Si es presidente, Martínez prometió “arrancar de cuajo” la corrupción

Actualidad

12/06/2019 06:30

Si es presidente, Martínez prometió “arrancar de cuajo” la corrupción

Campaña DM

El precandidato prometió un Estado “inteligente”, basado en la austeridad, la prudencia fiscal y una gestión por resultados.

El impulso que necesita el Uruguay para su desarrollo exige hoy un nuevo Estado, que esté a la altura del desafío. Así como José Batlle y Ordóñez moldeó lo que terminó siendo el Estado para el país del siglo XX, el desafío ahora es construir el Uruguay del siglo XXI.

Así lo expuso este martes el precandidato frenteamplista Daniel Martínez, al presentar el tercer capítulo de su “impulso al desarrollo”, relacionada justamente con las transformaciones necesarias para lograr ese objetivo.

“Luego de quince años de gobiernos de izquierda estoy convencido de que, con muchos aciertos y algunos errores, hemos construido una plataforma para poder asumir ese desafío”, dijo.

Martínez se refirió al pensamiento predominante en la oposición, en cuanto a que el Estado actual es demasiado grande, y que debe achicarse. “Pero con un Estado débil los que siempre se benefician son los más poderosos” advirtió, ya que los más vulnerables y excluidos contarán con mucha menor protección y acceso al bienestar.

Eso se limita a ser, dijo, un posicionamiento ideológico que lejos está de compartir.

De todas formas, apuntó que de nada sirve un Estado grande que no se ocupe de resolver de manera efectiva los problemas de la gente. “No existe nada más de izquierda que la gestión pública. si el Estado es el escudo para los más débiles, gestionar con eficacia es un imperativo ético”.

Por eso, para ese Uruguay del siglo XXI que pretende, el Estado no puede ser ni chico ni grande ni gordo ni flaco. “Debe ser, ante todo, un Estado inteligente”.

El precandidato frenteamplista presentó al respecto un plan estructurado en cinco pilares, el primero de los cuales gira en torno a una gestión estratégica.

Martínez se propone potenciar las capacidades prospectivas del Estado y utilizar esta metodología para generar grandes acuerdos nacionales para el mediano y largo plazo.

Una vez definido cada objetivo, se aplicará en base a programas y proyectos, con plazos, presupuesto y resultados definidos.

Contarán con un enfoque que facilite el trabajo transversal, que permita cumplir con una de sus grandes obsesiones: romper “chacras”.

Será necesario, dijo, que cada acción tenga metas claramente identificadas e indicadores que permitan medir su avance. En los casos en que esas metas no se logren, los programas deberán ser revisados en profundidad o eventualmente sustituidos por otros que efectivamente generen los resultados esperados.

“Precisamos avanzar fuertemente hacia una gestión por resultados”, afirmó Martínez.

Un camino que, recordó, había iniciado en la Intendencia de Montevideo. “Desde la Presidencia del país, me comprometo a hacer esto mismo pero para todo el Estado, generando un gobierno alineado, articulado y orientado a resultados”, aseguró.

Entre las acciones a desarrollar, incluyó una ley de Planificación y Resultados del sector público, el armado del Presupuesto en base a proyectos, un Sistema Nacional de Gestión, potenciar las capacidades de evaluación de los resultados y nuevos mecanismos que permitan focalizar el rol de la Presidencia en la coordinación y el seguimiento de las principales políticas públicas del gobierno.

Para Martínez, además, el Estado debe manejarse con prudencia fiscal. Allí, nuevamente, puso como ejemplo su gestión al frente de la Intendencia.

“Eso permitió que la Intendencia tuviera un resultado fiscal positivo durante tres años consecutivos y al mismo tiempo hacer un conjunto de inversiones históricas por más de 700 millones de dólares”, dijo.

Se basó, sobre todo, en un imperativo ético: “la austeridad, que nos llevó a revisar el objetivo de cada peso que gasta la Intendencia para justificar su pertinencia”.

Un esfuerzo sistemático que se comprometió a volver a hacer en el gobierno nacional, con el objetivo de garantizar el manejo fiscal requerido para darle un nuevo impulso al desarrollo.

Una condición insoslayable

El segundo pilar será el de la regulación y el control del costo y la calidad de los servicios públicos. “Me comprometo a que sus tarifas se fijen con una metodología transparente y que, paulatinamente, pasen a reflejar los costos de eficiencia de cada empresa”, dijo.

El tercero nombrado fue el de la ética y la transparencia. “La probidad es una condición insoslayable”, sostuvo. “No hay corrupciones chicas y corrupciones grandes, todas son éticamente inadmisibles y políticamente inaceptables”.

En ese marco, señaló, desde el presidente de la República hasta los funcionarios con responsabilidades, todos deben dar las garantías a la ciudadanía de que puede confiar en el Estado.

Por eso, planteó, el Estado inteligente debe contar con los mejores instrumentos disponibles para evitar la corrupción, así como para identificar de manera inmediata a funcionarios, ya sean políticos o de carrera, que caigan en la corrupción, para “arrancarla de cuajo”.

En ese marco tiene diseñado un Sistema Nacional de Prevención de la Corrupción que incluye al menos cuatro iniciativas: El fortalecimiento de la Junta de Transparencia, dotándola de recursos humanos y financieros, la ampliación de las declaraciones juradas de patrimonio y de conflictos de interés para un número mayor de cargos de confianza, incluyendo familiares, y realizando un seguimiento luego de la salida del cargo público.

También una serie de ajustes normativos en las tipificaciones de los delitos de corrupción, tomando como referencia las mejores prácticas a nivel internacional.

Preciso de ustedes

Martínez dejó el último pilar para hablar de la necesidad de funcionarios públicos empoderados, capacitados, motivados y comprometidos con su función.

En su visión, buena parte de la capacidad transformadora del Estado se encuentra precisamente en ellos. “Necesitamos un equipo con la camiseta puesta y estoy convencido de que en muchos sectores del Estado ya lo tenemos”, dijo.

En ese marco, les hizo un llamado particular. “Espero y preciso de ustedes”.

Para lograrlo se plantea cuatro acciones principales: desarrollar un plan integral de gestión humana que incluya un Programa de Alta Gerencia Pública, un Programa de formación de mandos medios y un Sistema de educación permanente de funcionarios públicos.

Además,estudiar la ampliación de los compromisos de gestión como instrumentos de cambio cultural hacia la gestión por resultados. También fortalecer la Oficina Nacional de Servicio Civil y la Escuela Nacional de Administración Pública, como organismos rectores de la gestión humana.

Finalmente,ampliar los acuerdos con la Universidad de la República e instituciones especializadas en gestión pública.