Trabajos que se evaporan: el otro lado del avance tecnológico

Publicado: 2/07/2017 09:25
Trabajos que se evaporan: el otro lado del avance tecnológico
ECOS

Uruguayos que han visto afectados sus puestos de trabajo debido a la transformación constante del mercado.

No se sabe con certeza qué actividades dejarán de existir dentro de unos años, pero la velocidad a la que se producen los cambios tecnológicos ha generado que algunas tareas tradicionales se encuentren en declive.

Raúl Galo tiene 83 años y es uno de los pocos lustradores de zapatos que quedan en Montevideo. Desde hace 15 años, Raúl instala su puesto en Plaza Independencia desde el mediodía hasta las cinco de la tarde, donde espera tener suerte y que nuevos clientes se acerquen a renovar su calzado. “Soy una celebridad”, se ríe, mientras las personas que pasan lo saludan.

Según cuenta el minuano, aprendió a desarrollar esta profesión cuando tenía 10 años; de mañana iba a la escuela y de tarde barría la zapatería de unos vecinos, quienes le enseñaron “el arte del lustre”, como él lo define. En cuarto año debió abandonar los estudios para dedicarse tiempo completo al trabajo, dado que su familia atravesaba graves problemas económicos.

“Así me convertí en un profesional del lustrado. Cuando las cosas en casa iban un poco torcidas, no quedó otra que mi hermano y yo saliéramos a la calle a lustrar”, dice Raúl, pero aclara que, aunque siempre recordó este trabajo, se crió como feriante. De esta forma, se desarrolló como tal hasta 2002, momento en que se jubiló y tuvo que buscar un ingreso adicional.

“Vi que lo de la jubilación era muy poco, entonces me puse a hacer esto para subsistir. Ahora cobro de jubilación $10.000 por mes. Pago seis de casa y me quedan cuatro para vivir, pero si sumo esto, subsisto”, explica. En los mejores días, Raúl logra juntar con el lustrado $500, pero hay otros en que solo se hace $100. “Hay que ser muy administrado para vivir”, señala.

En cuanto a la demanda del servicio, dice que la gente ya no se lustra mucho “porque no se da cuenta del valor de un zapato”. Pero aquella que se acerca es porque quiere “estar prolija”. A su vez, sostiene que inviernos atrás había más trabajo que este año, en el que la demanda ha bajado considerablemente. Esto se debe, según indica, a que las personas “no tienen dinero y hay mucha pobreza”, además de que el trabajo industrializado y la cantidad de ofertas de zapatos nuevos, ha ido aniquilando su labor manual.

A pesar de las adversidades que le ha tocado pasar (robos, el frío del invierno, el hambre), para este abuelo de siete niños su pasión sigue siendo el lustrado, algo que se nota al conversar con él. “Este mocasín vino a la miseria y mirá como lo estoy dejando”, muestra orgulloso. Además, explica que ahora “hay un adelanto total en tintas y colores” respecto a cuando él era niño, pero que resulta un desperdicio, ya que actualmente “la gente ni se tiñe ni se lustra”.

Herencia Familiar

Según un estudio realizado en 2016 por el Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM, los trabajos que más tienden a desaparecer en Uruguay son aquellos que implican tareas mecánicas, como operadores de artefactos.

Al mismo tiempo, los puestos de trabajo que se ven más amenazados por el avance, son aquellos que puedan ser optimizados por una máquina, sustituyendo al trabajo artesanal de producción.

En ese sentido, la estadística se ve reflejada en la situación de Jorge Monagas, quien representa la tercera generación de su familia en el trabajo de los metales. Su apellido da nombre a una de las pocas casas de cromado del Uruguay. La Casa Monagas restaura piezas y juegos de plata, y realiza baños en oro de diferentes artículos.

Visitar su local en la calle Bartolomé Mitre, el mismo desde el comienzo de la empresa en 1870, es un viaje hacia el pasado. Todo allí da muestra de la fuerte tradición familiar: las fotos, los recortes de diarios pegados en las paredes, los objetos antiguos restaurados. Su historia comenzó con un matrimonio de inmigrantes vascos que se dedicaba a la restauración artesanal de objetos de plata y al empavonamiento de armas. Con el pasar de los años, el negocio creció y el conocimiento pasó de generación en generación.

Sin embargo, hace algunos años la empresa comenzó a perder ventas, ya no había tanta demanda. Entre otras cosas, se dejaron de cromar automóviles y motocicletas, dado que según explica Monagas, la creación del Mercosur unas décadas atrás “los mató”. Con la posibilidad de las importaciones, la gente ya no estaba dispuesta a abonar el alto costo de los cromados.

De esta forma, hoy se dedican casi en exclusividad a la restauración puntual de objetos, pero el negocio “va en picada”, comenta. Se pasó de tener 40 empleados a tener solamente dos y de revisar el cromado de las armas de plata con lupa, a trabajar específicamente en la restauración de arte decorativo.

“No es un trabajo que se pueda mantener en la industria, ahora es algo muy puntual. Por ejemplo, trabajamos mucho para iglesias, pero son cosas específicas”, afirma el comerciante y comenta que pasaron de tener casi diez máquinas cromadoras en los 90 a tener actualmente solo una.

“Normalmente las empresas no soportan tres generaciones; en algún momento tenés que reinventarte o reciclarte, porque se agota, la gente ya no necesita tus servicios”, afirma.

Por otro lado, comenta que la cantidad de obras que se desarrollan alrededor del local, principalmente la creación de la sede del Banco de Desarrollo de América Latina, acabó con hundir el negocio, al dejarlos escondidos en una pequeña calle detrás del Teatro Solís.

Estudios científicos:

Según el informe del IEEM, el 54 % de las posiciones de trabajo ocupadas actualmente en Uruguay corren un alto riesgo de automatización en los próximos 10 a 20 años. Asimismo, indica que quienes trabajan en el sector de servicios tienen menos riesgo de que su trabajo sea realizado por un robot (38%) que los que trabajan en el comercio (69%) o en el sector agropecuario (78 %).

Asimismo, los datos sostienen que las mujeres están empleadas en trabajos con menor probabilidad de robotización que los hombres, en una relación de 46 % a 62 %.

De esta manera, los especialistas señalan que es bueno tener presente qué cualidades son más difíciles o imposibles de automatizar, con el fin de adaptar las habilidades que las personas quieran desarrollar en un futuro.