"La revolución de los celulares aun no queda claro donde nos lleva"

Por: Leonel García
Publicado: 2/12/2016 12:46
"La revolución de los celulares aun no queda claro donde nos lleva"
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Pacheco presenta su libro "Tecno: el impacto de la revolución tecnológica en la vida cotidiana".

El experto en tecnología Carlos Pacheco sostiene que por ahora la heladera es un invento más revolucionario que los teléfonos inteligentes.

Periodista, escritor y editor especializado en tecnología, Carlos Pacheco (52) acaba de publicar "Tecno", su nuevo libro sobre la revolución tecnológica. Hace un mes que no realiza una llamada de un teléfono fijo a otro. Es más, evita atender porque si suena el de su casa, dijo a ECOS, “seguramente sea algo comercial, promocional”.

Tampoco recuerda de memoria el número del celular de ninguno de sus dos hijos. Él, que si recuerda cuál era el de su casa cuando niño, va directo a la agenda de su aparato cuando quiere llamar a los suyos. “Es que ya no es necesario acordarse”.

Pacheco acaba de editar “Tecno: el impacto de la revolución tecnológica en la vida cotidiana”, publicado por editorial Fin de Siglo. Es el ensayo sobre un vínculo, entre el hombre y la tecnología, promovido y cuestionado por partes iguales. En todo caso, aseguró, siempre hay una decisión humana de fondo. Y el concepto de “realidad virtual”, subrayó, es una contradicción.

- De 2007 hasta acá, los smartphones son computadoras al alcance de cualquier bolsillo. En su libro, menciona al concepto de “prótesis” que usó el psicólogo Roberto Balaguer. ¿Qué tanto nos ha impactado el teléfono inteligente, tomando en cuenta otras revoluciones tecnológicas?

- Eso depende de los tiempos. Si uno pregunta en el siglo XX, el aparato que más impacto sobre la vida cotidiana fue la heladera. Eso cambió radicalmente la vida de la gente. Luego las computadoras personales, pero eso es un fenómeno de los últimos 20 años; surgió en 1981 y al principio fue para una elite. La masificación de los smartphones no lleva más de cuatro o cinco años. Pero en la vida humana, la heladera cambió radicalmente todo.

- ¿El smartphone no?

- Es más una revolución de los últimos años. Nos cambió más en el relacionamiento personal que en el impacto sobre costumbres cotidianas. Antes de la computación, ibas a las oficinas a pagar facturas. Con la masificación de la computadora empezamos a no tener que hacerla. La revolución de los celulares aún no queda claro adónde nos lleva. Hay mucho más de espectáculo, en referencia a lo superfluo, que de cambios profundos.

- ¿Cómo es eso?

- Seguimos pagando cuentas y seguimos hablando por teléfonos. No queda claro que vivamos de forma diferente. Hay un autor, Zygmunt Bauman, el de “Amor líquido”, que plantea una serie de cambios que tiene que ver con lo efímero de las relaciones, del trabajo, de un mundo descartable, de menos compromiso, más descarte… Incluso en lo personal.

- Eso suena mucho a la red social Tinder, la que se usa para conseguir citas.

- Eso tipo de cosas existe desde hace mucho. El conseguir pareja a través de algún medio estaba presente hasta en el diario El País, lo tenía la revista Sábado Show.

- Pero ahora esa posibilidad está disponible en el bolsillo.

- O como se dio en una época, por SMS y en televisión. Desde que existe comunicación siempre hay gente que busca gente. Quizá acá es algo más de resolver un encuentro rápido y luego pasar a otra cosa.

- En su libro usted apela a un spot de cerveza donde dos amigos discutían entre lo virtual y lo real. ¿Comunicarse virtualmente no es comunicarse realmente?

- Si hay una persona de un lado y otra del otro, entonces hay una comunicación real. El tema es que no todo lo podés llevar a lo real. No podés tomar una cerveza a través de una computadora. Pero hay realidad, puede llamarse realidad virtual, que es una contradicción en sí misma.

- Tiene una visión muy positiva de la tecnología y su impacto.

- De la tecnología en sí mismo, sí. Del uso ya no.

- ¿Cuándo hay una relación patológica?

- Cuando se sustituye la vida real por fantasías, ya no tecnología. Ese es un caso. La tecnología lo que hace es exponenciar algún fenómeno, darle potencia tecnológica a alguien que ya tiene la distorsión. Está el apático que no quiere relacionarse en persona. Pero otro uso negativo es agarrar un avión y chocarlo contra un edificio. En el fondo, todo acto es humano.

- También menciona una canción del disco “Rada para niños”, en el que hay una contradicción entre un niño que se pasa con la computadora y otros que juegan al aire libre. Eso fue editado en 1999. ¿Hoy hay más aceptación de la tecnología ligada a la infancia?

- Esa contradicción hoy ya no es tal. La mayoría de los niños, aunque salgan a jugar al fútbol en la canchita, también juegan al celular, la computadora o la play station. No hay dos grupos, hay uno más fanático u otro menos fanático.

- ¿A partir de qué edad considera válido que un chico tenga cuenta en Facebook, celular o se vincule virtualmente cuando quizá no sepa moverse en el mundo real?

- Ahí ocurre un fenómeno más allá de las edades: si no lo hace en tu casa, lo va a hacer en otro lado. Cuando sientan interés por hacerlo, lo van a hacer. Eso pasaba en nuestro tiempo con la televisión. Los muy chiquitos se vienen salvando de un uso muy masivo por un tema de alfabetización. Es que las computadoras siguen siendo muy dependientes de la lectoescritura. Entre que aprenden el código y a manejarlo, empezarían a usar la computadora a los 9 o 10 años. Y lo que tienen que hacer los padres, más que cerrarse y negarse, es dosificar y monitorer la situación. Si no, va a terminar pasando como en nuestra época, cuando ibas a lo del vecino a ver la tele. En todo caso, creo que los padres, sobre todo en lo de Facebook, por lo menos hasta los 15 o 16 años, tendrían que ver en qué andan los hijos, aunque parezca invadir la privacidad del adolescente. Ese sería el mismo juego que hacían nuestros padres antes, entrar en los cuartos a ver qué pasaba, si había algo raro, si estabas mal. Y conviene ser amigo de los hijos en Facebook, así ves lo que están publicando, en qué se están metiendo.

- Entonces, es inevitable que pase.

- Sí. Con mis hijos lo que hice fue dosificar, ponerles reglas, estar cerca. Si le dejás una conexión a Internet a un niño y te vas, bueno… pueden pasar cosas. La manera de evitarlo es no dejarlo suelto. La prohibición absoluta tiene el contraefecto de que el chico lo va a hacer donde no esté al alcance de los padres.

- En estos tiempos, donde todo se puede hacer desde el celular, ¿hay gente que no podría vivir?

- Siempre hay extremos. Hay gente que por ser de otra generación no la usa. Está el movimiento amish en Estados Unidos. El otro día en una charla dije que todos tenían la posibilidad de elegir no usar la tecnología. Alguien me dice: “Todo bien, pero aprobaron la ley de inclusión financiera. Sin una tarjeta de débito no cobrás el sueldo”. Pero ese no es un tema de la tecnología. No es la tecnología la que te impide tomar esa decisión. Son decisiones humanas.

- ¿Y una persona acostumbrada a la tecnología podría vivir sin ella?

- Como cualquier otra adicción, en cualquier momento tendrá la tentación de usarla. Es como dejar el cigarrillo o el alcohol.