Hostels, otra manera de hacer turismo también en Uruguay

Publicado: 12/01/2017 08:06
Hostels, otra manera de hacer turismo también en Uruguay

El alojamiento en hostels cambió la forma de viajar; ahora es más relajada y pone el acento en la socialización.

Por Tessa García

Hubo una época en que la vida del turista era sacrificada de una forma especial. La obligación moral de verlo todo, levantarse al alba para no perderse un monumento o un museo, ser víctima de precios abusivos y aterrizar en restoranes que funcionan en base a visitantes mal informados además de cierta soledad de ser nada más que un turista, formó parte durante mucho tiempo del calvario de personas que ahorraban hasta el último peso para irse a París.

Desde hace unos años esto viene cambiando y hoy la modalidad de viajar y alojarse en hostels volvió la existencia del viajante mucho más relajada y agradable.

Los hostels son la herramienta más económica para dormir en una ciudad, con tarifas que van desde los 10 a 40 dólares por noche, desayuno incluído. Es la opción más barata y la más divertida porque se puede conocer gente que está en la misma sintonía viajando por el mundo y con poca plata. Los hostels permiten a los viajantes socializar y conocerse, conversar, sentarse a tomar un café, compartir una comida y pasarse información.

Una cama

Para quienes frecuentan los hostels con una cama es suficiente. Los espacios comunes son compartidos, no como en un hotel o en un apartamento donde el viajero está aislado en su habitación, baño privado y apenas la amabilidad del recepcionista.

En los hostels por lo general los baños también son compartidos pero hay opciones con baños privados. “Dejás tus cosas en la cama y vas al living y te encontrás con un suizo, un alemán, una brasilera, es muy variado y te permite hacer amigos fácilmente. Si estás viajando solo es muy buena opción porque te hacés amigos con los que podés salir a comer en la ciudad”, cuenta Federico, conocedor de hostels en India, Nepal, varias ciudades de Europa.

“Cuando viajás solo estás más abierto a experiencias nuevas, te pones a explorar cosas que están fuera de rutina, una comida nueva, una ciudad nueva”, dice.

Federico conoció barrios como Ipanema o Leblon a puro hostel, también ciudades como la boliviana Potosí, y cree que es una forma fácil de conocer la vida local. “Hay hostels de todo tipo y color. En Bolivia una vez me quedé en un hostel que era de sal. Hay hostels para estar de joda, otros para estar tranquilo, meditativos, para hacer yoga, para fumar marihuana, alternativos, clandestinos”, dice.

Después del camping el hostel es la siguiente opción, sobre todo en zonas urbanas donde no hay campings. En general los hostels están en zonas céntricas, bien ubicadas para evitar el transporte. Además la información que allí se comparte difícilmente se consiga en un hotel porque los temas principales en los lugares comunes son datos de recorridos, lugares para pernoctar, precios, accesibilidad, seguridad, experiencias. Los que trabajan en hostels informan de opciones para disfrutar la ciudad de forma económica.

Por regla general en los hostels hay buen ambiente. “Los chicos se hacen los lindos y las chicas se hacen las lindas porque también es un ambiente de levante”, dice Federico. “Los chicos se hacen los místicos, hablan de sus experiencias y muestran sus tatuajes y las chicas están encendidas porque se fueron de la casa de sus padres y tienen ganas de experimentar”. También es común encontrar gente mayor.

En estos recintos casi siempre hay música alternativa sonando en los espacios y es bastante común oír a alguien tocando la guitarra u otro instrumento. La atención en los hostels es llamativamente buena, y eso es en parte porque muchas veces está atendido por los propios viajeros que a cambio de alojamiento trabajan dando servicio algunos días. Ellos conocen mejor que nadie a los viajeros.

En el hostel montevideano Che Lagarto ubicado en la calle Colonia y Martín C. Martínez al día de hoy quedan dos camas disponibles en un cuarto mixto, que van ente los 18 y 20 dólares. El desayuno es completo con frutas, café, pan y tortas. Este hostel tiene capacidad para unas 40 personas ubicadas en cuchetas. También tiene cuartos femeninos, y una habitación privada con cable y una terraza que funciona como gran lugar común. Che lagarto es una franquicia que también se encuentra en Argentina, Chile y Perú.

Punto Berro Hostel es otra de las varias opciones montevideanas, en Pedro Berro. Tiene capacidad para unas 26 personas y al día de hoy solo tenían disponibilidad en un cuarto privado. El precio de las camas en cuartos compartidos es de 18 dólares. El Viajero Downtown Hostel es uno de los que gozan de mejor puntuación en las páginas de internet. Ubicado en Barrio Sur, también es uno de los que tiene mayor capacidad.

Lavar la ropa y tomar mate

A Montevideo, los "backpackers" o mochileros casi siempre vienen de Buenos Aires. “Buscan el tipo de hostel que quieren, que puede ser bohemio, o uno más elitista, o alguno que tenga bar para romper las pelotas o uno partusero”, explica Federico. Por lo general vienen desde Buenos Aires luego van a Colonia y luego Montevideo.

“En Montevideo se quedan dos tres días, en Colonia uno y en Buenos Aires semanas. Cuando llegan a Uruguay los "backpackers" tienen tanto tiempo libre que lo usan para hacer el laundry (lavar la ropa), descansar, organizar la mochila, ordenarse, arreglar el bolso. Hacen dos o tres programitas y ya está”, cuenta Gabriela. La guía “Lonely Planet”, que es la más utilizada por los backpackers, recomienda al viajero que va a Colonia sentarse con los “local people” a tomar mate.

Los "backpackers" llevan grandes mochilas en sus hombros con capacidad para sus enseres mínimos. Esas mochilas tienen un sistema para que no apriete los hombros, se agarran a la cadera, al pecho y los hombros y así habilitan caminar largos trayectos. El "backpacker" es un signo de caminante terrenal y no despierta ganas de ser robado. En general llevan algún tatuaje, el pelo largo y vincha. Esta modalidad los distancia bastante del viajero que lleva una valija con rueditas, mucho más apetecible para los amigos de lo ajeno. Cuentan que la capital del backpacker es Cuzco.

Público joven y veteranos que la pasan bien

El público que más se ve es joven, aunque hay veteranos que la pasan muy bien.

“Años atrás, las generaciones de nuestros padres no tenían esta opción, tenían que ir a un hotel y la interconexión era más difícil, en un hotel lo único que conocés es la recepción y conocer a otras personas no era tan fácil, además de caro”, reflexiona Gabriela, quien viajó sola al carnaval de Barranquilla y luego de un tiempo aún mantiene los amigos que allí conoció.

“Los jóvenes y adolescentes no viajaban tanto porque los hoteles eran más caros, ahora el "backpacker" puede viajar, pagar precios. Conocés la ciudad muy rápidamente, es una revolución el tema del hostel”, dice.

“Gracias a que fui a un hostel sociable conocí gente la primer noche que llegué, sino no hubiese podido ir al carnaval. Estos nuevos amigos eran de todas partes del mundo y diferentes edades”, contó.

Incluso es muy común que muchos se queden en el hostel y no salgan al exterior, sobre todo si hay servicio de bar. Esto se ve bastante en los norteamericanos.

La forma de captar clientela es por internet. Allí están las reseñas, precios, fotos, recomendaciones. Se puede reservar por Booking o por Hostelworld. “Es muy importante leer los comentarios de otros viajeros, ahí te das cuenta que clase de Hostel es, si es uno tranquilo o uno más al estilo ‘party hostel’. Incluso una vez que comenzás un recorrido, otros viajeros cuentan sus experiencias y recomendaciones”, dice Gabriela.

El Bed & Breakfast es la opción siguiente. Algunos viajeros de más edad pero aún jóvenes lo prefieren. Federico de 36 años confiesa que luego de años de conocer hostels y viajar por el mundo en esa modalidad, hoy prefiere los B&B. “Hoy los hostels, las conversaciones de cocina de los hostels, me cansaron, prefiero ir a una casa de familia donde me dan un mejor desayuno”, confiesa.