Peñarol da ingreso al espía que vino de la altura para jugar la Copa

Por: Jorge Savia
Publicado: 13/03/2018 18:55
Peñarol da ingreso al espía que vino de la altura para jugar la Copa

Luis Maldonado, sorpresiva adquisición, próximo a su debut: “Cuando llegué, deseaba que arreglara Forlán, así yo pasaba de costado…”.

“The Strongest es buen equipo. Fue el más goleador de América en 2017 y en la altura se hace muy fuerte. Es un equipo de muy buena tenencia de pelota, que te avasalla teniéndola y tirándola de un lado al otro. Ellos dicen que deben tirarla de izquierda a derecha una vez, dos, tres… Que a la cuarta va a salir el espacio, porque el movimiento vascular del rival ya se hace lento y a la cuarta lo agarra el ahogo, llega tarde. Por eso las reposiciones de juego son todas rápidas. Por ejemplo, en los corners hay que tener mucha atención, porque los alcanzapelotas la ponen en el lugar y ellos tiran el centro rápido”.

Los datos son tan específicos, tan sustanciosos, que sólo podría proporcionarlos un espía, alguien que antes estuvo en las filas del adversario. Aunque Luis Maldonado cree que no fue para cumplir esa única misión en el momento que Peñarol fuese a jugar a la altura de La Paz ante el equipo boliviano contra el que este jueves debutará en la Copa Libertadores, que los aurinegros lo contrataron a comienzos de año en forma sorpresiva.

“Yo vine a sumar al trabajo de ‘Tito’ (Formiliano) y de ‘Cachila’ (Arias), que lo destaco y lo elogio, porque se lo merecen como jugadores y como personas. Es formidable. Eso fue lo que me dijo ‘Leo’ (Ramos) cuando llegué: que me adaptara rápido, porque esto es Peñarol y no hay tiempo para períodos de adaptación, que sumara desde donde me tocara”, recuerda el zaguero que jugó en The Strongest, precisamente, hasta fines del año pasado.
Recorrido

Puesta frente al espejo de su incorporación en uno de los grandes del fútbol uruguayo, la propia trayectoria de Maldonado, que el 26 cumplirá 33 años, parece salida de una novela de ficción. Quizá “El espía que surgió del frío”, de John Le Carré.

“Soy del barrio Maracaná, Ruta 1 y Camino Cibils para el lado del Cerro. Nací y sigo ahí, porque con unos pesos que pude hacer en el fútbol me compré una casa, más un apartamentito que tengo para alquilar en La Aguada. Aparte del fútbol, desde chico hice de todo: repartí recibos, hice changas, trabajé en la construcción, y hasta vendí ‘El Observador’ para una empresa de publicidad en Punta Carretas, en la esquina de Bulevar y la Rambla”, cuenta el jugador que este jueves va a debutar oficialmente en Peñarol.

Al tiempo saca cuentas rápidas y concluye: “Tengo más partidos jugados por Copa Libertadores, que en Primera División en el fútbol uruguayo”.

Es cierto, porque Maldonado empezó en Progreso y luego pasó por Platense, Villa Española, Central Español, El Tanque Sisley, Durazno F.C., Sportivo Luqueño de Paraguay, Boston River, Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Miramar Misiones (el único equipo uruguayo con el que jugó en la “A” en 2013/14), Maratón de Honduras, Mitre de Santiago del Estero, Deportivo Quito, Chacarita Jrs. y, finalmente, The Strongest desde mediados de 2015 hasta fines del año pasado.

Un camino largo, y casi anónimo, con pasajes difíciles. “Estando en El Tanque iba a dejar el fútbol, y el que me hizo seguir fue mi papá, que murió después en un gran incendio que hubo en la refinería de la ANCAP”. Todo eso le cinceló el perfil bajo. “Cuando me trajo Peñarol, yo deseaba que arreglara (Diego) Forlán, así los ojos de todos iban a estar puestos en él, y yo pasaba por ahí”, dice mientras señala con una mano hacia un costado.

Informe

Los espías -vengan del frío o de la altura- viven de la discreción, al fin y al cabo. Por eso, Maldonado admite que en el día a día de las últimas horas en Peñarol ha aportado sus datos. “Hablamos de cómo jugar en La Paz, claro. Porque uno antes le sacó provecho a esa situación y sabe lo que es: la altura juega, hay que sufrirla, pero no hay que dejarse vencer por ella. Hay que reducir espacios hacia atrás, cuanto más larga esté la cancha, el recorrido es más largo y más difícil de tapar, porque uno se siente más lento, más débil, salta menos que los contrarios”.

La reflexión del zaguero, entonces, es: “Si uno reduce los espacios juntando gente hacia atrás, se achica el margen de error, porque ellos siempre van a estar un cambio más arriba que el visitante que va desde el llano”.
Debe ser siguiendo ese consejo, pues, que este jueves el casi desconocido Maldonado entrará en escena para jugar en la zaga junto a Arias, mientras Formiliano pasa al lado del “Cebolla” Rodríguez y Gargano para darle más marca al mediocampo. Tamañas precauciones defensivas tienen una base: en la Libertadores del año pasado Peñarol fue goleado 6-2 por el Jorge Wilstermann en los 2.570 metros de Cochabamba, que son muchísimo menos temibles que los 3.640 de la capital boliviana.

“Hay que tener en cuenta que la diferencia de goles es un punto más”, dice el zaguero, y enseguida aporta a ECOS parte del archivo de antecedentes de su excuadro, ahora adversario: “En la Libertadores del año pasado, éramos un buen equipo también en el llano, de visitantes le ganamos a Wanderers, empatamos con los chilenos y los peruanos, y con Independiente Santa Fe fuimos a Bogotá a buscar el resultado y clasificamos. Después nos eliminó Lanús, que llegó a la final, pero ahí hubo muchachos que estuvieron hasta último momento preocupados porque no renovaban los contratos; si no, no sé si no seguíamos de largo”.

A esta hora Maldonado ya está en Bolivia, cumpliendo su doble función, de zaguero derecho y espía infiltrado, que actualizó su informe sobre el rival de Peñarol diciendo: “Tiene una base importante, porque ahora trajo a Yasmani Campos, de la selección boliviana, a (Carcelén) un zaguero ecuatoriano, a (Novoa) un punta colombiano…y ganaron los últimos partidos, incluso el clásico contra Bolívar, así que vienen entonados”.