“No puedo ser espectador tranquilo de un país que va barranca abajo”

Publicado: 16/12/2018 07:40
“No puedo ser espectador tranquilo de un país que va barranca abajo”

Jorge Larrañaga habla de todo: de Bascou, de las internas, de la inseguridad, de la "soberbia" de Vázquez, de justicia y de traiciones.

Por Leonardo Haberkorn

El senador Jorge Larrañaga recibe a ECOS en su despacho en el Palacio Legislativo. Al costado de su escritorio hay tres grandes banderas pero no son la trilogía tradicional: son las de Uruguay, Paysandú y el Partido Nacional. En una pared, un gran retrato de Wilson Ferreira. También hay dos imágenes de Aparicio Saravia. Sobre su escritorio hay dos esferas chinas antiestrés. Promediando la entrevista, el precandidato del Partido Nacional las tomará y comenzará a darles uso.

-Usted empezó muy joven en la política, durante la dictadura. Fue el orador del acto que se hizo en Paysandú el 27 de noviembre de 1983, en paralelo con el famoso “Río de Libertad” en Montevideo.

-Exacto. Convocamos a los sanduceros a través del boca a boca. Ni bien terminara la proclama de Alberto Candeau en el Obelisco de Montevideo, los sanduceros teníamos que reunirnos en la plaza Artigas. Una multipartidaria compuesta por blancos, colorados, algún cívico y alguna gente de la izquierda me terminó eligiendo para leer la proclama.

-¿Por qué?

-No tengo ni idea. Yo era muy joven, me había recibido de abogado y andaba siempre en todo lo clandestino contra la dictadura. Fue impactante para mí. Había entre 12 y 15 mil personas en la plaza Artigas. Una multitud. ¡Me temblaban las patas!

-Aquel fue un momento de unión entre los uruguayos. Hoy vivimos un momento de crispación, lo cual es lógico en el clima electoral de una democracia. Pero, ¿no estamos demasiado divididos? ¿Añora aquella época de unión?
El Frente Amplio alentó esta situación de enfrentamiento y de grieta

-Sí, por supuesto, era hermoso hacer política en aquellos años. En Paysandú nos tocó compartir calabozo con gente de otros partidos. ¡Hasta íbamos presos juntos! Hoy tenemos un sistema político enfrentado. Seguramente puede haber responsabilidades de todos, pero lamentablemente la izquierda -con tres gobiernos con mayoría parlamentaria- ha fogoneado esta situación. Esa es la realidad. Porque partieron en 2005 de un síndrome de Adán: parecía que todo se refundaba, que todo había nacido a partir de su advenimiento al poder.

-No creo que se pueda responsabilizar solo al Frente Amplio por el actual momento de división del país.

- El Frente Amplio alentó esta situación de enfrentamiento, de grieta. Pero también se lo hizo desde los propios partidos tradicionales, donde muchas veces se condenó determinadas aproximaciones que se podían tener.

-¿Se refiere a las críticas que usted recibía por dialogar con Mujica?

-Puede ser ese ejemplo o cuando en 2012 logramos un acuerdo nacional por la educación, que lamentablemente detonó seis o siete después.

-Decía usted que el Frente Amplio inició sus años en el gobierno actuando como si fuera Adán, que todo lo hacía por primera vez. Casi quince años después, ¿cómo quién actúa el Frente hoy?

-Como Atila: lo que pisan lo deterioran: la educación, la seguridad, el trabajo... Hoy hay una ruptura de la igualdad de oportunidades. Y uno de los peores pecados que puede tener una fuerza política que gobierna con características progresistas es, precisamente, romper la igualdad de posibilidades de acceso a la educación.

-Pero eso no empezó con el Frente Amplio.

-Sí, perfecto, pero se profundizó. Hoy las posibilidades de los hijos de uruguayos que tienen recursos económicos no son iguales a las de los que no los tienen. La educación pública ha terminado debatiéndose tambaleante entre los corporativismos y la república. Hay que recuperar la visión republicana de la educación pública como escudo de los pobres. Hay que enfrentar una visión corporativa que le ha puesto un palo en la rueda, una tranca a todos los cambios.

-Pero otra vez tengo que decirle lo mismo: la educación pública fue postergada en los gobiernos de los partidos tradicionales. Los maestros ganaban muy poco, los profesores también…

-Lo acepto. Es así. Pero la educación pública no había caído tanto como ahora.

- Los salarios docentes crecieron con los gobiernos del Frente Amplio.

-Yo reconozco el incremento del PBI en la inversión educativa, el crecimiento de los salarios y muchas cosas que se pueden ver como aportes: el Plan Ceibal o la descentralización educativa de la Universidad Tecnológica o de la propia universidad pública. Pero también reconózcaseme que los guarismos del Instituto Nacional de Evaluación Educativa están marcando que en el quintil más pobre siete de cada diez niños de tercero no tienen comprensión lectora. ¡Y eso es extremadamente grave! En promedio, el 50% no tiene comprensión lectora en tercero. Estamos muy mal. Esos son los indicadores en primaria, en secundaria. No es amontonando plata que se arreglan los problemas. Han fallado las políticas educativas: no fallan los maestros ni los profesores, si no fuera por ellos hoy no se sabe qué pasaría en la educación pública. Fallan las políticas, los programas y los resultados. Es extremadamente grave. Por eso hice un enorme esfuerzo bajo la presidencia de Mujica para conseguir un acuerdo entre todos los partidos para blindar a la educación pública frente a los embates corporativos. Lo logramos, pero el gobierno no lo aplicó. Hoy la principal hipoteca que tiene el país en cuanto al futuro es la deficiencia educativa. Me parece verdaderamente central.

-Volvamos a 1983. Todos teníamos muchas expectativas entonces con el regreso de la democracia. Lo que hemos logrado en estos años, ¿es más o menos de lo que esperaba aquel joven Larrañaga que habló en la plaza Artigas de Paysandú?

-Uno no puede dejar de reconocer los avances, por supuesto. El principal es la libertad reconquistada a partir de 1984. Pero hoy veo una sociedad estancada. No hemos avanzado en términos de desarrollo. Tenemos enormes dependencias en el campo internacional y una fragilización importante de la sociedad. Dilapidamos la bonanza económica a partir de 2004. El Frente desperdició una oportunidad notable para darle un empuje al desarrollo educativo y productivo. También de mitigar los impactos muy negativos de una creciente inseguridad pública. Hoy tenemos 356 homicidios a esta altura del año, aun faltan 27 días para terminarlo. ¡Récord absoluto! Tenemos más de 30.000 rapiñas. Crecieron un 60% cuando se había prometido bajarlas un 30%. Tenemos una pérdida de 50.000 puestos de trabajo en los últimos tiempos. Esto realmente es muy complicado con un déficit fiscal de cuatro puntos porcentuales del Producto Interno Bruto. El peso del Estado está siendo hoy una de las principales causas y problemas que tiene el país para generar desarrollo, inversión y trabajo.
Tenemos un presidente de la república soberbio, nadie puede desmentirlo. El gobierno en materia de seguridad desbarrancó

- ¿Por qué piensa que el presidente Vázquez insiste con mantener al ministro Bonomi?

-Seguramente por la fortaleza del principal sector del Frente Amplio: el MPP de Mujica. Y porque el presidente de la república que no quiere dar el brazo a torcer y ni tener un gesto para con la sociedad que reclama mayoritariamente cambiar al ministro.

-Describe una actitud muy soberbia.

- Tenemos un presidente de la república soberbio, nadie puede desmentirlo. El gobierno en materia de seguridad desbarrancó. Hoy es un gobierno fallido porque no cumple con un cometido esencial primario: la obligación de cuidar a la gente. La gente lo percibe. Es inocultable. ¡Cómo será la cosa que actores relevantes del Frente Amplio están marcando distancia con el ministro del interior! El candidato Martínez, la senadora Mónica Xavier… El gobierno está atrapado sin salida en su soberbia y su terquedad.

-Está encabezando una recolección de firmas para reformar la Constitución con foco en el tema de la inseguridad, para permitir allanamientos nocturnos, usar personal militar en tareas de seguridad e implantar la cadena perpetua revisable a los 30 años. ¿No teme afectar su perfil de político de centro? ¿No teme que se lo asocie a políticas más de derecha?

-Pero escúcheme una cosa: ¿cuidar a la gente es de izquierda o es de derecha? ¿Desde cuándo acentuar la seguridad es más o menos de centro? Y si esa fuera la asociación que de mí se hace, la verdad es que me importa muy poco. Porque estoy en un tiempo de mi vida donde quiero hacer lo que tengo que hacer. Soy un luchador, eso me parece que está claro. Mi camino es la lucha. Yo no he recibido herencias políticas, espaldarazos… al contrario, he sido un hombre del interior y vaya si me costó cruzar el Santa Lucía.

-¿Por qué lanzó esta campaña?

-Resultó de un mensaje reiterado que recibí de la gente en decenas de reuniones. Cientos. Y fui percibiendo que lo que estábamos haciendo en la oposición por la seguridad era insuficiente, que la gente nos reclamaba hacer algo más. Por eso convencí a mis compañeros de que era necesario recorrer este camino, que es realmente complejo, difícil.

-Y más cuando una parte de su propio partido, y sus principales dirigentes, se desentienden.

-Sí. Y los otros partidos también. En algún caso nos ningunean y en algunos otros directamente manifiestan su oposición.

-¿Por qué cree que es así?

-No sé. Seguramente porque yo he sido, desde 2009, el que está convencido de que tiene que haber en materia de seguridad dos fuerzas. Es mentira que la guardia militar cumpliendo funciones de policía ha fracasado en el mundo. No es así, la guardia civil española tiene 200 años, la guardia republicana de Portugal también, los carabinieri de Italia tienen 190 años. La guardia holandesa tiene también 200 años, los carabineros en Chile tienen 92 años.

-¿No pensó que al poner las tres medidas juntas, como un paquete, podía perder el apoyo de quién está a favor de alguna de ellas pero en contra de otra?

-Yo creo que había que poner las tres, porque son medidas que no salen por el trancazo que tiene el sistema político. Acá todos hablan de que es bueno el allanamiento nocturno para combatir la delincuencia, el propio fiscal de corte ha dicho que hemos quedado a la cola de Sudamérica porque todos los países lo tienen. En cambio, nosotros tenemos una prohibición constitucional que data de 1830 y que beneficia a los delincuentes. La pena de reclusión permanente es realizable. Está en muchos países de Europa, la tienen Argentina y Chile. Yo creo que son medidas que no son toda la solución, lo reconozco expresamente, pero son parte de ella. Yo no reniego de las políticas de rehabilitación, educativas, de los planes sociales, de todo eso, pero también es necesario restablecer el orden, el respeto y la seguridad pública. Porque acá seguimos prometiendo más de lo mismo en materia de seguridad, y esto no lo arreglamos con más de lo mismo. Porque no hay un respaldo policial, hay una pésima distribución de la policía, tenemos una inversión de 850 millones de dólares en materia del Ministerio del Interior, tenemos 32.000 policías, pero se han disparado los delitos y el campo se ha hecho orégano para la delincuencia.

-¿Le costó decidirse a ser precandidato esta vez?

-No. Yo tuve un momento donde dije lo que dije con respecto a no subir más las escaleras del directorio del Partido Nacional, porque así lo sentí. Fue después de una derrota electoral que no pensaba tener. Después hablando con mucha gente que me llamó, no solamente de mi partido sino de todos, después de una reunión con los intendentes de la época pertenecientes a todos los sectores del Partido Nacional en Colonia, en un lugar muy reservado, sin prensa, yo resolví ayudar a mi partido. Para buscarme para ayudar nunca han tenido que mirar para atrás, a lo sumo han tenido que mirar para un costado. Y volví a ayudar a mi partido como lo había hecho antes.

-Pero esta vez usted podría ayudar a su partido postulándose a senador, no necesariamente debía ser precandidato a presidente.

-Bueno, perfecto, pero eso hubiera generado un desbande importante de las fuerzas que me habían apoyado en la campaña hacia 2014. Por eso en 2017 resolví individualmente, comunicándole a todo el mundo en forma previa, hablando con todo el mundo, volver a ser precandidato a la presidencia. Tengo 62 años, cuatro hijos y no puedo ser espectador tranquilo de un país que va barranca abajo. No puedo, no puedo.

-Pero no sólo siendo candidato a presidente se deja de ser espectador, Larrañaga.

-No importa, pero ¿sabe qué? Tengo que dar la lucha desde el lugar que yo creo que puedo llevar a delante los cambios y las transformaciones más importantes. Yo sé que puedo ayudar a mi país como ciudadano. Yo creo en aquella famosa frase de Kennedy cuando dijo a los ciudadanos norteamericanos: “no esperen todo del gobierno sino que pregúntense ustedes qué pueden hacer por su país”. Yo creo que estamos en un tiempo igual a aquel: éste no es un cambio que solo pueden hacer los políticos, sino que tiene que ser un cambio que se meta en la gente. Por eso estoy muy contento de haber recorrido el país entero. No hay pueblo ni lugar que no haya recorrido. Esto tiene que ser un revulsivo, un despertar, un basta: ¡basta de delincuencia! Así no podemos seguir.

-Se le han ido una cantidad de dirigentes importantes.

-Y han venido otros.

-¿Por qué se le van?

-Quizás quieran probar suerte en otro proyecto político. Yo no voy a condenar ni a criticar a aquellos compañeros por sus diferencias, más allá de que compartieron un proyecto político durante 20 años conmigo y llegaron a posiciones en función de haber compartido ese proyecto. No los voy a criticar. Se fueron unos, llegaron otros.

-Pero se la ha ido gente importante.

-Sí, perfecto. Pero ¿y ahora como está la cosa?
En 2013 el favorito amplio era yo y perdí. Ahora el favorito puede ser el doctor Lacalle

-Pienso que como estaba antes. Primero Lacalle Pou, segundo usted.

-Bueno. Yo respeto a todos los compañeros, pero creo que la elección dentro del Partido Nacional, más allá de que haya múltiples candidaturas, va a terminar polarizándose entre Lacalle Pou y quien habla. Esa es mi percepción.

-Pero el favorito es Lacalle.

-¿Sabe qué? En 2013 el favorito amplio era yo y perdí. Ahora el favorito puede ser el doctor Lacalle, pero tengo una enorme esperanza de poder ganarle la elección el último domingo de junio. ¿Sabe por qué? Porque aún participando los mismos, todas las elecciones son diferentes.

-Recién usted se definió como un luchador, es un caudillo. Pero, las adversidades que enfrenta en la campaña, los dirigentes que se le van, por momentos me traen la imagen, salvando las distancias por supuesto, del tramo final de Artigas, traicionado, abandonado, quedándose solo y peleando con perros cimarrones. ¿Usted va igual?

-Voy igual porque, usted lo dijo, yo soy un hombre artiguista. Me fui a caballo a Asunción porque lo siento en el fondo del alma. Hice 1.300 kilómetros para llegar a la última morada del jefe de los orientales, porque yo me siento profundamente artiguista. Más artiguista que blanco. O quizás sea blanco porque soy artiguista. Siento que, como aquella expresión que no sé quién dijo, uno tiene que cumplir con el deber, lo demás ya no le pertenece. Entonces, yo estoy más tranquilo y más contento que nunca, más allá de las incertidumbres de esta lucha política, porque estoy haciendo lo que creo que tengo que hacer. Estoy haciendo la acción más potente y más fuerte que se puede hacer desde la oposición, llevando adelante una reforma del principal contrato político que tiene un país que es la constitución nacional.

-¿Se siente un caudillo abandonado o traicionado?

-No, no, no. Ni abandonado ni traicionado. Siento que, en definitiva, a veces uno tiene que andar en la política, para escabullirse del griterío, como caballo de verdulero: con las anteojeras que permiten mirar solo para adelante. Yo miro para adelante, y sigo luchando porque es lo que tengo que hacer. No hay otra. Yo no soy un político de marketing, de maquillaje o de andar mirando las encuestas para ver qué posición tomo.

-¿Se arrepintió de haber sido candidato a vicepresidente la última vez?

-Yo creo que he dado más sin esperar respuestas, pero también he dado bastante recibiendo injusticias.

-¿Por ejemplo?

-No le voy a dar ejemplos porque yo no llevo cuentas políticas. Uno no puede andar hablando de si se arrepiente o no de lo que ya hizo, porque es agua que pasó por el puente y ya está en el mar. Uno no puede enlazar el pasado y traerlo al presente. Así que no voy a dar comentarios de si me arrepiento o no de las dos veces que ayudé a mi partido. A veces siento que no se me devolvió en posturas políticas, y en tratamiento de respeto. Y hasta ahí llego.

-Lacalle Pou está manejando el concepto de evolucionar respecto a lo hecho por el Frente Amplio. ¿Usted qué piensa?

-No me gusta esa palabra. Puede ser muy linda pero no la comparto. El estado actual de la educación, ¿es para evolucionar o para cambiar? Yo creo que hay que cambiar. El estado actual de la seguridad pública, ¿es para evolucionar o para cambiar? Yo creo que hay que cambiar. El desarrollo nacional en tanto sintetiza la suma de los desarrollos locales en una propuesta descentralizadora wilsonista, le pregunto a la gente de cualquier pago del país, ¿es para evolucionar o es para cambiar? Yo creo que es para cambiar, ¡fuerte! El manejo tipo boliche de las empresas públicas también es para cambiar. Y sé que desde la izquierda se va a decir que esos manejos en algunos casos también se hacían en gobiernos de los partidos tradicionales, pero no vale justificar lo mal que se gestiona acudiendo a ejemplos del pasado.

-Pero es verdad.

-Sí, perfecto, pero no es justificación ampararse en los errores de los otros para justificar los propios.

-Lo de Bascou en Soriano, por ejemplo.

- Bueno, esa es una situación que está para dilucidarse y la justicia tendrá que resolver. Pero yo estoy hablando de pérdidas de 800, 900 millones de dólares en Ancap, de 400 millones de Pluna, del desastre que se ve en la administración de los dineros públicos. Ahí es necesario cambiar. Esto quizás no era tan así en el segundo gobierno del Frente Amplio, o hacia la elección del 2009. Pero ahora sí. Lamentablemente la izquierda con dinero es una cosa, y la izquierda sin dinero termina siendo otra. Al punto que prometen más impuestos y cuestiones muy equivocadas en materia de seguridad pública, como eliminar la privación de libertad para aquellos adolescentes que asesinan, matan, raptan, violan o rapiñan. Un error. Como la supresión de los antecedentes.

-¿No se va a pronunciar sobre Bascou?

- Ahora quien le corresponde pronunciarse es la justicia. Nosotros ya dijimos lo que debíamos. Ya se pronunció incluso la comisión de ética del Partido Nacional.

-De una forma bastante benevolente ¿no?

-De la forma en que se pronunció.

-¿A usted qué le parece?

-Pueden ser cosas que están no bien hechas, pero en definitiva yo espero el pronunciamiento de la justicia. Bascou se desvinculó de Alianza Nacional, se fue. Yo hablé con él y era necesaria su desvinculación. No estamos amparando nada que pueda no estar en línea con la decisión judicial. Fíjese lo que pasa hoy con respecto a un senador últimamente nombrado: yo nunca me ando ocupando de esos temas, nunca hago referencia en forma pública. En ese caso un fiscal archivó, mientras que fue extremadamente condenatorio el tribunal de disciplina del Frente Amplio.

-¿Por qué no le gusta hablar de estos casos que refieren a actitudes de corrupción?

-Porque los veo mal para todo el sistema político, y como causantes del descreimiento que muchas veces la gente tiene, y con razón, de la política y de los políticos.

-Pero en realidad lo que lo genera ese descreimiento es que ocurran esas situaciones, no que se hable de ellas.

-Por supuesto. Lo que hay que ser es muy exigente en cada una de las chacras, en cada uno de los partidos, en los mecanismos de control para que precisamente puedan no darse estos casos. Yo fui diez años administrador de dineros públicos en la intendencia de Paysandú y siempre luché por cada peso que administraba.

-¿Siente que al discutirse públicamente se amplifica el efecto negativo de estos casos?

-No. Lo que siento es que es una suerte de chorro de agua que va para arriba. Y lo que va para arriba, cae. Entonces, siempre me he manejado con extremo cuidado porque si hay algo volátil y débil en cuanto a su protección es el honor de las personas. Hoy, a través de las redes, se termina generando un daño imposible de controlar en materia del honor de las personas. Seguramente será una concepción que pueda ser vieja, pero yo la creo vigente por siempre, más allá de los cambios que puedan haber en materia de comunicación, de transversabilidad de la discusión ciudadana política, donde cualquier persona, en la democratización de las redes, puede terminar hablando con el principal ciudadano del país.

-A usted lo acusaron de golpear a su mujer.

-Eso fue una mentira reiterada que dos por tres vuelve a aparecer. Lo que más me impacta es que daña a personas que no tienen nada que ver, como la madre de mis tres primeros hijos. Ese es un ejemplo de cómo una mentira reiterada es utilizada como arma de batalla.

-¿Se arrepiente de aquellos días donde iba a hablar con Mujica? ¿Mujica lo decepcionó? ¿Eran amigos? ¿Lo son?

-No, no creo que seamos amigos. Mujica es Mujica, con eso lo digo todo. Yo creo en el diálogo político. Creo en la necesidad de que el país transite por una vía pluralista. Lo de Mujica que a mí me han facturado durante años fue un asado en mi chacra, allá por 2008, previo a la elección de 2009. Muchos atribuyen a eso una parte de mi derrota frente a Lacalle Herrera, pero digo, bueno...

-¿Piensa que sí? ¿Tuvo algo que ver?

-Pudo haber sido ese tema, y algunos otros. Quizás pude haberme equivocado. Esto es así, pero también hay en el Partido Nacional una competencia muy dura. Si usted mira, los liderazgos desde 1984 a la fecha han sido cambiantes cada cinco años.

-¿Esa es su esperanza?

-No, mi esperanza es la gente. La gente situada en lo que el país precisa a partir del primero de marzo de 2020: una presidencia que necesariamente va a tener que articular entendimientos con más de una fuerza política para construir mayorías parlamentarias, una presidencia que va a necesitar diálogo con los sindicatos y con el Frente Amplio como principal fuerza de oposición. Una presidencia que va a tener que enfrentar situaciones muy complejas en la sociedad y en la economía.

-La vez pasada Lacalle Pou le ganó y ahora usted va contra Lacalle Pou otra vez, pero se le han ido una cantidad de dirigentes importantes. ¿Por qué le ganaría ahora?

-Porque la realidad es muy cambiante, más allá de que existan los mismos actores políticos. Porque los procesos electorales son completamente diferentes. Porque creo que tenemos equipo, liderazgo, tenemos un valor que es el saber sufrir, porque quien ejerce la actividad política y quien ejerce el gobierno tiene que saber sufrir, para poder enfrentar ese dilema tan complejo de tener 100 decisiones en el escritorio, de las cuales la mitad o más son para decir “no”. Yo tuve estructura política muy fuerte en todo el país, y perdí. Ahora, con un poco menos de estructura, siento que puedo ganar. Con el criterio que usted plantea, el doctor Lacalle Herrera en 2009 no se hubiera enfrentado de vuelta conmigo, porque en 2004 yo le había ganado 66 a 33.

- Usted es una persona de centro. ¿No percibe que los socialdemócratas, por decirlo de alguna manera, en Uruguay están divididos en todo el espectro político?

-Es posible. Pero creo que en el país han gobernado todos los partidos, Partido Colorado, Frente Amplio, Partido Nacional, pero falta que gane el wilsonismo.

-Son muchos los precandidatos del Partido Nacional: Lacalle, Antía, Alonso, Iafigliola, Sartori… Puede pasar que los votos se repartan mucho y el que gane tenga el 30 y pico por ciento y el segundo tenga 30 y un poco menos. ¿Puede ocurrir que el candidato finalmente no sea el más votado? ¿Que –por ejemplo- en la convención se unan los que salieron segundo, tercero y cuarto y que elijan a otro?

-No creo. ¿Cómo le dice a los que festejaron la noche de la elección porque su candidato sacó el 37% y ganó, que el candidato será otro? Está dentro de las posibilidades, pero no lo veo. Además, todas las elecciones en donde hay más de dos candidaturas terminan polarizándose. En todas las elecciones, en Estados Unidos, en Brasil, en Argentina, en donde sea. ¿Qué le pasó a Massa frente a Macri y Scioli? ¿Qué le pasó a los otros candidatos frente a la polarización del PT con Bolsonaro?

- ¿Y cree que, si se opera esa polarización, puede ser que alguien renuncie a su postulación?

-Es una decisión que no me compete. Pero siempre he alentado la posibilidad de conversar con amigos o compañeros para que podamos reagrupar fuerzas para poder llegar a la instancia electoral de junio con una mayor solidez. El sistema político uruguayo tiene un gravísimo defecto, que es elegir en internas no obligatorias el menú para una elección nacional que sí es obligatoria. Es increíble ¿no? En la interna se elige presidente. Porque el menú que uno no elige en la interna, ya no lo podrá consumir en la elección de octubre.

-Usted dice que en la interna votan solo los más militantes, los más camiseteros, y eligen un menú electoral que quizás no sea el mejor para el partido.

-Ojo que también hay politólogos que han dicho de que en la elección de los blancos ha intervenido gente de otros partidos, hay estudios en ese sentido. Zuasnábar lo dijo vinculado a la elección del Partido Nacional.

-¿Por eso perdió?

-¿Qué importa? El juez cobró y ya no hay más remedio.
Uno por uno

-¿Maduro?


-Un dictador.

-¿Macri?

-Un presidente con problemas

-¿Bolsonaro?

-Incertidumbre.

- ¿Trump?

-No me gusta.

-¿Putin?

-No me gusta.

-¿Sanguinetti?

-Un referente político que fue dos veces presidente.

-¿Mujica?

-Dilapidó un legado.