Argentina postelectoral, lentas investigaciones y rápidos arrestos

Publicado: 12/11/2017 11:53
Argentina postelectoral, lentas investigaciones y rápidos arrestos

Boudou y De Vido pasan sus días tras las rejas por causas en las que la sociedad sospecha culpabilidad, pero la Justicia no lo determina.

Ignacio Grimaldi/EFE

Tres semanas han pasado de las elecciones que dieron la victoria al oficialismo de Argentina, un breve tiempo en el que algunos de los puntales de los gobiernos kirchneristas han acabado entre rejas por causas que acumularon años en la Justicia y que ahora se han activado con inédita rapidez.

Amado Boudou, quien fuera vicepresidente del último periodo presidencial de Cristina Fernández de Kirchner y Julio De Vido, el todopoderoso ministro del área energética y de obras públicas de todo el periodo kirchnerista (2003-2015), hoy opositores, se encuentran en prisión desde hace apenas unos días por diversas acusaciones de corrupción.

Las órdenes judiciales para impulsar las prisiones preventivas de ambos, así como la del ex subsecretario de Coordinación y Control de Gestión, Roberto Baratta -detenido días antes de los comicios-, responden al peligro del entorpecimiento de las causas.

"Recién ahora estamos viendo tres detenidos pero es probable que haya muchos más", dijo el exmiembro del Consejo de la Magistratura de Argentina Alejandro Fargosi al polemizar sobre una posible futura detención de la expresidenta.

Se trata de expedientes que durante años no tuvieron cambios y que, según la Oficina Anticorrupción, suelen extenderse por más de una década.

El hecho que genera un quiebre en este periplo de arrestos de exfuncionarios kirchneristas fue el triunfo electoral del gobernante frente Cambiemos en la mayor parte del país y en la importante provincia de Buenos Aires sobre Fernández, que logró un escaño de senadora pero quedó en segundo lugar en número de votos, por detrás del oficialismo.

El 25 de octubre, tres días después de los comicios, uno de los hombres más fuertes del kirchnerismo fue detenido luego de atravesar un 2017 en el que había sorteado diversos pedidos de detención: el diputado y exministro Julio De Vido, que finalmente fue despojado de su inmunidad de arresto como legislador tras una votación parlamentaria que se produjo a petición de dos jueces.

Tenía en su contra varias causas por corrupción, iniciadas en los últimos años, en las que se investiga desde millonarios fraudes en un proyecto minero que nunca se llevó a cabo, pago de sobreprecios en la compra de gas licuado, irregularidades en la concesión de obra pública y casos tan sensibles como un accidente de tren que dejó 50 muertos en 2012 en Buenos Aires, en el que se le acusa de defraudación contra la administración pública.

Nueve días más tarde, Boudou fue sorprendido en su departamento, en pijama, descalzo y despeinado, y las fuerzas de seguridad lo detuvieron por orden judicial porque el exfuncionario, también afectado por multitud de expedientes, mostró incongruencias entre su patrimonio y su declaración jurada durante sus funciones en el Estado.

Llevaba cinco años investigado por enriquecimiento ilícito y en todo este tiempo ni siquiera había sido citado a declarar.

"Lo asombroso no es que estén detenidos sino todo lo que tardó la Justicia en hacerlo", señaló Fargosi a pesar de que las causas por corrupción en cuestión aún están por debajo del promedio de duración de entre 10 y 14 años.

Boudou, De Vido y Baratta pasan sus días tras las rejas por causas en las que la sociedad siempre sospechó de su culpabilidad, pero la Justicia aún no determinó si son responsables, razón por la que estos procesos son cuestionados y hasta calificados de "persecución política".

De esta manera, Argentina abrió un debate sobre si se politizó la Justicia o si se judicializó la política.

En esta disputa ideológica, Fargosi opinó que "es inadmisible que existan jueces con piel política porque deberían actuar según lo que indican los expedientes".

Sin embargo, desde el kirchnerismo apuntan que las decisiones judiciales no están ajustadas a derecho ya que responden a una supuesta persecución a opositores.

"Acá no hay una purga kirchnerista sino que acá hubo un gobierno de 12 años que ahora está siendo investigado", agregó el exmiembro del Consejo de la Magistratura.

Además, el ministro de Justicia, Germán Garavano, afirmó recientemente que entre el 3 y 4 % de las causas por corrupción llegan a juicio oral.

Es decir, un porcentaje todavía menor del total de los expedientes obtiene un fallo final donde se decide si un imputado es culpable o inocente.

En el caso de Boudou, de De Vido y de Baratta, las causas por las que están presos se ubican en el 96 % de las que no llegaron a la instancia de juicio y aún así, ambos tuvieron la orden de detención sin antes haber prestado declaración.

Para Fargosi, si un juez ordenó una detención es porque "encontró fundamentos en el expediente para hacerlo", por ende "sus decisiones no son cuestionables".

De esta manera, los caminos de la Justicia y la política en Argentina están cruzados en un punto de intersección llamado corrupción.

Antes, los expedientes se acumulaban y las investigaciones no avanzaban.

Hoy, a pesar de que los expedientes y las investigaciones sigan igual, Cambiemos ganó y con su triunfo algo cambió: hay detenidos por corrupción.