El estrés de fiestas y fin de año: cómo evitar la "catástrofe"

Por: Leonel García
Publicado: 14/12/2017 15:10
El estrés de fiestas y fin de año: cómo evitar la "catástrofe"
EFE (Archivo)

Las emergencias médicas móviles tienen un 15% más de llamadas por temas vinculados a la angustia y el estrés. Qué pasa y qué hacer.

Diciembre es mes de despedidas, de fiestas, de los shoppings abarrotados con la arista más comercial de la Navidad, de vísperas de vacaciones estivales, brillante, sofocante y estridente. Pero como la luna, diciembre tiene dos caras. También es un mes de locura, de metas postergadas que ya no tendrán lugar este año, de balances que no cierran, de ausencias que se tornan más presentes y de jardines del vecino siempre más verdes.

Es un mes de pesadilla para muchos. No en vano, la ONG Último Recurso, de atención telefónica a quienes quieren suicidarse, recibe un 20% más de llamadas en diciembre. A su vez, hay un 15% más de llamadas a las emergencias móviles por cuestiones vinculadas a la angustia y el estrés, según dice a ECOS el doctor Guillermo Vázquez, presidente de la cámara que las aglutina.

Y el estrés es una respuesta corporal a una amenaza. Diciembre amenaza.
Hay varios factores que alimentan a ese estrés, que van mucho más allá del nivel de locura que se puede encontrar en el tránsito o el hacinamiento en las grandes superficies. El flagelarse con las metas impuestas a principio de año que no fueron alcanzadas –y el que esté libre puede arrojar la primera piedra- es tan criollo como el agujero del mate, dice el psicólogo Gustavo Ekroth, autor de “La locura uruguaya”. Muchos quieren terminar, contrarreloj, lo que no se concluyó en todo el año.

“Eso es más una autopresión que una presión externa. También hay una autoevaluación de lo logrado y lo no logrado. Para peor, se compara con lo obtenido con otras personas para reevaluar la felicidad propia. Y siempre parece que el vecino está más feliz”, agrega Ekroth.

Hay cuestiones que afectan a todos, señala por su parte Hugo Selma, doctor en Psicología Clínica y de la Salud. Con la licencia veraniega a la vista, muchos ven en el horizonte cercano el fin de un ciclo laboral, con su consiguiente desgaste. Si se es padre de niños y jóvenes estudiantes, se le suma el desgaste extra de sus notas o exámenes (que pueden llegar a amargar cualquier brindis). El calor hace que pasar más tiempo en la oficina o el auto se torne especialmente insufrible. “Y por supuesto, está el tema de las fiestas. Se supone que tienen que ser un disfrute y todo el mundo se presiona por tener la comida perfecta, los regalos perfectos, ¡el ver dónde y con quién se pasa Nochebuena y Fin de Año! Y además está el tema de las cosas no resueltas”, agrega.

Selma no solo siente un aumento significativo en la gente que precisa clínica en estas fechas. “También está el que dejó y vuelve a consultar esos días, ¡eso no falla!”, ríe.

Por su parte Mariana Álvez, directora de Psicología Positiva Uruguay, señala las cuestiones que afectan a algunos: esos quienes lloraron una pérdida este año, ya sea un ser querido, una pareja o un trabajo. Las ausencias y las sillas vacías son más notorias en esta época del año, más todavía cuando se acerca el 24 y el 31. Los duelos no resueltos son aún más dolorosos. “Esto es algo especialmente removedor para quienes supuestamente tienen que festejar y sentirse bien”, sostiene.

Evitar la catástrofe

Todos los especialistas coinciden en que la mejor forma de reducir el estrés en esta época es bajar dos cambios. “Son fechas para pasarla bien y relajarse”, dice, como premisa fundamental, la psicóloga Álvez. “No hay que obligarse a que todo salga perfecto”, agrega, apuntando a los perfeccionistas que buscan la celebración inmaculada. Si no hay más remedio que encontrarse con ese familiar indeseable en esta época (habría que preguntarse si efectivamente no hay más remedio), que la charla circulen terrenos banales, sugiere.

“Y darnos tiempo a sentirnos mal si lo amerita, no forzar los sentimientos”, añade Álvez, sobre la necesidad de cerrar los duelos. El “si querés llorar, llorá”, de Moria Casán, es una frase más sesuda de lo que parece.

Quienes mejor pasan las fiestas son los niños. Ekroth, por su lado, recomienda volver a esa época y pensar más en disfrutar que en comprar regalos. “¿Qué se puede hacer? Aprender a disfrutar de lo sencillo, tomarse una ducha más larga, escuchar la música que nos gusta, salir a caminar, encontrarse con amigos, no buscar lo que trascienda sino concentrarse en el día a día. Eso es algo que nos cuesta porque nos hemos programado en función a objetivos”, señala.

Para este psicólogo y autor, no hay que esperar nada extraordinario del 24 o el 31. “Conviene tomarlos como un día más”.

Hay tres grandes componentes a la hora de manejar el estrés, precisa el doctor Selma; el emocional, el conductual y el cognitivo. Y este último, resalta, maneja el resto. La clave pasa por no “catastrofizar” todo lo que conlleva diciembre.

“Si uno catastrofiza, se estresa más de la cuenta. Entonces, para manejar eso se sugiere que cada uno revalúe las situaciones en términos racionales. ¿Qué tan grave es llegar tarde a un lado? ¿Qué tan grave es no poder comprar un fabuloso regalo? ¿Qué tan grave es llevar ensalada rusa y no lengua a la vinagreta?”, ejemplifica. Bajar las preocupaciones a tierra, añade, influye en lo emocional –directamente relacionado a los miedos- y en las conductas, permitiendo hacer lo que a uno le gusta y disfruta. “Cuando uno entra en razón, el estrés baja”, resume. Y se puede pasar un razonablemente agradable final de año.