Inés Estévez, la cantante de jazz más inesperada

Cinco Sentidos

21/06/2016 08:03

Inés Estévez, la cantante de jazz más inesperada
"Digamos que estoy despuntando el vicio de otras profesiones".

"La actuación dejó de ser mi profesión madre", afirma la artista que se presentará en julio en Montevideo junto a Javier Malosetti.

Por Alejandra Volpi

La actriz y cantante argentina Inés Estévez, ofrecerá un taller de expresión basado en una técnica propia y autodidacta el 15 de julio en La Escuela de la Voz. El 30 de ese mismo mes cantará junto a su pareja, el prestigioso bajista Javier Malosetti en la Sala Zitarrosa, para presentar el manojo de clásicos del jazz, la bossa nova y el blues que escucharon desde niños.

Hace nueve años, Estévez se alejó de la televisión porque entendió que “el mundo había cambiado” y que “la hipercomunicación derivó en una banalización de los productos audiovisuales”. Sin embargo, fue parte del elenco de “Guapas” porque le permitieron seguir sus propias reglas y en cine se puso bajo las órdenes de Daniel Burman, para encarnar “El secreto de la felicidad” junto a Guillermo Francella.
Inés Estévez junto a su pareja y bajista Javier Malosetti.
Inés Estévez junto a su pareja y bajista Javier Malosetti.

Seguramente la mujer inmadura con una madre absorbente que interpretó en “Vulnerables”, tira que fue éxito en Argentina y Uruguay a fines de los 90, la perseguirá largo tiempo aunque por elección siga ausente de la pantalla chica. Los escenarios ganaron con Inés Estévez una cantante tan virtuosa como inesperada y el culpable de este hallazgo es el bajista Javier Malosetti, a quien conoció de forma fortuita y con quien comparte hoy mucho más que el amor de pareja.

-¿Este espectáculo musical se gestó en la convivencia? ¿Cómo decidieron subir a escena juntos?

-Mi vida tiene una información musical bastante prolífica gracias mis padres. Mi padre tocaba un par de instrumentos y cantaba de oído con un grupo de amigos de forma amateur. Cuando me vine a vivir a Buenos Aires mis primeros trabajos fueron en la comedia musical y mis primeros premios los gané en ese rubro. Pero nunca me había tomado a la música muy en serio porque me parecía que había que tener formación académica. En épocas de hambre cuando llegué del interior grababa jingles de publicidades, pero nunca me animé a cantar profesionalmente hasta que apareció la idea en la cabeza de Javier. Pensé que no iba a exceder los límites del living de casa, pero después empezamos a tener fechas en algunos boliches y ahora estamos recorriendo el país. En agosto tocaremos en el ND Ateneo y vamos a grabar un disco.

El jazz que unió

Estévez viene de una ciudad pequeña llamada Dolores y Malosetti del barrio bonaerense Palomar. En los tocadiscos que sonaban en sus casas habitaba el génesis de esta gran coincidencia: “Descubrimos que no sólo escuchábamos los mismos temas sino también las mismas versiones con los mismos intérpretes. Teníamos las tapas de los mismos discos. Los dos nos sabemos de memoria los estándards, el cancionero de jazz original con su pureza inicial, sin grandes pretensiones. El jazz luego se fue complejizando y cuando se modernizó la gran virtud del músico, del instrumentista y de los cantantes fue la de ir improvisando sobre una base prefijada. En este caso el desafío de Javier ha sido rescatar la canción original en toda su simpleza. Él toca guitarra, bajo y canta. Yo canto. Pero además tenemos detrás un trío de contrabajo, batería y piano que se las trae, ¡son músicos muy experimentados del rubro!”.
El circo a mi alrededor fue algo que deterioró mucho mi gusto por la tevé y la dejé

-¿En escena hacés un personaje?

-Ningún personaje. Lo interesante es que al repertorio de jazz le agregamos cosas más modernas, como Steve Wonder, trasladadas también a ese sonido. Y a mí me gusta estar sentada ahí cantando, esto no está pasado por el tamiz de la ficción, es simplemente un hecho netamente musical. A mi juicio ennoblece el resultado acceder desde un lado simple.

-¿Y trabajar con tu pareja es algo que te enriquece o es conflictivo?

-Hay un folclore respecto a eso (se ríe). Para Javier es algo muy habitual porque tocó con su padre y comparte escenario con su hijo, y yo ahora soy la novia. No le encuentro mayores implicancias salvo que hay acuerdos tácitos, esto no es producto de una meta comercial o de un sello discográfico, sino que nació a partir de la coincidencia de gustos muy comunes en los que no podríamos estar más de acuerdo. El problema a la hora de armar el repertorio fue tener que sacar temas que nos encantaban. No hay más que una situación festiva.

-¿Se conocieron trabajando?

-No, nos conocimos muy fortuitamente. Muy inesperadamente. Sabíamos quién era el otro, conocíamos la carrera del otro. Y nos emparenta a nivel profesional el hecho de priorizar la búsqueda de la excelencia por encima de los resultados comerciales, en eso somos muy similares. Si me preguntaras a qué público apuntamos no lo sé. Estamos haciendo algo que simplemente nos gusta.

Su propia manera de concebir la actuación

Estévez ofrece clases de teatro, de su propia manera de concebir la actuación y en Montevideo realizará un taller intensivo que acerca herramientas para desempeñarse con éxito frente a una audiencia. “Me voy dejando llevar, soy poco estratega, en general sigo las señales. De hecho yo no estudié, no tengo formación académica. Cuando vine a Buenos Aires sin recursos económicos y con el proyecto de una comedia musical bajo el brazo, mis hermanos estudiaban cosas razonables mientras que yo había estudiado danza clásica y pensaba retomar esa carrera. Sin embargo me pasó durante mucho tiempo que algunos colegas me pedían que les ayudara o enseñara y descubrí que tengo la capacidad de guiar, pero me costaba definir de manera teórica qué era lo que yo misma implementaba. Entonces bajé a la teoría lo que pongo en escena cuando actúo y concluí que es un sistema absolutamente simple, que no contradice los métodos tradicionales pero resulta complementario y va a contramano de las complejidades que se enseñan en las clases de actuación. Es de una simpleza aplastante, es muy lógico, un paso te lleva al otro”, explica entusiasmada, agregando que “en las escuelas de teatro en general te llenan de recursos que requieren de tiempo y concentración y la verdad es que cuando trabajás profesionalmente no tenés ni tiempo ni concentración. Tenés que ir a los hechos muy rápidamente”.

-¿Y por qué dejaste la televisión?

-Yo había dejado la actuación por completo hace nueve años muy convencida de que no iba a volver a actuar nunca más. Porque cambió el mundo. Cuando empecé a hacer televisión de una manera más fuerte coincidió con la globalización y la hipercomunicación y todo lo audiovisual se volvió tan masivo que la actuación terminó banalizándose, formando parte de algo que estaba bastante menos emparentado con el arte. El circo a mi alrededor fue algo que deterioró mucho mi gusto por ese trabajo y lo dejé. Durante cinco años hice solo cine y teatro para ver si de esa manera recuperaba el gusto, pero el medio no era el mismo. Acepté hacer “Guapas” porque acordé entrar en los últimos tres meses. Pero la actuación dejó de ser mi profesión madre. Escribí mi primera novela en 2011, “La gracia”, y dirigí mi primera obra de teatro, “Grabado”. Digamos que estoy despuntando el vicio de otras profesiones. La música es una gran sorpresa.

Taller de actuación en Montevideo

-Viernes 15 de julio a las 19:00 hs en Ivy Thomas College (Pocitos).
-Realiza: La Escuela de la Voz 27169864 / Laescueladelavoz@gmail.com
-Inscripciones $u 850 (se puede pagar con OCA).