Veinte años después: no se olviden de Cabezas

Por: Leonel García
Publicado: 25/01/2017 07:00
Veinte años después: no se olviden de Cabezas

El 25 de enero de 1997 era hallado calcinado el cuerpo de este fotógrafo argentino. Su condena había sido fotografiar a un poderoso impune.

“Sacarme una foto a mi es como pegarme un tiro en la frente”. Esta frase, que forzosamente tiene que ser anterior a marzo de 1996, es atribuida a Alfredo Yabrán, todopoderosísimo empresario postal argentino, durante esas entrevistas a las que accedía siempre y cuando no fuera ningún fotógrafo. Por años tener una imagen de este multimillonario, muy vinculado al gobierno de Carlos Saúl Menem, era una obsesión de los medios. Lo logró, de incógnito, el fotógrafo de la revista Noticias, José Luis Cabezas, el 16 de febrero de 1996.

“Era muy inteligente lo que esto empresario hacía, eso de no querer fotografiarse nunca. Con eso incluía una amenaza latente al que lo hacía. El que lo hacía sabía que se ponía al borde de la muerte”, reflexiona hoy para ECOS Armando Sartorotti, editor de fotografía del diario El Observador.

Yabrán, el mismo que el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo calificó de "jefe de una mafia enquistada en el poder", estaba caminando ese día por la playa de Pinamar, en la costa atlántica argentina. Canoso y con el torso desnudo, vestía un short blanco con cuadros oscuros. A su lado estaba su esposa, María Cristina Pérez, de malla entera negra. Cabezas simuló que le estaba sacando una foto a un amigo, que no era otro que su compañero de coberturas veraniegas, el periodista Gabriel Michi, y a su mujer, pero el lente de su cámara apuntó a quien era considerado sinónimo de invisibilidad e impunidad, sospechado de estar vinculado al lavado de dinero y el narcotráfico. Esa foto salió en la tapa de Noticias el 5 de marzo de 1996 con el título: "Yabrán ataca de nuevo".

Para Sartorotti, reconocido por su tarea como fotoperiodista en Uruguay, no puede hablarse técnicamente ni compositivamente de una gran foto. Lo que la hace histórica, dice, más que su estética, más que la identidad escondida y revelada, fue su consecuencia.

Porque a José Luis Cabezas, casado y padre de una niña, le pegaron dos tiros en la cabeza por sacar esa foto. Su cadáver fue encontrado, maniatado, calcinado y baleado, el 25 de enero de 1997, hace 20 años, en la valija de un vehículo Ford prendido fuego, en la localidad de General Madariaga, también en la costa atlántica argentina. Desde que la dichosa foto salió publicada había recibido amenazas de todo tipo, él y su mujer María Cristina Robledo. Su muerte causó una conmoción popular pocas veces vista y un clamor generalizado de justicia. La consigna “No se olviden de Cabezas” se repitió en marchas, discursos políticos, reclamos airados pidiendo el fin de la impunidad y hasta en el programa Videomatch, de Marcelo Tinelli.

En una entrevista divulgada el martes 24 por la agencia de noticias EFE, Michi calificó a ese asesinato como "el peor ataque al periodismo desde que volvió la democracia a Argentina" y a la reacción posterior como “el símbolo de la lucha por la libertad de expresión".

“Yo creo que Cabezas sabía cuál era la consecuencia. Hay un tema de heroicidad en él, sabía que la muerte (por sacarle una foto a Yabrán) era una posibilidad cierta. Ninguno de nosotros hace cosas para morirse, pero fotografiamos porque tenemos la necesidad de fotografiar”, explica Sartorotti.

En un fragmento de su libro “Cabezas. Un periodista, un crimen, un país”, Gabriel Michi publicó que segundos después de sacada la foto que le terminaría costando la vida, Yabrán –aún ajeno a que había sido inmortalizado- se dio un beso con su esposa. Cabezas, que había guardado su máquina, se lamentó amargamente haberse perdido “esa” foto.

“Así era José Luis. Un perfeccionista. Un obsesivo por conseguir siempre un poco más en su labor profesional”, escribió Michi.

Nadie preso



Yabrán fue acusado de ser el autor intelectual de este asesinato, lo que nunca admitió. Ya no podía mantener su invisibilidad. Ya de nada le servían sus vínculos a todo nivel: políticos (que llegaban al propio Menem), judiciales, empresariales, gremiales y hasta eclesiásticos. La Justicia reclamó su captura por este episodio el sábado 16 de mayo de 1998. Yabrán nunca fue sometido ante un tribunal: se pegó un tiro –ese que decía era lo mismo que sacarle una foto- cinco días después, en una estancia de su propiedad en Entre Ríos. Su cadáver quedó irreconocible, al punto que disparó una serie de teorías conspirativas –sin mayor sustento- que negaban su muerte.

Por la muerte de Cabezas fueron condenadas nueve personas: Gregorio Ríos, ex jefe de seguridad de Yabrán, los policías Sergio Camaratta, Anibal Luna y Gustavo Prellezo (señalado por ser el autor de los disparos), el ex comisario de Pinamar Alberto Gómez (señalado por “liberar la zona”, en el día y el lugar de la muerte), Horacio Braga, José Luis Auge, Sergio González y Héctor Retana; estos últimos cuatro conocidos como los de la banda de “los horneros”.

Todos fueron condenados a cadena perpetua. Pero 20 años después ninguno de ellos está hoy en prisión por esta causa, según publicó La Nación el domingo 23. Camaratta y Retana fallecieron. El único atrás de las rejas, González, lo está por integrar una banda de tráfico de drogas sintéticas. El 21 de diciembre, de acuerdo con Perfil, Gustavo Prellezo recibió la libertad condicional.

En las dos localidades donde pasó lo más importante de esta historia se realizarán actos conmemorativos este miércoles 25.

En General Madariaga, donde fue hallado el cuerpo de Cabezas, se celebrará una misa, mientras que en Pinamar, donde se tomó esa foto fatal, se desarrollará luego el acto central. Distintas actividades se celebrarán en todo el país para combatir el olvido.

“Yo creo que mucho más presente que la foto que sacó Cabezas, cuya consecuencia es lo terrible de esto, hoy está la foto carnet suya, la de su registro como reportero gráfico”, opina Sartorotti. El editor de El Observador se refiere a esa imagen en blanco y negro, de un hombre con barba de dos días mirando a la cámara, de buzo oscuro sobre una remera blanca, luego usada en imágenes donde su colega asesinado pedía que no lo olvidaran.

Sin embargo, el tiempo está haciendo lo suyo. Muchos jóvenes de hoy no conocen la historia del fotógrafo que murió por retratar a un empresario oscuro y poderoso que hasta ese día no tenía rostro.