Expertos temen inevitable avalancha de "fake news" en año electoral

Por: Leonel García
Publicado: 23/10/2018 06:20
Expertos temen inevitable avalancha de "fake news" en año electoral
Pixabay

Llegaron a Estados Unidos y a Francia. Este año estallaron en Uruguay. A nivel público, se las reachaza. ¿Hay formas de darse cuenta?

Que salten a la luz pública noticias falsas durante las elecciones es de la época en la que nadie soñaba con tener computadoras de bolsillo. En 1971, el diario El Eco publicó que parte de la campaña del candidato blanco Wilson Ferreira la bancaba la Esso. En 1958 se aseguró que el consejero de gobierno Luis Batlle Berres, colorado, había incautado toda una edición de una revista internacional, algunos decían que fue la Time, otros la Life, porque informaba sobre propiedades e intereses suyos en el extranjeros.

Pero con el estallido de las redes sociales y los smartphones, más los antecedentes de lo ocurrido en países como Estados Unidos, Francia y –sobre todo- Brasil, distintos expertos en social media consultados por ECOS aseguran que el de 2019 será un ciclo electoral marcado por las “fake news”.

“Son una tendencia mundial, sin límites geográficos. No tengo duda que van a llegar”, sostiene Diego Vallarino, docente del postgrado en Sistemas de la Información de la Universidad de la República.

“¿Si van a llegar? Han llegado ya. Y van a seguir llegando. Van a ser un actor interesante en 2019”, reflexiona Carlos Álvarez, socio director de Idatha. La buena noticia es que a él, que trabaja con los distintos partidos políticos desde 2014, no le consta que haya sectores que los generen, ni que busquen su propio ejército de bots y trolls rentados para enchastrar la campaña.

La mala noticia es que no sería necesario que eso pase. Para Eduardo Bottinelli, director de la consultora Factum, lo que se percibe hasta ahora son “cuentas falsas de militantes que dedican su tiempo de militancia a atacar propuestas ajenas”. No ve dirigentes políticos detrás de esa movida, algo que públicamente es rechazado por el sistema. “Pero no se puede descartar que alguien quiera ganarse sus puntos ante el líder…”, desliza.

El psicólogo Roberto Balaguer, que se ha especializado en las conductas a través de las redes sociales, también hace una diferencia: a nivel oficial y público, nadie asumirá que impulsa una campaña de este tipo para perjudicar al rival, algo que está muy mal visto. “Pero es también una forma de militar”. Además, agrega, hay una lógica perversa que retroalimenta la cuestión: “Hay un entendido de que si ‘los otros’ lo hacen, ‘nosotros’ también podemos. Nadie sabe quién arrancó primero, pero hay que hacer un contrarrelato”.

Álvarez pone como ejemplo reciente la circulación de “información incompleta” sobre quiénes y cómo serían los beneficiarios de la Ley Trans, recientemente aprobada. Alain Mizrahi, de la consultora Radar, apunta a los mensajes donde se asegura que inmigrantes venezolanos son reclutados por el Frente Amplio a cambio de una tarjeta del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) suculentamente e ilegalmente cargada. “Tengo la sospecha de que esta campaña será bastante sangrienta”, agrega.

La proliferación de fake news en la campaña electoral de Brasil (donde el comando del ultraderechista Jair Bolsonaro está particularmente en la mira) hace notar que el fenómeno masivo ya está apenas cruzando una frontera porosa, si de delimitaciones políticas se habla.

Por lo general, las fake news que se han difundido este año en Uruguay han tenido como objetivos la agenda de derechos y acciones (o inacciones) de la gestión del Frente Amplio. “Por lo general, son ataques contra el gobierno”, subraya Mizrahi, cuya empresa publica anualmente el Perfil del Internauta Uruguayo. Dirigentes blancos y colorados como Jorge Gandini, Ana Lía Piñeyrúa y Carlos Ramela han retuiteado información falsa, sin chequearla. La izquierda no estado impoluta. La cuenta oficial del FA publicó (y luego borró, pidiendo disculpas) un tuit en el cual aparecía editado un discurso del candidato nacionalista Luis Lacalle Pou, sacando de contexto una frase.

Detección y decisión

El miércoles de la semana pasada, mientras recibía el apoyo del Frente Líber Seregni a su precandidatura a la Presidencia, el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, aseguraba: “No vamos a entrar en la guerra sucia”. Refería a que, según su entorno, hay detectados unos 1.500 usuarios creando o replicando información maliciosa sobre él: esta gira sobre un eventual boicot que él habría intentado protagonizar en la refinería de Ancap al inicio de la dictadura, lo que hubiera podido haber causado una catástrofe (el intendente tenía 16 años cuando el Golpe de Estado) o de haberse comprado un costosísimo reloj con fondos cuya procedencia habría que averiguar.

Una de las fuentes consultadas para esta nota –que no es Álvarez, por razones obvias- señaló que es muy probable que ya haya precandidatos interesados en su propia granja de trolls.

Por bots se consideran a los programas informáticos que interactúan en Internet, sobre todo en Twitter, recopilando y propagando una información determinada, o apenas cooperando con inflar hasta cantidades sospechosas el número de seguidores de una cuenta (candidato, por ejemplo). Se los puede reconocer fácilmente: son relativamente recientes, tienen muy pocos seguidores, tienen muchos seguidos y su nickname suele ser un nombre genérico y una secuencia de números. Los trolls son más complejos: suele haber una persona atrás cuyo único objetivo es insultar, molestar y atacar a una persona, o idea, o candidato.

Una “fake new”, por último, es una noticia que, aunque falsa todo o en parte, tiene un cierto anclaje en la realidad. O sea: es “creíble”. Creíble sobre todo para un grupo de internautas que está dispuesto a creer.

Los expertos recomiendan no replicar todo apenas con el titular. Una “captura” de un tuit no es un tuit. Una declaración fuerte o altisonante y un hecho impactante que no haya sido replicado por los medios de prensa establecidos y de confianza tiene forzosamente que ser sospechoso. Usar el buscador de imágenes de Google es una buena idea a la hora de verificar la procedencia de una foto.

En todo caso, ¿influyen? ¿Mueven la aguja a la hora de decidir un voto? Aquí no hay tantas unanimidades. Balaguer sostiene que sí, porque muy poca gente suele chequear la información que le llega. “A veces se da esa lógica de ‘comparto por si es cierto; si no, lamento’”. En esa mecánica, muchos quedan contaminados de información falsa.

Bottinelli, sin embargo, piensa que este tipo de información solo conmueve a los convencidos: “Basta con leer los perfiles de quien postean una cosa u otra”.

Para Vallarino, si se trata de noticias “realmente creíbles”, puede que tengan un impacto. Omitir parte de la información es una forma “exitosa” de difundir fake news. Mizrahi, por su parte, sostiene que lo que más va a generar es “enojo”, algo que de por sí abunda en un año electoral: “Como uno suele circular esa información entre la gente que piensa parecido a vos, lo que hace es aumentar el enojo: contra el gobierno, de los partidarios del gobierno o de los que se dan cuenta que es una información falsa”.

Esto último es un factor que influye. El concepto de fake news, en tanto fue “término del año” por el diccionario Collins en 2017, ya tiene a mucha gente prevenida. “Yo no sé si electoralmente este fenómeno puede mover la aguja, porque hay muchos que son conscientes de este tipo de maniobras. Los militantes duros no van a cambiar su voto, independientemente de lo que salga. Y los indecisos difícilmente se decidan por algo de esto. Las fake news son ruido, mucho ruido y eso es un problema: ya no sabés qué leer”.

Y eso es un problema grave cuando más y mejor hace falta estar informado.