Bonomi, Wassem, etarras, Gandhi e históricos huelguistas de hambre

Por: Fabian Cambiaso
Publicado: 25/09/2016 14:40
Bonomi, Wassem, etarras, Gandhi e históricos huelguistas de hambre
Luis Maschi.
El ministro Bonomi, durante la huelga de hambre, foto extraída del libro "Bonomi" de Luis Maschi.

En su época de sindicalista, el ministro Eduardo Bonomi realizó una huelga de hambre similar a la que lleva a cabo el sirio Diyab.

Este lunes Jihad Diyab estaría retomando su postura de no ingerir líquidos si el gobierno no le anuncia que logró encontrar un país árabe que acepte asilarlo a él y a su familia.

El ex recluso de Guantánamo, refugiado desde 2014 en Uruguay, había flexibilizado su posición para, según dijo, permitirle al Ejecutivo satisfacer sus demanda en el marco de una huelga de hambre que lleva ya 36 días.

El caso generó discusiones a todo nivel sobre la utilización de esta forma protesta.

El miércoles pasado, clínicos especialistas en Medicina Legal, Bioética y Derecho participaron de un Ateneo en la Facultad de Medicina en la que la principal conclusión fue que la autonomía de las personas debe ser un principio rector.

Entre los presentes estuvo la doctora Julia Galzerano, integrante de la Comisión de Derechos Humanos del Sindicato Médico del Uruguay (SMU), institución que tiene un protocolo a seguir en estos casos.

Ese protocolo fue el que los hizo retirarse del monitoreo que le realizaban a Diyab, ya que exige la firma de un acuerdo con el huelguista, que el sirio no aceptó. Galzerano admitió que para el SMU este un tema “aún no laudado”.

Huelgas históricas en Uruguay

Son varios los casos emblemáticos, en el país y en el mundo, de esta herramienta de lucha no violenta, en donde se renuncia a todo tipo de alimentación para reivindicar el cumplimiento de algún derecho o protestar por una situación injusta.

Hace varias décadas que el sindicato asiste a todos los casos que se registran en el país a través de una subcomisión de huelgas de hambre.

El registro del gremio indica que en 1956, en el marco de un conflicto en la industria frigorífica, hubo un fallecido por esta causa. Ruben Paleo, militante de la Federación de la Carne, murió luego de 15 días al no contar con los controles médicos adecuados.

Los documentos indican que la primera huelga de hambre monitoreada por el SMU fue la que realizaron cinco integrantes de la Asociación de Funcionarios Postales en 1964.

Cinco años después fue el turno de un grupo de empleados bancarios, que llevaron a cabo un ayuno reivindicativo en la Catedral de Montevideo.

Fue en ese momento que Atilio Morquio, por entonces profesor de Clínica Médica, creó una “dieta base” que permitía garantizar el nivel de salud del huelguista a la vez que respetaba su derecho a llevar a cabo la medida.

Consiste en té, una barra de chocolate y caldo colado con vegetales, junto a una clara de huevo. La dieta se complementa con tres litros al día de líquidos no azucarados.

En la fase final de la transición a la democracia, el grupo Verdad y Justicia realizó una huelga de hambre en reclamo de la liberación de los presos políticos. En junio de 1984, por la misma causa, el dirigente tupamaro Adolfo Wassem, preso en el Penal de Libertad y padeciendo un tumor maligno, hizo un ayuno de un mes. Murió en noviembre, víctima de cáncer.

En 1992 tuvo lugar la huelga llevada a cabo por los ex trabajadores de Onda, la compañía de buses quebrada el año anterior, y en la que fue necesario medicar a uno de los funcionarios.

Uno de los casos más complejos que le tocó atender al SMU fue en 1993 con los tres presuntos integrantes de ETA arrestados en Montevideo. Iniciaron una huelga de hambre para que Uruguay les concediera asilo político y evitar así su extradición a España.

El Sindicato se retiró de esa huelga porque los etarras no aceptaron seguir el protocolo exigido. Abandonaron la medida a los pocos días. Su traslado a Madrid, en agosto del año siguiente, provocó los “sucesos del Filtro”, con dos muertos y más de 100 heridos.

En 1999 iniciaron huelga similar los obreros de Promopes, una empresa pesquera que se cerró al caer en cesación de pagos su principal cliente, Brasil. Entre los activistas estaba el hoy ministro del Interior, Eduardo Bonomi.

La medida que se prolongó durante 35 días, con los huelguistas recorriendo Montevideo acostados en la caja de un camión.

En el transcurso de la huelga, a Bonomi se le detectó talasemia, también conocida como “anemia del Mediterráneo”, que nunca había sido diagnosticada. El SMU se terminó retirando del monitoreo porque en este caso tampoco se respetó el protocolo.

Lo mismo sucedió en 2000 con un grupo de afiliados al Sindicato del Gas, que llevaron a cabo una medida de este tipo por 44 días. Pero allí además, el Ministerio de Salud Pública solicitó la intervención judicial para verificar su estado. Los gremialistas levantaron la huelga luego de un mandato de la asamblea.

A uno de los huelguistas se le diagnosticó autofagia o autodigestión celular, un fenómeno común en ayunos prolongados. Logró salvarse, pero su recuperación fue muy lenta.

Manifestación mundial

El pasado 9 de agosto terminó la que es considerada la huelga de hambre más extensa de la historia. Con la ingesta simbólica de unas pocas gotas de miel, la activista india Irom Sharmila puso fin a 16 años de ayuno, iniciado en 2000 en reclamo de la derogación de una ley que le otorga facultades especiales a las Fuerzas Armadas en su Estado natal, Manipur.

Sharmila, hoy de 44 años, fue obligada a recibir alimentos durante su protesta a través de una sonda nasogástrica, y pasó los últimos años en un hospital bajo custodia policial.

En la India ha sido muy frecuente recurrir a este mecanismo. En el marco de su lucha para liberación de su país, Mahatma Gandhi hizo 17 huelgas de hambre, junto a numerosos ayunos penitenciarios que iban desde una semana hasta 24 días.

La última que realizó, entre el 12 y el 18 de enero de 1948, fue para fomentar la unión entre hindúes y musulmanes. Gandhi murió 12 días después, asesinado por un ultranacionalista hindú.

Se considera que, si la medida se extiende más de 60 días, el huelguista sufrirá consecuencias irreversibles en su salud. Y a partir de allí y hasta los 90 días, sobrevendrá la muerte por inanición.

Fue lo que le sucedió a Bobby Sands, un integrante del Ejército Republicano Irlandés (IRA) que murió a los 27 años, en mayo de 1981, luego de 66 días de no ingerir alimento alguno.

Sands estaba preso en una cárcel del Reino Unido y reclamaba que el gobierno de Margaret Thatcher le reconociera a los republicanos irlandeses el estatus de presos políticos. Fue electo diputado al parlamento británico en el transcurso de la huelga. Junto a él murieron otros nueve miembros del IRA.

Otro caso emblemático fue el de Barry Horne, un activista británico que murió en 2001, a los 49 años, por una falla en el hígado luego de protagonizar cuatro huelgas de hambre y mientras cumplía una pena de 18 años de prisión por plantar artefactos incendiarios.
Horne reclamaba sobre el cese de la utilización de animales como sujetos de prueba.

La premier israelí Golda Meir, la activista mapuche chilena Patricia Troncoso, el presidente boliviano Evo Morales, el alcalde de Caracas Antonio Ledezma y la política colombiana Ingrid Betancourt han recurrido a lo largo de su vida a esta postura para lograr sus objetivos.

En Cuba, el disidente Guillermo Fariñas ha realizado 23 huelgas de hambre en la última década reclamando la liberación de los presos políticos en la isla.

Un caso poco recordado pero que en su momento sacudió a la sociedad alemana fue el de Holger Meins, un militante de la guerrilla Fracción del Ejército Rojo que murió en noviembre de 1974 en la prisión de Stammheim, en Sttutgart. Falleció pesando solo 45 kilos y fue obligado a ingerir alimentos por una sonda. Su muerte fue caratulada como “suicidio”.