Se mira "más y mejor" a detectar casos de explotación sexual a menores

Publicado: 23/09/2017 15:41 | Actualizado:
Se mira "más y mejor" a detectar casos de explotación sexual a menores

Este sábado se conmemora el Día Internacional contra la explotación sexual y la trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes.

Desde 1999, cada 23 de setiembre el mundo conmemora el Día Internacional contra la explotación sexual y la trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes. En Uruguay, año a año las cifras de casos registrados aumenta y el foco continúan siendo adolescentes mujeres pobres de entre 14 y 17 años.

Así lo dijo a ECOS Luis Putscher, presidente del Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y No Comercial de la Niñez y la Adolescencia (Conapees).

La explotación sexual comercial y la trata de niñas, niños y adolescentes es un delito penado por la ley 17.815 y una violación a los derechos humanos que afecta a miles en el mundo. Uruguay no escapa a esa realidad. Por eso, esta fecha sirve para ubicar el problema en un contexto regional y ayudan a deslindarlo de casos puntuales como generalmente aparece asociado, indicó Putscher.

"Por lo general, cuando aparece un caso se presenta el binomio victima y victimario pero no aparecen las causas sociales del problema, por lo que es buen pretexto para poner el tema en agenda", sostuvo.

En ese sentido, Putscher afirmó que si bien falta aún mucho por hacer, en Uruguay se ha avanzado y aunque reconoce que no puede negar que haya más casos, sí puede afirmar que "se está mirando mas y mejor". Eso es algo que se ve reflejado en las cifras, las cuales son contabilizadas desde hace una década. Según detalló, en 2007, 2008 y 2009 se registraron 20 casos, en 2010 fueron 21, en 2011 fueron 40, en 2012 fueron 80, en 2013 fueron 120, 2014 fueron 142, en 2015 fueron 180 y en 2016 se registraron 333 casos nuevos.

Para el presidente del Conapees los resultados no son ajenos a las acciones nacionales implementadas en los últimos años, como la capacitación a más de 7.000 funcionarios tanto del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU), como de organizaciones civiles, efectivos policiales, trabajadores de ASSE y organizaciones religiosas.

"Este era un problema que hasta pocos años era invisibilizado absolutamente. Hablabas con la gente y te decía que el tema de la explotación sexual comercial en Uruguay no existía, ni tampoco la trata de personas", señaló Putscher, al destacar que hoy, a través de distintos informes e investigaciones y la actuación judicial y policial, "se ha demostrado no solo que el problema existe, sino que ocurre con una frecuencia que era ajena a nuestro imaginario".

Mirada hacia el futuro

El objetivo del Conapees en este momento es cumplir con el plan quinquenal trazado en conjunto con otras instituciones, pero también apoyar y fortalecer a aquellas organizaciones surgidas en las distintas comunidades que buscan trabajar sobre ese tema.

"Esto no es algo que le pasa a las hijas de los pobres –agregó–. Puede pasar en cualquier clase social, aunque prevalentemente sucede en lugares donde la pobreza aparece como una de las interseccionalidades de vulnerabilidad".

A su vez, explicó también que si bien hay varones que sufren este tipo de violencia, la prevalencia sigue siendo mujeres pobres en todo el país y la problemática se continúa asociando con ser mujer, niña o adolescente.

"Lo que más aparecen son casos donde el perpetrador del delito ocupa un lugar preponderante, ya sea en la política, en lo empresarial, en lo religioso, en lo docente, etc. Pero nosotros venimos afirmando desde hace mucho tiempo que un explotador sexual puede ser cualquiera, independientemente de la función que cumpla en la sociedad", cerró Putscher.

Situación en Paysandú

El presidente de Conapees se encontraba este sábado en Paysandú, departamento en el que fueron registrados recientemente varios casos de explotación sexual a menores. Por eso, el fin de la visita del directorio de INAU fue apoyar y sostener situaciones que siempre son complejas, explicó.

"En general cuando esto sale a la luz, empieza a tener distintos caminos y desaparecen cuestiones como qué paso antes con las gurisas y que pasa después de que termina el proceso judicial y policial, que es donde realmente empieza el trabajo: cómo logramos trabajar con esos niños y adolescentes para poder devolverles su calidad de sujeto, cuando fueron una mercancía que circulaba en el mercado", indicó.