Retrato de un bon vivant

Publicado: 11/01/2017 07:12
Retrato de un bon vivant

“Conmigo no van a poder”, una biografía de Sergio Puglia escrita de forma distendida y detallista.

Por Tessa García

No hay como conocer de cerca las particularidades de su familia para entender mejor a alguien. Si se piensa en Sergio Puglia, su forma de hablar, el tono nunca titubeante de su voz, la extrema seguridad en sí mismo, solo se puede imaginar que en el lugar donde se crió gozaba de un protagonismo inamovible. Y gracias al libro recién editado “Conmigo no van a poder” del periodista y comunicador social Esteban Leonís (editorial Planeta), presentada recientemente en Punta del Este, donde se despliegan bastantes datos ilustrativos de su vida, se puede confirmar que sí, que la forma en que se es educado y tratado determina la forma de ser.

Cuando Sergio nació fue el primer hijo, el primer nieto y el primer sobrino de la familia Puglia, y así permaneció (luego nació una hermana y un primo), no solo por el orden natural de su llegada sino también porque era el favorito de todos. Encantaba con su forma de interesarse, de escuchar, de vestir siempre impecable, de estar siempre dispuesto a agradar. Era el favorito de las abuelas, de la tía Chichita, gracias a quien conoció la cultura musical sajona, el favorito de su tío con quien tenía una empatía especial, un español emprendedor que le dio a conocer las delicias del lujo. Y también era el favorito de la clase, todos los años abanderado en el colegio donde se educó, el Erwy School y luego en la Sagrada Familia.

Escrito en base a largas conversaciones que Leonís mantuvo con el cocinero y comunicador así también con figuras como Nacho Cardozo, Jorge Traverso y Ligia Almitrán, que lo conocen de cerca “Conmigo no van a poder” tiene varios pasajes con palabras bastante privadas de Puglia: “La mía fue una familia que cometió grandes errores e hizo grandes diferencias entre mi hermana y mi primo con respecto a mí. Los tres teníamos caracteres diferentes y yo respondí a lo que mis abuelas, mi madre y mis tíos querían. Yo era el estudioso, el prolijo, el educado, el brillante; era el que le gustaba la música, el que los acompañaba al cine y al teatro y el que, además, se interesaba y sabía de política. Siempre estaba de punta en blanco y ellos dos eran los rebeldes.

Fui cubriendo esas expectativas sin quererlo. Debe haber sido difícil para ellos, pero nunca lo hablamos. La familia se dividió en dos bandos: unos defendían a mi hermana y a José y otros a mí, pero creo que ninguno de nosotros nos propusimos esta situación. Hoy lo miro y digo ¡qué locura!”

“Hasta que yo me desmaye”

“Conmigo no van a poder” es un libro desfachatado, que empieza con un capítulo dedicado al reciente casamiento de Puglia con Horacio Correa (con quien viene de una relación de catorce años), en “La Joaquina”, que llevó unos 600 invitados y donde para comer sirvieron tarta de salmón y el plato principal fue lomo al roquefort con papas a la suiza y Ratatouille. “Las canciones, una tras otra, dieron el marco ideal para la celebración de la noche. Pasada la una y media de la madrugada Sergio tomó el micrófono, pidió que se sirviera el champán y dijo ‘esto continúa hasta que yo me desmaye’. Es decir, desde el mismo comienzo el lector puede ver que se las va a ver con detalles variados para saciar su sentido inquisitivo y saber todo de la vida de este señor que por sobre todas las cosas es un “bon vivant” que gusta compartir lo suyo con amigos.

En la biografía se da cuenta del paso de Puglia por Salzburgo, donde estudió gastronomía y hotelería bancado por su tío, sus viajes por Europa, sus largos años en Buenos Aires trabajando en hoteles, empezando en varios de ellos como telefonista y terminando como gerente general, como fue el caso del hotel Carlton; sus fiestas, su gusto por invitar gente a su casa, su codeo con gente de la farándula y cultura porteña y su vuelta a Montevideo y lo que le costó la reinserción en una sociedad difícil: “Cuando volví a Uruguay seguí viviendo la vida de príncipe que tenía en Buenos Aires. No cambié un ápice. Algunos me criticaban diciendo que me había aporteñado y que tenía el culo lleno de papelitos. A los diez días de estar llegado ya estaba organizando cenas para mis amigos y siempre con lo mejor de lo mejor. Lo que yo hacía como forma de homenajearlos algunos lo disfrutaban y otros decían por atrás que yo había venido a refregarles por la jeta que a mí me iba bien. Esa medianía, esa mesocracia uruguaya tan repugnante”.

El libro también da un paseo por su exitoso trabajo como dueño y artífice de varios restaurantes como el Panorámico, el restorán “Gala”, del barco de Juan Carlos López Mena que hacía la travesía Buenos Aires –Montevideo, el Puglia Restaurante y sus trabajos en Punta del Este.

Ni peluquero ni vedette

Su condición sexual y lo que significó en los años 70 ejercerla con libertad también está plasmado de forma abierta y honesta: “Me sentía muy confundido. Yo veía que mi elección sexual no era la más común de mis compañeros. Y, además los escuchaba hablar de los que tenían esa opción con absoluto rechazo. Entonces me sentía una mierda. Me daba cuenta de que la norma de la sociedad a la que yo pertenecía no aceptaba lo que yo quería. Es más, los expulsaba o los obligaba a ser otra cosa. Yo nunca quise ser un peluquero. Jamás sentí que iba a ser un modisto o una vedette o un prostituto. Yo decidí, en determinado momento, que iba a luchar por mi lugar en esa sociedad, aunque esa sociedad fuera pacata, hipócrita y jodida. A mí no me iban a expulsar a esos guetos. Pero de esa determinación me di cuenta después”.

Ningún tema queda afuera y las inclinaciones políticas de Puglia son presentadas con claridad: “Creo que la sociedad tiene que ser mucho más justa de lo que es, y que hay que darle a las personas las mismas oportunidades de desarrollo para que después cada uno sea el artífice de su propio destino. Tampoco me gustan los estados pater familias que dirigen absolutamente toda la vida, ese que me dice qué hacer, qué no hacer, qué está bien y qué está mal. Quizás por eso no fui de izquierda”, explica.

Su concepción del sexo, abierta y libre, lo pinta de una buena vez: “Siempre fui un tipo muy sexual. Considero al sexo como una demostración de cariño, de afecto y de deseo entre las dos personas que lo practican. Es la culminación de lo que vos provocás en el otro y el otro en vos. Llegar al sexo es algo fascinante, culminante”.

Finalmente, como cierre del libro, se ofrecen algunas fórmulas del recetario privado de Sergio Puglia, que explican cómo hacer desde scones hasta crepes suzette y hasta una pascualina.