¿Eliminar alimentos o moderar consumo? La receta para una vida sana

Publicado: 9/07/2017 09:41
¿Eliminar alimentos o moderar consumo? La receta para una vida sana
Pixabay

Olvidar para siempre de lo que más nos gusta puede ser una pesadilla y no tener buen resultado. Nutricionista explica la mejor salida.

Bajar unos kilos o sentirse bien requiere de un consumo adecuado de alimentos, que balancee todas las necesidades nutricionales para una vida saludable. Empezar una dieta o sufrir dejando de lado aquello que más nos gusta puede transformarse en una pesadilla y, para colmo, no tener resultados positivos. Entonces, el mejor plan parece ser la moderación.

ECOS consultó a la nutricionista Elizabeth Barcia para saber qué conviene controlar, de qué alimentos vale más olvidarse y por qué.

“Cuando hablamos de una alimentación balanceada y saludable debemos incluir todos los grupos de alimentos. Hay mejores selecciones, claro, pero estoy en contra de decir ‘esto nunca’. Hay alimentos que quizá no es necesario eliminar, sino aprender a comer en cantidad y frecuencia adecuadas”, explicó la profesional.

¿Cuáles son esos alimentos o nutrientes que conviene reducir?

Grasas. Es recomendable reducir la ingesta de alimentos ricos en grasas saturadas. Por ejemplo, carnes grasas, lácteos que sean enteros, frituras, margarinas, mantecas. Sobre todo, prestar atención a las grasas que están ocultas, que a veces las comemos y no nos damos cuenta. Entre ellas, las que están en los productos de panadería, bollería, galletas.

El consumo de grasas trans de origen industrial conviene evitarlo, ya que, entre otros perjuicios tienen la capacidad de bajar el colesterol bueno y aumentar el malo. Este tipo de grasa está presente, sobre todo, en las galletitas, en sus rellenos o en símiles.

Hay un tipo de grasas trans que está en los lácteos, que es de origen natural, y es una excepción a la regla. Incluso tiene efectos beneficiosos para la salud. Puede aparecer en la leche entera, por ejemplo, o en algún queso. Esta no es perjudicial.

Azúcar. La recomendación es reducir el consumo de alimentos ricos en azúcar refinado y también de azúcar de mesa (en cualquiera de sus formas, blanco, moreno, rubio), mermeladas o dulces, productos de repostería y bebidas azucaradas. Esto, tanto por un tema de sobrepeso, como por el riesgo de adquirir distintas enfermedades vinculadas a él.

Además, es importante atender al estado de salud de la persona y la edad. No es lo mismo que un niño activo o un deportista consuma azúcar a que lo haga una persona sedentaria, un adulto mayor o alguien que tiene riesgo de sufrir diabetes.

Los refrescos y los jugos son dos elementos a cuidar especialmente, ya que con ellos se consume una alta cantidad de calorías en porciones muy pequeñas, casi sin darse cuenta.

¿Se puede eliminar por completo el azúcar? Quitar el azúcar refinado de la alimentación no quiere decir que se elimine por completo “lo dulce”, que se puede obtener de forma natural a través de determinados alimentos. Las frutas, por ejemplo, son una fuente muy buena de azúcar. Además, se pueden utilizar sustitutos naturales, como la miel o el jarabe de agave, por ejemplo.

De todos modos, en cualquiera de las dos variantes, se deben controlar las cantidades. Y lo seguro es que la forma más fácil de excederse en calorías es usando azúcar refinada.

Para mantener un peso saludable y reducir la posibilidad de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles asociadas al sobrepeso el azúcar es uno de los problemas principales.

Sodio. Cuando uno lleva una alimentación balanceada y saludable, el cuerpo ya tiene la cantidad de sodio que necesita. Si le agregamos sal de mesa y alimentos ricos en sal de mesa estamos por encima de las necesidades.

Lo primero que se piensa con la sal es en el riesgo de hipertensión arterial, pero también hay que atender a otros factores que se pueden perjudicar, como las funciones renales o la osteoporosis. “Yo soy de presión baja”, se suele escuchar, pero eso no quiere decir que se pueda abusar de la sal. En todos los casos, lo mejor, es reducir su uso.

No llevar el salero a la mesa es la forma más fácil de evitar excesos, además de reducir la cantidad que se utiliza al preparar la comida. Y se recomienda evitar el consumo de alimentos industrializados ricos en sodio, como sopas instantáneas, caldos, snacks, conservas, enlatados o productos de copetín.