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¿Qué fue lo qué pasó?

Publicado: 13/08/2017 10:13

Opina Miguel Ángel Campodónico*

No sé qué pasó, lo único que tengo claro es que me equivoqué al mostrarme como un crédulo simplista que previó un futuro político que nunca llegó.

En 1971 se formó el Frente Amplio, una novedosa forma de encarar la política uruguaya al reunir corrientes procedentes de los partidos tradicionales y otras marxistas, marxistas-leninistas, independientes y hasta cristianas que buscaban reunir en un solo espacio lo que podría definirse como la izquierda uruguaya. Las elecciones nacionales de aquel año fueron esperanzadoras, el flamante frente político apenas contaba con nueve meses de vida y había logrado más de 300.000 votos que representaron casi el 19% del total.

Vino después el golpe de estado de 1973 que demolió la esperanza a golpes de un despotismo cruel. Sin embargo, todavía bajo aquel desbordado régimen dictatorial se celebró el plebiscito de 1980 que abrió otra vez la puerta de la esperanza. La mayoría de los votantes en un hecho histórico se pronunció en contra de la reforma constitucional propuesta por los militares.

Y luego, ya con el régimen despótico tambaleando, llegó el inolvidable acto del Obelisco de 1983 que refrescó la esperanza con una expresión de espíritu conmovedor que desembocó en las elecciones generales de 1984. En el Parque Batlle se unieron todos, políticos tradicionales, izquierdistas, independientes, trabajadores, intelectuales, estudiantes, periodistas y hasta algún representante de la derecha más combatida bajo la consigna “sin exclusiones”.

Aquello fue más que una esperanza, se trató de un hecho excepcional que les hizo creer a muchos que la política daría un paso decisivo hacia un cambio fundamental. Esos muchos se equivocaron, yo entre ellos.

En la memoria quedaba el dramático recuerdo de los uruguayos muertos durante la dictadura, los torturados, los desaparecidos, los destituidos, los encarcelados y los exiliados. Mientras se sucedían las presidencias de Sanguinetti, Lacalle y Jorge Batlle, el Frente Amplio se abocaba a combatir todo cuanto hacían los partidos tradicionales, su obsesión era encontrar un candidato que se pareciera lo menos posible a un clásico representante de la izquierda vernácula. Lo encontró en el inexperto Tabaré Vázquez. Antes se había enfrascado en duras discusiones entre quienes respaldaban el ingreso de los tupamaros a la coalición y aquellos que se oponían. Triunfó la corriente dispuesta a aceptar a los guerrilleros y así fue que empezó a alimentarse la leyenda del desconocido Mujica desde que fue electo diputado.

La actitud del Frente Amplio como oposición fue precisamente esa, oponerse siempre, no tenía otra finalidad que buscar el derrumbamiento de los partidos tradicionales incapaces de dar un golpe de timón. El espíritu del Obelisco se había esfumado. Así fue que el Frente finalmente llegó al gobierno agitando banderas de pureza, honestidad, búsqueda de la felicidad colectiva, moral a prueba de balas, designación de directores para las empresas públicas no por cuotas políticas sino en atención a su capacidad técnica, cambio de raíz de la forma de hacer política.

“Vamos a refundar el país”, dijo en su momento un dirigente frenteamplista. ¿Refundar o refundir?, preguntó alguien. Le contestaron tácitamente primero con los delitos en los casinos municipales, luego con Pluna, Ancap, Alur, Asse, viajes para allá y para acullá, despilfarro del dinero ajeno, el desenfreno de Sendic, el apoyo al incalificable Maduro y hasta con la mamarrachesca opereta de El Tren de Los Pueblos Libres, ¿Y la cultura? Discursos groseros, palabrotas, insultos, división socio cultural de los ciudadanos según el barrio en el que vivieran, descalificación grosera de quienes opinaban contra la verdad oficial tachados por “reaccionarios” o simplemente por “fachos”.

¿Dónde había quedado aquello que repetía que no había nada más revolucionario que la verdad? Y qué había pasado con el espíritu que había alumbrado en el Obelisco. El movimiento sindical alimentado por el Frente Amplio –aprendiz de brujo- contribuyó a la torre de Babel no bien la coalición llegó a gobernar. El sindicalismo no podía equivocarse, era de izquierda. La desconcertante pregunta se había instalado: ¿la coalición frentista había nacido en 1971 para hacer en el gobierno todo lo que había combatido desde la oposición?

*Miguel Ángel Campodónico es escritor y periodista.