prestaba a lo que luego quiso hacer Michel Temer, tratar de frenar al Lava-Jato. Del mismo modo creo que a Lula se le pueden plantear muchas cosas, pero no mezclarlo con el chavismo ni que gobernó como Fidel Castro. Fue un gobierno de centro-izquierda. Este tiempo de histeria lleva a decir cosas que no son, alimentado por las redes sociales donde se tiende a reemplazar la verdad por la posverdad, la realidad según las emociones de cada uno.