El Estadio Centenario: radiografía de un gigante obsoleto

Por: Jorge Savia

Deportes

30/09/2019 07:40

El Estadio Centenario: radiografía de un gigante obsoleto

Intendencia de Montevideo

Llegó a tener más de 100 empleados pero hoy quedan 33, no se cubre el presupuesto mensual y un empresario ofreció US$ 700.000 por tres años para hacer eventos.

“Es un viejito de ochenta y pico años”, fue la reflexión sin pretensión de profundidad, pero muy gráfica, que Raúl Recoba hizo para ECOS acerca de la realidad actual del estadio Centenario.

Es que no hay duda que por su ya legendaria existencia el emblemático lugar que representa uno de los símbolos más genuinos del glorioso fútbol uruguayo es, al mismo tiempo, y por esa razón, lo que define muy bien el título del libro de Alberto Magnone y Mario Romano que será presentado este domingo a las 20:00 horas en el Salón Rojo de la Intendencia de Montevideo: “Templo del Fútbol”.

Del fútbol mundial, incluso; porque, al fin y al cabo, es allí donde nació la historia de la Copa del Mundo hace 89 años.

Sin embargo, entre el sentido figurado que encierra la reflexión del padre del “Chino” en su condición de integrante de la Comisión Administradora del Field Oficial (CAFO) y el significado académico de la palabra “templo” hay un punto de contacto real, casi palpable, que en términos económicos puede cuantificarse en una suma del orden de los 100.000 dólares, que es el monto al que asciende el presupuesto mensual del Centenario.

Según el diccionario, una de las acepciones de la palabra “templo” es: “Lugar real o imaginario donde se considera que reside algo noble, digno de ser venerado, o donde se cultiva con especial devoción una ciencia, una virtud o un arte”; y es claro que en el estadio hace tiempo que la virtud o el arte del fútbol uruguayo de primer nivel no se cultiva con la especial devoción, al menos en materia de convocatoria popular, ni tampoco con la frecuencia semanal, que fueron habituales en un no tan lejano -aunque en apariencia irrecuperable- pasado.

El tema es que desde siempre una de las principales -o más regulares- fuentes de ingresos que tuvo la comisión que administra el funcionamiento del estadio ha sido por concepto del 6% que le corresponde sobre lo recaudado por la venta de entradas en cada uno de los partidos que se juegan en el Centenario, con el agregado de que el 2,5% de ese monto va para la Intendencia de Montevideo, mientras que CAFO retiene sólo el 3,5 restante; y, con el paso del tiempo, ese flujo de recursos se ha ido debilitando cada vez más por tres motivos muy marcados.

A partir del 9 de marzo de 2005, cuando se concretó la remodelación del Gran Parque Central, Nacional pasó a jugar allí todos sus partidos de local, que hasta ese momento disputaba siempre en el Centenario; desde el 28 de marzo de 2016 ocurrió otro tanto con Peñarol, que empezó a jugar ese tipo de encuentros en su propio estadio, incluido el clásico del Torneo Apertura de este año; y, en forma paralela, y casi consecuente, la mayoría de los equipos llamados chicos también comenzaron a oficiar de locatarios ante los dos grandes en sus canchas.

En ese contexto, entonces, al presupuesto del Centenario le quedaron casi dos únicos pilares para sustentarse: las entradas al Museo del Fútbol y los mega shows musicales.

El primer caso es el que tiene mayor vigencia de los dos, pues el del Centenario es el más visitado de todos los museos del Uruguay: con una entrada cuyo costo es de 5 dólares para los extranjeros y US$ 3 para los uruguayos, tiene más de 30.000 visitantes por año, con concurrencias que son variables: 150 de promedio por día en otoño, invierno y primavera, y hasta 400 en verano, con picos de 5.000 asistentes al mes, como el que se registró en enero pasado.

Los mega shows musicales, en cambio, han tenido una merma como consecuencia de los altibajos experimentados por la economía de los países de la región, porque ese tipo de espectáculos llegan a Montevideo sólo “de paso”, si los artistas o grupos que los protagonizan también se presentan en Buenos Aires y Santiago.

En ese sentido, el recorte ha sido importante porque el último mega show que hubo en el Centenario fue el de Ed Sheeran, en febrero pasado, cuando se habilitó sólo la tribuna Olímpica; mientras que en noviembre de 2018, estuvo Roger Waters, en un espectáculo para el cual fueron habilitadas la Olímpica, la Ámsterdam, la América y la cancha, igual que en abril de 2012 cuando se presentó Paul McCartney, vendiéndose 50.000 entradas en ambos casos.

Antes, en marzo de 2010 había actuado Guns N’Roses y en octubre de 2013 lo hizo Aerosmith, mientras que en febrero de 2016, a su vez, fue el turno de los Rolling Stones, donde se habilitaron la Olímpica, la Colombes, la Ámsterdam y la cancha, con una venta de 60.000 entradas.

En los mega shows, CAFO percibe el 4% de la recaudación bruta, lo que en espectáculos como el de los Rolling Stones le permitió embolsar 400.000 dólares; “ahí nos fue bárbaro”, admitió Recoba, precisando que “ese fue el último (show) grande”, pues la comisión administradora del estadio percibió entre 130.000 y 140.000 dólares por cada uno de los eventos musicales que hubo de ahí en adelante.

“Con cuatro espectáculos por año nos salvábamos”, comentó el padre del “Chino”; pero, lo real es que en los últimos seis hubo sólo uno -y como máximo dos- grandes eventos artísticos anuales en el Centenario, que además en un determinada franja de asistentes ha afrontado la competencia de dos nuevos escenarios: el Antel Arena y Landia.

“Por encima de las 15.000 personas no tenemos competencia”, precisó Recoba; pero por el ya apuntado factor de las economías regionales, los mega shows de ese tipo de convocatorias han sido cada vez más escasos.
En cuanto a lo específico, que es la disputa de partidos de fútbol, el estadio no resulta caro: el alquiler cuesta $ 120.000 y $ 5.000 por cada puerta que se habilite. “Con dos puertas son $ 130.000”, dijo Recoba, quien explicó el motivo por el cual la mayoría de los pocos encuentros que se llevan a cabo ahí son de carácter diurno: “Si se enciende la luz una sola vez, ya son $ 400.000 más”.

Sin embargo, salvo casos aislados como los del clásico de la Supercopa y el Torneo Intermedio, y el del partido que Rampla jugó de local ante Peñarol por el Torneo Clausura, sólo Torque en la Segunda División Profesional disputa aquellos encuentros donde es locatario en el Centenario.

Por todo eso, pues, es que el estadio también ha ido reduciendo al máximo su plantilla laboral, que pasó de tener más de 100 personas a las 33 actuales “que hacen proezas”, según Recoba, quien acotó que el recorte no ha sido traumático pues se ha llevado a cabo a través de un método práctico: se dejaron de llenar las vacantes que se fueron registrando.

Las autoridades de la Intendencia de Montevideo y la Asociación Uruguaya de Fútbol ya se han reunido para tratar esta situación, pues -obviamente- preocupa lo que muestra esta especie de “radiografía” de la salud del “viejito de ochenta y pico de años” que, entre otros múltiples aspectos deficitarios, presenta el “deterioro” que implica la dificultad de cubrir la mayor parte de un presupuesto de funcionamiento que ronda los 100.000 dólares mensuales.

En las últimas horas, según supo ECOS, surgió la posibilidad de encontrar un paliativo, aunque tan sólo parcial: un empresario privado ofreció 700.000 dólares por un contrato de tres años para organizar espectáculos artísticos en el Centenario, propuesta cuya aceptación por parte de CAFO va a depender en buena medida de la cantidad de eventos que el oferente piensa llevar a cabo en ese lapso.

Más allá de estos aspectos comerciales, quizá, la verdad pase por una profética visión que Joao Havelange expuso a este periodista a comienzos de los 90, cuando en una charla espontánea, sin grabador ni apuntes de por medio, el entonces presidente de la FIFA -que había venido a Montevideo en el marco de un viaje privado, por el cumpleaños de su amigo Dante Iocco- sentenció: “El fútbol del futuro será televisivo y, salvo para las finales, los estadios para más de 35.000 personas no van a servir para nada”.