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Cultura y Espectáculos

20/01/2017 07:06

Con retrasos en su desfile inaugural, Montevideo ya vive su Carnaval

Por: Leonel García

Por más fiesta popular y democrático que sea, las diferencias “socioeconómicas” entre los conjuntos saltan a simple vista.

Con retrasos en su desfile inaugural, Montevideo ya vive su Carnaval

ECOS/María José Mallot

Murga Patos Cabreros
Cae la tarde, comienza a reinar la noche y la Plaza Independencia, punto de inicio del Desfile Inaugural del Carnaval hierve de gente y de vida. Mirando a 18 de Julio está ya pronto el carro de las reinas del Carnaval, Llamadas y Samba, el mismo cuya falla será considerada responsable del importante retraso posterior. Se aprontan Bafo da Onça, Bola 8, Los Patanes y otros participantes fuera de concurso. También se deja ver Luis Alberto Mulnedharer, más conocido como “el Colorado de Omar Gutiérrez” y CX 42, radio carnavalera como muy pocas, con su móvil estratégicamente colocado, se prepara para comenzar su período anual de gloria. Un imponente bus del Centro del Comando Móvil del Ministerio del Interior deja caer su inocultable presencia, por las dudas.

Y los grupos aprontan sus armas. La revista Tabú es la primera de los 41 grupos concursantes en desfilar. “Es una emoción impresionante y una responsabilidad bastante grande el ser la primera impresión que se lleva el público”, dice a ECOS su director general, Fernando Olita. Sabe que su categoría está entre las menos populares del Carnaval. Confía en que la escuela de danza que es su semillero vaya generando “hinchas”, como tienen las murgas, los parodistas o las comparsas. La hora fijada para su salida es a las 20.45; la noche respondió, la gente también, pero el llamativo carro de las reinas –que homenajeaba a Gerardo Matos Rodríguez, compositor de la este año centenaria “La cumparsita”, y según publicó El Observador había costado 20 mil dólares- no quiere colaborar. Por su causa, no solo Tabú arranca luego de las 21: el cronograma estipulado se retrasará hasta una hora en un momento de la noche.

Mucho antes de salir, los parodistas Zíngaros ya revolucionan Plaza Independencia. Las cámaras de todos los celulares apuntan a sus chaquetas amarillas y negras con lentejuelas brillantes y a sus caras pintadas a lo Al Jolson. Siempre sonrientes, siempre atentos a las indicaciones de su director Ariel “Pinocho” Sosa, siempre encandilados por los flashes y siempre rodeados de público femenino. Pinocho, mezcla de director técnico y oficial a cargo de la tropa, no para de indicarle a los suyos cuándo y cuánto posar, cuándo sonreír y cuándo descansar. Siempre se deben a su público, asegura. “Esto es la vida de uno, la sangre de uno. Estoy enamorado del carnaval”, diría luego, antes de desfilar, siempre iniciando con el pie derecho, como lo marca la tradición.

“La pasión se lleva adentro. El bichito te pica la primera vez y no se te va nunca. Y ya llevo 35 carnavales”, afirma Aldo Martínez, reconocido como el “parodista más completo” de todo el Carnaval. Las almibaradas frases de eterno amor hacia esta fiesta son una constante entre sus cultores. Aldo está ataviado como el Joven Manos de Tijera, una de las parodias que su conjunto, Nazarenos, presentará este año. Este grupo, pese a vestir trajes color rojo furioso, parece a primera vista más sobrio que los anteriores, algo así como sus grandes rivales.
El bichito te pica la primera vez y no se te va nunca. Y ya llevo 35 carnavales

Por más popular y democrático que sea el carnaval, las diferencias –podrían llamarse- “socioeconómicas” entre los conjuntos saltan a simple vista. En el desfile de los humoristas debutantes No Te Comas Los Morrones, Walter “Cucuzú” Brilka se desplaza en una jaula móvil parecida a un carrito de supermercado vertical que no desentonaría en una kermesse liceal. La murga Don Timoteo, en cambio, la de Álvaro Recoba y Antonio Pacheco, impacta con su vestuario y sus estrellas: Pablo “Pinocho” Routin, Marcel Keoroglian y Eduardo “Pitufo” Lombardo.

“Estoy sintiendo lo mismo que sentí la primera vez que salí. Hace diez años que no salgo”, dijo este último, peso pesado como muy pocos, previo a su regreso a las murgas.

Si se quiere, la democracia se vuelve a sentir en la gente. El público aplaude a todas las figuras, ya sean Cucuzú, Pinocho Sosa, Pitufo Lombardo, Aldo Martínez, Julio Sosa “Kanela” o Tina Ferreira estén en el grupo que estén (y sin importar cómo esté ese grupo).

Paseo en la plaza


Mientras la fiesta comienza a recorrer 18 de Julio, en la Plaza Independencia conviven grupos prestos a salir, componentes protestando por los retrasos, adolescentes con ojos arrobados por algún parodista, veteranos mirando indisimuladamente a las bailarinas de revista, madres que insisten en que sus hijos se saquen fotos con cuanta cara pintada haya en la vuelta, otras caras de esas que obligan a estar atento a los bolsillos, policías marcando presencia para evitar que estos últimos se salgan con la suya, y algún extranjero que mira y fotografía con más curiosidad que entusiasmo. Suenan canciones pop y tropicales archi conocidas. Intercalados entre los conjuntos se preparan para desfilar tanto la Federación Uruguaya de Ajedrez como la movida por una ley de empleo a personas con discapacidad.

Sentados en una hilera de sillas en Plaza Independencia, mirando hacia 18 de Julio, está la directiva en pleno de Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (Daecpu). Justo en el medio, en el único asiento con posa brazos, gozando de una visión casi panóptica, está su presidente, Enrique “Cachete” Espert, de camisa verde, jean y zapatos blancos. Todos los directivos son muy saludados por gente del ambiente; pero es Espert el que se lleva los saludos más efusivos, casi reverenciales.

Delante suyo, los Chobys se aprontan a desfilar con una canción en base a “Highway to hell”, de AC/DC, una rareza en un mundo donde lo latino es una materia prima más apelada. A metros, Sociedad Anónima, humoristas como los anteriores, prepara su presentación pero a partir de “La burundanga”, de The Party Band, bastante más reconocible al grueso del público que abarrota 18 de Julio.
Murga Momolandia
Murga Momolandia

“Hoy está mejor que el año pasado”, dice Vilma Baneira, tratando de ganarle a la música. Ha visto 42 desfiles de Carnaval desde una ubicación privilegiada, atendiendo el kiosko de Plaza Independencia que da a 18 de Julio. Recién pasan las nueve y media y ya casi no tiene refrescos en las heladeras, todos se lo han comprados los integrantes de los conjuntos (donde se encuentra, el vallado no permite acceso al público no acreditado). Dice que jamás tuvo un problema en estas fechas, pero que corsos eran los de tiempo atrás. De cualquier forma ella, que es artíguense, asegura que los desfiles de carnaval buenos de verdad son los de su tierra.

Los pocos refrescos que le quedaban los compran dos policías. A esa hora, cerca de 21.45, la jornada está muy tranquila. “La cosa se puede complicar después, cuando alguno se entre a mamar”, desliza uno, con inocultable acento norteño.

Lonjas en espera


Luego de revistas, humoristas y parodistas llega el turno de las murgas, las más esperadas. Con un enjambre de fotógrafos sabedores que son un plato fuerte, Don Timoteo arranca a las 22.42, cincuenta minutos después del tiempo previsto. Como el desfile no puede hacerse eterno, los conjuntos empiezan a largar uno atrás del otro.

Esto obedece a otra realidad: las murgas –se sabe- tienen una parada obligatoria, mini actuación incluida, frente al Palco Oficial, ahí donde micrófonos apostados, cámaras de televisión fija y jurados que puntúan.
Mientras en 18 de Julio todavía reina la alegría entre el público, entre papeles picados, sprays de espuma, gente que por ver mejor es capaz de subirse a kioskos y andamios, carros de chorizos y puestos de venta de caretas (que dan la impresión de ser muy poco demandados), en Plaza Independencia se aprontan las lonjas y se sobrelleva la espera lo mejor posible.

Las sociedades de negros y lubolos no tienen en este desfile su mayor fiesta. Ese honor corresponde al Desfile de Llamadas, que será el 9 y 10 de febrero. De hecho, en estas oportunidades solo participan las comparsas del Concurso Oficial, ocho este año. “Esto sería, más que nada, la presentación de lo que vamos a hacer en el Teatro de Verano”, dice Karen Borba, una de las vedettes de Tronar de Tambores. Bailarinas, vedettes, tamborileros, cantantes y actores hacen reposar energía y sensualidad sentados en el pasto o al cordón de la vereda de Plaza Independencia. Ellos llegaron en hora, pero el retraso ronda los 45 y 50 minutos.

“Esta espera es cansadora, pero mientras tengamos donde sentarnos incluso con los tacos puestos vamos a estar bien. Es largo 18 de Julio…”, añade a su lado Valentina Gutiérrez, otra vedette de Tronar de Tambores, la comparsa de Kanela. La cara de ella y sus compañeros refleja lo obvio: maldita la gracia de la demora.
Mientras tengamos donde sentarnos con los tacos puestos vamos a estar bien.

Sarabanda, la primera comparsa en saltar a la arena, lo hace a las 23.55, tres cuartos de hora luego de lo previsto. Los tambores hacen temblar, latir, el pavimento. El público, feliz pero menguante, revive. Por un momento nadie se acuerda de la demora y que mañana hay que trabajar. El chico, el piano y el repique tienen ese efecto. Recién más tarde, pasada la una de la madrugada, aún en pleno desfile de negros y lubolos la lluvia terminaría de disuadir a los estoicos que quisieron tomarse el primer sorbo del Carnaval 2017.