Alias Grace, la nueva serie literaria del momento

Cinco Sentidos

17/12/2017 12:30

Alias Grace, la nueva serie literaria del momento

La segunda adaptación de una novela de Margaret Atwood es un psicodrama gótico casi tan atrapante como la primera, The Handmaid’s Tale.

Por Jorge Sarasola

Hace varios años que junto a Haruki Murakami y Philip Roth, la autora canadiense Margaret Atwood figura con buenas chances en cualquier penca de llevarse el Nobel de Literatura. Es curioso que su salto a la cultura popular no ocurriera por ganar dicho galardón, sino gracias a que dos de sus novelas emigraron a la pantalla chica: la serie del año, The Handmaid’s Tale, y su hermana de perfil más bajo, Alias Grace.

Esta novela de 1996, catalogada por la crítica como historiografía ficcional, usa las libertades propias de la literatura para examinar un caso real ocurrido en la Canadá victoriana: el asesinato del patrón y su amante por dos sirvientes en 1843 -una trama con interesantes paralelismos a Las Esclavas del Rincón-, de la uruguaya Susana Cabrera.

En esta adaptación de Netflix, uno de los sirvientes acusados, James McDermott (Kerr Logan), es colgado en la plaza pública y Grace (Sarah Gadon) es enviada a prisión con solo 16 años. James asegura que Grace fue su cómplice y que incluso lo incentivó a matar a sus patrones, aunque ella declara haber sufrido de amnesia temporal durante los asesinatos. Esta sirvienta irlandesa se convierte en una “asesina célebre” en un caso judicial con gran resonancia mediática.

El presente de la narrativa se ubica en 1859, cuando Grace ya ha pasado 16 años en prisión y un grupo de burgueses que la ve con simpatía contrata a un psiquiatra para que la entreviste y defienda en la corte. La serie se convierte en una historia de misterio narrada en forma elíptica a través de las entrevistas entre Dr. Simon Jordan (Edward Holcroft) y Grace. La hipnotizante voz de la protagonista nos transporta a 1843, relatando su emigración desde Irlanda, la tortura de vivir junto a un padre abusivo, y su posterior inicio como sirvienta en casas de la clase alta canadiense. Como la narradora de Las Mil y Una Noches, Scheherezade, Grace debe cautivar a su interlocutor con su historia si desea sobrevivir.

Al igual que Dr. Jordan, quien se ve progresivamente perturbado al escuchar la historia, el espectador también se sumerge en la narración de Grace con intensidad, aunque nunca podemos cerciorarnos de que diga la verdad.

Atwood nos interroga: ¿no le creen a Grace porque su historia no cierra o porque creen que una mujer es manipuladora por naturaleza? Como en The Handmaid’s Tale y sus otras novelas, hay un énfasis constante en la misoginia endémica que coloca a las mujeres en posiciones serviles. Otra sirvienta lo resume en forma prodigiosa: “Es la maldición de Eva que nosotras debemos cargar.”

Traducir una novela de gran sutileza y ambigüedad como la de Atwood al formato televisivo es un desafío homérico que Sarah Polley (escritora) y Mary Harron (directora) han salvado con honores. Hilando fino, uno podría criticar que, al intentar recrear el diálogo de la época, la excesiva formalidad entre los personajes de a ratos arrastra una estela de artificialidad.

La mayor decepción de Alias Grace es su resonancia actual. Si esta serie es especialmente adecuada para el año en que Harvey Weinstein fue acusado de abuso sexual, el siglo XIX parece estar más cerca de lo que pensamos en materia de género.