Un tercio de los bañistas ahogados fallece en ríos interiores

Por: Leonel García
Publicado: 12/01/2017 05:28
Un tercio de los bañistas ahogados fallece en ríos interiores
RIONEGRO.GUB.UY
Balneario Las Cañas

El 92% de estas muertes ocurren en playas sin seguridad. Un caso pasó el domingo en Villa Ansina, bañada por el Tacuarembó Grande.

Todo aquel que fue a la costa oceánica y ya peina canas seguramente escuchó el viejo dicho: “Al mar hay que tratarlo de usted”. Las olas, el viento y la inmensidad han alimentado esa aura. Al río, en cambio, quizá por la aparente calma, quizá por ver la otra orilla, se lo tutea. Y así es que pasan cosas…

La Isla del Francés está a apenas 200 metros de la costa del río Santa Lucía, frente al parador Tajes, en Los Cerrillos, Canelones. El sábado 7 , el guardavidas Daniel Arregui, con 23 años en el lugar, tuvo que lanzarse a rescatar a un hombre que se creyó explorador y se confió en la aparente mansedumbre del río.

El hombre cayó en la equivocación en la que cae la gran mayoría de los que perecen ahogados: sobrestimar sus fuerzas y subestimar a la naturaleza. Y según un estudio realizado en 2014 por docentes del Instituto Superior de Educación Física (ISEF), una tercera parte de estas muertes ocurre en aguas dulces de departamentos que no son bañados ni por el océano Atlántico ni por el (aspirante a mar) Río de la Plata.

Gracias a Arregui, este hombre pudo contar el cuento. “Te juro que lo veía tranquilo”, le dijo como justificación ya en tierra. “Vos decís que son 200 metros, ¡pero tenés que hacerlos!”, le cuenta a ECOS el rescatista. “A mitad de camino, tenés un canal que, si tenés poco dominio, te arrastra. ¡La gente se confía y así les va!”.

No todos tuvieron esa suerte. El 24 de diciembre, un hombre de 28 años murió ahogado en ese mismo Santa Lucía en la zona de Paso Rubio. El 30 de diciembre, en la playa conocida como “de la Pasarela”, ya en Florida, le pasó lo mismo a una niña de 6 años. Mucho más al norte, el 8 de enero, en el peligroso río Tacuarembó Grande, falleció un chico de 12 años en la zona de camping de Villa Ansina. Según le dijo a ECOS Raquel Hernández, directora de Turismo de Tacuarembó, ese río “es más bravo” que el caudaloso río Negro, ese que baña a San Gregorio de Polanco, que con 15.000 personas por fin de semanas “explota” este verano.

A diferencia de lo que pasa en Polanco, vigilado por prefectura, y del también tacuaremboense balneario Iporá, que tiene un turno de guardavidas de 12 a 20 horas, Villa Ansina, de playas muy atractivas, no tiene ese servicio, reconoce Hernández.

De acuerdo con un estudio realizado por cuatro docentes del curso de guardavidas del ISEF, en base a datos estadísticos en todo el país de los años 2013 y 2014, el último de su tipo realizado hasta ahora, el 92% de las muertes por ahogamiento en Uruguay ocurren en playas y zonas donde no hay vigilancia.

Uno de esos docentes es Nelson Clavera, presidente de la Asociación Nacional de Guardavidas (ANG) y coordinador de ese curso en Montevideo, quien tiene como máxima que “playa segura es esa que tiene salvavidas”.

Y para quienes temen al océano pero subestiman al río, ese mismo estudio indicó que de las 104 muertes por ahogamiento cuyo lugar de ocurrencia fue notificado entre 2013 y 2014, 33 ocurrieron en departamentos que no tienen costas sobre el Atlántico ni el Plata; la tercera parte.

De hecho, ese estudio -que registró a los ahogados durante las temporadas estivales y las semanas de Turismo; o sea, los períodos en los cuales la gente se baña- registró más muertes en esos dos años en departamentos como Salto (siete fallecidos) o Tacuarembó (seis) que en el oceánico Rocha (cinco). El océano y su oleaje impresionan a la vista, dicen los expertos. Y no se dan cuenta, solo por indicar un dato químico conocido hasta por un escolar, que las personas flotan mucho menos en agua dulce.

De acuerdo con ese trabajo, "el ahogamiento es la causa del 10% de las muertes" de personas de hasta 14 años "y constituye la segunda causa de muerte por accidente en niños en Uruguay", solo superado por los siniestros de tránsito. Además, añade el informe, se estima "que por cada niño que muere por ahogamiento se internan cuatro niños por semiahogamiento, quienes sufren daño neurológico en alto porcentaje".

Peligros



“El río es más peligroso que el mar”, asegura Arregui. Clavera, en cambio, no suscribe tal afirmación.

“Lo que sí puede pasar es que la gente subestime a los ríos y que tenga la falsa idea que una ola es lo más peligroso de una playa, cuando en realidad lo más riesgoso es la corriente de retorno. Los accidentes se provocan siempre por la sobrestimación de las capacidades y la subestimación del medio ambiente”, subraya este último profesional.

En todo caso, el agua de río esconde sorpresas peligrosas. Donde no hay absolutamente nada un día, al siguiente hay una rama de árbol totalmente sumergida, que impide el paso de un nadador. La vegetación sumergida, invisible, es una constante. El que solo se bañó en el Plata o en el Atlántico, solo conoce fondos de arena y poco más; en los ríos hay arena, cantos rodados, árboles y un largo etcétera.

Arregui, que no duda de la existencia de más riesgo en el río que en el mar, afirma que al agua más pesada se le suman muchas corrientes laterales y remansos. “Hay corrientes subterráneas que arrastran a la gente río adentro. Además, hay que tener en cuenta a los vientos: un viento norte o noroeste va a generar una bajante importante. Pero a la tarde, esa agua que se llevó el mar vuelve a virar con el viento y trae consigo una marejada que puede ser importante”. Para peor, asegura, la gente suele subestimar al río. Y solo los lugareños suelen saber el porqué de las tristes famas de cauces como el Uruguay y el Negro (con importantes canales de navegación), pero también del Santa Lucía o el Yi.

De acuerdo con el subsecretario de Turismo, Benjamin Liberoff, balnearios como Las Cañas (Río Negro, sobre el río Uruguay) y los de la laguna Merín, así como los campings de Durazno (El Sauzal, sobre el Yi) y Florida (parque Robaina, sobre el Santa Lucía), tienen la misma situación que las playas del Este: “Están prácticamente desbordados”.

Claro que la seguridad no es la misma. “En muchos casos, las intendencias contratan baqueanos, no guardavidas egresados del ISEF. Ves gente que cuida, pero no se sabe qué formación tienen”, asegura Clavera, presidente de la ANG. Según dice, siguiendo el contorno del Atlántico, el Plata y el Uruguay, desde el Chuy hasta Salto, hay unos 700 profesionales.

El curso del ISEF, apunta, incluye un módulo específico para río, por más que el título habilite a los diplomados a actuar en todo tipo de aguas, desde una piscina al océano.

En todo caso, repite Clavera, “no hay playas bravas de ningún tipo. Lo que hay es gente imprudente”. Y es gente que mirará con desdén a un río, sin preocuparse si hay guardavidas y sin tener idea de las corrientes subterráneas ni la vegetación del fondo.