Uruguay avanza en uso de tecnología que aplica radiación a alimentos

Por: Patricia Vicente

Ciencia & Tecno

16/07/2017 07:40

Uruguay avanza en uso de tecnología que aplica radiación a alimentos

LATU

Aunque genera miedo por su nombre, elimina enfermedades, extiende vida útil de productos y abre mercados para exportación.

Es muy probable que si alguien escucha que le servirán un alimento que fue expuesto a la radiación prefiera ayunar. Incluso podría salir corriendo, ya que las connotaciones negativas de esa palabra podrían llevarlo en un viaje mental hasta Chernobil. Sin embargo, estará en un error. Esta tecnología, que en Uruguay se está probando desde hace más de una década y se apresta a iniciar su fase industrial, tiene enormes beneficios en cuanto a inocuidad y seguridad alimenticia y es utilizada por cientos de países en todo el mundo.

“La gente confunde radiación con contaminación radioactiva y eso lleva a que esta sea una tecnología discutida, pero no es para nada lo mismo”, explicó a ECOS Aníbal Abreu, presidente del Comité Nacional de Irradiación. Esto, dijo, es algo así como una radiografía. La placa entra al campo de radiación, sale y no queda contaminada.

“Una vez me preguntaron cómo puede ser que la radiación sea tan buena para la comida y tan mala para el ser humano si se expone a ella. Y yo respondo: es como el microondas, nosotros metemos la comida, no la cabeza”, ejemplificó el especialista, que ahora trabaja junto a inversores privados para la creación de la primera planta de irradiación privada y de gran escala en Uruguay.

Trabajo en la planta piloto
Trabajo en la planta piloto
Entre otros beneficios, esta tecnología permite controlar las llamadas ETA, Enfermedades Transmitidas por los Alimentos, como la salmonela, que cada tanto genera alertas en el país. Además, con ella se puede extender la vida útil de distintos productos y también bajar barreras fitosanitarias, abriendo mercados para exportaciones.

“Hemos hecho pruebas en platos semipreparados, en carne industrial, en frutas (cítricos, arándanos, manzanas) para exportación. También en alfajores, que generan un hongo que se puede evitar con irradiación y se mantienen hasta un año, cuando normalmente tienen vida útil de tres meses”, afirmó Abreu.

El sector cárnico lo utiliza mucho para la picada, las hamburguesas congeladas o el pollo que se vende por partes. En todos estos procesos, que se hacen de forma mecanizada, se pueden generar colonias de bacterias que producen ETA. “Por ejemplo, cuando se hacen hamburguesas de carne picada, a muchos uruguayos les gusta que estén algo crudas y eso representa un riesgo que puede ser disminuido aplicando radiación, ya que se eliminan los microorganismos”, explicó Abreu.

Un caso conocido a nivel mundial de uso de irradiación en carne es la que se envía para el consumo de los astronautas. Envasada al vacío y expuesta a este tratamiento, su vida útil se puede extender sensiblemente, incluso sin requerir de refrigeración.

Hasta el momento, los trabajos locales con esta tecnología se han realizado en la planta piloto instalada en el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), que una vez iniciada la etapa industrial continuará realizando estudios.
“Quizá el nombre que le pusieron no fue el más feliz, porque se asocia a algo negativo, pero el alimento no queda radioactivo"

La capacidad de esta planta no permite realizar trabajos a gran escala, aclaró Abreu, pero resaltó una tarea de gran aporte a la sociedad que se hizo en ese lugar. “Irradiamos platos preparados para enfermos inmunocomprometidos, como pacientes con SIDA o hepatitis B, que requieren de un cuidado muy especial en su alimentación. Ellos no pueden comer determinadas frutas o vegetales crudos, pero aplicando esta tecnología, sí. Lo mismo con hamburguesas congeladas o postres”, agregó.

“Esta es una de las pruebas más contundentes de lo beneficiosa que es esta tecnología en alimentos”, destacó Ana Machieira, jefa de Microbiología del LATU y encargada de la planta piloto. “Quizá el nombre que le pusieron no fue el más feliz, porque se asocia a algo negativo, pero el alimento no queda radioactivo, no necesita cuarentena y puede ser consumido inmediatamente de haber sido expuesto a los rayos”, agregó.

La especialista enfatizó en que el uso de la irradiación no puede enmascarar malas prácticas. “La forma de producción de alimentos debe ser buena y respetando la normativa, no se puede bajar los estándares porque luego vaya a ir a la planta”, afirmó.

En Uruguay la norma de irradiación de alimentos está vigente desde 2008, cuando se modificó el reglamento bromatológico, permitiendo su uso con el objetivo de “inhibir la germinación; retardar la maduración; eliminar la infestación; reducir la carga microbiana; combatir los microorganismos patógenos; aumentar el período de conservación y comercialización y superar barreras cuarentenarias”.

Aunque su uso está regulado, su aplicación aún es poco extendida, a raíz de la escasa capacidad de la planta del LATU. Una vez que el emprendimiento privado empiece a funcionar habrá mayor campo de aplicación, dijeron ambos especialistas consultados. De todos modos, el mercado internacional será el principal receptor de lo que se irradie allí. “La inversión se justifica por lo que generarán las exportaciones”, explicó Abreu.
En el mundo, más de 50 países utilizan la irradiación de alimentos desde hace décadas

En el mundo, más de 50 países utilizan la irradiación de alimentos desde hace décadas y en la región, tanto Argentina como Brasil y Chile disponen de plantas de gran escala.

Radiación todo el día

Abreu señaló que, más allá de los alimentos, la tecnología de irradiación está presente en la vida de las personas a cada paso. “Uno se levanta y come cereal, por ejemplo, y muy probablemente esté irradiado. Si va al médico, la jeringa con la que le aplican una vacuna, también”, dijo.

“En el auto, las gomas se irradian para lograr mejor resistencia en los polímeros que las componen. Al usar una crema corporal o la pasta de dientes, estamos en contacto con esta tecnología”, agregó.

Pese a que el consumidor quizá no esté al tanto de su presencia extendida y aunque su nombre le genere algún resquemor, “Cuando la conoce y se la explican, no solo la acepta, sino que también está dispuesto a pagar más por ella”, agregó Abreu.