Juan Sartori: “Hace menos de un año no me interesaba la política”

Por: Leonardo Haberkorn

Actualidad

21/03/2019 08:48

Juan Sartori: “Hace menos de un año no me interesaba la política”

El precandidato nacionalista narra cómo llegó a su candidatura, se refiere a las críticas y a cómo ve el futuro del país.

La entrevista es en el cuarto piso del edificio Unión, en la plaza Independencia, sede de su grupo empresarial transformada en sede de su campaña electoral.

Una vista espectacular, obras de arte moderno, un cómodo y elegante mobiliario. En una pared un cuadro que reúne fotos del Mundial de 1930 y una entrada original al estadio Centenario para un partido de aquella primera Copa del Mundo.

Sartori llega con la camisa arremangada y su tradicional sonrisa. Viene conversando sobre entrevistas y encuestas. Su asesora de prensa parece agotada, pero él se muestra enérgico y de buen humor.

-Todos le preguntan por qué se metió en esto. Y su respuesta siempre es que quiere ayudar al Uruguay. Pero se puede ayudar de mil otras maneras, sobre todo con su dinero y sus contactos. No hay que ser presidente.

-Pero si la política no acompaña es muy difícil hacerlo. La política es el ente superior que determina las condiciones de un país. Uno no puede ir contra políticas de estado que son erróneas.

-Sin embargo, con nuestro actual estado jurídico y político usted mismo ha hecho inversiones muy grandes en Uruguay.

-Pero con un modelo distinto se podrían conseguir muchas más. Más allá de que lo que yo pueda hacer porque le tengo cariño al Uruguay, tenemos que convencer al mundo entero de que invierta acá. Y eso pasa por la política. Yo no veo otra manera de tener un impacto en el largo plazo.

-Pero usted, que podría disfrutar de la vida, meterse en el lío de la política...
-Yo tengo un gran entusiasmo. No la veo a la política como una cosa horrible. Yo, teniendo la libertad de hacer cualquier cosa, ¿preferiría estar tirado en una playa? No, porque a las dos horas en una playa ya no sé qué hacer. ¿Querría seguir haciendo negocios? No, porque eso tiene un fin y llega un momento en el que ya no sentís la misma satisfacción. Prefiero comprometerme con mi país. Lo veo como una oportunidad extraordinaria. Yo necesito poder resolver problemas todo el tiempo, aceptar desafíos, trabajar. Me gusta trabajar. Trabajo 20 horas por día. No lo hago por obligación. No pienso que haya sido una mala decisión de vida, la de abandonar otra cosas para dedicarme a lo que estoy haciendo hoy.

-Entonces la política le gusta.
Me lo dice el país entero: hoy hay un descreimiento de los políticos que es criminal

-Sí. Es una actividad linda, noble, en la que uno escucha los problemas de la gente, trata de buscar soluciones, arma equipos para lograrlo. Lo que veo es todo positivo.

-¿En qué se parece y en qué se diferencia respecto a ser empresario?

-Hay cosas en las que me gustaría que se parecieran más. Los gobiernos deberían buscar resultados concretos y pragmáticos como se hace en las empresas. En la política todo es más intangible, en los negocios las cosas son más concretas: salen o no. En la política hay que trabajar más en la confianza, en el convencimiento. Y hay que vivirla con menos dramatismo. No hace falta tanto enfrentamiento, tanta crítica, tanta visión horrible...

-¿Hoy estamos en una crispación tan grande?

-Por supuesto. Me lo dice el país entero: hoy hay un descreimiento de los políticos que es criminal. Lo hablás en la calle, en los barrios, en cualquier pueblo del interior. La gente tiene la impresión de que la política se volvió un círculo cerrado, con sus privilegios, con políticos que vienen cada cinco años para contarles una historia y después se retiran a vivir tranquilos, y lo que menos les preocupa es arreglar las cosas.

-Usted no es el único que va a hablar con la gente para conocer sus problemas.

-Sí... Pero mi carrera profesional no es la política. Yo no lo hago para defender un cargo porque nunca hice otra cosa. Yo lo hago por una vocación de apoyar en lo que pueda. No preciso un cargo para existir.
Hay una crisis que no es económica, porque estamos creciendo todavía. Es una crisis de miedo al futuro. De confianza. Eso lo vi en los funcionarios públicos: policías, enfermeras, maestras

-Tras recorrer el Uruguay, ¿los uruguayos vivimos mejor o peor de lo usted pensaba?

-Lo que más me impresionó es la falta de trabajo. Por eso lo hice el eje de mi campaña. El interior está mucho más golpeado de lo que pensaba por la falta de oportunidades. Hay una cantidad de jóvenes que no encuentran esas industrias nuevas que les interesan, lo virtual, lo digital, y están pensando en irse. Hay una crisis que no es económica, porque estamos creciendo todavía. Es una crisis de miedo al futuro. De confianza. De motivación. Eso lo vi en los funcionarios públicos: policías, enfermeras, maestras. Todos dicen que están desmotivados. Que el sistema estatal los desmotiva. Y eso lleva a los problemas que vemos ahora: ausentismo, etc. Es un problema emocional. No es que haya tanta disconformidad con la situación actual, sino con la falta de rumbo. Por eso lo más importante hoy es definir cuál es el futuro del Uruguay.

-¿Y cuál sería ese rumbo?

-Volver a ser un lugar integrado al mundo, al que llegan inversiones, con gente capacitada. La escuela pública fue un orgullo y hoy está cayendo. La capacidad de hacer negocios era buenísima y hoy estamos cayendo en todos los indicadores de negocios. Tenemos que volver a ser esa Suiza de América a la cual se podía venir, instalarse, hacer negocios, se vivía mejor que en otros lugares y el Estado funcionaba mejor. Y eso se hace volviendo a la que fue nuestra base: una población pequeña pero con mucha capacidad de lograr valor agregado, porque estaba conectada con las tendencias globales, con un nivel de formación muy importante y muy motivada en trabajar y hacer cosas. Hay muchos ejemplos de pequeños países que encuentran su lugar de integración y les va recontra bien. Pero el gobierno abandonó todo esfuerzo de integración regional, no se reúne con casi ningún mandatario en temas de innovación, no tenemos suficientes acuerdos comerciales... Hay un agotamiento, hacia el exterior y hacia el interior, donde mucha gente en los pueblos se queja por los servicios que no llegan, por el mal estado de las carreteras...
El gobierno abandonó todo esfuerzo de integración regional, no se reúne con casi ningún mandatario en temas de innovación, no tenemos suficientes acuerdos comerciales

-¿Cuál es su primer recuerdo de la política? ¿Cuándo lo interesó por primera vez la política?

-Me acuerdo de mi madre, que militaba en el Partido Nacional, en el Celadu (Centro de Estudios para la Democracia Uruguaya), de Wilson Ferreira Aldunate. Yo era muy chiquito y me acuerdo de verla con papeles, trabajando en esas cosas. Es un recuerdo emocional.

-¿En qué elección votó por primera vez?

-Nunca voté todavía.

-¿Nunca?

-No, porque siempre estaba en el exterior. Va a ser bueno votar por primera vez.

-¿En ninguna elección? ¿En ninguno de los plebiscitos?

-No. Es que la credencial creo que la saqué recién en 2010. Desde que la tengo hubo una sola elección y no pude votar por estar trabajando en el exterior. Pero es peor, porque si me preguntabas hace menos de un año si me interesaba la política, te respondía que no.

-¿Y cuál fue el clic?

-Y... empezar a ver que la situación merece que todos nos comprometamos más allá de la comodidad. Las cosas no van bien. Necesitaríamos mucha más gente que abandone lo que está haciendo para trabajar en política, que aporte para encontrar soluciones. El actual sistema político hace que la gente llegue muy comprometida, y por eso terminamos con todos estos casos de clientelismo, que nos cuestan tan caro.

-Usted dice que se sumó a la política para ayudar, pero mucha gente no le cree. Y piensa que tiene que existir otra razón oculta, no expresada. Que hay gato encerrado.
El actual sistema político hace que la gente llegue muy comprometida, y por eso terminamos con todos estos casos de clientelismo, que nos cuentan tan caro

-Porque miran las cosas desde sus propios paradigmas. Y el mío es distinto. Yo tuve la suerte de tener una gran libertad temprano en la vida. Y estoy acostumbrado a hacer cosas a muy alto nivel. Y estoy acostumbrado a tener impacto. Y sé que puedo aportar mucho. Y veo las cosas desde ahí.

-¿Cuándo se mete en algo nuevo, como hizo al comprar un club de fútbol, o como ahora, el ingresar en la política como precandidato. ¿Cuál es su método para conocer a fondo ese mundo nuevo?

-Escuchar mucho. Tratar de tener un buen sentimiento de las personas y la gente. Al final se trata de tomar decisiones. A cierto nivel, las cosas pasan a ser simplemente eso. Y para eso hay que tener una capacidad de entender la realidad y de ver donde está la visión del futuro y hacia dónde van las oportunidades.

-Y de entender ese mundo nuevo, ¿no?

-Entender hacia donde va y entender la realidad. El saber especializado está muy disponible. Hay muchísimos técnicos, gente que sabe los detalles de muchísimas cosas y eso es casi que la parte más fácil. Lo difícil es tratar de tomar esas decisiones y de que tengan relativamente buen impacto. Por eso trato de escuchar mucho...

-¿A quiénes? ¿Gente que contrata? ¿Lo que se dice por ahí?

-A todos. Habrán visto que en la política me he reunido desde con premios Nobel hasta gente que tiene cualquier tipo de trabajo que no tiene nada que ver con la política. Porque el sentido común es lo que prima en las decisiones. Y a veces cuánto más especializado el técnico, más lejos de la realidad está.
Difiero con algunos de mi partido en que yo busco más pragmatismo y menos ideología

-¿Por qué eligió el Partido Nacional siendo que tiene dos líderes muy afianzados y difíciles de vencer?

-No todo es un cálculo estratégico. Uno tiene que sentirse en sintonía con lo que hace. Yo tenía esos recuerdos de mi madre en el Partido Nacional... Y es el partido con el cual me siento más en sintonía por su historia, sus líderes pasados, por su visión de un estado más eficiente, la descentralización, la libre empresa... Aunque difiero con algunos de mi partido en que yo busco más pragmatismo y menos ideología. Espero que esto sea una corriente nueva que le dé una visión nueva y distinta al Partido Nacional, que crezca más allá de como a mí me vaya. Hoy no hay casi ninguna duda de que vamos a tener una bancada parlamentaria. Y es un movimiento que yo voy a seguir liderando, más allá de que gane o no las internas.

-¿Será candidato a diputado?

-No. Soy candidato a presidente. Mi vida es ejecutiva: hacer cosas, tomar decisiones. En lo legislativo no tengo ninguna experiencia y no podría mirar a los ojos a alguien y decir que yo podría hacerlo mejor. No es mi perfil. Pero seguramente sí tenga la capacidad de elegir muy buenos candidatos a diputados y senadores que sigan mi visión del país, y que rindan cuentas del sueldo que cobran por su trabajo.

-¿Cómo se dio el acercamiento con el exdiputado Alem García? Se lo recuerda por sus posiciones orientadas hacia la izquierda.

-Es un sector que había desaparecido y que se reconoce en aspectos que yo hablo, la modernidad y el pragmatismo. La modernidad no es de derecha ni de izquierda, pero respeta algunas cosas de esos dos lugares. A Alem lo conozco por los campos. Y fue una de las personas con las que empecé a hablar cuando tomé esta decisión. Y él me dijo que le encantaría que el Partido Nacional vuelva a tener una corriente nueva, fuerte y distinta.

-Ayer en el acto se veían carteles de distintas agrupaciones del interior, ¿Cómo elige a esos caudillos o candidatos locales que se suman a su candidatura?

-No los selecciono, me seleccionan ellos (se ríe).

-¿Pero los acepta a todos?

-Sí.

-¿A todos?

-Sí. Lo digo muy claro en todos mis discursos. Quien quiera apoyarme, bienvenido.

-¿No hace un estudio de cada uno, de sus antecedentes, una preselección?

-No, porque quién soy yo para juzgar. Si alguien tiene ganas de aportar, ¿voy a hacerle lo mismo que me hicieron a mí? Si alguien quiere apoyar al partido, que lo haga. Por supuesto que podemos tener alguna diferencia de ideas, pero si están dispuestos a apoyarme y a trabajar, bienvenidos todos. Y también gente de afuera del partido.

-Pero entre esos caudillos o dirigentes que se le presentan bien podrían existir casos de gente con antecedentes de corrupción, o clientelismo, o desfalcos...

-¡Bueno! Si hay problemas de esos seguramente tendremos instancias donde no los dejaremos entrar, pero esos son casos graves que inhabilitan a cualquiera en cualquier actividad. Es difícil controlarlos a todos. Hoy tenemos más de 300 agrupaciones y cada una de ellas tiene miles de votos. Mi visión es la de involucrar a todos.

-Una dirigente de Salto, María Machado, estaba con Novick y lo dejó para apoyarlo. En declaraciones que hizo al diario local El Pueblo y a La Diaria, dijo que Novick no le dio el apoyo logístico y económico que usted sí. Es decir, admitió que una de las razones de su cambio fue una cuestión de dinero.

-Toda las grandes corrientes políticas de este país apoyan logísticamente a quienes los apoyan. Es absolutamente lógico.

-¿Entonces cómo es? Vienen y le dicen: yo estoy con Novick pero no me da plata...

-¡Es peor! Acá vienen todos los días agrupaciones y no agrupaciones. Es un problema que hay manejar bien.
El que no entiende que esto es una efervescencia social más que política, o que piensa que todo está en lo económico, no entiende lo que está pasando

-¿Pero piden plata? Es lo que se desprende de las declaraciones de esta dirigente.

-Por pedir, pueden pedir lo que quieran. Yo te digo cómo lo organizamos nosotros y todas las otras corrientes. Es importante dar apoyo en carteles, apoyo para imprimir las listas, hacer publicidad como estamos haciendo y que beneficia a todos los que se suman. Hay agrupaciones que no lo pueden hacer solas. Entonces el apoyo es absolutamente normal -económico y logístico- y lo hacen todos. Andan por ahí diciendo que yo compro dirigentes. Eso no tiene ninguna lógica y los que lo dicen ven la política desde su prisma: lo han hecho o lo quieren hacer. En mi caso, todo el apoyo que he tenido es un entusiasmo que se ha ido generando. Si me preguntás cuántas agrupaciones me apoyan, ni siquiera sé. Y el que no entiende que esto es una efervescencia social más que política, o que piensa que todo está en lo económico, no entiende lo que está pasando.

(Un asesor que está presente interrumpe y pide que la entrevista vaya terminando).

-¿Por qué le fue a decir antes a Mujica que quería hacer política?

-Lo hice con cada persona que se me cruzó en los tres meses anteriores a decidirme. Se lo pregunté a todo el mundo. Se hizo ciencia ficción con eso.

-No fue a anunciárselo.

-Para nada. Le dije: qué le parece si hago política en Uruguay, estoy con ganas de hacerlo. La misma pregunta le hice a diez mil personas.

-¿Qué visión tiene de su presidencia?

-Hay que separar. Como presidente le hizo bien a la imagen del país, nos puso en el mapa. Tiene conceptos interesantes, es un tipo interesante. Por otro lado, su administración dejó mucho que desear.

-Leyó lo que le dijo la periodista Mónica Bottero sobre usted, que hace política comprando todo...

-Es una más... (gesto de desdén)

-A mí me llama la atención como usted logra salir casi que todos los días en La República, que no es diario para nada afín al Partido Nacional. Lacalle, Larrañaga y los otros precandidatos no aparecen nunca, salvo para ser atacados sin piedad. Pero usted sale a diario, se cubren sus actividades, muchas veces en la primera plana... ¿Cómo lo consigue?

-Y yo qué sé. Hoy hay un interés de una cantidad de medios. Yo soy dueño de uno solo, que es Ecos, y ni siquiera ahí ha habido ninguna intervención. Los medios escriben de quién les interesa, desconozco sus procesos internos de decisión. Habría que preguntarles a ellos.

-Verónica Alonso quiere derogar la ley de aborto y la ley trans. La de la marihuana hay varios que la quieren volver a evaluar en algún momento. ¿Qué haría usted?

-Todas esas leyes ya están y yo no las voy a revisar. En muchos casos son simplemente una adecuación a la sociedad de hoy, que es diversa y tolerante. No tengo ningún problema de ellas. Pero no sé si hubiera pasado tanto tiempo en el Parlamento debatiendo la ley trans, con tantos problemas que hay de empleo. Es importante tener prioridades. En mi gobierno todo el tiempo estaría dedicado a generar empleo y a mejorar la seguridad. Recién cuando eso se haya logrado, empezaría a pensar en otras cosas.

-En los últimos años, en el afán de atraer inversiones, se le han dado grandes beneficios a las grandes empresas, hasta llegar al caso más notorio de UPM 2. Los empresarios chicos se quejan de esa desigualdad. ¿Usted qué haría?

-Yo los entiendo. Hay que darle las mismas concesiones a todos. Las empresas chicas también generan empleo. Quiero bajar los impuestos para todos. Que haya beneficios para las grandes empresas, pero también para los empresarios uruguayos. Porque si se les afloja un poco la presión fiscal, ellos seguramente pasen de achicar a querer contratar, a no irse a Paraguay, como tantos se están yendo. No estarían cerrando tantas empresas.

-El diario El Observador publicó una nota donde varios de los que fueron a su acto en el Palacio Peñarol dicen que vinieron desde el interior porque los pasajes eran gratis y era una oportunidad para conocer o visitar Montevideo.

-¡Eran 6.000 personas! ¡Y las 6.000 vinieron a hacer turismo y justo cayeron en el Palacio Peñarol! Ayer nos decíamos entre nosotros: están todos preparando el artículo diciendo que no vamos a llenar el Palacio. Y si lo llenamos, están preparando el artículo sobre cómo y por qué lo llenamos. Es así.

-¿Por qué le harían un artículo en contra, para perjudicarlo?

-Hay que preguntarles a ellos. A mucha gente le molesta que se afecte el esquema político tradicional: hay mucha gente que vive de esto, que tiene sus intereses, y sobre todo hay gente que apoya a otros candidatos.

-Pero en el caso de la nota de El Observador, los entrevistados tenían todos nombre y apellido. No eran testimonios inventados.

-Pero todos los ómnibus eran de agrupaciones que me apoyan en todo el país. Por supuesto que los actos políticos no cobran entrada, por supuesto que se los invita, y que el que tiene ganas de escucharme se sube al ómnibus que sale de tal lugar. A mí no me molesta que vengan a escucharme y se queden a visitar Montevideo, si no lo conocen. ¿En qué es malo eso? Así va la gente a cualquier acto político. Lo que pasa es que no están entendiendo lo que está pasando. Si piensan que 6.000 personas llenaron el Palacio Peñarol porque se les dijo “vengan a pasear por Montevideo”, mejor. Yo sigo por mi camino y lo que están dando los números, es que mi camino viene mucho mejor de lo que esas personas piensan. Y quizás eso es lo que les molesta.

-Trump.
-¿Será una peluca o es pelo en serio?

-Putín.
-No lo conozco, pero creo que mañana podríamos venderle una cantidad de cosas a Rusia.

-Macri.
-Empresario, dirigente de fútbol. Está tratando de levantar una situación complicada que encontró.

-Bolsonaro
-Una sorpresa en Brasil. Vamos a ver qué pasa.

-Maduro
Un dictador cuyo tiempo está contado.

-Sanguinetti.
-Otro que salió de la comodidad para tratar de hacer algo por el país.

-Mujica.
-Un filósofo de la política.