“Yo no sé quién juega en Peñarol”

Publicado: 25/09/2016 11:41 | Actualizado:
“Yo no sé quién juega en Peñarol”

Loco. Polémico. Frontal. Carlos Bueno habla de los malos años de Peñarol, el dinero que le reclama a Casal, y de cuando le gustaba pelear.

Por Leonardo Haberkorn

-¿Hay una manera especial de vivir el fútbol en Artigas?

-Sí, muy distinta. Es una ciudad muy futbolera. Se juega mucho. Tenemos la estirpe, el contagio del brasileño.

-Supongo que para muchos chicos pobres en Artigas, donde las oportunidades de trabajo no abundan, el fútbol debe ser visto como una de las pocas vías para escapar de la pobreza.

-Eso pasa no solo en Artigas, pero es cierto: es una ciudad muy chica, oportunidades no sobran y obviamente mucha gente se viene a laburar a Montevideo. Después se vuelven, porque la vida acá es muy cara. Es una ciudad donde no se puede vivir. No sé cómo hace una familia grande para vivir acá, con los precios que hay. ¡Unas zapatillas valen más de 3.000 pesos y un sueldo mínimo es de unos 9.000! Realmente no sé cómo hace la gente. En Artigas, el dinero rinde de otra manera. Tenés la frontera y es mucho más barato.

-¿Te fue fácil ganarte un lugar en el fútbol de Montevideo?

-No. Yo venía de Artigas, con nuestro estilo de driblear, jugar, tocar, pasar, y acá me encontré con gente que me mataba a patadas. Yo todavía soy flaquito y antes era mucho más, chiquito, sin nada de fuerza, y vivía más en el piso que parado. Llegué y me encontré con gente con otro físico, otra alimentación y que vivía para esto.
Antes para jugar tenías que ser bueno, pero hoy llega cualquiera

-De todos esos muchachos que llegan para probarse a la capital unos triunfan y otros no. ¿De qué depende?

-De un montón de cosas. Antes para jugar tenías que ser bueno, pero hoy llega cualquiera. Ya sea por un representante, un dirigente, o porque el técnico es amigo de alguien y te acomoda. Es una realidad. Hoy se manejan muchas cosas que antes no.

-¿Cosas por fuera del talento?

-Sí. Hoy hablo con un dirigente, o con el entrenador mismo y te meto un jugador... es mucho más fácil.

-Estás hablando de corrupción.

-No es corrupción.

-¿No?

- No sé. No quiero dramatizar. Es mucho más fácil por todo lo que apareció en el fútbol: los negocios relámpago, los contratos, hay muchas facilidades para colocar a un jugador. Pasa en cada período de pases, los jugadores que van a los grandes... Cosas que hacen que uno con sus amigos comente: ¿cómo puede ser que tal jugador esté en tal equipo y tal otro esté en otro? Más allá de lo que puedan rendir.

-También es más fugaz. Gente que llega un semestre a un grande, pasa, se va sin pena ni gloria y al año ya nadie recuerda si jugó o no.

-Es todo parte de lo mismo. También depende de lo que quiera cada uno. Los jugadores de fútbol tenemos que hacer plata. No queda otra. Lamentablemente hoy se piensa demasiado. Antes pensabas más en la camiseta. Ahora el jugador toma al club grande como un puente. Va a jugar seis meses o un año en el grande y se va a ir. No es como antes, que uno quería llegar, jugar, ser figura y quedarse diez años. Eso cambió.
Me arrepiento de haber dejado de estudiar

-¿Tu sueño era la gloria o la plata?

-La gloria: jugar en Peñarol. Era el sueño que tenía desde niño. Por suerte lo pude cumplir.

-¿Y hoy cuál es tu sueño?

-Terminar mi carrera adentro de una cancha. Por suerte estoy teniendo la posibilidad de jugar. Sé que me queda poco y entonces disfruto cada partido como si fuera el último. Me siento muy feliz.

-El jugador de fútbol tiene que hacer dinero, dijiste. ¿Vos pudiste ahorrar?

-No hablo de lo que tengo, pero me siento feliz, hice una carrera hermosa y sé que voy a estar feliz con mi familia viviendo en Artigas.

-De todos los cracks que dio Artigas desde que vos eras niño, ¿cuál fue el mejor?

-Hubo muchos, pero el mejor fue Ruben Paz. También estuvo mi padre (Eber Bueno), que no tuvo tanto nombre pero pudo salir campeón con Bella Vista, Venancio Ramos, Mario Saralegui, Julio César Giménez... Todos muy buenos jugadores que tuvieron mucha gloria. Pero Ruben Paz es alguien de quien uno se acuerda siempre.

-¿Quién te enseño a jugar?

-Uno nace con cosas que luego tiene que mejorar...

-¿Cuándo te diste cuenta que serías futbolista?

-Cuando tenía 8 años. Solo quería jugar al fútbol. Me escapaba para jugar, para entrenar. Cuando empecé el liceo faltaba siempre porque entrenábamos a la misma hora. Apenas había empezado primero, dejé para dedicarme al fútbol.

-¿Nadie te dijo que no lo hicieras?

-¡Mi mamá! ¡Siempre, hasta hoy! Y me arrepiento de haber dejado de estudiar. Si bien doy gracias a Dios, me ha ido bien y soy feliz, obviamente me arrepiento porque el estudio ahora es todo. Siempre lo fue, pero ahora es todavía más trascendente: hasta para limpiar un piso te piden tercero de liceo. Y yo me tengo que poner a estudiar, porque cuando tenga un tiempo quiero hacer el curso de entrenador.

-¿Vas a terminar el liceo?

-En principio voy a terminar tercero para poder empezar el curso. Después veré si sigo o no.

-¿Cuáles eran tus condiciones para triunfar en el fútbol?

-El dribbling y hacer goles. Yo ahora no te puedo pasar ni a una tortuga, pero cuando empecé me encantaba dribblear, pasar dos o tres, y hacía muchos goles. Muchos, muchos, goles. Luego fui desarrollando otras cosas: velocidad, fui agarrando mañas... el jugador artíguense ya viene con muchas mañas, porque las aprende del brasileño, que es muy mañoso.

-¿Qué mañas?

-De todo, para las faltas...

-¿Dejarse caer?

-Ahí va. Esas cosas que parecen pavadas, pero a la larga son importantes.

-¿Hacer calentar a los rivales?

-Sí, también, siempre. Siempre fui muy rompebolas con los rivales, siempre les hice la vida imposible, siempre me pelee con ellos... Hoy ya no. Ya ni siquiera me enojo cuando me pegan. Pero también me respetan mucho y eso me gusta, porque me lo he ganado.
Hay mucho equipo que juega atrás todo el partido para ver si emboca un gol de tiro libre

-¿Qué es legítimo y qué no para hacer calentar a un rival?

-Depende del partido, de la situación, si vas ganando o perdiendo, depende de quién te dice qué cosa... A mí hoy que me digan lo que quieran. He cambiado muchísimo. Ya no corro y peleo como antes, pero le doy al equipo otras cosas que también son buenas. La pelea constante se va yendo con los años.

-¿Te gusta el futbol de hoy?

-El uruguayo no. Cada vez se juega menos. Hay mucho equipo que juega atrás todo el partido para ver si emboca un gol de tiro libre. No me gustaría dirigir a un equipo con diez jugadores atrás para ver si gano con un contragolpe. No dormiría contento. Soy de los que piensa que si vos no te sentís mejor que el rival nunca le vas a ganar.

-¿Cuándo empezaron a llamarte “Loco”?

-Siempre, de toda la vida. Por mi manera de ser, nunca hacía caso dentro de la cancha. Si me decían que la pasara y yo creía que no lo tenía que hacer, no la pasaba. Como juvenil hacía cualquier cosa. Me peleaba con todo el mundo, era imbancable incluso para mis compañeros, me tiraba de cabeza para trancar...

-¿Peñarol es algo especial?

-Peñarol es Real Madrid en Uruguay. No se compara con nada. Es muy grande mundialmente. Y se nota. Tiene constantemente una presión extra. Por eso a los jugadores que no nacen en el club les cuesta mucho adaptarse rápido. Ha pasado en los últimos diez años: no he visto ni un solo jugador que haya llegado y haya metido uno o dos años buenísimos. Es una lástima, porque son buenos jugadores. Pero a veces esa camiseta pesa mucho.
Peñarol necesita jugadores que absorban la presión, que se hagan cargo. El último fue el Tony

-¿Esa es la explicación del mal momento de Peñarol?

-No de ahora. Desde hace muchos años.

-Desde el último ciclo glorioso del quinquenio.

-No es por matar a los jugadores actuales. No es de ahora. Es de antes. Lo que hoy resalta mucho es que no hay ningún jugador del club, que haya crecido ahí, a no ser el arquero, que también es un pibe. Eso es lo que más llama la atención y por eso les cuesta tanto.

-¿Quién es que no entiende eso? ¿Los dirigentes?

-No sé quién es, si el coordinador deportivo, el dirigente, quién. Obviamente debe haber más de un culpable. Tampoco sé si culpable es la palabra justa. De repente quieren renovar y que las cosas vayan bien. Pero es difícil. Es un club muy grande. Ese club necesita jugadores que absorban la presión, que se hagan cargo. El último fue el Tony. La gente lo enloquecía, pero él asumía la responsabilidad y los que jugaban a su lado podían estar tranquilos. Eso falta hoy. Hay jugadores que podrían dar una mano, que los podrían repatriar, traer, que se formaron en el club, que lo conocen, que saben cómo es este tema, que aguantan la presión. Hoy Peñarol juega a la pelota, no al fútbol. Pero hay culpas de todos: jugadores, entrenadores, dirigentes... Cuando hay problemas en un club hay que generar, no apuntar con el dedo a uno solo.

-Hablando de Pacheco, me da la impresión que Nacional supo manejar y aprovechar mejor la última etapa de Recoba.

-Tal cual. Tony fue el último capitán que tuvimos. Estando él se absorbían muchas cosas. Pero hoy no tenés a nadie.

-¿Te duele que Peñarol no te llame?

-No hablo por mí. Te hablo en general. Vos tenés que traer a uno que haya sido jugador de Peñarol, por lo menos para que la gente lo conozca. Yo no conozco a ningún jugador de Peñarol. Vos me preguntás por la oncena del clásico anterior... ¡y yo qué sé quién jugó! Me acuerdo de Guille Rodríguez que se hizo echar y nos dio el empate, porque si él no se hacía echar nos hacían otro gol y perdíamos. Y de (Marcel) Novick, que hizo el gol. Y el arquero, que juega siempre. Y después no sé quién más, porque nunca sabés quién juega. Creo que en este campeonato no ha repetido una oncena en los cuatro partidos que jugó. Es difícil así. Antes el club se identificaba con muchos jugadores grandes: un Bengoechea, un Cedrés, un Flores, un Nico Rotundo... era otra época. Hoy hay jugadores nuevos, que juegan bien, no está mal. Pero a veces hay que pensar también en la gente.
Hoy no me veo lejos de volver a jugar en Peñarol

-¿Te lastima que Peñarol no te haya llamado?

-Sí, claro. Me lastima lo que digan. Porque a mí sí me ofrecieron a Peñarol, y dijeron que no, tanto el técnico como el coordinador deportivo.

-Un representante tuyo habló con Peñarol para que te contrataran.

-Lógico. Pero ya pasó. El fútbol es así. Yo ya soy grande, tengo mucha experiencia, sé cómo se manejan los coordinadores deportivos.

-¿Perdiste la esperanza de volver a jugar en Peñarol?

-No. Sé que estoy al final de mi carrera, pero hoy no me veo lejos de volver a jugar en Peñarol.

-¿Influye todavía el episodio de 2005, cuando Christian Rodríguez, Bizera y tú se fueron de Peñarol, en acuerdo con Paco Casal y sin que el club cobrara un peso?

-¡No! Si ya volví después de eso, hice muchos goles y salí campeón. Y la gente conmigo...

-¿Te perdonó?

-Sí, y me lo hicieron ver. Goles son amores y en ese torneo hice muchos, la gente me volvió a querer. El otro día, en la despedida del Tony, fui uno de los más ovacionados, algo que me emocionó muchísimo. ¡Y yo soy hincha! Más allá de que a alguna gente le podrá gustar más o menos las cosas que digo, yo soy hincha. Y seguramente mucho más que una cantidad de gente y de dirigentes también.

-Mirándolo hoy, en retrospectiva, ¿estuviste mal aquella vez?

-No. Porque si no me hubiera ido hoy no tendría para comer. Peñarol en aquel momento pedía ocho millones de dólares por mí y me quería pagar 100.000 pesos por mes. ¡No había chance! No había lógica, no había forma siquiera de discutirlo. Hoy por lo menos me pude comprar mi casa, puedo mandar a mis hijos al colegio que se me cante. El corazón puede tirar mucho, pero a veces hay que usar la cabeza.
Pude darle una casa a mi madre

-Pero para Peñarol que se fueran tres jugadores de ese modo fue un golpe muy duro...

-Pero nunca se pusieron a pensar de quién fue la culpa. Vos no podés no saber cómo son los reglamentos de la FIFA. Sos dirigente, sos presidente. Lo primero que tenés que hacer es ampararte en los reglamentos FIFA y listo. Yo tomé la decisión que creo que tenía que tomar.

-En aquel momento tu representante era Casal y hoy ya no. ¿Por qué cambiaste?

-Porque me quedó debiendo mucha plata.

-¿De un pase?

-Sí, de un contrato. Y nos separamos.

-¿No has reclamado ese dinero?

-Sí, claro, como me imagino que muchos otros jugadores.

-¿No sos el único al que le pasó?

- Y no. A muchos...

-El discurso de Casal es que él ha sido el gran benefactor del futbolista uruguayo.

-Él te hace ganar mucha plata, pero también hace mucha plata con vos. Yo creo que de 100 jugadores que vendió, a 80 los hizo millonarios. Después le habrá quedado debiendo a muchos, como a mí y a un montón de jugadores más. Yo soy agradecido porque me llevó a Europa, me hizo ganar mucho, pero también me debe plata.

-¿Ya perdiste la esperanza de recuperarla?

-Sí, claro. Ya no la reclamo más. Ya saben que reclamé, pero, bueno...

-¿Podrías retirarte hoy o tenés que seguir jugando porque necesitás el dinero?

-Uno siempre necesita plata.

-¿Te gustan las cosas caras?

-Siempre tuve lo mejor, lo que quise, gracias a mi trabajo. Yo no le pido a nadie, todo lo conseguí jugando. Tuve los autos que quise, tengo la casa que quise, tengo a mis hijos para criar, tienen mucho para vivir y quiero que tengan una mejor vida que la que tuve yo. Y estoy orgulloso de que cada vez que mi hijo me pidió algo, obviamente sin mal enseñarlo, yo se lo pude dar. Y pude darle una casa a mi madre, que siempre laburó para que a mí no me faltara nada cuando niño. Puedo darle una plata por mes. Pude darle una casa a mi hermana, que tiene 20 años y estudia medicina. No me quejo. Estoy muy bien. Y gracias a Dios pude ayudar a mi familia.
Los pibes de hoy son muy atrevidos. Juegan bien dos partidos y se creen que saben todo

-En un momento dijiste que jugarías en Nacional.

-Estaba muy enojado con la gente de Peñarol, porque me habían cerrado las puertas. Y Nacional me ofrecía mucho dinero. Por suerte no se concretó. Yo no creía que se pudiera dar. Lo dije caliente, para ver si en Peñarol se sentían tocados y me llamaban.

-Igual ha habido grandes jugadores que han jugado en Peñarol y Nacional.

-Sí, pero no es lo mismo. Yo estoy muy identificado con Peñarol. No creo que hoy haya otro jugador que resalte por estar tan identificado con un cuadro. Creo que no hay, por ejemplo, ningún jugador que ande por ahí y todos sepan que está tan identificado con Nacional. Pero yo sí lo digo: yo soy hincha de Peñarol. Me siento feliz diciéndolo. Soy así.

-¿Tu temperamento te ha jugado en contra o a favor en tu carrera?

-Las dos cosas.

-Poneme ejemplos.

-A favor me ha jugado porque yo me sentía el mejor y eso me daba la personalidad para serlo. “Soy el mejor”, pensaba antes de salir a la cancha cada partido. “Soy el mejor porque tengo unos huevos así, porque la quiero y voy a hacer goles”, me decía a mí mismo. “Y quiero que la hinchada grite mi nombre todo el partido”. Y así era. Pero ese temperamento me jugaba en contra en las macanas que me mandaba, las patadas que pegaba, las expulsiones que tuve, las locuras, los líos. La gente, hasta el día de hoy, cancha que voy me putean y me dicen cualquier cosa. Pero no pasa nada. Porque a la larga, el que no hace ruido no triunfa. Yo le digo a los chicos todos los días: vos tenés que hacer ruido. Jugás y no hacés un gol. Entrenás por entrenar. ¡No! Algo tenés que hacer. Hacé algo. Pegá una patada. Puteá a alguien.

-¿Qué dice tu director técnico hoy en Liverpool, Mario Saralegui, cuando te escucha dar esos consejos?

-Pensamos igual. Por algo somos locos. Por decir lo que pensamos. Yo siempre fui yo. Siempre quise que me conozcan, siempre quise que hablaran de mí. Muchos cracks pasan desapercibidos porque no hablan.

-¿Sos de agarrarte mucho a las piñas? Hay uso cuantos episodios registrados en la prensa...

-Ya no.

-Pero hubo una época en que sí.

-Sí, claro.

-¿Por qué sos peleador?

-No sé. Mi madre me pregunta lo mismo: “¿a quién saliste así?”. No sé, pero no me gustaba que me dijeran nada. No me bancaba las cargadas, que me dijeran manya esto o manya lo otro, falopero o drogado. Hoy me pueden decir lo que quieran, no me interesa. Pero antes no me gustaba y no me lo bancaba porque yo nunca fui ninguna de esas cosas. Pero después me di cuenta que si seguía así me iba a tener que pelear con tres millones. Entonces hoy me río. Me gritan: che, puto. Sí, soy putazo.

-¿Cuántas veces te peleaste?

-Muchas, muchísimas, me encantaba. Hoy estoy viejo, tengo 36 años, un hijo de 13 y tengo que ser un ejemplo para él.

-¿Te cuesta?

-No. Yo soy muy tranquilo. Jodo con todo el mundo, pero nunca me meto con nadie. Todas las peleas fueron porque se metieron conmigo.
Le agradezco a mi mamá porque nunca me dijo tu padre no sirve para nada o tu padre es una mierda

-Tenías fama de salir de noche, te asociaban con el alcohol... ¿había algo de cierto?

-Lo que pasa es que en algún momento te van a ver en un boliche. Yo le digo a los chicos: salgan, disfruten, ¡si tienen 20 años! ¿Cuándo van a salir? ¿Cuándo tengan 35, mujer e hijos grandes?

-Pero hay un límite que marca el ser buen profesional.

-No tiene nada que ver. Vos sabés lo que hacés. Si mañana tenés libre, ¿por qué no vas a ir a un boliche? ¿Por qué no vas a tomarte una copa? Vos tenés que entrenar bien y rendir en los partidos. Lo demás es una estupidez. Andar marcando que este está para la joda y esas cosas.

-Pero te llevó a tener que pelearte muchas veces en esos boliches.

-¡Me puteaban! ¡Me decían cualquier cosa! Una vez un policía le pegó en la panza a mi mujer embarazada. ¡Hay cosas que son inevitables! En la tapa del diario no ponen por qué uno se peleó. Ponen; se peleó fulano, está preso fulano. Y yo me comí todo eso. Ir a las comisarías. Y me la aguantaba. Por suerte también tenía gente al lado que me decía: sos un boludo, un pelotudo, no tenés que hacer esto, aflojá, bajá un cambio, por lo menos un mes. Y yo les hacía caso. Hoy los jóvenes no te hacen caso.

-¿Quiénes fueron esos buenos consejeros?

-El Gaby Cedrés, Pablo, Vasco... toda esa gente grande que me crió en Peñarol. El Caballo de los Santos, gente linda, gente que por algo la hinchada de Peñarol los quiere tanto. Gente de antes, gente humilde que iba al frente. Yo me siento muy agradecido con ellos por la forma en que me educaron ahí, los códigos que me enseñaron.

-No terminaste primero de liceo. Tu educación fue el fútbol.

-Sí. Me eduqué en los vestuarios. Aprendí muchos valores, gracias a Dios.

-¿Cuáles son esos valores?

-Respetar es lo primero. Tener códigos. Saber lo que vas a decir. Tené cuidado con quién hablás. Hoy en día no hay nada. Los pibes de hoy son muy atrevidos. Juegan bien dos partidos y se creen que saben todo. El padre o el tío los manijeó. El representante les regaló un auto. Muchos son buenos jugadores y van a seguir siendo solo eso, buenos jugadores. No va a pasar más nada con ellos.

-Tenés dos hijos, de 2 y 13 años. ¿Cómo te ves como padre? ¿Cómo te llevás con tu hijo que está entrando en la adolescencia?

-Estoy presente, me llevo muy bien con él. Creo que soy buen padre, aunque todos vamos a decir lo mismo.

-Vos creciste alejado de tu padre.

-Me crié solo con mi mamá.

-Y con tu padre no tuviste casi relación.

-Nunca. Una sola vez lo vi de chico y después una vez en Ecuador, donde vive. Yo tenía 20 o 21 años. Y después nunca más.

-¿Y qué le dijiste?

-Nada. Lo quería conocer.

-¿Cómo se concretó ese encuentro?

-Fuimos a jugar una Libertadores con Peñarol a Ecuador. Gregorio y Gaby ya sabían toda mi vida, y entonces hicieron todo el movimiento para que yo pudiera ver a mi padre. No me dijeron nada. Estábamos comiendo y viene Gregorio y me dice: “Andá a tal habitación que te quieren ver”. ¿Quién?, le pregunté. “No sé. Andá que te están esperando”, me dijo. Cuando fui, estaba mi padre.

-¿Cómo fue el encuentro?

-Raro. Porque me agarró ya siendo hombre. Le di un beso y un abrazo. Estuvimos hablando. Él hacía muchos años que se había ido y nunca había vuelto a Uruguay. Hasta hoy. En cambio a sus padres, a mis abuelos, yo los vi siempre. Entonces le hablé de ellos, de mis tíos. Lo que yo quería era verlo y conocerlo. Y lo logré.

-¿Y te explicó por qué se fue?

-Yo no quería explicaciones. Lo quería conocer. Le agradezco a mi mamá porque nunca me dijo “tu padre no sirve para nada” o “tu padre es una mierda”. Siempre me habló muy bien.

-Pero habrá sido duro para vos crecer sin tu padre.

-Y lógico. Porque cuando vos sos chico vas a jugar al baby fútbol y están todos los papás. Y mi mamá laburaba y muchas veces no podía ir. Y yo muchas veces estaba solo... Son cosas que uno vivió de chico y que también me hicieron fuerte.

-¿De qué trabajaba tu madre?

-Era doméstica. No había lujos, pero la comida siempre estaba.

-¿La ausencia de tu papá te lleva a querer ser un mejor padre?

-Quiero ser un buen padre. Que mi hijo pueda mirarme a los ojos y decirme las cosas. Y no acepto mentiras, como ya le dije.

-¿Te interesa la política?

-No, la odio. A duras penas sé el nombre del presidente. Me da igual.

-¿Qué hacés cuando no estás entrenando?

-En mi casa, todo el día. A veces mi mujer me rezonga y me dice: “vivís todo el día encerrado, salí”. ¿Y adónde voy a ir? Soy muy perezoso. Me embola ver mucha gente. Soy un poco cohibido en un montón de cosas. Siempre fui muy callado. Toda la gente me dice lo mismo: “Carlos, cuando vos llegás das miedo. Es difícil hablarte. Después cuando te conocemos, es totalmente lo contrario”. Yo no hablo con gente que no conozco.

-¿Y en tu casa qué hacés?

-Miro mucha tele. Mi salida es al kiosco, a comprar algo para comer.

-¿Y no te aburrís?

-Mucho. Pero ya me queda poco y me voy para mi Artigas querido.