“A los artistas nos gusta el público que nos mira y deja su teléfono"

Publicado: 4/07/2017 11:42
“A los artistas nos gusta el público que nos mira y deja su teléfono"

Andrés Calamaro propone dos noches intimistas en Montevideo, en el Sodre, el 10 y 11 de julio, en la marco de la gira "Licencia para cantar"

Por Alejandra Volpi

Debe ser claramente una de las pocas excepciones en las cuales entrevistar a un artista vía mail sea un placer. Así escoge hacerlo desde hace muchos años, quizás porque entendió que de lo contrario podrían tergiversarlo, malinterpretarlo o simplemente porque escribiendo lo dice mejor. No le preguntamos sobre eso, entendiendo que Calamaro tiene cosas más interesantes de las cuales hablar, que van desde la música hasta el paso del tiempo, su fascinación por la tauromaquia, el cine, su vida dividida entre España y Argentina, el libro que acaba de publicar y su intensa conexión con Montevideo. Él responde sin errarle a una coma. El público lo espera deseoso de tenerlo muy cerca. Eso sí: deberá apagar el celular a pedido del artista.

-Romaphonic Sessions fue grabado en dos tardes. Eso no es propio de alguien obsesivo y meticuloso, sino de un artista que busca obtener resultados que pasen por otros rincones, como la emoción, lo visceral y no necesariamente por la perfección. ¿Coincide con esto? ¿Cuál es hoy su principal interés cuando se enfrenta al acto creativo?

-Es posible. Me gustan las grabaciones meticulosas y también aquellas de sustancias que no siempre pasan por la perfección. Ambas me interesan como oyente y también como habitante de los estudios de grabación. Ahora mismo mi principal acto creativo es cantar inspirado en los próximos recitales, cosechar buenas sensaciones en el escenario, encontrarme en buenas condiciones vocales y afinar.

-¿Qué posibilidades le permite este formato acústico de espectáculo que traerá a Montevideo? ¿Qué puede mostrar de esta manera que en el formato eléctrico es imposible?

-El sexteto eléctrico es ecléctico y versátil, pero con el trío tenemos un rango dinámico diferente. Mis compañeros son artistas y músicos consagrados y eso ayuda mucho para ofrecer recitales buenos. Somos un trío con cantante y detalles musicales ocurriendo en el escenario. Construimos el repertorio con el piano como cuestión central, eso es improbable con las guitarras eléctricas. Y la cuestión rítmica también es diferente. Con el trío tenemos otra clave y otro compás.

-Con el paso del tiempo, ¿es más “fácil” componer o la preocupación por no repetirse es un estorbo? ¿Tiene alguna fórmula como hacedor de canciones?

-Tengo alguna fórmula. Hacer la letra y la música al mismo tiempo. No sé si es sencillo componer ahora, pero tampoco me consta que sea más complicado. Esperar un siguiente estallido de inspiración es aconsejable… También ponerse a intentarlo todo el día. Tampoco me considero un perfecto hacedor de canciones puro. Tengo suerte porque durante una década me enfoqué en canciones y en grabaciones para elaborar un repertorio amplio que ahora es muy apreciado también fuera de Argentina.

-La primera vez que interpretó “Biromes y servilletas” lo hizo con Hugo Fattoruso y Fernando Cabrera en el Auditorio Nacional del Sodre. ¿Por qué decidió incluirla en este repertorio? ¿Qué es lo que más destaca de ese relato montevideano?

-Escuché esta canción en la versión de Milton Nascimento (con Hugo en piano) y me gusta francamente mucho. Extraordinaria. Milton le añade una cierta solemnidad y la convierte en un himno de cualidades casi religiosas. Como todo lo de Maslíah es brillante pero en el canto del brasileño universal perdía la ironía del maestro uruguayo (ese sentido del humor comprimido) y ganaba en éxtasis.

-Recientemente dijo que le molesta que lo graben y saquen fotos con teléfonos celulares durante sus conciertos, algo tan habitual hoy en día. ¿Por qué? ¿Se siente incómodo con los tiempos actuales en más aspectos? Coincido en el hecho de que quien está filmando está viendo a través de una pantalla algo que está sucediendo allí en vivo y me parece una pérdida total del momento, paradójicamente. ¿Qué le diría a los que hacen eso en sus conciertos?
Ofrecemos la posibilidad de vivir una hora y media sin pensar en el teléfono

-Y se los digo. Nosotros en el escenario preferiríamos ver la cara de la gente escuchando a verlos con el teléfono a la altura del rostro. Me da vergüenza ajena. Pedimos atención al silencio y silencio a la atención. Y las manos libres para aplaudir si lo merecemos. Nos gusta el público que nos está mirando y escuchando por sobre aquellos que están pendientes del teléfono. Lo consideramos invasivo y un poco estúpido. Asimismo nos distrae un poco y es un acto de esclavitud y rebeldía. Ofrecemos la posibilidad de vivir una hora y media sin pensar en el teléfono.

-Días atrás murió un torero en pleno espectáculo de tauromaquia. A usted lo premiaron por defender esta práctica que resulta polémica. ¿Qué le ve de atractivo? ¿Qué dice en su defensa?

-Es una pérdida de tiempo internarse en cuestiones taurinas en estos días y conversando para el Uruguay. Hay prioridades que los llamados defensores de los animales no contemplan y el conjunto de disparates es una caricatura de razonamiento, una nueva moda adolescente. En un mundo que sufre hambre letal deberíamos comernos a los perros si hiciera falta. Frente a la tauromaquia hay una numerosa minoría que se comporta con desinteligencia y muy mal informados. No vale la pena explicar nada a los que están convencidos -pero equivocados- en la forma en que plantean sus miserables prohibiciones y ajustándose a cuestiones morales que son una burla a la realidad. Es como hablarle a una pared, hablar en serio de la tauromaquia es una pérdida de tiempo porque hay gente que lo considera un asesinato y una tortura, eso es una falta de respeto a quienes sufrieron torturas y fueron asesinados. Cada día sacrificamos millones de animales para comer (también exterminamos ratas y moscas, un genocidio que los animalistas radicales no reconocen), según la nueva inquisición merecen vivir con más comodidades que mucha gente que está sufriendo hambre y guerras. No entienden nada.

-¿Qué lo seduce hoy más en sus tiempos libres? ¿Mirar series en Netflix, escuchar música en Spotify o leer libros? ¿Cuáles son las aficiones que practica hoy más allá de la música? ¿Cuáles son sus placeres fuera del escenario?

-Escucho música en discos y con un buen sistema de audio. Puedo leer libros, tomar mate con amigos o tomarlo solo. Estaba leyendo bastante pero quedé trabado entre los dos últimos libros de Emanuelle Carrere… No los pude terminar.
Argentina vive en una constante puja de aparentes pensamientos de índole ideológica visceral, una virulencia que arrastra a muchos de mis paisanos a una confrontación constante

-Divide su tiempo entre Argentina y España. ¿Qué disfruta más de cada país?

-España es formidable. Me gusta una comida con buena tertulia, hacer vida corriente comprando buenos alimentos. Quedarme en casa escuchando discos con algún amigo especialista. En Argentina me tratan muy bien y vivo en una burbuja de misántropo tomando mate… Me gusta quedarme en casa escuchando música… Argentina vive en una constante puja de aparentes pensamientos de índole ideológica visceral, una virulencia que arrastra a muchos de mis paisanos a una confrontación constante que se traslada del fútbol a la cuestión política ida y vuelta. Pero es mi tierra y me gusta permanecer en Argentina. Me tratan bien.

-Es un apasionado del cine y muchos son los músicos que han incursionado en esa área. Sin ir más lejos, Fito (Páez), que dirigió un par de películas. ¿Le gustaría hacer algo en la pantalla grande? ¿Desde qué rol?

-No lo había pensado. Supongo que haría documentales, quizás en el estilo de W.Herzog en Grizzlie Bear. Aquel documental que sigue los pasos de un naturalista pirado que va al norte a convivir con osos capaces de matarlo para comérselo.

-Colaboró recientemente con Julio Iglesias, cómo fue ese encuentro? Él dijo de usted: “Calamaro es un camaleón, un personaje histórico; cuando hay un talento grande que te acompaña, aunque tú no tengas tanto, ellos te impregnan con sus canciones”.

-Julio Iglesias es muy generoso al decir eso de mí. Nuestro encuentro fue extraordinario, conocí a una magnífica persona y a un mito viviente.

-¿“Paracaídas y vueltas” es un buen resumen del universo de Calamaro? ¿Qué lo motivó a reunir todo ese material en un libro?

-La persistencia de Rodolfo Palacios. Rodolfo es mi mentor en cuestiones literarias o editoriales, además es el intérprete literario de universo delincuencial y marginal. Estuvimos dos años intentando recopilar textos y terminé corrigiendo todo y escribiendo cosas nuevas también. También me motivo la posibilidad de otros libros “no autorizados”. Lo escribí yo para que no lo escriba nadie más.

-En Wikipedia dice que su primer instrumento fue el bandoneón. ¿Quién se lo regaló?

-Jámas toqué un bandoneón, es un dato equivocado de la Wikipedia. Alguna vez tuve un acordeón a piano y no llegué a tocarlo demasiado. Nunca practiqué lo suficiente para controlar los botones de la mano izquierda. Hace muchos años se lo di a alguien que lo llevó a los Estados Unidos.

-¿Qué disco tiene aún pendiente de grabar? Algún proyecto al que hace tiempo le tenga ganas.

-Tengo un disco en marcha, sí… pendiente de terminar de cantarlo y mezclarse. Y un libro de 200 fotografías. Mientras tanto estoy terminando una gira intensa, de muchos kilómetros y suficientes recitales.