"Me he esforzado para que la gente vea que puedo hacer todo"

Por: Leonel García

Cinco Sentidos

18/01/2017 20:39

"Me he esforzado para que la gente vea que puedo hacer todo"

La desahuciaron siendo bebé, pero Alfonsina Maldonado vivió para ser atleta paralímpica, conferencista motivacional, escritora y ejemplo.

Siempre poder. Esa fue la clave para la amazona Alfonsina Maldonado (32). Quizá haya sido ese ángel que cree estuvo a ese lado en los difíciles primeros cinco años, en la Unidad de Quemados del Hospital Militar, entre comas inducidos y dolorosas vigilias. Ahí estuvo internada para recuperarse de las tremendas quemaduras sufridas cuando tenía seis meses que le costaron su mano izquierda, luego que una vela prendiera fuego la habitación donde estaba su cuna, en Florida.

O quizá sea simplemente ella, obstinada en demostrar que no existen los muros, la que había sido desahuciada por los médicos antes de que pronunciara su primera palabra, la que ahora quiere aprender a remar con su muñón repleto de cicatrices que exhibe con orgullo siempre que puede. Si ella misma ha podido cabalgar, competir y vencer los prejuicios, si alterna su vida de jineta con la de conferencista motivadora de niños y empresarios, ¿por qué no?

La atlética paralímpica uruguaya presenta este miércoles en Punta del Este su primer libro “El desafío de vivir”. Horas antes del evento, le dedicó unos minutos a ECOS.

-¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de chica?

-Estar en el campo con mis caballos, mi infancia luego de haber salido al hospital. Haber ido a la escuela rural en Costa de Arias, en Florida, que fue lo más lindo que hice en esa época. Iba a caballo y estábamos todos los alumnos en el mismo salón.

-Pensé que me ibas a decir algo de tu estadía en el hospital.

-Lo primero que se me viene a la mente son cosas lindas (se ríe). Claro que recuerdo mi infancia en el hospital, que fue durísima. Pero si bien era un ambiente drástico y duro, era una niña feliz allí también, a pesar de todo.

-¿Cómo se lograba eso?

-Supongo que algún ángel tengo a mi lado. Yo vivía básicamente en la sala de cristal del Hospital Militar, que es en la que no podés recibir visitas, no tenés contacto con nadie… Pero tenía muchísimo amor por parte de los doctores y enfermeras. Era hermoso sentir el cariño de esas personas que estaban todo el tiempo para curarme.

Removedor y sanador



No hay un momento que recuerda como inicial de la pasión por los caballos. Uno de quienes le inculcó ese amor fue su abuelo Pililo. “El soñaba conmigo, soñaba que yo sería una amazona”.

Si bien ya iba a caballo a la escuela, aprendió a cabalgar a los 13 años, en el cuartel de San Ramón, donde también comenzó a competir. En setiembre cumplió su sueño de toda la vida: representó a Uruguay en los Juegos Paralímpicos de Rio de Janeiro en la prueba de adiestramiento (dressage). “Al finalizar la prueba lloré de emoción y el estadio lloró conmigo”, le dijo entonces a ECOS.

Ahora está dedicada a presentar su libro en el Este. “Esas instancias son muy bonitas porque compartís tu historia con la gente. Y siempre te hacen preguntas intensas o te cuentan sus problemas para que vos se los resuelvas. ¡No tengo la varita mágica! Pero sí puedo escucharlos y aconsejar desde lo vivido”.

-¿Qué significó para vos escribir tu propia historia? ¿Fue algo muy difícil?

-Sí. Requirió un proceso de aceptación de muchos años. Fue algo muy removedor y sanador. Fue poner el dolor en letras, pero transmitirlo de manera positiva, como lo fue para mí.

-¿Y qué fue lo más difícil? ¿Tus primeros años? ¿Qué te aceptaran? ¿Aceptarte vos?

-Los primeros años fueron difíciles, pero lo más difícil para quien sufre una discapacidad es enfrentar a la sociedad. Yo creo que en América Latina aún no está esa visión del discapacitado como alguien que puede superarse, como alguien que puede ser un ejemplo. Quizá te toman como un ejemplo de vida luego que te escuchan hablar, contar tu historia. Pero al principio sos “el pobrecito”. Hay que romper el hielo y hablar más de estos temas, que todavía son un poco tabú.

-¿Y cuándo dejaste vos de ser la “pobrecita”?

-Nunca me sentí pobrecita. Todo lo contrario. Me esforzaba en hacer todo para que la gente viera que podía hacer todo lo que quería. ¡Soy normal igual que todos! Solo que me falta una mano. Pero para mí no me falta una mano, la tengo y es de forma diferente.

-¿Hay algo que vos no puedas hacer?

-¡Cantar! Me encanta y soy horrible. Y deportivamente… como soy porfiadita estoy ahí hasta que me salga. Hace unos días empecé clases de remo, acá en Punta del Este. ¡Imaginate las miradas cuando llegué! “¿Y esta loca cómo quiere hacer?” (risas). Y bueno, estoy ahí hasta que puedo. Me até el brazo a la pala, lo envolví en esponja, ¡y ahora hago remo! Me lo propuse como un reto.

Motivar



Alfonsina es técnica agropecuaria recibida en la UTU. Vive en Italia, dedicada a los caballos de lunes a lunes, de 7 a 19 horas, en un pueblito llamado Bolgari, en la Toscana, compitiendo por la escudería World Soul.

Está en pareja y le gustaría ser mamá en breve. “El destino sabrá”, dice. Deportivamente, aunque la mira está puesta en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, por primera vez apostará a probar sus destrezas en los torneos sudamericanos y el Mundial de Kentucky que se desarrollarán en los años anteriores. Y seguirá en la eterna búsqueda de apoyo económico.

“Conseguir patrocinadores en Uruguay es difícil. Sumale el plus de que sos un atleta paralímpico y no existe una cultura de patrocinarlos. Eso es más difícil. Más cuando no hay información sobre esos deportistas. Uno tiene que tener claro que no se puede cansar de golpear las puertas. Sí hay muchas personas dispuestas a ayudar. Solo hay que insistir”.

-¿Sufriste bullying?

-La etapa más difícil fue la adolescencia, como a todos nos pasa... El adolescente está buscando diferentes tipos de modelos y puede ser muy criticón, muy dañino. Yo lo viví de manera intensa porque tengo el carácter muy fuerte y las veces que me decían algo reaccionaba bastante agresivamente. Con el tiempo fui trabajando esa agresividad. En vez de atacar, asimilaba. Saber aceptar que nuestra sociedad necesita ser reeducada.

-¿Todavía te pasa sentirte señalada, mirada?

-A esta altura… ya tengo otra seguridad en mi misma. Ya pasé por otras etapas. Si no, no podría dar charlas de motivación. Porque no tendría aspectos de mi vida concluidos.

-¿Cuántas charlas das en un mes, una semana…?

-Según. Si vengo a Uruguay podría dar hasta tres charlas en un día. Aunque me han llamado de empresas como bancos, me enfoco sobre todo a un público adolescente y de niños, para que aprendan que tener una mano sola no es impedimento para nada, que tampoco es motivo para ser discriminado.

-¿Qué pregunta recordás más, particularmente?

-El mes pasado, en un jardín de infantes en Sarandí del Yi, una niña de 5 años me preguntó: “¿En qué momento te sentís más discriminada?”. Yo me sorprendí. Era una ratita, ¿de dónde sacó esa pregunta? Bueno, a un niño le explicás de manera diferente las cosas… La subí al escenario, la senté a upa, le hice tocar mi mano y le pregunté si tenía miedo. Me decía que era suavecita...

-¿Qué has encontrado en los caballos que no has visto en las personas?

-Algo tan simple como que los animales te dan todo sin pedirte nada a cambio ni reprocharte nada. Solo aceptan lo que le das. Las personas, en cambio, siempre queremos más. Nunca estamos conformes. Y en realidad no nos damos cuenta que lo que nos dan es lo que pueden dar.