El más triste Carnaval para 160 trabajadoras de una fábrica que cerró

Por: Leonel García
Publicado: 14/02/2018 17:37
El más triste Carnaval para 160 trabajadoras de una fábrica que cerró
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La planta uruguaya está ubicada en Camino Carrasco y Servando Gómez

"Fue sin anestesia. Quedamos perdidas, sin saber para dónde agarrar”. De un día a otro, una multinacional decidió que no seguía en el país.

Ese martes 30 de enero se trabajó en Rusch Teleflex hasta las dos de la tarde. Se diría que todo había estado normal, aunque la presencia del representante mexicano de esta multinacional, que había arribado el día anterior, daba mala espina. Aún no había ingresado el turno vespertino, algunas de las trabajadoras recién se habían reintegrado de sus licencias. En una improvisada reunión, el visitante se despachó con las palabras menos esperadas y más ingratas: como la empresa no era rentable, en ese momento cesaba el proceso productivo en Uruguay. Algo tan simple como bajar la cortina no merece tantas palabras.

“Fue sin anestesia. Como en toda multinacional, avisan que se van y se van, nomás”, le dice a ECOS Laura Bustelo, delegada del sindicato de la firma ante la Unión Nacional de Trabajadores de Metal y Ramas Afines (Untmra). Desde ese momento, 160 personas, en su casi totalidad mujeres, varias de ellas jefas de hogar, quedaron sin trabajo.

“Quedamos perdidas, sin saber para dónde agarrar”, dijo esta mujer que pasó los últimos 17 de sus 46 años trabajando en esta empresa, dedicada a la fabricación de sondas plásticas para intervenciones médico quirúrgicas. La más nueva en Rush Teleflex había entrado hacía seis años, pero también tenía compañeras con 25 o 30 años ahí.

Y muchas de ellas, con secundaria incompleta la mayoría, sin más experiencia que los años transcurridos en esa planta de Camino Carrasco, a metros de Santa Mónica, cerca del límite con Canelones, se enfrentan a la incertidumbre de ver cómo se reintegran en el mundo laboral.

"Muchas tienen una edad con la cual se les hace muy difícil reinsertarse en el mercado laboral", le había dicho a ECOS Andrea de León, dirigente de la Untmra.

Rusch Teleflex siempre había tenido muchas funcionarias. Bustelo no sabe por qué casi no había varones en planilla. “No debía haber ni diez. Debe ser porque es un trabajo manual”, piensa. La gran mayoría es de la zona: Paso Carrasco, La Cruz de Carrasco, la costa de Canelones. Ella mismo vive en Solymar, con su marido y sus dos hijos, de 21 y 19 años.

Siempre hubo gente y siempre hubo trabajo. Durante la crisis de 2002 y 2003, la empresa era una isla. Había muchas exportaciones –el grueso del trabajo iba al exterior- y el dólar estaba alto. Los sueldos, sin embargo, se mantenían en el laudo del sector. “Entre presentismo y productividad, ganaríamos en promedio unos 30 mil pesos por mes”, explica.

Las exportaciones de plástico y manufacturas han sido muy afectadas. Según cifras de Uruguay XXI, entre 2013 y 2016 ese indicador no hizo sino descender: 297,3 millones de dólares, US$ 287,6 millones, US$ 233,2 millones y US$ 196,3 millones. En 2017 hubo un repunte respecto al año anterior, vendiéndose por 225.749.785 dólares.

Ese repunte no sirvió para salvar las fuentes laborales de Rusch Teleflex.

“Notábamos que se trabajaba con menos pedidos, pero igual se trabajaba. Nosotros estábamos exportando para todo el mundo. Había una sonda que solo hacíamos nosotros, que se mandaba para Francia”, dice Bustelo.

Para Teleflex, que tenía plantas de armado en Malasia, India y China, además de en distintos puntos de América Latina, no era necesario mantener su locación en Uruguay.

Búsqueda de salidas

“El nuestro es un trabajo sumamente calificado. ¡Te estoy hablando de sondas para uso médico! ¡Tienen que estar bien hechas! Lo que hacíamos nosotras te lo metían en la garganta para una operación. Tenía que estar mejor calificado…”, responde la delegada.

A través de Unmtra, se está buscando una salida para las trabajadoras que desde este mes están en seguro de paro. Se tocan puertas en el Ministerio de Trabajo y en las cámaras empresariales. Las mujeres ahora desempleadas están buscando que se piense en ellas para algún curso en el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop), algo para aplicar lo aprendido en años entre plásticos y sondas.

En todo caso, cuando aún no han superado el shock, pareciera que esperan dar el siguiente paso luego de Carnaval.

“Tenemos compañeras de 50 y pico de años que no tienen más que el liceo hecho. Luego de más de 20 años ahí adentro, ese mundo es lo único que conocen. ¿Pero qué hacés después, a los 56 o 57 años? De momento, estamos desorientados”, admite Bustelo.

En su casa, en particular, la idea era de que los hijos estudiaran. “Hasta ahora la íbamos llevando así. Queríamos que no se largaran a trabajar, cosa que pasara algo y se quedaran con eso… como pasó con una”, dice. La familia aún no se ha acomodado y espera, como las de sus compañeras, esperan a que pase Carnaval; el más triste e inesperado Carnaval.