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La ignorancia supina se vistió de celeste

Publicado: 21/11/2018 09:53

Opina Miguel Ángel Campodónico*

La noticia corrió como reguero de pólvora, la información llegaba desde el exterior pero muy pocos entendían lo que pasaba. ¿Quién es esa mujer con nombre poco común?, se preguntaban los comunicadores y los periodistas. ¿No habrá un error, será realmente uruguaya?, volvían a preguntarse.

Finalmente comprobaron que todo era verdad, Ida Vitale, escritora uruguaya, había ganado el Premio Cervantes. Ahora entonces debían afanarse para encontrar información sobre aquella mujer de la que nunca habían escuchado hablar. Entraron a Wikipedia, buscaron por todos lados algunos datos que les permitieran zafar de su ignorancia supina, es decir, de su negligencia por ignorar algo que podían y debían saber. Confirmado que era uruguaya tenían la obligación de ocuparse de ella, faltaba más, debían ponerse la celeste y gritar su premio como si fuera un gol de Cavani.

Hablaron de Ida Vitale quienes jamás se habían ocupado de literatura, menos todavía de la poesía. Hasta en los informativos centrales se desgañitaron sin haber leído nunca ni uno solo de sus poemas, más todavía, sin haberse enterado hasta ese momento de la existencia de la autora. El patriotismo estaba a salvo, mejor dicho, el patrioterismo. ¿Y la poesía?, bueno, al fin de cuentas no parecía que fuera tan importante comparada con la nacionalidad.
Hablaron de Ida Vitale quienes jamás se habían ocupado de literatura, menos todavía de la poesía. Hasta en los informativos se desgañitaron sin haber leído nunca ni uno solo de sus poemas, más todavía, sin haberse enterado hasta ese momento de la existencia de la autora

¿Qué atención merece hoy la poesía en el Uruguay? Ninguna. ¿Cuántos libros de Ida Vitale o de otros poetas compatriotas se han vendido en nuestro país en los últimos años? Muy pocos, la gran mayoría de quienes se dedican a ese género deben además pagarse la edición de sus libros.

Los premios mueven a los gacetilleros, por eso el nombre de Ida Vitale había asomado en las noticias publicadas antes de que obtuviera el Cervantes, es que ella había tenido la fortuna de recibir varias distinciones. Y los gacetilleros están convencidos de que el que obtiene un premio es alguien muy importante. Y si es uruguayo más todavía.

¿Qué valor puede tener el nombre de Ida Vitale enfrentado –un mero ejemplo, nada más que eso- al de Rubén Rada, Laura Canoura, el Zurdo Bessio, No te va gustar, Jorge Drexler o Agarrate Catalina? O comparado con el de las letras de una murga. La respuesta se contesta simplemente observando el espacio periodístico que se le dedica a ellos y el que se ocupa de los poetas. Hasta los más descartables nombres de los ¿artistas? porteños los sobrepasa largamente.

La cultura popular, atendible, por cierto, acapara los distintos ámbitos, se sube a todos los escenarios, recibe una atención permanente. La otra cultura –puede dársele el nombre que se quiera- está relegada, acurrucada en un rinconcito, resignada a llegar a unos poquitos ingenuos que creen que al menos es tan necesaria como la que acapara los medios de comunicación.

Hay esfuerzos encomiables que por supuesto no provienen de una política cultural del Estado que apunte a difundir la literatura a los cuatro vientos. Hay que buscar en otro lado. Por ejemplo, en el sitio Anáforas-Biblioteca Digital de Autores Uruguayos. Mira hacia atrás, por cierto, para rescatar “textos, imágenes, entrevistas, testimonios, ensayos periodísticos y obras literarias del pasado uruguayo que no son de fácil acceso ni reciben frecuente atención”.

Esa formidable labor permanente, ese esfuerzo, un placentero sacrificio, es impulsado por Lisa Block de Behar desde su cátedra en la Facultad de Información y Comunicación. Con sus alumnos alimenta sin pausa la investigación, ellos se ocupan de proponer nombres, de buscar la información sobre los autores, de digitalizarla, de entrevistar a familiares, de reproducir obras, algunas inéditas, y declaraciones, una mirada hacia el pasado que algún día quizás –la esperanza nunca se pierde- una autoridad tenga la idea de reproducir en forma continua para ocuparse de lo que sucede en el presente sin esperar a que un uruguayo sea premiado.

Ida Vitale en sus primeras declaraciones para la prensa que la acosaba por haber recibido el Premio Cervantes expresó: “Pienso en toda la gente que murió más joven y desconocidos. En americanos que no han recibido nada…en tantos que yo veneré y murieron desconocidos”. Ahí está la imprescindible tarea cultural que sigue esperando que el ministerio competente la haga suya. Basta de valiosos desconocidos que se fueron sin que la gran mayoría y la prensa toda se enteraran de su paso por la vida. Aunque no hayan recibido premios internacionales, basta de confundir la poesía con un partido de la selección nacional. Ojalá sean las autoridades y los periodistas tan ilustrados como parlanchines. Hay otros colores tan conmovedores como el de una camiseta deportiva. El de la poesía por ejemplo.

*Miguel Ángel Campodónico es escritor y periodista.