Juan Pablo Escobar: "El dinero fue el garante de nuestra infelicidad"

Por: Leonel García
Publicado: 12/01/2017 22:28
Juan Pablo Escobar: "El dinero fue el garante de nuestra infelicidad"
GENTILEZA PLANETA
Juan Pablo Escobar/Sebastián Marroquín.

El hijo de quien fuera el narcotraficante más buscado del mundo está en Punta del Este presentando su segundo libro, también sobre su padre.

“Ahorita te llamo”, fueron las últimas palabras que Pablo Escobar Gaviria le dijo a su hijo mayor, Juan Pablo Escobar Henao, el 2 de diciembre de 1993. El otrora todopoderoso capo del cartel de Medellín, cercado por las autoridades, había violado un código de seguridad que llevaba varios años: hablar por teléfono. Minutos después caía abatido.

Según escribió Juan Pablo Escobar en el capítulo 7 de “Pablo Escobar in fraganti”, su segundo libro, el que presenta este viernes a las 20 horas en el espacio WSW del edificio One, en Punta del Este, su padre sabía lo que hacía y lo que podía causar. “Entonces optó por el camino de permitirnos seguir con vida y suicidarse él; con ello confirmó el infinito amor que le profesó a mi madre, mi hermanita –que era su adoración- y a mí”.

El narcotraficante más grande del mundo se había muerto para que su familia viviera “y lo hizo con sus propias manos”, le aseguró Juan Pablo Escobar, en cuyo documento oficial reza Sebastián Marroquín, a ECOS. El hijo, un arquitecto y diseñador industrial devenido escritor y conferencista, con un breve pero latente pasaje en la industria textil, tiene memorias de un padre amoroso y cercano. Pero este hombre a punto de cumplir 40 años sabe perfectamente que su padre también fue uno de los responsables de una guerra que mató a miles de inocentes, de una industria que le arruinó la vida a millones y de que Colombia pasara a ser reconocida en el mundo más por las drogas que por el café.

En su segundo libro, Escobar Henao busca la visión que tenían del capo narco las personas que lo odiaron. Así, se contactó via skype con William Rodríguez Abadía, el hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, temible jefe del cartel de Cali, archienemigo de Escobar, encuentro que se detalla en el capítulo 2. Tremenda paradoja: el 13 de enero de 1988 los caleños hicieron estallar 700 kilos de dinamita frente al edificio Mónaco, propiedad de su padre, donde estaban él, su hermana y su madre que se salvaron de milagro; luego de la muerte de Escobar, fueron los hermanos Rodríguez Orejuela, Miguel y Gilberto, los que les permitieron seguir vivos.

Marroquín/Escobar Henao, nacido el 24 de febrero de 1977 y quien desde 1995 vive en Argentina, dijo a ECOS ser portador de un mensaje de paz y reconciliación, fustigó a las que llama “narcoseries”, que glorifican actividades como las de su padre, aseguró que los millones de dólares (que fueron muchos) solo garantizaron la infelicidad (que fue mucha también) y, ante las críticas que reconoce recibir a diario, aseguró que tiene derecho a apelar al apellido paterno para vivir. Al menos, subrayó, más que Netflix.

-¿Cuántas veces ha estado en Uruguay?

-Perdí la cuenta, pero han sido más de diez. La proximidad con Argentina, donde vivo desde hace 22 años, posibilita el cruce. La primera vez fue cuando recién llegamos, en 1995, por el Buquebus, a Colonia. Fue un par de oportunidades para renovar la visa de turista, llegábamos por la mañana y nos íbamos a la noche. Con eso te garantizabas tres meses más de estadía. Fue algo totalmente utilitario.

-Alguna vez dijo que vivía “horas extras”, ¿cuántas lleva?

-Son años. Desde que tenía 16 cuando murió mi padre, hasta ahora que voy a cumplir 40 en un mes.

-¿Aún teme por su vida? Era el hijo del narcotraficante más buscado del mundo.

-No sé si aún temo o dejó de importarme. Realmente, soy un hombre de paz que no anda buscando problemas por ahí, que sabe comportarse en la sociedad, que aprendió la lección que dejó mi padre. Que no quiere repetir la historia de mi padre. Nadie puede considerarme una amenaza en ningún sentido.
Soy un hombre de paz que aprendió la lección que dejó mi padre y no quiere repetir su historia.

-El mismo día que murió su padre usted lanzó una amenaza a toda Colombia: “Yo solo los voy a matar a estos hijueputas”. Lo recuerda en el prólogo de este libro. ¿Cuánto demoró en arrepentirse?

-Diez minutos. Eso fue lo que pasó entre que la dije y el juramento de que no vengaría la muerte de mi padre. Llevo 23 años cumpliendo la segunda promesa. A nosotros nos tocó crecer a punta de palazos de la vida y de balazos, de historias extremas de violencia. No pude crecer como un adolescente normal, tuve que saltarme etapas para poder sobrevivir. Todo por las equivocaciones de mi padre y de sus consecuencias.

Encuentros


-¿Cómo es la experiencia de encontrarte con hijos de personas a los que su padre mandó matar (Aaron Seal, hijo de Barry Seal, relatado en el capítulo 1) o de aquellos que quisieron matar a su padre, como William Rodríguez Abadía? ¿Qué pasaba por su mente?

-Hombre, son cosas para los que no estás preparado. No hay curso ni entrenamiento. Creo que la vida misma nos llevó. Y la actitud mía ante las víctimas de mi padre, el acercarme de manera respetuosa, sin duda que abrió las puertas. En este libro se permitió un acercamiento en un marco de mucho respeto entre pares, queriendo comprender y analizar de nuevo lo que pasó en esa época. Yo quería completar fragmentos sobre imágenes que tenía de mi padre y comprender cómo lo veían a él sus enemigos. Que en su momento, hay que decirlo, también fueron sus amigos. El propio William Rodríguez Abadía termina reconociendo por primera vez en la historia que su familia fue la autora intelectual y material de ese atentado terrorista del edificio Mónaco.

-¿Y cómo se toma una noticia como esas? Es un milagro que usted y su familia se hayan salvado.

-Mira, ya no me lo tomo ni tan personal. Quizá podría decirte que hasta me caen bien, que es una pena que no hayamos tenido la oportunidad de dialogar con la madurez y sensatez que lo hacemos hoy en día, para evitar un baño de sangre en Colombia. Ojalá esa violencia se hubiera detenido hablando.

-Paradójicamente, a los Rodríguez Orejuela les deben estar vivos.

-Absolutamente. A ellos les debo la vida. Ellos me invitaron a una reunión en la que me juraron que no me iban a matar (luego de la muerte de Pablo Escobar). Entonces, me dieron la oportunidad de seguir adelante. No la desperdicié.

-¿Qué ha buscado con este libro? ¿Aligerar peso sobre los hombros? ¿Buscar una nueva visión sobre su padre?

-Yo creo que, primero, cosas que me fui encontrando en el camino. No estaba en mi “inventario” el conocimiento de que mi padre había trabajado para la CIA, vendiendo cocaína para financiar la lucha anticomunista en Centroamérica. Eso lo demuestran las fotografías que tomó Barry Seal en Managua, cargando cocaína en un avión que pertenecía a la CIA y lo había comprado él.
No estaba en mi 'inventario' que mi padre había trabajado para la CIA.

-¿Y a nivel personal?

-Creo que fue la oportunidad de hacer procesos de reconciliación. Que a pesar de la violencia que separó a muchas familias, poder reencontrarnos en base a la tolerancia, la reconciliación y el perdón. Eso no fue solo con los hijos de Rodríguez Orejuela y Seal, también fue con personajes como Ramón Isaza, el jefe paramilitar que más poder tuvo para enfrentar a mi padre. Tuve un encuentro con él (relatado en el capítulo 3). A pesar que hubo episodios de extrema violencia, a pesar que mi padre mandó asesinar a uno de sus hijos, este personaje no guarda rencor dentro de sí. Hay un clima de mayor tolerancia, de perdonar sin olvidar.

-¿Y usted está en paz con la vida?

-Yo me considero un buscador de la paz, un hacedor de la paz. No hay esperar a que te llegue, hay que ir a buscarla.

-Pero todavía se le cierran puertas. Por caso, usted no puede entrar a Estados Unidos. ¿Cómo piensa que lo ven hoy a su padre en el mundo?

-Se nos cierran y se nos abren. Pero sin duda es un personaje mucho más famoso de lo que era antes. Eso tiene una consecuencia directa de las “narcoseries”, productos como “El patrón del mal” o “Narcos”, que terminan "glamorizando" la actividad del narcotraficante, glorificándola y confundiendo a la juventud, que cree que ser narco es algo válido.

-Y usted que vivió esa vida, ¿cómo la recuerda?

-Recuerdo que el dinero fue el garante de nuestra infelicidad.

-¿Intentó aportar su visión a las que llama narcoseries? ¿O demandarlas, llegado el caso? Usted habla de ellas en el capítulo 12. Y no muy bien.

-Yo le ofrecí a Netflix antes de su primer temporada de “Narcos” acceso irrestricto a información confidencial que tenía de mi padre, fotos, archivos. Pero dijeron que no le interesaba en absoluto. Seguramente sabrían más de Pablo Escobar que su propio hijo…

-¿Había algún uruguayo en la red de su padre? ¿O algún vínculo en Uruguay?

-No, los pocos uruguayos que tuvieron que ver con él vivían en Estados Unidos y su tarea era ayudarlo a meter el dinero en escondites.

Arquitecto, diseñador, escritor, conferencista


-En 2011 usted tuvo un emprendimiento de moda, remeras de marca Escobar Henao, que incluían fotos, frases y documentos de su padre, todo serigrafiado. La idea, decía entonces, era llevar un “mensaje de paz y reflexión” a través de la ropa. ¿Cómo le fue con eso?

-Lo tengo descuidado pero no muerto. Todavía sigue vivo. Es que mi nueva profesión de escritor me absorbió en estos tres o cuatro años. Eso me obligó a abandonar ese proyecto. Pero lo voy a retomar, porque hay muchos jóvenes que todavía creen en el camino del narcotráfico.

-Usted es arquitecto, pero en este momento es ante todo escritor y conferencista.

-En este momento, sí.

-¿Qué hace con lo que obtiene de estas actividades?

-Una parte la dono a comunidades en Colombia que están muy cerca de caer en las garras de la violencia, chicos de zonas marginales que necesitan ayuda para ser impulsados en los estudios.

-Usted tuvo un pasado de opulencia, incluso con zoológico privado y vehículos de todo tipo. ¿Cómo es su pasar actual?

-Tengo un auto del año 2010 y un apartamento en Buenos Aires de 98 metros cuadrados. Esa es toda mi fortuna. Puedo decir de donde viene todo el dinero que gano. Percibo dinero como arquitecto, como autor y como conferencista.

-¿Cuánto le dona a esas comunidades en Colombia? ¿Qué porcentaje?

-Mira, yo no me manejo en porcentajes. Si tengo el bolsillo muy lleno dono mucho. La experiencia de ser millonario la tuve y no fue grata.
Todos los días me dicen que lucro con el apellido de mi padre. Y digo que sí, que tengo el derecho y no me avergüenzo.

-¿Alguien le ha dicho que lucra con el apellido de su padre? De ser así, ¿qué responde?

-Todos los días me dicen eso. Y digo que sí, que tengo el derecho y no me avergüenzo de ello. Tienen menos derecho Netflix y (la cadena) Caracol. Y yo uso la historia con responsabilidad, no como ellos. Y que averigüen si ellos donan algo a Colombia: cero centavos.

-Hoy tiene un hijo de cuatro años. Cuando pregunte, ¿qué le va a contar de su abuelo?

-Todo. El cien por ciento de su historia. Ya lo conoce. Obviamente, es muy pequeño para darse cuenta de la dimensión de la violencia de su abuelo. Pero ya sabe quién es.

-¿Y quién fue Pablo Escobar Gaviria?

-Fue el mejor padre del mundo. Y el bandido más peligroso del siglo XX.