“La realidad mostró que axiomas que teníamos en el Frente, no lo eran"

Por: Leonardo Haberkorn

Actualidad

14/04/2019 08:19

“La realidad mostró que axiomas que teníamos en el Frente, no lo eran"

La precandidata Carolina Cosse habló desde sus inicios en la Juventud Comunista a los cambios que haría en seguridad, educación y economía

La única mujer que continúa luchando por ser candidata a la presidencia, la exministra Carolina Cosse, recibió a ECOS en La Huella de Seregni, la sede del Frente Amplio.

-¿Cuándo comenzó a interesarse en la política?

-De niña fui testigo de lo que el nacimiento del Frente Amplio significó para mi padre y su generación. Me críe en un hogar de clase media baja donde la política siempre estuvo presente. También influyó mi abuelo, que era comunista en Cerro Largo en los años 50. ¡Era el único! Era un granjero que dividía lo que producía con sus peones. Él generó una mística de bondad en la familia, que me influyó mucho. Después vino la dictadura, que golpeó a mi familia como a muchas.

-¿Su padre -el actor Villanueva Cosse- fue proscripto? ¿No podía actuar?

-Sí. Él se fue a Argentina por una oportunidad laboral y, mientras estaba allá, se dio el golpe de Estado en Uruguay. Sus compañeros le avisaron que no volviera. Él pensó que sería por un tiempo, pero luego la dictadura lo prohibió y se tuvo que quedar.

-¿Usted y su madre se quedaron acá?

-Sí. Mis padres estaban separados.

-¿Militó como estudiante contra la dictadura?

-Sí, entré a la Facultad de Ingeniería en 1980, pero en el 81 nació mi primer hijo y tuve que dejar. Casi enseguida llegó mi nena, entonces la pausa en los estudios se prolongó dos años. Muy apoyada por mi mamá y mi abuela, pude volver en 1983 y me encontré con una generación efervescente a la que me integré. Eso fue maravilloso en mi vida. Participé y milité para la recuperación de la democracia. Después me afilié a la Juventud Comunista.

-¿Por qué eligió la UJC entre todas las opciones que había en ese momento?

-Las cosas no estaban tan armadas como hoy. Las conversaciones las tenía con una persona, de un sector o de otro. Y las posturas se iban tomando en asambleas gremiales. Y yo me sentí identificada con las posturas que en ese momento sostenía la UJC. Después me fui.
Ya me tiene patilluda que digan que el Frente Amplio tiene un Frente de izquierda y otro de derecha.

-¿Cuándo?

-Un poco antes del desbande del socialismo real. Cuando empezó todo el asunto de la perestroika, no lo pude entender. Me pareció que había algo más, y lo había. Pero siempre seguí siendo frenteamplista. Para mí los años 90 fueron muy duros, porque en Uruguay el neoliberalismo estaba a full, y yo no encontraba una respuesta profunda, filosófica. Y ahí empecé a escuchar a Pepe. Fue una reconciliación con las ideas.

-¿Queda algo de su pasaje por el Partido Comunista? ¿Cree en la lucha de clases?

-La realidad es muy compleja (se ríe).

-Sin duda.

-Creo que tenemos que batallar por una sociedad más humana, menos violenta. No me refiero solo a la violencia que termina vidas, que es horrible y es lo peor. Hay violencia en la calidad de las respuestas, en los gestos, en el apuro, en los hogares, en el trabajo. Tenemos que tratar que esta sociedad se humanice un poco más, tratando de nivelar oportunidades, de tirar y construir para arriba.

-¿Y cómo se junta esto con su pensamiento sobre la lucha de clases?

-Quiero decir que ya no alcanza con pensar en esos términos. No creo que haya una sola forma de razonar para poder pilotear y navegar por la realidad. Porque cuando navegás te encontrás, por ejemplo, con empresarios y empresarias con una gran sensibilidad. Que quieren trascender su propio negocio. Y en eso de buscar una sociedad más humana yo los quiero de aliados. Y también encontrás trabajadores que tienen actitudes violentas. Hay de las dos cosas.

-Desde 1985 el Frente Amplio ha tenido dos grandes alas. Simplificando mucho, podemos decir que hay moderados y hay radicales. Daniel Martínez parece encuadrar muy bien con el perfil tradicional “moderado”. ¿Usted se siente la líder del ala radical?

-¡Qué buena pregunta! Porque a mí ya me tiene patilluda que digan que el Frente Amplio tiene un Frente de izquierda y otro de derecha.

-Yo no dije eso. Eso lo dicen algunos frenteamplistas.

-Yo te lo digo así. El Frente Amplio es mucho más que sus líderes, que los grupos que lo integran y que sus autoridades. Eso se comprende cuando uno se reúne con muchos frenteamplistas y se da cuenta que ellos tienen mucho más claro el concepto, el ánimo, el rumbo de hacia dónde hay que ir. Ellos lo saben mejor que uno mismo, que a veces se deja entrampar por las estructuras. Son tan grandes los problemas y los desafíos, que los caminos tienen que estar apegados a las ideas y -al mismo tiempo- ser de un profundo pragmatismo. Yo no siento esa separación en el Frente Amplio. Cuando hablás con la gente, esa supuesta separación se borronea.
Hacer que los presos trabajen. Tendría que ser obligatorio

-Daniel Martínez se permite críticas al gobierno: ha planteado -por ejemplo- el tema de la gran cantidad de gente que vive en la calle y un eventual relevo de Bonomi. En cambio usted parece estar alineada 100% con el gobierno del que fue ministra. ¿Es una estrategia deliberada?

-Me gustaría que me escucharas también en los comités...

-¿También critica al gobierno?

-No, no critico. Pero es muy importante no quedarse en la superficie de las cosas. Por eso planteo una segunda generación de cambios. Yo reconozco que llegamos a un lugar y que la realidad nos desafía a avanzar. El Frente Amplio ya demostró que puede hacer las cosas mejor, ahora tiene que demostrar que puede hacer cosas nuevas y distintas. A mí no me gusta centrar la discusión de los temas en personas. No me parece bien.

-¿Qué cambios concretos estarían comprendidos en esa segunda generación de cambios?

-Por ejemplo, pasar todas las escuelas a siete horas. No es solo por la educación. Tiene también que ver con los territorios donde están las escuelas, donde muchas veces hay problemas de seguridad y convivencia. Entonces llevarlas a siete horas mejorará la educación de los niños y ampliará el margen de acción de la escuela. Y al mismo tiempo, va a ayudar a que las mujeres jóvenes tengan trabajo, a mejorar su autonomía económica y a volverlas menos vulnerables cuando haya situaciones de abuso.

-¿Qué otra medida comprende la “segunda generación de cambios”?

-Nosotros hemos hecho una importante reforma de la salud, es un gran logro de nuestro gobierno. Pero quedan cosas a perfeccionar. Por ejemplo: en el interior hay un problema con los especialistas. Eso amerita darle una mirada a este tema con cabeza nueva y ver si con técnicas de organización diferentes, y usando tecnologías, no es posible que -en vez de que un paciente pivotee entre especialistas- los especialistas rodeen a un paciente.

-Eso supone una mejora en la gestión de la salud. Y hablar de gestión a veces parece que fuera una mala palabra para alguna gente de izquierda.

-Lo que pasa es que con gestión solo no alcanza. Tiene que haber una mejor gestión junto con una mirada política para definir los objetivos.

-¿Mantendría la política económica?

-La orientación macroeconómica que hemos tenido es muy importante y hay que mantenerla. Pero hay que enriquecerla, pensando un poco afuera de la caja, con acciones que nos permitan manejar una transición generando puestos de trabajo...

-¿Por ejemplo?

-Inversión pública.

-Tenemos déficit fiscal.

-Por eso hay que pensar fuera de la caja. Tenemos entre las herramientas posibles los proyectos de participación público-privados. El defecto es que demoran mucho, pero debemos hacer que demoren menos. Luego tenemos el mercado de capitales. UTE lanzó al mercado minorista acciones de un proyecto eólico y se terminaron en 24 horas. Quiere decir que hay una capacidad de ahorro en cierto sector de la sociedad que no tiene donde volcarse. Eso que funcionó para un parque eólico podría funcionar para una lista de obras públicas. Tenemos también los activos del Estado. Tienen un valor importante. Se podrían elaborar -no tengo el detalle- fórmulas para que apalanquen inversiones públicas. Son cambios de segunda generación. Entendiendo las limitaciones que nos impone el déficit fiscal, comprender que igual tenemos que construir para cambiar la realidad.
Estoy de acuerdo con que los delincuentes tienen que cumplir su pena en forma estricta

-¿Y no le parece que hay lugares donde recortar para achicar el déficit fiscal?

-Siempre está bueno recortar. Pero gran porcentaje de eso se va en seguridad, educación y salud, así que ahí la veo muy difícil. Creo sí que hay mucho para hacer para mejorar la calidad del gasto.

-Cada tanto nos sorprende alguna noticia como la de las doce sillas de Ancap que costaron más de un millón de pesos.

-Mejorar la calidad del gasto va de suyo. Pero si nuestra cabeza se restringe al apriete, entonces no tendremos sustentabilidad. Por eso estoy proponiendo cosas que dinamicen. Si no será pan para hoy y hambre para mañana.

-¿Este tipo del gastos -como el de las sillas de Ancap- no evidencia que tantos años en el poder han hecho adormecer las nociones de qué es correcto y qué no entre ciertos sectores de la administración y del Frente Amplio?

-No sé, estás citando un caso particular...

-Hay otros...

-Y debe haber, pero en términos de gestión y de control me parece que se ha avanzado mucho. En transparencia también. Ahí también hay mucho para avanzar en una segunda generación de cambios. Estos temas van a ser siempre una preocupación del Frente Amplio.

-Si gana la interna y le toca enfrentar a los candidatos a la oposición le van a recordar muchas veces los fracasos del gobierno. Uno de ellos, quizás el mayor, es el de la seguridad pública. Va a tener que explicar qué pasó y decir qué piensa hacer. ¿Cómo responderá a esas dos preguntas?

-Yo ya estoy hablando de eso. Y cuando me preguntan los tres ejes de mi campaña, el primero que digo es seguridad. Tenemos un problema y no creo que nadie lo niegue. Pero no se puede decir que nadie haya hecho nada, porque realmente la estructura de las fuerzas que cuidan del orden ha cambiado, mejorado, hay muchas mejoras que se han hecho. Y ahora vamos a una segunda generación de cambios, porque los problemas son de una segunda generación. Hoy el delito avanza rápido, tienen tanta tecnología como nosotros y no necesita andar haciendo expedientes. Es una fuente de lucro social. Rompe el tejido social como nunca antes. Hay que encararlo de una manera nueva: si un operativo como el realizado en Casavalle fue exitoso -porque se planificó, se mantuvo en reserva y cooperaron todos poderes del Estado- hagamos eso sistémico.

-¿Qué más haría?

-La represión obviamente tiene un lugar en la construcción de la seguridad, limitada por la Constitución y los derechos humanos. Hay mucho para hacer en materia de seguridad. Lo primero es una orientación en proyectos en los cuales el centro sea el lugar problemático. No discutir si le corresponde al Mides, al Ministerio del Interior... ¡le corresponde a todos los que tengan algo para hacer ahí! También creo en la prevención, generando trabajo, generando condiciones de hábitat dignos. Ahí hay un gran camino. Las escuelas de siete horas también van a ayudar. Y también es claro que hay varios temas que vamos a tener que poner sobre la mesa y hablarlos con los otros poderes del Estado, porque hay cosas que el Poder Ejecutivo no puede hacer solo. Por ejemplo: hacer que los presos trabajen. Tendría que ser obligatorio. Me dicen que no se puede por la ley. Bueno, vamos a ponerlo arriba de la mesa.

-Una cantidad de cambios que se hicieron en la policía, en su modo de organizarse y de trabajar, no resultaron. En los hechos, se fracasó. El ministro dice que se podría estar peor si no se hubieran hecho. Pero los hechos dicen que el Frente Amplio prometió bajar 30% las rapiñas y en lugar de eso hubo un aumento muy importante...

-Era una meta muy ambiciosa.

-Sí, pero ni siquiera empataron. Las rapiñas aumentaron. ¿Qué haría usted?
¿Repensaría la policía? ¿Cambiaría el elenco que está al frente del Ministerio del Interior?


-Cuando viene un nuevo gobierno, por definición cambian todos los elencos, así que eso no me preocupa. Yo lo primero que hago es trabajar con los que están en el asunto, con los que saben, los que me pueden decir cuáles son los problemas que tienen en el día a día. Eso es una parte del trabajo y hay que hacerlo. Pero lo pregunto no para hacer lo que me dicen, sino para tener más elementos. Pero además voy a impulsar algunos temas como la formación permanente de la policía. Me imagino que la fuerza policial tendría que tener -si no la tiene- una formación permanente, independiente de que se suba o no de escalafón. Ha mejorado mucho su salario, su tecnificación -y es verdad que si eso no hubiera ocurrido la cosa estaría peor. El problema es muy complejo y no me parece justo decir que no se hizo nada. Pero tenemos que hacer cosas nuevas.

-Por una cuestión ideológica o filosófica, ¿se durmió el Frente Amplio con la represión? ¿La menospreció en estos tres gobiernos?

-El devenir de la realidad nos mostró que algunos axiomas que nosotros teníamos en el Frente, no lo eran.

-¿Por ejemplo?

-Que arreglando la situación económica desaparece el delito. Que el que roba lo hace para comer. Capaz que alguno roba para comer, pero no son ellos el problema grave que estamos teniendo.

-Más allá de que no las vaya a votar porque hay que votarlas todas juntas, ¿está de acuerdo con algunas de las cuatro medidas que propone Larrañaga en su plebiscito?

-No, con ninguna.

-¿No le parece que se necesitan allanamientos nocturnos?

-No, ni ahí.

-¿Ni con orden de juez?

-Con orden del juez, podría ser. Tendría que estudiarlo.

-Eso es lo que propone Larrañaga.

-No lo recordaba.

-También propone la cadena perpetua revisable a los 30 años para asesinos seriales, violadores y asesinos de niños, sicarios...

-Es que no puede haber nada más horrible que atentar contra la vida humana. No quiero ni saber lo que es el sufrimiento de la víctima y de sus familiares. Hay que ponerse del lado de las víctimas, pero sin que eso signifique tirar por la borda la posibilidad de que solucionemos esto sin recurrir a la fuerza bruta. El problema está en modificar la Constitución. Supongamos que las cuatro medidas, así de fuertes, son las correctas y reformamos la Constitución. Y que mañana o pasado la situación cambia. Entonces seguiríamos teniendo a los militares ejerciendo temas de seguridad, porque quedó establecido en la Constitución. Reformar la Constitución es un corsé muy fuerte. Pero estoy de acuerdo con que hay que vivir sin miedo. Estoy de acuerdo con que los delincuentes tienen que cumplir su pena en forma estricta. En este tema nos tenemos que sentar los tres poderes a conversar.

-La tasa de homicidios hoy de Uruguay duplica la de Argentina y triplica la de Chile, países vecinos y con los que siempre nos comparamos.

-Yo no voy a decir que está bien. Es un problema. Lo tenemos. Es el primer tema de los ejes de mi campaña. Pero que sea un tema grave no quiere decir que salgamos en desbandada, recurriendo a lo primero que nos dice cualquiera.

-Recién habló de cambios de educación. Eso lo intentó Mujica. Recordemos su discurso al asumir: “educación, educación y educación”. Luego Vázquez prometió cambiar el ADN de la educación. Ninguno de los dos pudo cumplir. Mujica dijo que no lo dejaron y culpó a los sindicatos. Vázquez cambió pronto el elenco que iba a hacer ese cambio. ¿Usted cómo va a enfrentar este tema? ¿Cómo hará los cambios en un sector con un statu quo tan fuerte?

-He estado en contacto con muchos actores de la educación y con los centros educativos. En los distintos cargos que he ejercido en la administración pública, generé proyectos conjuntos con Primaria, con Secundaria, con UTU y la Universidad. Una de las cosas que hay que implementar en una segunda generación de cambios, es una educación bien comunicada. Porque en una gran cantidad de centros educativos pasan cosas muy buenas y solo las saben los que están ahí. Hay que separar la educación de lo administrativo. Hay temas administrativos que no son centrales y nos enmarañan: la adjudicación de horas, el tiempo que tarda reparar un vidrio que se rompió. Como ministra muchas veces los sindicatos me pidieron que propiciara el diálogo, y de la otra parte también. Eso sí forma parte de mi ADN. Dialogar es sentarse en una mesa y discutir los temas con argumentos. Los docentes son fundamentales. Muchas cosas se hacen porque ellos están ahí. Los botijas van al exterior y ganan premios porque hay docentes atrás.

-Tiene un perfil muy ejecutivo. ¿Se imagina presidiendo la Asamblea General, en el Parlamento, donde el rol es otro? Donde hay que negociar mucho con la oposición, articular, hablar, consensuar.

-Hoy tengo toda mi energía para competir por la Presidencia.

-Lo sé.

-Pero si querés te respondo a la pregunta de si me imagino en la política. Y la respuesta es sí, en la política estoy. La política no es solo declarar y hacer, también es reflexionar. Recién te contaba de las gestiones hechas en el campo de la educación, y cuando entro a una organización para plantear algo o negociar, nunca le pregunto a nadie de qué partido es. Lo que me importa es el tema y sacarlo adelante. Y así voy a seguir.

-Quiere decir que es una posibilidad...

-¡Eso no es lo que te contesté (risas)!

-En la campaña varios precandidatos han dicho que se debería prohibir que los directores de las empresas públicas aspiren luego a la presidencia. También lo ha dicho Astori. ¿Se siente aludida como expresidenta de Antel?

-No.

-¿Le parece una medida justa?

-No sé. Estarán asustados.

-Cuando la designaron presidenta de Antel, en 2010, el ingeniero Pablo Brenner publicó una carta pública muy dura señalando que usted y su marido de entonces le habían quedado debiendo 70.000 dólares de un negocio a fines de los años 90.

-Ese tema está saldado y puedo reenviarle las respuestas del propio Pablo. Cuando alguien vuelve sobre este tema, él le responde diciendo que el tema está saldado, aclarado. Yo estoy totalmente tranquila con mi honestidad. Para mí el tema se terminó. Y para él también, y lo dice.

-¿Pero qué fue lo que pasó?

-Está saldado. No pasó nada.

-El ingeniero Adrián Manera, integrante del Frente Amplio con cargos en la administración pública, hizo circular en 2018 un mensaje en un foro partidario que luego reprodujo el semanario Búsqueda. En ese mensaje, en base al tiempo en que ambos trabajaron en la Intendencia de Montevideo, Manera la retrato a como una mujer muy inteligente y emprendedora, pero carente de “ética” y “valores”.

-Sí, un querido compañero. Pobre. La gente que trabaja conmigo sabe cómo trabajo. Hay una gran cantidad de gente que ha trabajado conmigo. Yo los temas los hablo frontalmente. Yo me involucro en los equipos, nunca me desentiendo. Y cuando los equipos toman una definición, voy por esa definición. No ando yendo para atrás y para adelante. Tengo marcha atrás: soy ingeniera y si la realidad indica otra cosa, yo cambio. Pero es mi forma de trabajar. Con la firmeza que necesita la conducción de un país. Por eso estoy compitiendo.

-¿Cómo imagina el Uruguay si gana la oposición?

-Eso no va a pasar.
-Trump.
-Torres.

-Putin.
-Acorazados.

-Macri.
-Boca.

-Bolsonaro.
-Marcha.

-Maduro.
-Tropical.

-Mujica.
-La verdad.

-Sanguinetti.
-El pasado