“Si gano, sepan que el 1 de marzo de 2020 se terminó el recreo"

Por: Leonardo Haberkorn

Actualidad

29/01/2019 10:16

“Si gano, sepan que el 1 de marzo de 2020 se terminó el recreo"

“Me hubiera gustado ser más parecido a mis hijos como hijos, de lo que yo fui como hijo. Son mejores que yo”, afirma Lacalle Pou.

La casa de Luis Lacalle Pou es la última de La Paloma. Más al oeste no hay nada, salvo la inmensa playa que se extiende hasta la laguna de Rocha. Un simple auto no puede llegar hasta Blanquita, la casa de madera, erigida sobre pilotes, que se levanta como un soñado balcón al océano.

Blanquita está rodeada de dunas, casi sobre la playa. Desde su terraza nada interfiere con la vista del paisaje. Al este, se ve playa y, empequeñecidos, el casco urbano de La Paloma y su faro. Al oeste, playa hasta donde se pierde la vista. Al frente, el Atlántico y el cielo. Ninguna calle llega hasta allí. Los visitantes, salvo que tengan un jeep o una cuatro por cuatro, deben dejar su auto estacionado a unos 50 metros y esperar. El precandidato llegará al rescate en su camioneta, de short y musculosa, divertido con eso de andar a los saltos por donde no hay calles y todo es olor a arena, mar y bosque.

Los niños, con amigos invitados a dormir, juegan en la solitaria playa. Loli, la esposa del precandidato, está en el balcón, donde acaba de presenciar el atardecer. El cielo todavía es una mezcla de grises y rojos. Los muebles y adornos son todos blancos. Por momentos uno parece estar en set de publicidad o de cine.
El gobierno abandonó a gran parte de los uruguayos. Abandonó la inclusión, y después la represión. Pero donde empezó a fallar fue en la inclusión

Lacalle explica que la casa ya no es suya, la vendieron hace unos meses, pero el nuevo dueño accedió a cederla este enero. Los Lacalle ya comenzaron a construir su nueva vivienda, que también será de madera, al lado de ésta, pero un poco más hacia el oeste y un poco más cerca del mar. Otra vez tendrán el primer balcón y la última casa.

“Yo quería dedicarme al surf”, dirá Lacalle Pou al término de la larga entrevista y antes de salir como un simple ciudadano a recoger piñas para prender el fuego para el asado. Cuenta que hace unas horas estuvo mar adentro con su hija, cada uno con su tabla. Loli, mientras, usaba su tabla de morey, más pequeña, más cerca de la orilla. Sintió una gran felicidad.
Pero los días de veraneo se terminan. Se viene la campaña. Hay muchos precandidatos, pero solo dos grandes favoritos.

-Si confirma su favoritismo y gana la interna, ¿prefiere que su rival sea Daniel Martínez o que Carolina Cosse dé la sorpresa?

-Lo que está en discusión no es el candidato del Frente Amplio, es su gobierno. Cualquiera de sus exponentes tuvo algo que ver, tuvo participación en este gobierno: 15 años, con viento de cola, con mayoría política y un enorme crédito popular, quizás como ningún gobierno desde la salida de la dictadura. Cualquiera de ellos encarna las cosas buenas y las malas del gobierno. Cuando pasás raya, con las posibilidades que tuvieron, la nota es deficiente. Yo no me voy a poner a discutir si Cosse o Martínez. Tengo que discutir el proyecto que encarnan y por qué es un momento para la alternancia.
Me niego a pensar que los próximos cinco años serán chaucha

-¿Cómo empezó en la política?

-Mis primeros recuerdos, en la casa de mis viejos en la calle Echevarriarza, es estar sentado, con 2 años, arriba de un disco de pasta, que tenía casi mi tamaño, con la cara de Aparicio Saravia. El segundo recuerdo es una biblioteca del escritorio de mi viejo con libros de Leandro Gómez, Aparicio Saravia, Luis Alberto de Herrera... Tengo recuerdos de ir a reuniones clandestinas en lo del Gallego Bermúdez, en Malvín, durante la dictadura. Me llamaban la atención las persianas cerradas a mediodía…

-Me refiero a cuándo decidió en forma consciente trabajar en política.

-Si me pregunta por un día, fue el 17 de marzo de 1997, a la una y media de la mañana.

-¿Qué pasó entonces?

-Estaba en campaña, en Cerro Colorado, con un amigo, Rodrigo. Estaba terminando mi carrera de abogado. Las opciones eran irme a estudiar a Estados Unidos o España, o ingresar en la política de lleno. Y ahí tomamos una decisión con Rodrigo, de la que siempre nos acordamos mucho. Dijimos “vamos a canalizar con un fin estas ganas”. Tenía una rebeldía que empezaba a ser más positiva que negativa. Y, obviamente, estaba la vocación de servicio ahí. Y la “embestida baguala” también fue un empujón. En el sentido de rebelarme también contra ella.
Si buscás en el diccionario la definición de adolescente, con A mayúscula, no me faltó ninguna de sus características

-Esa rebeldía negativa que se estaba haciendo positiva, ¿qué era?

-Toda mi vida fui bastante rebelde: era el hijo del medio, petiso y para peor no sabía ir para atrás. En algún momento fue una rebeldía bastante negativa, muy reaccionaria y, por lo general en la adolescencia la primera reacción es contra los más cercanos, la familia, los profesores… Un día dije “no, esta energía hay que canalizarla para ayudar…”

-¿Qué hacía? ¿Peleaba con sus padres, molestaba a los profesores?

-Si buscás en el diccionario la definición de adolescente, con A mayúscula, no me faltó ninguna de sus características.

-¿Se arrepiente de cosas de ese período?

-Me hubiera gustado ser más parecido a mis hijos como hijos, de lo que yo fui como hijo. Son mejores hijos que yo.

- ¿Por qué?

-Y… son más cariñosos, les gusta estar más con nosotros. Creo que son más buenos que yo.

-¿Usted no? En aquella época…

-Y no. Porque tenía un corso a contramano. Mis hijos todo lo contrario. Siempre decimos con mi mujer, con Loli, la verdad que algo bien hicimos, porque la verdad que nuestros tres hijos son divinos…

-¿Qué lo enderezó?

-Siempre tuve un palenque donde recostarme y eso me salvó. Y también te cansás de pelear por causas que no generan, que no construyen.

- ¿A qué le dijo basta cuando cambió?

-Era bastante salidor, mi vida era bastante nocturna y con los excesos propios del que siempre transgredió límites.

-¿Alcohol, drogas…?

-Sí, sí. Pero tampoco nada del otro mundo. Ojo que al mismo tiempo jugaba al rugby en primera, entrenaba, hacía deporte…

-Me dice que tampoco fue para tanto.

-Más bien era esa sensación de sentir que estaba perdiendo el tiempo.

-La presidencia de su padre lo agarró en aquellos malos años.

-Uff.

-¿No le gustaba que su padre fuera presidente?

-No le puedo echar la culpa a eso, yo ya venía… A los 13 años mis viejos no podían más conmigo. Me colgaron un cordón amarillo fosforescente con unas llaves plateadas de mi casa y ya está. Yo tenía que decir a qué hora me iba y a qué hora volvía. A los 13 años andaba solo por Pocitos. Me acuerdo de las primeras razzias. No me contenían las puertas de mi casa. Hice muchos buenos amigos. Pasé unas experiencias lindas y algunas de las otras.

-¿Complicó en algo la presidencia de su padre?

-No, no. Capaz que, bueno… tuve una “piña” grande en moto, en Maldonado, arriba del puente de la Barra. Pero fue al mediodía, yo estaba compitiendo en un campeonato de surf, había unos autos frenados, no fue culpa mía. Y en diciembre de 1993, en el estadio un policía me mató a palazos. Fue en el clásico en el que Dely Valdez hizo el gol cayéndose. El policía sabía perfectamente a quien le estaba pegando, porque yo escuché a dos personas que gritaron “60.000 personas en el estadio y te llevás al hijo del presidente”. Me tiró para abajo de una escalera, pegué contra una pared y cuando me pararon, él ya estaba ahí, me descargó dos palazos y me arrancó cuatro dientes. Pero en el gobierno de mi padre estaba re en la mía, no participaba en nada.

-Pero recién dijo que le molestó mucho lo que su padre bautizó como “embestida baguala”.

-Sí, pero fue posterior.

-Fue en el siguiente gobierno, en la segunda presidencia de Sanguinetti.

-Sí. Fue un momento complicado. Tengo amigos de fierro, a los que estoy eternamente agradecido. Porque cuando saben cómo sos, cómo es tu familia, saben los valores que profesás, y ven una injusticia de ese tipo… Fortalecí muchas amistades y lealtades políticas y personales, y después fue un examen familiar también. La familia salió abroquelada.

-¿Cree que todo fue una gran injusticia?

-No, una cosa es la gente que cometió actos irregulares. En ese caso las denuncias no fueron injustas. Pero a partir de esos actos irregulares, algunos delitos, se armó un esquema de ataque, obviamente.

-¿Dice que se exageró?

-No. Que se puso en marcha un operativo político, periodístico.

-¿Cuáles serían los hechos reales dentro de aquellas denuncias y cuáles parte del operativo?

-Y, los hechos reales son más de uno. Son dos o tres seguros, y terminaron con procesamientos y con expulsiones del Partido Nacional. El hecho quizás más triste es el de Enrique Braga, que con el tiempo se supo de su inocencia, él estuvo preso, se agarró cáncer y se murió. Pero, aunque parezca mentira, prefiero quedarme con las cosas buenas. Y no es una elección, es por naturaleza. Si no estaría envenenado hasta hoy. Y en esta vida, en la política, no podés estar pensando o reviviendo esas cosas, porque a la larga te hacen un ser negativo.
Hay que terminar con la cultura del enfrentamiento Hoy, en cambio, se la promueve

-¿Qué lección política le dejó la presidencia de su padre?

-No quiero ponerme juez de un gobierno blanco y menos del de mi padre.

-Él quiso hacer cosas muy tajantes, radicales y...

-El Uruguay no estaba preparado.

-No tuvo los apoyos políticos suficientes.

-Quizás faltó pedagogía; ahora con los medios que tenemos a nuestro alcance las cosas se pueden explicar mucho más. Es cierto que algunos apoyos políticos necesarios no estaban convencidos de algunas medidas. O sea: era un gobierno que impulsaba determinadas medidas pero que sus socios no estaban convencidos. Hubo cosas que no se pudo llevar adelante.

-Usted, si llega a presidente, necesitará tener el apoyo político de otros partidos. Al mismo tiempo, se ha preocupado por formar un equipo con gente nueva. Pero entre esos apoyos necesariamente estarán los del Herrerismo y los de un Partido Colorado en el cual Sanguinetti ha vuelto a ser figura central. ¿Cómo hará para mantener esa impronta nueva y a la vez ser apoyado por los sectores más tradicionales y muchas veces señalados por padecer los viejos vicios de la política uruguaya?

-Desde que me tocó ser precandidato, mi trabajo ha sido entrelazar los trabajos de políticos y técnicos, y abrir la estructura partidaria a gente idónea y preparada que viene de fuera. Hoy Azucena Arbeleche está en la estructura política partidaria, pero vino de afuera. Lo mismo Pablo da Silveira, Pablo Bartol, Álvaro Garcé, Sebastián Bauzá. Y vamos a tratar de seguir involucrando gente. Y por otro lado, me he acercado a sectores o dirigentes políticos que no son de ese cuño herrerista. Dirigentes wilsonistas como Javier García, el Pájaro Enciso, Armando Castaingdebat, ¡Carlos Julio Pereyra! Hace un par de días fui a tomar mate a la casa y estaba con una claridad mental impresionante. Rompimos todas las fronteras partidarias y después afuera del partido. Graciela Bianchi, ¿de dónde viene? Gonzalo Mujica. Esto no es un armado caprichoso. Un gobernante necesita de distintas tensiones. Suponte que el gobierno fuera una carpa, y el Presidente de la República es su centro. Si los tientos que tensan la carpa solo tiran desde un lugar, la carpa se cae. Entonces los apoyos que uno busca, lo que uno busca escuchar para pensar, para tener argumentos para definir qué tanto mueve el centro de la carpa, tienen que venir de todos lados.

- ¿Y desde la izquierda quién te va a tironear para que la carpa no se caiga?

-Bueno...

-Aparte de Gonzalo Mujica.

-Bueno, la propia Graciela, hay otros compañeros... Y esperemos que más. Pero yo no hablo del partido, hablo del gobierno. Mi gobierno va a ser de cuatro partidos. Es importante formar una coalición que no tenga solamente a los partidos fundacionales, aunque sean los más grandes. Un partido como el Partido Independiente, de centroizquierda, para mí es determinante en el gobierno que viene. Yo se lo he dicho a Pablo Mieres: el Partido Independiente para mí juega un rol clave en el gobierno que viene.

-Para que la carpa quede balanceada.

-Centrada, equilibrada.

- Juan Martín Posadas escribió en El País que el mayor desafío para la oposición es ganarle al Frente pero a su vez lograr que esa mitad de país que va a apoyar al Frente, no quede en pie de guerra con el gobierno. Integrar a los frenteamplistas. Lo que, en definitiva, supone terminar con una grieta que ya está instalada y crece cada día. ¿Comparte ese punto de vista?

-Sí, obviamente. He hablado hasta el cansancio de tender puentes, de no generar enfrentamientos, de no descalificar. Aspiro a ser un presidente que tenga diálogo constante con los líderes más importantes del Frente Amplio. Si ellos quieren, por supuesto. Una vez por mes juntarme con ellos, es civilizado, lógico. Capaz que para no ponernos de acuerdo en nada, pero hay que terminar con la cultura de enfrentamiento. Hoy, en cambio, se la promueve.

-¿Quién?

-El Frente Amplio. Ahora, cuando ven que tienen la posibilidad de perder el gobierno, más generan esa brecha. ¿Por qué? Es propio de los que van en retroceso: la forma de no perder adhesiones es separar; si vos juntás, pensás que la gente se van a pasar al otro lado.

-¿En su gobierno el Frente Amplio tendría cargos?

-Sí, obviamente: entes autónomos, servicios descentralizados, en la educación. Fue un error garrafal de Tabaré Vázquez no hacerlo. Vos no podes tener a la mitad del país fuera de la educación de nuestros hijos y nietos.

-¿El concepto de “evolucionar” que es el eslogan de su campaña responde a ese interés de tender puentes o viene de otro lado? ¿Es una palabra que usa para no generar una oposición radical de los frenteamplistas?

-No, no, no. No hay una estrategia y después una utilización de la palabra, es una concepción. En 2014, el día que largué la candidatura, hablé justamente de esto, y me dieron más palo que en las Llamadas. Es una definición que va de acuerdo a la naturaleza de las cosas: vos no podés volver para atrás, aunque quieras.

-Larrañaga ha dicho que el Frente Amplio está siguiendo políticas tan equivocadas que no ve la manera de “evolucionar” sobre ellas.

-Pero yo nunca dije que evolucionar signifique mantener todo, al revés. Hay que leer nuestras medidas, 73 páginas, la primera página dice lo que está bien continuar, lo que está mal cambiarlo y...

-¿Qué del Frente cambiaría radicalmente y que continuaría o retocaría?

- Hay un tema que para mí es fundamental y es la posibilidad de que cada individuo pueda desarrollarse en su entorno social. Y eso fracasó. Hay 165.000 uruguayos viviendo en asentamientos, viven en barrios donde no entra la policía, no entra la enfermera, no entra un médico. Entonces en Uruguay lo que está en discusión hoy es la posibilidad real de desarrollarse con el viejo esquema de...

-Eso pasaba con los blancos y los colorados también.

-Bueno, vos no sos político, sos periodista, entonces no puedo entrar en la discusión como político porque, sos periodista. Pero si esa es la justificación que vamos a tener, estamos en el horno.

-Yo no justifico. Digo que esa marginación también existía en gobiernos colorados y blancos.

-Se lo usa para decir, “ah, siempre pasó, entonces ta, que siga pasando”.

-Se puede decir que el Frente Amplio no solucionó la marginación, pero no se puede decir que sea algo exclusivo de los gobiernos del Frente Amplio.

-El Frente Amplio no solo no lo solucionó, sino que tuvo herramientas para solucionarlo y no lo hizo. Tuvo herramientas como nunca. Si ves los presupuestos de nuestro país, el producto bruto, el precio al que se vendían nuestros commodities… el Frente Amplio dilapidó la fortuna nacional y no logró el desarrollo sostenible. Llegaron enancados en la supuesta sensibilidad social y se convirtieron en los más economicistas. Fijate que cuando el Frente habla bien de su gobierno, por lo general habla de registros económicos, y no de registros sociales…

-¿Se para a la izquierda del Frente Amplio en ese punto?

-No sé. Yo digo lo que pienso y que otros pongan la etiqueta.

-Está diciendo que faltó justicia social.

- Nosotros creemos en la libertad del individuo y en darle todas las herramientas. Por eso el centro de nuestra campaña son las oportunidades, entre otras cosas porque en la vuelta, no sé si tú lo has percibido, anda una onda de que los próximos cinco años serán “chaucha”, cinco años de ajuste... Y yo dijo, ¿por qué? ¿Por qué tengo que aceptar que el uruguayo va a relegar los próximos cinco años y van a ser años “chaucha”? ¿Por qué?

-Porque las cuentas están en rojo, porque...

-¡Pero no tiene nada que ver! Porque al uruguayo, donde se le da medio metro, donde se le da una posibilidad, anda, en todos lados anda. Fijate ámbito por ámbito del país, el uruguayo es casi siempre de punta. Hay que darle alas, hay que sacarle mochila, sacarle peso, hay que estimularlo. Hay que darle certezas, a algunos hay que empujarlos más porque están al final de la fila. Pero me niego a pensar que los próximos cinco años serán chaucha.

-¿Se apuró a ser candidato presidencial la elección pasada? Muchos creen que sí.

- No estaba en mis planes iniciales. Pasé parte de 2012 con mi cabeza hecha una montaña rusa. Mi mujer la sufrió. Yo me iba a dormir diciendo “voy a ser candidato” y me levantaba diciendo “es una inconsciencia”. Hasta que un día le dije a mi mujer: “Ya está, voy”. Y bueno, logramos ganar la interna y ahí pensamos que quizás podíamos ganar la elección, y obviamente el 26 de octubre el resultado fue un shock. Los peores 45 minutos de mi vida.

-Hubo un momento en esa noche que parecía que el resultado era otro.

-Sí, obvio, por eso. Quedé bastante golpeado. Después dije: “Vamos a estudiar qué pasó. Me pasó un tren por arriba y ni siquiera vi la vía”.

-¿Y qué fue lo que había pasado?

-Yo tengo una tesis. Fue como que a la gente le gustó, se sintió en sintonía con “la positiva”, una cosa removedora, distinta. Pero al momento de aterrizar eligió el hangar del confort. O sea, no había motivo para cambiar. No había motivo, y si te ponés a pensar, no había. La ciudadanía no quería cambiar, y uno haciendo un poco de retrospectiva, ves cuál era el humor social, cómo estaba y cómo iba a estar. Ahora es distinto, el humor social hoy es distinto. Es un humor de cambio. La elección pasada no la podíamos ganar. Esta la podemos perder.

-En la campaña pasada, como dijo, hubo un momento en el que parecía que podía ganar. ¿No fue un momento de quiebre la entrevista famosa con Gabriel Pereyra en la que lo acusó de “sanatear”?

-No, no.

-¿Sacó alguna lección personal de esa entrevista?

-Hay dos cosas que se las dije a Gabriel Pereyra. Tampoco le quiero dar más importancia de la que tiene, pero él es un periodista de renombre y hemos hablado de esto. Él fue preparado para complicarme, tenía un tema conmigo, yo creo que entendía que yo no tenía que ganar. Él tomó una posición personal en la entrevista. Yo se lo dije. Obviamente él no me contestó que sí. Es lo que yo pienso. Creo que fue algo mucho más visceral que racional, por eso lo entiendo más, lo justifico, lo atenúo. Porque no fue racional, fue visceral.

-¿Lo que dice es que Pereyra visceralmente no quería que ganara?

-No sé, es mi interpretación. Y como me gusta decírselo antes al involucrado, se lo comenté. Él le había hecho una nota antes a Pedro Bordaberry. Fue muy dura, muy confrontativa. Y ahí estuvo mi error. Yo vi esa nota, y me dije: “A mí no me saca de las casillas ni a cañón”. Pereyra se estudió dos o tres cosas, mortalidad infantil, que había bajado pero había subido un poquito, yo tenía mi sustento en lo que dije, en la foto grande tenía razón él, pero es cierto que había subido. Venía bajando y había subido un piquito. Y un tema que nosotros proponíamos para las comisarias masivamente...

-Ya estaba funcionando en algunas.

-¡En una! Él venía preparado para trancarme.

-¿Después de aquello usted no sacó la conclusión de que debería haber estado más preparado, que debería haber sabido que ese plan ya funcionaba en una comisaría?

-No, no. Te desafío a que le preguntes algo así a cualquier candidato. Pereyra a Tabaré Vázquez no le preguntó nada. Y ahí me dijo: “estás sanateando”. Ahí un Lacalle Pou normal le hubiera respondido: “Pará. Si me vas a tratar así, no sigo esta nota, porque me estás faltando el respeto”. Porque eso fue lo que hizo, me faltó el respeto, me canchereó. Pero yo venía con esa preparación de haber visto la nota de Bordaberry y entonces conté para contenerme. Por haberme preparado para la nota, estaba anímicamente sedado. Y ese fue un error mío, no ser genuino. Ese fue mi error.

-¿Cuáles son los temas más graves que tendrá que solucionar si llega a la Presidencia?

-Me cuesta elegir, porque un gobierno, si bien tiene prioridades, se tiene que mover en todos los ámbitos. Por algo hay 13, 14 o 15 ministerios.

-¿Va a crear nuevos ministerios?

-Separar. Uruguay tiene que tener un ministerio del medio ambiente. O sea, es la DINAMA, ni más cargos ni nada, pero rango de ministerio. Y creo que tiene que tener un ministerio de deporte. No más cargos; separar.

-Volvamos a las medidas de su gobierno.

-A mí me gusta definir la libertad en círculos concéntricos. En cuanto a la libertad del individuo propiamente dicho -ahí estamos hablando del tema educativo, del tema habitacional-, tenemos un fuerte compromiso en ese sentido. Luego está el tema de la integración, que hace mucho a la seguridad humana y a la seguridad pública. En este punto, hay que terminar con esa discusión panfletaria de represión versus inclusión. En la realidad, van entrelazadas. El que habla solo de represión y no habla de inclusión, está frito. Y el que habla de inclusión sin represión no entendió nada. El gobierno abandonó a gran parte de los uruguayos. Abandonó la inclusión, y después la represión. Pero donde empezó a fallar fue en la inclusión. Y generó las consecuencias que estamos viviendo.

-¿Cómo enfrentaría a ese Uruguay marginal que entra a los hospitales a pegarle a los médicos y romper el instrumental que salva vidas?

-Un tema que yo admiro mucho de los anglosajones, son las leyes flexibles de cumplimiento rígido y no las leyes rígidas de cumplimiento flexible, como tenemos nosotros. Esto se lo escuché a Manino Mercader y la verdad que me quedó y me acompañó en los últimos diez años.

-¿Qué quiere decir?

-Los anglosajones son mucho más de apelar a buena fe entre las partes, a las costumbres , y se basan en la confianza en el individuo. Lo inundan de responsabilidad y, si no cumple, son contundentes en el castigo. Acá es al revés: le sacamos responsabilidad al individuo, le decimos lo que no hay que hacer y cuando no lo cumple, a veces no hay castigo. Con lo cual lo que estamos creando es el incumplimiento contumaz de normas jurídicas y de conducta social. Se ve en todos los ámbitos. La sociedad tiene que estar dispuesta a castigar, a censurar. Esto lo dije en 2011, cuando fui presidente de la cámara de diputados: es peor la ley que existe y no se cumple, que la que no existe.
Estoy a favor de la instalación de UPM pero en estas condiciones no

-¿Vamos bien?

-Hace un tiempo escuché a José Mujica decir que el hombre es el lobo del hombre. Y yo durante toda mi vida de estudiante me peleé con Hobbes, porque yo no creo que el hombre sea el lobo del hombre. La realidad ha demostrado que la especie humana ha progresado y se ha desarrollado más. Si ves la película grande, hay menos pobreza, hay más igualdad, hay más salud, más expectativa de vida, más desarrollo. Se inventaron máquinas, computadoras, se generó más trabajo, hubo más confianza en el futuro. Eso es lo que nos está faltando: confianza en el desarrollo, confianza en el futuro próximo. Por eso a veces se juega al achique.

- Y un proyecto común, porque no lo tenemos.

-Bueno, eso es confianza en el futuro. Si pensamos como Mujica y creemos que la especie humana está perdida, entonces ¿para qué luchar por ella? Yo creo que la especie humana está ganada, y la excepción son los que están perdidos. Yo tomé la definición de no dar a ningún uruguayo por perdido. Por eso la apelación a un Pablo Bartol, con él que me vengan a discutir que en Casavalle no se pueden hacer cosas buenas. Tampoco hay que ser ingenuo. Por eso, al mismo tiempo, habrá una fortísima represión: si gano, se terminó el recreo, que sepan que el 1 de marzo de 2020 se terminó el recreo. En lo chico y en lo grande. A rajatabla.

- ¿Cómo Novick, “tolerancia cero”?

-No me gusta ponerle nombre. Simplemente, si tenemos un ordenamiento jurídico se va a cumplir, desde las faltas a los delitos. Y si no, deroguemos las leyes que como sociedad no estamos dispuestos a hacer cumplir. Algunos hablan de endurecer las penas. La discusión es otra: ¿estamos dispuestos a cumplir las leyes que tenemos? Si soy presidente de la República usaré todo el mandato constitucional, el mandato legal. Y lo bueno es que lo estoy diciendo y lo diré durante la campaña. Hay una consciencia popular que lo está pidiendo. La falta de cumplimiento de la ley de hoy produce un efecto reaccionario, que no es bueno.

- ¿Por ejemplo?

- Cuando el Estado cede su rol y su deber de garantizar la seguridad humana y la seguridad pública, se sustituye por la ley del Talión. Entonces la ausencia del ejercicio legítimo de la autoridad siempre va en detrimento de la gente. De los que menos tienen. La discusión no es más Estado o menos Estado. La discusión es más Estado donde tiene que estar. Menos Estado de políticos empresarios patinándose fortunas, que ni siquiera terminan siendo castigados. Y más Estado donde tiene que estar.

- ¿Qué haría con el acuerdo con UPM para una nueva mega pastera en el río Negro?

-Lo que más me preocupa es lo que Uruguay está entregando. Yo se los dije a los finlandeses. Yo me reuní con ellos y les dije: “no me convence. ¿Por qué? Porque le gobierno está entregando todo, y está negociando para ustedes, no está negociando para el país”.

- ¿Y le sigue sin convencer?

-Por supuesto.

- ¿Y si gana qué hará al respecto?

-El tema es cuánto va a dejar comprometido el actual gobierno. Comprometido jurídicamente, porque eso que se dice que es un contrato, no lo es. Es una hoja de ruta de la cual sí se derivan contratos.

- ¿Entonces?

-Estoy a favor de la instalación del emprendimiento, pero en estas condiciones no. Todo lo que pueda renegociar, lo voy a renegociar.

- ¿Al punto de comprometerlo, de que no salga?

-Va a salir, se van a instalar, porque la seguridad jurídica, porque tienen acá la primera planta.

- ¿Su padre tendrá algún rol en el gobierno?

-No, no lo tiene en la campaña...

- ¿Y su madre tampoco?

-No, no. Que cuiden a los nietos. Que es un rol bastante importante.

-¿Piensa que será presidente?

-… … lo soñé mil veces, lo traté de vivir mil veces… No para creérmela, sino para que no me agarre por sorpresa. Voy a hacer todo lo posible. Quiero. Sí, quiero.

-Trump.

-Se paró arriba de un clamor popular de forma negativa. Un deber de los dirigentes políticos es que cuando uno nota una herida social, un clamor, un faltante, una ausencia, no hay que usarlo en propia conveniencia. Uno tiene que ser un sanador,no un destructor.

-Putin.

Va detrás de algo que Rusia había abandonado - la bipolaridad con Estados Unidos- en un mundo donde eso ya no es posible porque está China. Su forma de gobernar quizás no es la que a uno le gusta, pero hay que tomar en cuenta las dimensiones, la historia y las costumbres de Rusia. A mí me gusta más un Trudeau, un Macron.

- Maduro.

-Un dictador impune, corrupto, que no vive como predica y que ha sumido en el más triste éxodo a los venezolanos. Por eso da mucha tristeza y bronca la posición de nuestro gobierno.

-Macri.

-Conjugó inteligentemente un momento en que Argentina clamaba por un cambio. No me gusta ponerme en su evaluador, pero aun con las mejores intenciones, no hay que apelar a las medidas graduales.

-Bolsonaro.

-Llegó en un proceso parecido al argentino, pero con las particularidades de Brasil, donde todo es “o mais grande do mundo”. Vamos a ver cómo gobierna. Muchas cosas que rodearon su campaña quizás le sirvieron para recoger votos, pero el tema es cómo ganar votos uniendo y no dividiendo.

-Mujica.

-Un expresidente de la República. Un relativista. Alguien que cree que el hombre es el lobo del hombre carece de las condiciones para conducir a una sociedad.

-Sanguinetti.

-Un expresidente de la República. Dueño de una gran inteligencia y capacidad política que mantiene intacta. Notoriamente tuvimos nuestras diferencias. Ojalá un socio cooperante.