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La motosierra

Publicado: 22/01/2018 15:06

Opina Leonardo Haberkorn*

En 2009 en un foro digital llamado Uytopias, una red virtual de militantes calificados del Frente Amplio, uno de sus integrantes escribió sobre el primer gobierno de Tabaré Vázquez:

“En muchos lados, intentamos transpolar las reglas de militancia a los puestos de gestión... y los fallos y heridos son grandes. ¿Cuántos puestos fueron llenados con inmejorables militantes... que de gestión no sabían nada? ¿A cuántos de esos queridos compañeros conocemos cada uno de nosotros? ¿Era un precio a pagar? Aquel que se mató militando se lo remerece... ¿Por qué?”.

Luego agregó en referencia a esos militantes colocados en cargos del gobierno en aquella primera administración del Frente Amplio:

“¿Cuántos no saben manejar equipos de recursos humanos? ¿Cuántos no saben estimar lo que llevaría un proyecto cualquiera? ¿Cuántos no saben presupuestar? ¿Cuántos no saben estimar el retorno de inversión del emprendimiento sobre el que están decidiendo? ¿Cuántos no saben gestionar un plan de riesgos? ¿Cuántos no saben ponderar ni la importancia de alternativas para mitigar los riesgos? ¿Cuántos no tienen realmente aprehendida la importancia de planear el corto, mediano y largo plazo en los emprendimientos del Estado? ¿Cuántos no sienten la importancia de desarrollar políticas de Estado en cada una de sus áreas? ¿Cuántos de los que hoy pusimos a gestionar grandes partes del Estado no saben que no saben estas cosas?”

Aquel foro había sido inaugurado por el mismísimo presidente Vázquez. Lo inauguró, pero mucha bolilla no le dio.

Luego vino Mujica con su brillante discurso de asunción ante el Parlamento. Todo el mundo recuerda que prometió “educación, educación y más educación”, un plan que encendió la ilusión colectiva y luego quedó en nada. Pero en aquella presentación de su plan de gobierno -eso se recuerda menos- Mujica también prometió reformar el estado.

Dijo:

“Tenemos que rediseñar el Estado.

Todos sabemos que puede ser más eficiente y más barato.

Esta reforma, no va ser en contra de los funcionarios sino con los funcionarios.

Pero tampoco vale hacerse el distraído: el 90 % de la eficacia del estado se juega en el desempeño de los funcionarios públicos.

La sociedad uruguaya ha sido benévola con algunos de sus servidores públicos y casi cruel con otros. Ha permitido que, funciones sencillas, que no requieren esfuerzo ni preparación, se paguen en algunas oficinas 10 veces más de lo que recibe quien realiza un trabajo imprescindible y duro, como un policía o un maestro rural.

Cuando estas asimetrías duran un tiempo, pueden considerarse errores o desaciertos. Cuando duran décadas, más bien parecen ser manifestaciones de una sociedad que se va volviendo cínica.

Del mismo modo la sociedad uruguaya ha protegido a sus servidores públicos mucho más que a sus trabajadores privados. Recordemos que en la crisis del año 2002 y 2003, casi 200 mil personas perdieron su trabajo y ninguna fue un funcionario público. Se estima que otras 200 mil sufrieron rebajas en sus salarios, y todos fueron trabajadores privados.

Como bien ha dicho el presidente Tabaré Vázquez, ésta es la madre de todas las reformas. No deberíamos permitir que esa madre nos siga esperando”.


Pero la Madre de Todas las Reformas sí que siguió y sigue esperando.

En lugar de lo prometido, se continuaron creando cargos de confianza, se prosiguió colocando militantes no preparados en lugares clave y usando al estado como un feudo del gobierno, con o sin tarjetas corporativas.

Hace unos meses el dirigente frenteamplista de Salto Carlos Aramburo denunció que se había encontrado en la calle con dos compañeros que le dijeron que habían entrado a la Intendencia en determinados cargos. Él les respondió que cómo lo sabían, si el concurso todavía no se había hecho. Los afortunados le respondieron que no se había hecho, pero ya les habían asegurado que ellos serían dos de los “sorteados”.

No es la primera denuncia de concursos arreglados. Pero no sorprende. Desde la compra de trajes de baño con dinero de todos a poner en escena un remate trucho para engañar al pueblo, pasando por el sinfín de irregularidades de ASSE y la compra contra viento y marea del avión presidencial haciendo renunciar a un frentista no obediente, ya lo hemos visto todo.

Es cierto que los partidos tradicionales incurrieron antes en los mismos vicios y que también cometieron errores y horrores, y que los siguen cometiendo en las intendencias que gobiernan. Pero eso no es excusa de nada.

Cuando el descontento y la protesta ciudadana emergen ante semejante panorama, no tardan en aparecer quienes desde el gobierno la ridiculizan y la descalifican: lo que se busca -dicen- es cortar las ayudas sociales, aplicar la “motosierra”.

Es como si no hubiera nada para corregir, como si todo se estuviera haciendo bien, como si las noticias no existieran y lo que escribió aquel militante frentista hace ya diez años hubiera sido una alucinación. Como todo se hace perfecto, el único recorte posible son los gastos sociales.

La motosierra hoy es el equivalente a los tanques rusos de 1971.

El cuco.

Es una herramienta muy dúctil la motosierra.

En la mano de algún rancio integrante de la derecha te corta un plan social.

En la mano de la militancia acrítica y muchas veces rentada, te corta las patas de tu propio partido.

*Leonardo Haberkorn es periodista y escritor